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Representamos el horizonte de integración textual correlatada con el sím-

Ɗ co. Consideramos al lenguaje como el conjunto de elementos y estructuras que

organizan entre un punto inicial Ơ (alfa) y otro final Ʒ (omega), siendo el se-

gundo ơ (beta) y el tercero Ƣ (gamma; mayúscula Ɗ), letras del alfabeto griego:

Ơ, ơ, ƢƷ. Dos extremos que contienen en sus límites cuantas frases puedan

producirse en una lengua. Toda organización suya posible estará encuadrada entre los puntos inicial y final de comprensión. Dado que son imprescindibles

dos elementos mínimos de configuración a partir del segundo (ơ), ya implica-

mos un tercer factor (Ƣ, Ɗ) que los integre formando una unidad específica. Es

evidente que el factor alfa (Ơ) solo puede representar y representarse. Absolutiza

lo nombrado. Es principio y fundamento de un origen remoto. Contiene implí- cito todo grado de correlación posible en función de aquello que lo subtiende.

Diremos entonces que gamma (Ɗ) ya funciona como orientación suya de con-

formación. Puestos dos elementos, hay un tercero que los integra. Si juntamos el artículo la y el sustantivo cabaña, determinamos el Sintagma Nominal la caba-

ña, etc. (El recurso al alfabeto griego es un modo posible de explicación de este

fenómeno organizativo del lenguaje).

Por tanto, en nuestra simbología, Ɗ co es el factor gamma de correlación

implícito en alfa y hacia beta, o solo alfa, en caso extremo, hacia el último po- sible u omega, entre los cuales acontece todo tipo de organización textual, al margen de su extensión. Gamma expresa la impresión del comienzo, de la po- sición radial de algo positivo en la mente del hablante. (Alfa, la emisión más simple del sonido vocal, la a del español, por ejemplo; beta, primer elemen- to consonante del alfa-beto, indica la variación inicial del aliento espirado al contacto con un órgano fonador). Estas emisiones, simple vocálica (a, e, i, o, u) y su combinación formada por la consonante (sílabas ab, ba, be…), for- man la primera unidad posible de integración silábica o palabra. El sonido fi-

nal del alfabeto, la «o» larga griega, omega (Ʒ), concluye el proceso, lo clausu-

ra, pero no lo cierra, pues el final del texto remite a su génesis interna, con lo que se inicia la relectura del sentido, la comprensión general. Entre alfa y ome-

ga, principio y fin, se contiene el proceso o desarrollo del texto, que se reac-

tiva siempre que lo leemos nuevamente: se retroproyecta. Cualquier tipo suyo será una combinación adecuada de los símbolos del alfabeto o de los términos que integran un idioma. Y como el primer efecto del sonido al comunicarse se graba en la mente del interlocutor, el efecto gamma es también gramma, ra- dical griego de la palabra gramática. Produce una impresión locutiva, orientada a formación gramatical o lingüística. He aquí un remanente de escritura anti- gua aún vivo en el proceso gramatical.

Al horizonte de integración textual (Ɗ co) corresponde en la denominada gramá-

tica del texto el marco de integración global, que comprende además la situación

y el contexto. Como la situación se determina en parámetros de espacio-tiem- po y modo, la incluimos dentro del horizonte textual integrativo. Lo denomina- mos así, pues deja abierta la génesis del texto a nuevas formulaciones, comple- mentos y criterios. Circunscribimos por ello el símbolo general de integración

o correlación (Ɗ co), según propusimos en otros estudios117, entre los puntos de

inicio y clausura, cuyo transcurso es impredecible desde una consideración ge- nética (no sabemos en principio dónde terminará el texto) y cuyo final tampo- co resulta cuantificable, pues el remate no siempre coincide con el cierre ma- terial de la emisión fónica. Puede exigir una lectura entera o parcial del texto así formado, o un comentario interpretativo que lo explique. Partimos del mo- mento posicional determinable (X), es decir, la primera posición que establece el emisor, la cual suele coincidir con el tema, pero no necesariamente. Su po- sición instaura por lo menos un nexo o serie de elementos implicados cuya co- hesión forma un sintagma con un núcleo de tensión que se expande entre la in- tención significante, contenida en el tema, y su cumplimiento intuitivo: ( ) … X … ( ). Los huecos e intersticios los ocupa o puede ocuparlos cualquier térmi- no del lenguaje. Son índices de integración textual en el proceso lingüístico. La tensión inicial creada por la enunciación del tema o parte suya favorece el pro- ceso al correlacionar (puntos seguidos del esquema) la determinación sucesiva de elementos, datos, es decir, la extensión léxica o semántica, el correlato entre lo indeterminado y determinado, lo general y concreto, el tipo y sus casos, el universal y las categorías, según explicamos a continuación. La posición inicial induce origen y acceso indeterminados.

Al proceder así, determinamos el proceso implícito en el lenguaje. Entra- mos en su forma y, dentro de ella, descubrimos su funcionamiento.

Si, por ejemplo, decimos árbol, puede tratarse de un pino, de un abeto, de un

olmo, de un ciprés, de un roble, etc. Al término genérico, o común, lo denomi-

namos hiperónimo, y a los englobados en él, hipónimos, los cuales guardan entre sí una relación de cohiponimia. Por tanto, pino, abeto, olmo…, son hipónimos del hiperónimo árbol y cohipónimos entre sí. El lenguaje funciona continuamen- te con este tipo de inclusiones, intersecciones, pertinencias, dominios, etc. Son funciones lógicas. A un término más genérico se adjunta otro que lo especifica,

117 Cf. Antonio Domínguez Rey, Ciencia, Conocimiento y Lenguaje: Ángel Amor Rubial (1869-1930), Culleredo,

complementa, determina, o que depende del anterior por inclusión, recubri- miento, acotamiento, subordinación.

Hiperónimo

Hipónimos (Cohipónimos)

Por ejemplo, si partimos del concepto ser Orgánico (hiperónimo), este se divide en Vegetal y Animal (hipónimos), y a su vez, el vegetal Planta será el hi- perónimo de Árbol, Hierba, Flor, que tendrá por cohipónimos a Clavel, Rosa, Lis, etc.

Planta Árbol Hierba Flor

Clavel Rosa Lis

(Cohipónimos)

Así se va estructurando el léxico de un idioma.

Como sabemos, el término posicional (X ) desempeña una función (F) en el proceso, un eje de relaciones (R) lógicas, gramaticales y reales u ontológi- cas (las que dicen algo real del ser enunciado). La ontología la entendemos aquí como el relato del ente, cuanto decimos (logos) de los seres sintiéndolos, pensándolos, relacionándolos en el fenómeno lenguaje. Tal función es ahora interpretativa (i) en cuanto concreta o determina la extensión significada por

X: el árbol es un pino, no un roble. Está realizando un acto de aplicación prácti-

ca. Ya hemos comparado elementos entre sí determinando sus relaciones. La función es comparativa: un tropo. Representamos el conjunto del proceso por la relación del acto nominal o nombre, sea sustantivo, adjetivo, verbo o ad- verbio, y los principios, reglas o normas que los interrelacionan. Tendríamos, entonces:

co

F (x) i n/ p

La i representa la interpretación surgida entre la intención manifes- tada por el significado del término X y la intuición, incluso la imagen, si la hay, que le corresponde, determina, completa, singulariza. Supone aplicar conceptos a la realidad que ya opera con sus impresiones —gram mas— en el proceso cognoscitivo. La barra de separación alternativa (/) refiere, por una parte, la tensión entre la generalidad e indeterminación del co- mienzo y su tendencia a concretarse e individualizarse —aplicación— en función del grado o evidencia significativa; por otra parte, indica la ten- sión existente entre el acto nominal (n) —dar, poner nombre a algo: enun- ciar el tema, titularlo, por ejemplo—, su comentario procesivo (separación funcional respecto de otras categorías, distribución suya en el sintagma) y los principios (p) que lo explican, revelan y él mismo promueve. Con tal fórmula, susceptible de matices, sintetizamos el núcleo del lenguaje. Fun- ciona como un código atómico, así lo denominamos y exponemos en otros estudios. Contiene la potencia múltiple de expansión enunciativa y su fusión textual. Un máximo y un mínimo de integración y expansión nu- clear (núcleos de sintagmas, especialmente el Nominal y Verbal).

Todo nombre irradia este horizonte, en el cual está inmerso. Su campo de inte- gración comprende el mundo del discurso inducido por algún rasgo de la realidad y el texto que lo formaliza. Circunda la referencia interior y exterior del área o halo locutivo en el que dos o más hablantes se interrelacionan. Activa el conocimiento, sus estructuras y principios, la intención e intuición, las representaciones, categorías, hipótesis, significados, creencias, suposiciones, el orden epistémico y deontológico.

El horizonte de integración textual contempla y trasciende el campo o do- minio conceptual de entendimiento con el que otros autores recubren, como Paul Werth, discurso, texto, referencia, interpretación, y subdividen el mundo

según lo leen, lo pretenden o modelan reconstruyéndolo.118 Revela, además, los

intersticios que procuran la respiración del conocimiento y favorecen nuevas pro-

posiciones, es decir, mundo objetivo. Nos sitúa en la génesis del discurso.

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