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Comparison with other fable collections

CHAPTER THREE: THEMES

IV. Comparison with other fable collections

Otra cuestión que queremos tratar para entender mejor la personalidad y el pensamiento de Arnold Hauser es su condición de auto-exiliado por ser húngaro, judío y marxista. Su primer exilio fue en 1919, cuando se vio obligado a dejar Budapest y refugiarse en Viena, y el segundo fue en 1933, cuando tuvo que dejar la capital austriaca para instalarse en Londres. El primero se debió a la derrota del experimento socialista de Béla Kun en Budapest, en el que Hauser había participado junto a otros intelectuales del Círculo Dominical; en 1933 huía de Viena debido a la Anschluss. La condición de aislamiento social, racial y político que caracterizó su trayectoria hasta aquel momento no cambiaba en Londres donde, junto a Hauser, llegaba el barco de la “inmigración blanca” (Anderson, 1977:50), que contribuía a radicalizar la cultura conservadora y antimarxista ya tradicionalmente presente en Inglaterra35.

34 En el capítulo 2.2.2, comentaremos las críticas que Hauser realizaría a la ideología romántica de los historiadores del arte Heinrich Wölfflin y Alois Riegl.

35 Perry Anderson en La cultura represiva hablaba en estos términos de Inglaterra: “Gran Bretaña, la más conservadora de las principales sociedades europeas, posee

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Esta condición de refugé había acompañado a Hauser desde su primera juventud: nuestro autor formaba parte de aquella generación, nacida a finales de siglo XIX, de judíos asimilados húngaros que había sido discriminada y aislada en su mismo país. La dimensión social que vivía este grupo estaba marcada por una relación esquizofrénica, ya que no se identificaba con la cultura y la religión judía y no participaba en ella, y sin embargo, por su mera pertenencia a la raza judía, se encontraba marginalizado por parte de la política nacionalista y anti-semítica de Hungría que caracterizó los primeros decenios del siglo XXI (Gluck, 1985; Congdon, 1991; Frank, 2009). Como explica Mary Gluck en Georg Lukács and His Generation, Hauser vivió desde joven –como persona y como miembro de una determinada clase– una situación social y cultural de rechazo: “In an age of growing anti-Semitism and intransigent conservative nationalism, the children of the assimilated Jewish middle classes became the social group most vulnerable to marginalization and social dislocation” (Gluck, 1985:69). Béla Balázs, importante miembro del Círculo, sin embargo, hablaba en su diario36 de esta condición de soledad social con cierto orgullo, tal como nos allega Gluck:

The fact that I was excluded from one community, without belonging to another; the fact that from early childhood on, I stood outside all communities, isolated as a solitary individual, had determined by the events of the rest of my life. But if, ultimately (as I believe), it has been fortunate, then I have paid for the privilege with the greatest of human sufferings: with loneliness (Gluck: 1985, 69)37.

una cultura hecha a su propia imagen: mediocre e inerte. La ataraxia de esta cultura es manifiesta en todo contexto internacional” (Anderson, 1977:55).

36 Béla Balázs escribió entre el 1905 y el 1920 un diario donde apuntó reflexiones y consideraciones sobre la condición de los intelectuales de Hungría, a nivel ético y político. Estos textos no fueron publicados nunca y Lee Congdon los reivindicó en su artículo “The Making of a Hungarian Revolutionary: The Unpublished Diary of Bela Balazs” (1973).

37 Existen interesantes estudios sobre la excepcionalidad intelectual de los emigrados húngaros judíos, un rasgo propio debido a las dificultades sociales, políticas y

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Este sentimiento de nostálgica y a la vez orgullosa soledad, tan arraigada en los intelectuales húngaros y judíos, será el leitmotiv de una generación entera de escritores, filósofos y estudiosos, la mayoría de ellos forzados al exilio38. Además, estos autores, no sólo por ser judíos, sino también por ser ‘intelectuales’, tuvieron que enfrentarse al aislamiento social al que la clase burguesa –la clase más potente de Hungría en aquel momento– los relegaba. En Hungría, así como en Rusia –y a diferencia del resto de Europa– debido a una situación económica atrasada y a un rápido desarrollo industrial importado desde Europa occidental, se había creado una clase burguesa que no estaba interesada en una solución demócrata-liberal. En lugar de aliarse con los intelectuales para derrocar el status quo político del país, aun vinculado a una mentalidad feudal, la clase burguesa había adoptado posiciones moderadas, acercándose a la aristocracia y mirando con hostilidad y recelo a los intelectuales “rebeldes” (Löwy,

económicas a las que estos tuvieron que enfrentarse durante la primera mitad del siglo XX. En Illustrious Immigrants (1968), Laura Fermi escribía que “The political anti-Semitism of the early twenties hit this segment of the population with great vehemence and gave the intellectuals a further reason for striving to excel and stay afloat”. Tibor Frank, en otro importante ensayo sobre el tema del exilio, Double Exile (2009), hablaba de “Hungarian Genius”, atribuyendo esta excepcionalidad intelectual a diferentes factores, entre los cuales las difíciles condiciones en las que los intelectuales húngaros se habían encontrado: guerras, pobreza y conflictos que llevaron a lo que definió como “‘Budapest chemistry’ of the emerging class of Hungarian professionals” (Frank, 2009:14). Intelectuales como Hauser, como hemos dicho, fueron víctimas de repetidas olas de antisemitismo y anticomunismo y acabaron huyendo de su país. Según Frank, este ‘trauma’ de 1919, fue lo que caracterizó la sensibilidad de los intelectuales de Centroeuropa, preparándolos al segundo exilio, el del 33 debido el nazismo. Otro ensayo de referencia sobre el tema referido es el de Judit Frigyesi's Béla Bartók and Turn-of-the-Century Budapest (1998). 38 El tema mismo del exilio, a pesar de la especificidad de la condición política, será, como explicaba Lee Congdon en Exile and Social Thought, la metáfora de la condición de todos los intelectuales del siglo XX (Congdon, 1991). En 2001, 10 años después de la publicación de Exile and Social Thought: Hungarian Intellectuals in Germany and Austria, 1919-1933, Congdon escribió otro ensayo, Seeing Red (2001), donde hablaba de los intelectuales de la generación siguiente a la del Círculo Dominical.

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1976:84). Por otro lado, la intelectualidad de izquierda húngara, revolucionaria antifeudal y anticapitalista a la vez 39 , estaba considerablement aislada incluso en el mismo partido, como bien destacaba Michael Löwy: “une intellectualité abandonnée à elle-même, avec une aile modérée dépourvue de ses alliés naturels par l’absence de bourgeoisie libérale-démocrate et une aile révolutionnaire rejetée par le mouvemente ouvrier social-démocrate” (Löwy: 1976, 86). Los intelectuales ‘rojos’ como Hauser y el Círculo de Budapest, sin aliados y sin proyectos políticos bien definidos, aspiraban confusamente a un cambio total de la sociedad húngara pero la falta de carácter y de una fuerza social revolucionaria, hacía de estos una “clase flotante” (Freischwebend) tal como la había definido y teorizado Karl Mannheim (Löwy, 1976:104).

Asimismo, ya en Londres –como analizaremos en el capítulo 2.3 y luego en el capítulo 3, dedicado a la disputa con Ernst Gombrich–, Hauser viviría la enésima experiencia de rechazo. Su contribución a la creación de una teoría del arte marxista con la publicación de su Historia social del arte y de la literatura (1951) le cerraría muchas puertas dentro del mundo institucional por cuestiones políticas: Hauser se posicionaba en contra de la ideología capitalista en plena guerra fría y en Londres, capital conservadora y aliada de Estados Unidos. Inevitablemente las consecuencias se iban a poder observar también en el ambiente académico, porque en una época de florecimiento de facultades de historia del arte en el país anglosajón, era necesario, al parecer, crear escuelas de pensamiento declaradamente antimarxistas.

Una circunstancia ulterior que obligaba a Hauser a un aislamiento social y vital fue su situación económica. En Conversaciones con Lukács (1978) Hauser hablaba de las dificilísimas situaciones económicas con

39 Michael Löwy, en su ensayo Pour une sociologie des intellectuels révolutionnaires (1976), señalaba la coexistencia –dentro de la clase de los intelectuales húngaros de izquierda– de un anticapitalismo romántico al lado de un antifeudalismo jacobino, definiéndolas como “complementaria y no contradictoria” (Löwy, 1976:98).

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las que tuvo que lidiar toda su vida, desde joven, por proceder de una familia humilde. En Viena, así como en Londres, antes de que le emplearan en la Universidad de Leeds, trabajó en empresas y oficinas y sólo por la noche podía dedicarse a sus estudios (CCL:34). Parece lógico pensar que estas condiciones humanas, sociales e institucionales convertirían inevitablemente su pensamiento en una lucha ética y no política, subjetiva y solitaria y no colectiva.

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2. BUDAPEST-VIENA-LONDRES: TRES ETAPAS PARA UNA

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