Chapter 5 Evaluation of DENSE
5.4 Results
5.4.4 Comparison with Reported Strain Values
A
L INICIAR la segunda década del siglo XVII los españoles ya tenían lasuficiente experiencia para convencerse de que la presencia de pud-
zanes en la montaña era un mal endémico de la provincia y que la con-
quista definitiva de esa región era prácticamente imposible sin un gran y decidido esfuerzo que demandaba recursos y hombres. Tal vez no eran conscientes, sin embargo, que la razón primordial de esa dificultad no radicaba en las causas particulares de la fuga, que reiteradamente discu- tían para encontrar una solución, sino que el problema tenía raíces mucho más profundas, pues los fugitivos se vinculaban en parcialidades, ranchos y pueblos que compartían el propósito de resistir la colonización para mantener con vida la organización social y la cultura ancestral. De ahí que entre los años de 1620 a 1664, al mismo tiempo que se ensayaron más de una docena de proyectos de reducción, la población evadida se regenera- ba continuamente. A cada entrada correspondía una respuesta indígena que estaba mediada por las circunstancias: en ocasiones aceptaban las capitulaciones para conseguir ventajas temporales y luego, al acabarse las ventajas o al sortear los obstáculos inmediatos, regresaban a los asen- tamientos libres; otras veces ofrecían resistencia armada y expulsaban a los invasores de su tierra. En ambos casos los indios de la montaña ha- cían evidente que preferían vivir en un mundo aparte al de los españoles, con sus propias normas y costumbres, con su propia "vida en policía". Una característica está presente en la montaña entre 1621 y 1666 y es la presencia de una resistencia multiforme en los asentamientos, que en el pensamiento maya se anunciaba como habitar debajo de los árboles, esperando el tiempo en que las profecías tendrían que cumplirse y los espa- ñoles saldrían de Yucatán. Mientras tanto era tiempo de resistir y, en todo caso, de negociar. Es necesario apuntar, en este sentido, la imagen que presentan los chilames del katún 3 ahau (1618-1638), asociado a la dispersión de los pueblos, porque será "la destrucción de los pueblos por el colmo de la codicia", y se avizora la libertad. Efectivamente ése fue un periodo en el que la huida se convirtió en éxodo, al grado que se llegó a calcular 30,000 indios pudzanes de la provincia. La huida alcanzó el gra-
do de rebelión al comenzar el katún 1 abau (1638-1658) ya que en la zona de Bacalar y en Sahcabchén los indios quemaron sus pueblos o mataron a españoles y negaron la obediencia a la Corona. En 1648 una extensa conjura que provenía de la montaña pudo ser descubierta a tiem- po. De ahí que los chilames señalen para ese periodo la concurrencia de graves perturbaciones en la provincia, aunque también la restauración de los tributos y del cristianismo.372
Pero los españoles tuvieron que enfrentar otro complicado problema en las repúblicas indígenas del norte de Yucatán: el de los indios foras- teros o nacbilcabes que trasladaban su lugar de residencia de un pueblo a otro y representaban dificultades en la cobranza de los tributos y en la es- tabilidad de las repúblicas porque tendían a desajustar la adscripción de los macebuales a sus pueblos originales. El fenómeno de los nacbilcabes alcanzó grandes proporciones a lo largo de toda la Colonia al grado de que, según una matrícula de tributarios de 1816, cerca del 40 por ciento de los indios de la provincia vivía en un pueblo distinto al de su nacimien- to.373 A diferencia de los fugitivos, los nacbilcabes no abandonaban el
área bajo control colonial ni se apartaban abiertamente de la vida cris- tiana, aun cuando el cambio de residencia otorgara algunas ventajas para evadir las cargas forzosas. El origen de los forasteros se encontraba en la propia estructura de la sociedad maya colonial y al parecer era el resul- tado de tres causas: la decisión de escapar temporalmente de las presiones que representaban las cargas forzosas, el desarrollo de las estancias gana- deras de los españoles que reclutaban mano de obra indígena como ser- vidumbre y el sincretismo de los patrones matrimoniales mayas y espa- ñoles que hacían difícil la elección de pareja en un mismo pueblo.374 La
existencia de los nacbilcabes suscitó una variante en las reducciones em- prendidas por los funcionarios y encomenderos, ya que desde la tercera década del siglo XVII se puso en práctica también la modalidad de la reduc- ción de los forasteros para obligarlos a regresar a sus lugares de origen.
371El libro de los libros, op. cit., pp. 54-58 y 76-79.
373 AGN, Tributos, vol. 26, exp. 19, Expediente formado con motivo de haber caído en poder de los insurgentes las matrículas de la provincia de Yucatán, 1819.
374 Nancy Farriss analiza los factores de la migración indígena e identifica tres movimientos: denomina
"huida" a la evasión de los indios a territorios fuera del control colonial; "deriva" al traslado de los indios de una comunidad a otra dentro de la zona colonizada, y "dispersión" a la formación de ranchos dependien- tes para el cultivo de las milpas. Véase Farriss, op. cit., pp. 318-341; Por su parte Manuela Cristina García Bernal demuestra la gran incidencia que tuvieron las estancias y haciendas en la migración nativa al reclu- tar mano de obra. Véase García Bernal, "Desarrollos indígena y ganadero en Yucatán", Historia Mexicana, núm. 171, El Colegio de México, México, 1994; por último, Pedro Bracamonte y Gabriela Solís apuntan que las restricciones en la selección de pareja entre los mayas impulsaba la migración entre las comunidades dentro de la zona colonizada, op. cit., pp. 122-133.
Fray Gerónimo y los indios de la montaña de Emau
Después de la congregación de 1615 emprendida por los franciscanos, los pueblos de la frontera colonial, como San Antonio Sahcabchén, se convir- tieron en receptores de indios de la montaña que de manera individual o en grupo aceptaban la conversión y reducción a poblado. Seguramente una cédula real de 1618 influyó positivamente en el acercamiento de los fugitivos con las autoridades y los religiosos, pues estipulaba que los infie- les que se redujeran no pagarían tributo ni darían servicio personal du- rante 10 años375 y estas concesiones se extendieron en la provincia de
Yucatán a los pudzanes. Pero la congregación en manera alguna pudo detener el proceso de la huida y sólo se logró parcialmente gracias a la intensa actividad de los religiosos, que aun cerradas las misiones de las mon- tañas continuaron visitando los ranchos de los fugitivos. Un extraor- dinario ejemplo en este sentido lo ofrece el acuerdo de reducción de una parcialidad indígena situada en la montaña de Emau (o Hema),376 acuer-
do que fue celebrado entre sus cbuntanes y el provincial franciscano fray Gerónimo de Porras en el año de 1624 durante una visita que este religio- so realizó al convento de Sahcabchén, el más "remoto y el último de esta provincia" de acuerdo con sus propias palabras.
La historia en América de fray Gerónimo de Porras y Montalvo estu- vo marcada primero por la tragedia y luego por una carrera ascendente entre los franciscanos de Yucatán. Se embarcó en España en el año de 1602 en la nao del capitán Tome Cano como parte de un grupo de 12 religio- sos que, con recursos de la Corona, fueron enviados a América al mando del padre comisario fray Alonso de Ortega. Sin embargo, la embarcación naufragó frente a la isla de Jamaica y fray Gerónimo y sus compañeros tuvieron que permanecer en el mar sujetos a una tabla durante un día y una noche hasta que la corriente les permitió llegar a la costa. Durante cinco días caminaron sin alimentos ni agua, hasta encontrar un lugar poblado por españoles. Poco después los frailes llegaron a la provincia de Yucatán en donde fray Gerónimo se dio a la tarea de aprender la lengua maya durante seis meses para predicar entre los indios, y gracias a su de- dicación fue nombrado guardián del importante convento de Izamal, uno de los más poblados y ricos de la provincia. También ocupó el cargo de defi-
375León Pinelo, op. cit., vol. II, p. 1904.
376 Por su ubicación este lugar conocido como Emau seguramente es el pueblo de Hema que formaba
parte de la encomienda de Francisco Sánchez Cerdán. En 1605 una de sus parcialidades, Tichz, fue reduci- da a Cauich. Al parecer la zona se repobló de nuevo, quizá con habitantes originales y con Otros fugitivos.
nidor de la orden y en el capítulo celebrado en el mes de mayo de 1623 fue electo ministro provincial por unanimidad de votos.377
Una de las actividades más importantes de fray Gerónimo de Porras como guardián y como provincial fue desde luego la persecución de ido- latrías y la reducción de los indios evadidos a la montaña. En las proban- zas de méritos promovidas por el fraile, los testigos destacan que cuando éste estuvo a cargo del convento de Izamal descubrió un asentamiento de indígenas tepcbes en "la montaña" del pueblo de Chalante que pertenecía a esa guardianía. Llama la atención aquí el uso del término "montaña" como concepto que refiere un área fuera de control, a pesar de que la juris- dicción del convento de Izamal estaba en el corazón de la provincia. Ese pueblo estaba ubicado a cinco leguas al sureste de la cabecera y en las ta- saciones de 1549 tenía unos 700 tributarios que fueron divididos en dos partes para ser encomendados a conquistadores.378
No obstante esta ubicación en la zona bajo administración colonial, en los montes de Chalanté se estableció un rancho con alrededor de 60 indígenas libres que se fugaron de sus pueblos y renunciaron al cristianis- mo, y en ese lugar se recrearon rituales proscritos y se tenían numerosas imágenes de las deidades mayas. Fray Gerónimo pudo localizarlos y lle- gar a ese lugar en donde, asegura, encontró la oposición armada de los indígenas, que lo amenazaron con arcos y flechas para matarlo. Sin embargo, gracias a su amplio conocimiento de la lengua maya, el religio- so pudo convencer a los indios de deponer su actitud agresiva y aceptar la reducción, después de lo cual destruyó los "ídolos" que encontró en un templo y en las cuevas y pudo hacer retornar a los indígenas a sus pueblos y casas.379
Pero el mayor éxito conocido del padre Porras en la tarea de evangelizar a los indios fue la reducción de los indios de la montaña de Emau a prin- cipios de 1624, lograda en la visita a las guardianías franciscanas que emprendió en 1623 y que incluyó a los pueblos más remotos de la pro- vincia. Durante su breve estancia en el convento de San Antonio Sahcab- chén acudieron a verle algunos batabes de la montaña, quienes le entre-
377AGÍ, Escribanía 308-A, Auto del interrogatorio sobre las probanzas de fray Gerónimo de Porras,
1624, cuarta pieza, ff. 204v-206v.
378 García Bernal, Yucatán. Población y encomienda bajo los Austrias, EEHA, Sevilla, 1978, pp. 34,
514 y 517.
379 AGÍ, Escribanía 308-A, Respuestas de los capitanes Gerónimo de Anguas y Juan de Magaña
Pacheco al interrogatorio sobre las probanzas de fray Gerónimo de Porras, 1604, ff. 216v-217r, 223r-223v. Sobre la reducción de los idólatras de Chalante se puede consultar la respuesta 5 de los testigos de ese interro- gatorio en la misma fuente.
garon el l o . de enero de 1624 una carta escrita en lengua maya solicitando ser reducidos a ese pueblo. En ese documento los batabes Melchor Yah, Pedro Ku y Juan Pech, en nombre de otros principales, expresaban su disposición de aceptar la reducción de lo que denominaban el nuevo des- cubrimiento y ranchería "de la Encarnación Tetahuez Emau" y, como siempre, pedían ser encomendados a la Corona y no a particulares.380 De
nuevo el conocimiento de la lengua maya le permitió al provincial res- ponder de inmediato a los batabes en una carta que escribió en la lengua de los naturales, mediante la cual prácticamente aceptaba todas sus condiciones.381
Al día siguiente, el 2 de enero, fray Gerónimo comisionó a fray Juan de Orbita, quien era sacerdote y confesor del convento de Sahcabchén y antiguo reductor de indígenas pudzanes y gentiles, para que saliese de nueva cuenta a la montaña a proseguir su labor de conversión. Orbita conocía bien la región de Sahcabchén y Champotón porque después de su viaje infructuoso al Itzá en 1618, en compañía de fray Bartolomé de Fuen- salida, realizó una reducción en esa zona para congregar en esos pueblos a los indios que habitaban los lugares donde estuvieron las abandona- das misiones de la montaña. Quizá contó para esa tarea con la ayuda de fray Buenaventura, el fundador del convento de Sahcabchén. Debido a que Orbita efectuaba sus recorridos a pie era llamado por los indios el
abkin ximbal tiyoc o "sacerdote que anda a pie" e incluso llegó a tener
fama de santidad y de realizar milagros, entre ellos el de hacer que unos indios tepches de Sahcabchén le entregaran voluntariamente sus "ído- los".382 En la comisión, fray Gerónimo le decía a fray Juan que sabía de la
existencia de numerosos indígenas asentados en ranchos libres y le solici- taba sus servicios por ser un religioso "desocupado de guardianías y demás oficios de la orden", lo nombraba además comisario de la reducción.383
Ese mismo día también le ordenó acudir con los batabes Melchor Yah, Pedro Ku y Juan Pech a la montaña de Emau en busca de los indios que debía llevar a Sahcabchén.384 En virtud del acuerdo de reducción, los
indios de Emau quedarían como una de las parcialidades de Sahcabchén. 380 AGÍ, México 301, Petición de indios al provincial Gerónimo de Porras para poblarse en Sahcab-
chén, lo. de enero de 1624.
381 Idem.
382 López de Cogolludo, op. cit., t. II, libro décimo, cap. XIV, pp. 347-357.
383 AGÍ, Escribanía 308-A, pieza 4o., Comisión del provincial fray Gerónimo de Porras al padre fray
Juan de Órbita, Sahcabchén, 2 de enero de 1624, ff. 212v-214r.
384 Ibidem, Auto del provincial fray Gerónimo de Porras ordenando a fray Juan de Orbita ir a las mon-
La carta que los indígenas de Emau entregaron a fray Gerónimo es muy ilustrativa de la visión que los indios de la montaña tenían sobre la colonización española. En ella es evidente la voluntad que manifiestan de mantenerse unidos en los nuevos asentamientos de la zona colonial y el intento de preservar la alianza con los franciscanos, en quienes reconocían una actitud positiva hacia los indígenas. Pero exponían abiertamente dos condiciones para aceptar la reducción a poblado cristiano. La primera era una petición para integrarse al pueblo de Sahcabchén y no al de Popolá y de esa manera depender de los franciscanos y no de los clérigos. La otra condición fue quedar encomendados a la Corona y no a un particular. Asimismo, los indios principales exigieron al provincial un documento con la expresa aceptación de estas condiciones "para que las leamos y di- gamos que las oigan nuestros compañeros cuando los veamos -que son los que hasta ahora no han salido de los montes a hacerse cristianos".385
El acuerdo para la reducción de los indios de la Encarnación Tetahuez Emau se concretó ese mismo día mediante un documento traducido a la lengua maya que fray Gerónimo de Porras entregó a los principales para ser difundido entre los indios dispersos. A cambio del sometimiento se concedieron a los indios diversas prerrogativas, entre las que destacan las siguientes: primero, quedarían asentados en Sahcabchén en un lugar selec- cionado por ellos mismos "hacia el oriente o poniente como gustáredes"; segundo, los indios naturales del pueblo se encargarían de la construc- ción de las casas para recibirlos; tercero, se le otorgaría nombramiento de justicia, teniente o alcalde a Melchor Yah "vuestro principal y guía" para que gobernara a los indios reducidos sin la intromisión del cabildo indí- gena de Sahcabchén; y, finalmente, no pagarían tributo durante 10 años, al término de los cuales formarían parte de las encomiendas del rey.386
El hecho de que tanto la carta de los indios de la Encarnación Tetahuez Emau, como la del padre Porras fueran escritas e intercambiadas en el mismo día sugiere que se trataba de la culminación de una negociación que llevaba ya algún tiempo, desde los años en que fray Juan de Orbita "comenzó a tener a su cargo estas rancherías descubriéndolas".387 En esa
negociación los dirigentes nativos demostraron tener suficiente conoci- miento sobre los conflictos entre los diferentes grupos de colonizadores: por un lado, la disputa entre los franciscanos y los clérigos a causa de la
385 AGÍ, México 301, Petición de indios al provincial Gerónimo de Porras.
386 Ibidem, Carta de fray Gerónimo de Porras a los indios de Emau, lo. de enero de 1624.
secularización de las parroquias y, por otro, la política real de incorporar las encomiendas de los particulares a sus propias arcas.388 El acuerdo
marca evidentemente una alianza entre los batabes reducidos con el bra- zo regular de la Iglesia y en menor medida con los oficiales reales. Con el tiempo, la intervención de otros personajes como los jueces de reparti- miento y los comerciantes generaron tensiones que derivaron en el con- flicto y la rebelión.
Ahkines insurrectos de La Yxpimienta
Como es bien conocido, el intento más ambicioso que realizaron lo fran- ciscanos por conseguir la reducción de los indios de la montaña después del reordenamiento poblacional de 1615 fue emprendido por los frailes Bar- tolomé de Fuensalida y Juan de Orbita, quienes pretendieron lograr la rendición de los itzaes. Este intento se planeó debido a una visita que rea- lizó un embajador del rey Canek a la ciudad de Mérida en el año de 1614 para discutir con el gobernador Antonio de Figueroa las condiciones de una posible capitulación.389 La esperanza de la conquista de la laguna del
Itzá inspiró a los religiosos, que emprendieron el viaje hasta Tah-Itzá en 1618 por la ruta de Chunhuhub y Tipú. Aunque los frailes Fuensalida y Orbita pudieron entrevistarse con el rey Canek y permanecer en Tah-Itzá algunos días, la reducción de los itzaes no fue posible porque sus dirigen- tes alegaban que aún no llegaba el tiempo del katun 8 ahau, fecha en la que según sus profecías aceptarían el cristianismo. Una segunda visita en el año de 1619 tampoco dio buenos resultados y la conversión de los itzaes fue temporalmente abandonada por los misioneros.390
El fracaso de la reducción pacífica del cacicazgo Itzá y de otros gru- pos de indios gentiles y fugitivos abrió el espacio para otra incursión armada al estilo de la que postulara Sánchez Cerdán en 1611. En no- viembre de 1621 el capitán Francisco de Mirones Lezcano, quien tenía el cargo de juez de grana del partido de La Costa, solicitó una capitulación al gobernador Diego de Cárdenas con el fin de conquistar las tierras del Itzá y del Lacandón, por medio de la cual se comprometía a costear la
388 García Bernal afirma que desde 1573 chocaron los intereses de la clase encomendera con los de la
Corona y hacia 1616 y 1617 se produjeron algunos conflictos al intentarse la incorporación de las ricas enco- miendas de Pencuyut e Ixil. En 1619 la Corona instauró una política de incorporar las encomiendas que