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Comparing with other control sets to analyze disease associated mutations

Chapter 4. Exploring the Effect of Mendelian Disease and Neutral: nsSNPs in

5.2 Future Directions

5.2.5 Comparing with other control sets to analyze disease associated mutations

En Honduras, cerca del 60 por ciento de las personas pobres (con un ingreso per cápita inferior a US$1,50 al día) y dos terceras partes de las personas extremadamente pobres (con un ingreso per cápita inferior a US$1,00 al día) se encuentran en las zonas rurales. Un 80 por ciento de todos los pobres rurales viven en áreas clasificadas como laderas y la mayoría de ellos también son extremadamente pobres. Para casi todos ellos, el sector agrícola continúa siendo la principal fuente de ingresos y las actividades fuera de este sector son relativamente escasas en el territorio rural Hondureño, debido a las grandes distancias que lo separan de los centros y pueblos de las zonas urbanas y a la falta de buena infraestructura vial y servicios de transporte (Cuellar 2003).

En el pasado, las políticas y estrategias de inversión del gobierno no han logrado generar suficiente crecimiento económico en estas áreas en general, y en las zonas de ladera, en particular. A pesar de una serie de reformas estructurales, la situación macroeconómica nacional continúa siendo precaria y se caracteriza por decrecientes términos de intercambio externos, creciente déficit externo e interno y una apreciación del tipo de cambio real. El crecimiento en el sector agrícola se ha rezagado en forma constante en comparación con otros sectores y los términos de intercambio de la agricultura muestran una tendencia a la baja. Honduras ha sufrido una serie de perturbaciones naturales y económicas internacionales, incluyendo el huracán Mitch, en 1998, y el derrumbe en el precio del café en 2001. Si bien una mayor dotación de un único activo no genera necesariamente mayores ingresos (por ejemplo, no encontramos una

relación estadísticamente significativa entre la tenencia de tierra o ganado y los ingresos), la mayoría de los hogares en las zonas de ladera tienen activos limitados en los cuales sustentar sus estrategias de vida. Asimismo, Honduras padece un alto grado de desigualdad, lo que también sigue en aumento. Finalmente, las marcadas disparidades limitan la manera en que los pobres participan de los beneficios del crecimiento, incluso bajo regímenes de política adecuados.

Una de las principales hipótesis del presente informe es que en el futuro, las políticas e inversiones pueden mejorar considerablemente si se focalizan mejor, partiendo de un conocimiento adecuado de la composición de la base de activos de los hogares rurales y de las alternativas de medios de vida relacionados. Las familias en las zonas rurales de Honduras poseen dotaciones de activos muy diversas y procuran diferentes estrategias de vida. Estas últimas son determinadas por las ventajas comparativas, que se ve refleja en una combinación de factores biofísicos y socio-económicos. Si bien la amplia mayoría (> 90 por ciento) de nuestra muestra de hogares es pobre, aquellos que adoptan una estrategia de vida basada únicamente en la producción de granos básicos son los más pobres, sobre todo porque, por lo general, viven en zonas aisladas con condiciones agroecológicas y socioeconómicas relativamente deficientes y obtienen una baja rentabilidad del cultivo de granos básicos. Además, las oportunidades de trabajo fuera de la finca suelen ser limitadas en esas áreas, aunque las estrategias familiares que combinan el cultivo de granos básicos con el trabajo fuera de la finca perciben ingresos superiores.

La fertilidad del suelo tiene un fuerte impacto positivo y directo sobre el ingreso, mientras que las condiciones agroclimáticas, como una mayor pluviosidad y elevación, surten un efecto positivo indirecto sobre el ingreso debido a que promueven estrategias de vida mejor remuneradas. Encontramos evidencia de que existe una relación inversa entre el tamaño de la finca y la productividad del suelo: una mayor cantidad de tierra por sí sola no genera mayores ingresos per cápita, y

los hogares que tienen menos tierra son capaces de compensar esta situación aumentando la productividad o participando en actividades fuera de la finca. En consecuencia, la tierra no es el principal factor que limita el potencial para generar mayores ingresos en las regiones incluidas en el estudio. La tenencia de tierra tampoco incide en la productividad de los cultivos ni en el ingreso doméstico, sin embargo, la adopción de prácticas sostenibles de uso del suelo, como la no-quema, es mayor en los lotes manejados por sus propios dueños que en los arrendados.

La posesión de maquinaria y equipo permite a los hogares aumentar su productividad en términos de la mano de obra y tierra, y resulta particularmente útil para las familias con costos de oportunidad de mano de obra relativamente altos, como las que buscan empleo fuera de la finca o producen café. Asimismo, no encontramos ningún impacto significativo directo de la posesión de ganado sobre la productividad agrícola y el ingreso per cápita, aunque algunos hogares que practican la ganadería como medio de vida perciben más ingresos que los productores de granos básicos.

Las variables relacionadas con el capital humano tienen efectos combinados. Los hogares cuyos miembros tienen más años de instrucción formal son más productivos en el cultivo de plantas perennes, pero no encontramos un efecto estadísticamente significativo de la educación sobre el ingreso per cápita. Las familias con relaciones de dependencia más altas adoptan estrategias de vida menos remuneradas y tienen ingresos per cápita inferiores. Una vez controlados otros factores, el sexo de la cabeza de hogar no incide de manera importante en la productividad agrícola o el ingreso per cápita, pero sí influye en algunas decisiones sobre el manejo del suelo y el uso de insumos. Los hogares en las laderas por lo general no reciben una cantidad considerable de remesas y no encontramos efectos sustanciales de la emigración sobre el ingreso familiar per cápita.

Con la notable excepción de los programas de capacitación agrícola, que están promoviendo las actividades ganaderas y

parecen ejercer un fuerte efecto positivo sobre el ingreso de los ganaderos, se determinó que la participación de los hogares en otros programas de capacitación y organizaciones (capacitación y extensión en conservación, extensión agrícola general, orga-nizaciones de productores, programas de las ONG e instituciones rurales de ahorro y préstamo) solo tenía efectos limitados sobre la productividad agrícola y el ingreso. Sin embargo, varios de estos programas son importantes para fomentar la sostenibilidad de la producción de cultivos: la extensión agrícola en particular desempeña un papel clave al promover la adopción de prácticas como la no-quema, la labranza cero/mínima y la incorporación de residuos de cosechas.

Al igual que con la participación de los hogares en programas y organizaciones, los factores geográficos que determinan la ventaja comparativa tienen repercusiones bastante exiguas sobre la producción agrícola y el ingreso, aunque sí inciden en el uso de diversas prácticas de ordenación del suelo, uso de los insumos externos y de la mano de obra. La densidad vial carece de un efecto directo estadísticamente significativo sobre el ingreso familiar per cápita, a pesar de su efecto positivo sobre la productividad de las plantas perennes, aunque indirectamente puede mejorar los ingresos al impulsar estrategias de vida distintas a la producción de granos básicos, como aquellas que involucran la caficultura y el empleo fuera de la finca. Un mejor acceso a mercados muestra una débil asociación con un mayor valor de la producción de cultivos perennes, pero no con mayores ingresos. La densidad demográfica tiene un efecto directo limitado sobre la productividad agrícola y el ingreso per cápita, aunque también puede tener efectos indirectos al incidir en el tamaño de la finca y las estrategias de sustento.

Conclusiones y

repercusiones de política

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