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COMPARISON WITH EXTERNAL DATA.

In document Patterns of fertility in Nigeria (Page 54-62)

TABLE 2.9 SAMPLING ERROR FOR CHILDREN EVER BORN BY AGE AND SELECTED BACKGROUND VARIABLES.

2.5 COMPARISON WITH EXTERNAL DATA.

mientras que “desde el año 1997, sólo en la India se ha suicidado un campesino cada 32 minutos” concluyendo que si “Los ricos se suicidan: es que hay una crisis del capitalismo. Los pobres se suicidan: es que hay sencillamente capitalismo.”58 En suma,

la crisis exacerba las patologías de la vida cotidiana en la modernidad capitalista. En el terreno de la subjetividad la crisis actual se manifiesta como desafío de fondo a las definiciones y formas occidentales de la identidad, el yo, y el ser.59

Las categorías moderno/coloniales de identidades étnico-raciales subalternizadas tales como “indio” y “negro”, también sirven de base para la re-afirmación positiva de subjetividades politizadas capaces de promover tipos de comunidad y modos de vida a contrapunto de las formas dominantes en la civilización occidental capitalista. La hegemonía ético-política, epistémica, y estética del yo occidental, definido como hombre blanco, heterosexual, propietario, y letrado en la tradición europea; se corresponde a la emergencia de movimientos (ecológicos, étnico- raciales, feministas, culturales, intelectuales) que desafían todas las aristas del patrón de poder moderno/colonial que produce este sujeto como paradigmático. En este sentido, en el corazón de la nueva ola de movimientos antisistémicos hay una nueva cultura política que busca no solo transformar las estructuras de sentimiento, saber, y poder, sino más aun la des/colonialidad del sujeto y la re-invención de las subjetividades. En este contexto, las luchas por la producción, definición y ejercicio de la subjetividad se tornan claves. Como afirma Quijano, “nunca como hoy para los que controlan este patrón de poder fue tan absolutamente necesario el tener el control de la producción de subjetividad, memoria, identidad, y conocimiento”, a lo que suma que esto implica “des/colonializar la subjetividad” y “descapitalizar nuestras mentes y sentimientos”.60

La des/colonialidad de la subjetividad en sus múltiples dimensiones (existenciales, afectivas, cognoscitivas) tiene variedad de avatares desde luchas por defender territorios y racionalidades de vida ancestrales como afirman muchas comunidades Afrodescendientes e Indígenas, hasta la construcción de nuevas identidades y subjetividades, tipos de comunidad, y modos de vida en armonía social y ambiental, como lo expresa claramente el concepto de permacultura.

En resumen, todo lo argumentado demuestra el fracaso de los modelos de desarrollo socio-económico, ecología, y organización política de la modernidad capitalista, como también de sus lógicas culturales hegemónicas con sus elementos éticos, estéticos, cognoscitivos, e identitarios. En realidad, vivimos la mayor y más profunda crisis de la civilización occidental capitalista, que bien podría ser su crisis terminal y definitiva ya que se cuestionan sus fundamentos mismos al implosionar sus tendencias más perversas y por la insurgencia de alternativas civilizatorias.

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Crisis Societal y Nueva Ola de Movimiento Antisitémicos

Es imperativo entender las crisis en relación a las luchas y acciones colectivas que denominamos movimientos antisistémicos para significar olas de luchas con vocación y/o efectos de desafiar y transformar el patrón de poder. La crisis sirve de marco y contexto para la emergencia de nuevos focos de resistencia, subjetividades políticas, trincheras de lucha, proyectos y horizontes de futuro los que el Sub-Marcos denomina como la “La Cuarta Guerra Mundial” cuyas primeras expresiones se pueden trazar de forma diversa, al Caracazo de 1989 en Venezuela, al levantamiento Zapatista de enero de 1994 en el sur de México, o a las protestas contra la reunión de la Organización Mundial de Comercio en Diciembre de 1999, en Seattle, Washington en los Estados Unidos, hasta los procesos de Foro Social y cumbres de pueblos y movimientos de carácter diverso. Es decir, la crisis del patrón de poder también ha implicado la emergencia de nuevos sujetos sociales de transformación histórica que a partir de una pluralidad de identidades políticas y culturales han presidido una diversidad de luchas que confrontan y desafían la modernidad/colonialidad en sus múltiples dimensiones. Dichos sujetos se articulan y expresan en una constelación de movilizaciones, luchas campanas, movimientos, espacios y organizaciones que conceptualizamos como movimientos societales con efectos des/coloniales, o movimientos antisistémicos.

La crisis civilizatoria se caracteriza por desafíos variados desde una pluralidad de lugares y perspectivas al patrón de poder a partir de las practicas emancipatorias de una amplia gama de movimientos sociales y espacios subalternos contra las formas patriarcales, de alimentación y consumo, de explotación, organización política, ecología, y de producción de conocimientos que dominan la vida social desde escala locales y regionales hasta el nivel global. En esta coyuntura de crisis y transformación no es suficiente hablar de movimientos sociales sino más aun de movimientos societales, acciones colectivas que tengan la capacidad de provocar cambios a nivel de la sociedad en su conjunto con vocación y/o potencial de llegar a ser de carácter antisistémico no solo en su intencionalidad sino por sus efectos. Los movimientos sociales en tanto acciones colectivas y campos de acción y comunicación con vocación y capacidad de alterar el status quo pueden ser de intencionalidad, alcance, y efectos pro-sistémicos o antisistémicos. La crisis también tiende a promover movimientos de derecha con sus culturas de “populismo autoritario” como el que se expresa en el Tea Party en los Estados Unidos y las acciones colectivas anti-inmigrantes en Europa.61 En contraste, usamos la noción de movimientos societales

tanto para distinguir movimientos indígenas que representan otras formas de sociedad y racionalidades de vida (ecológicas, económicas, autogobierno)62, como la capacidad conjunta de los movimientos sociales de producir

transformaciones significativas en el orden social y por ende de poner en jaque el patrón de poder moderno/ colonial.63 Este efecto de des/colonialidad de la nueva ola de movimientos sociales profundiza el sentido de

lo antisistémico en la medida que desafían y subvierten todos los modos y mediaciones del poder moderno/ colonial desde sus espacios subjetivos hasta sus estructuras globales. A propósito del carácter cambiante del significado de los movimientos antisistémicos, escribe Gilberto Valdés Gutiérrez, “lo antisistémico actúa como horizonte de sentido de las resistencias y luchas del presente… un desafío integral a las formas de dominación múltiple del capital y a la civilización que ese engendro a nivel planetario. Se trata de un potente esfuerzo de ruptura radical con la lógica de dominación y sujeción del capital en todas sus modalidades, desde lo económico-productivo hasta lo simbólico-cultural.”64

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