6.4 Comparison with Gaussian processes
6.4.2 Comparison
E
n el comienzo de este capítulo hemos partido de una comparación de la religión griega y la romana. Hemos dejado valer la apariencia de que la reli gión de los griegos puede considerarse con más razón una «religión mitológi ca» que la de los romanos. Para la ciencia clásica de la antigüedad, ambas eran, al contrario que las religiones de doctrina, religiones de culto. Sin embargo, tal definición debe resultar vacía mientras se atienda sólo a los contenidos reli giosos que excluye y no a los que contiene. Al contenido positivo de la religión clásica se le pueden llamar «culto» , pero hay que saber que esa palabra expre sa una relación cuya esencia es representación, la representación de algo real que nunca es algo simple, sino múltiple y diverso como son los múltiples y diversos aspectos del mundo humano. Esto posee la cualidad de hacerse pre sente por medio de la fiesta, es decir, más presente aún que las cosas más rea les de la vida cotidiana. A esa forma más elevada de realidad que sólo es pro pia del mundo festivo, corresponden esas formas especiales de representación que pueden calificarse en su sentido más amplio como culto: además de la representación cultual en el sentido más estricto, la poética y la artística en general. En este sentido más amplio también la mitología sería «cultOl) . Si no fuera sobre todo palabra, manifestación, lenguaje y no tuviera su propio movi miento y desarrollo que no conoce límites. El culto está claramente delimita do. En este sentido consiste en actos que transcurren en el tiempo, pero tam bién en elementos plásticos , acercándose así a lo intemporal . En nuestra comparación de las religiones griega y romana adj udicábamos a los griegos el culto más plástico y a los romanos aquel que se agota en actos. En este sen tido, la religión romana es, de las dos religiones antiguas, la que preferente mente se podría llamar religión del culto.En el hecho de que lo fuera durante tanto tiempo -a lo largo de toda la historia romana- veíamos nosotros el efecto de esa precaución selectiva: la religio. Cierto es que hasta hace poco se tenía en la ciencia la tendencia a tomar esa actuación selectiva de la religio como simple tradicionalismo que se aferra a un estado predeísta de la religión romana. Pero mientras que ese esta do no pasa de ser una mera hipótesis sin demostrar de la historia de la religión romana, hay otra concepción que exige seria atención y estudio: la que dice que el culto romano no fija un estado premitológico, sino desmitificado. Y esta concepción merecería la atención en vista de la imagen que se tiene hoy del antiguo mundo mediterráneo. Por razones de comprensión histórica debería mos dar prioridad a la concepción de que en la religio no se manifiesta un con servadurismo infecundo, sino una forma interna viva, la forma romana. La teo ría de la desmitificación se basa en una interpretación esmerada de la tradición y exige prácticamente esta concepción de la religio que le atribuye un efecto más que conservador.
Igual que la capacidad de los griegos para la theoría les ayudaba a crear cla ras imágenes de lo divino, del mismo modo su religio capacitó a los romanos para la cuidadosa realización de lo divino por medio de la acción y la vida. Un ejemplo de esa cuidadosa realización que se eleva por encima de la vida masculi na común, igual que una imagen griega de Zeus se eleva por encima de la apa riencia corporal de hombres semejantes a Zeus, era la vida del [lamen Dialis: este
no era menos representación de lo divino que la famosa obra de Fidias o de sus predecesores: las descripciones homéricas del padre de los dioses y de los seres humanos. Era, sin embargo, una actualización dentro del estilo romano. Una actividad de la religio, que crea imágenes divinas a partir del material de la vida como los escultores griegos hacían a partir del mármol , pero que va más allá de lo que puede determinar una definición negativa. Es una definición muy uni� lateral y por tanto también errónea de algo positivo y creativo: el trabajo de los romanos sacerdotales en la relación entre el mundo arquetípico de la mitolo� gía y el ectípico de la vida y la historia, relación expuesta en el segundo capí� tulo de este libro. Esta relación entre mito y bíos -el mito, algo ejemplar y el bíos, imitación- es en sí arquetípica. Siempre sólo se realizaba de forma apro� ximada y había tipos de realización diversos y diferentes en cuanto al estilo. La forma más pura era la descrita por Malinowski a raíz de sus experiencias: «La manifestación de una realidad originaria, más grande y más importante, por la cual está determinada la vida presente de los seres humanos, su desti� no y su actuar .. . ocurrida en tiempos primigenios.»
Los romanos se mantienen más próximos incluso que los griegos a esta relación. Las historias griegas de los dioses también se desarrollan en los tiem� pos primigenios, pero representan un aspecto intemporal: como si transcu� rrieran en un espacio particular en el cual -en contraposición al mundo del ser humano- no existiría el tiempo. Hagan lo que hagan los seres humanos, sus actos no se consideran la continuación de las historias divinas ni su re� petición.
Algo diferente ocurre en el caso de los romanos. Lo que de un gran mito primitivo no se incorporaba a una vida cultual -como en la vida del fiamen Dia� lis (así era también la vida de las virgines Vestales)-, constituía para ellos la his� toria del tiempo primigenio itálico. Sólo se convertía en «cósmico» por el hecho de que los romanos lo convertían en la gran historia real. Cuidaban de las repe� ticiones. La Eneida de Virgilio es una expresión de la preocupación romana por la realización del mito. Su trabajo poético se mueve dentro de la religión romana con la misma fidelidad que Dante en la suya. La postura romana res� pecto al mito se demuestra no sólo en el culto, sino también en el hecho de que para ella el pasado no deja de actuar en el presente. No existe un límite temporal entre el mito y la historia, ambos son tramos que confluyen en el flu� jo continuo del tiempo. «Así se convirtió el mito en historia sacra, que tiene un significado normativo para el presente»409
Según el estilo de las dos culturas clásicas del mundo mediterráneo, el mito en la religión antigua presenta, pues, dos formas. Los griegos lo desa� rrollaron a través de figuras que exigen la mayor apertura del espíritu y que pue� den comprenderse si se consigue esa apertura. En el caso de los romanos, el mito se muestra más conceptual, abstracto, esquemátic0410, pero exige una for� ma especial de apertura del espíritu a lo temporal y sobre todo a la vida pro� pia, mediante la cual experimenta directamente. Los dos aspectos se comple� mentan el uno al otro, pues son los aspectos de un mismo mundo: de ese mundo que se hacía presente en su festividad al hombre mediterráneo de la antigüe� dad en el culto y que podía hacerse aún más presente. Ambos aspectos unidos nos hacen accesible aquel mundo -el mundo del hombre religioso antiguo en la medida en que tal cosa sea posible. El acceso sólo puede intentarse
por medio de ideas que podemos considerar fundamentales de la religión antigua.
Estas ideas fundamentales, en lo que atañe a su forma, se fundan en la existencia griega o romana. Por su contenido, se trata de experiencias huma nas primigenias expresadas en mitos. Las consideraciones que se han expues to aquí se ocupan de ellas tan sólo desde el punto de vista de la forma estilís ticamente correcta en que se presentaron a griegos y romanos. Esa forma caracteriza simultáneamente a estos dos pueblos. Desde luego, la imagen carac terística resultante no da más que meros contornos. Es más bien geométrica que pictórica. Tampoco puede afirmarse que el dibujo de esos contornos ten ga la misma validez para los tiempos prehoméricos, los itálicos antiguos y los posteriores que para el período posthomérico en Grecia y el histórico en Roma, sino sólo que el estudio de estas formas -aunque se tenga otra opinión de su contenido- acerca a la imagen verdadera de las dos religiones antiguas y de la cultura antigua