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Una vez, el rey Parikshit le preguntó al sabio Sukadeva: “Si la adoración del Señor Supremo es la meta final de la vida, en- tonces, ¿por qué los devotos del Señor, en general, son bastante afectados por la pobreza, mientras que los devotos del señor Shi- va son, con frecuencia, muy ricos? El señor Shiva es un semi- diós encargado de asuntos universales y un estricto renunciante, mientras que el Señor Supremo es el esposo de la diosa de la fortuna. Parece que el resultado alcanzado por los adoradores de estos dos señores de caracteres opuestos son contrarios a lo que uno esperaría.”

El sabio Sukadeva respondió: “El señor Shiva está siempre unido con su consorte, la naturaleza material y, por lo tanto, sus adoradores son materialistas que desean bienes terrenales. El Señor Supremo, en cambio, no tiene conexión con la naturaleza material y quien lo adore a Él, queda libre, también, de la in- fluencia de esta naturaleza material.”

“Al final de la ceremonia llamada ashvamedha, tu abuelo  Yudhisthira, hizo la misma pregunta al Señor Krishna. El Señor

se sintió muy complacido con la pregunta y le respondió al rey  Yudhisthira lo siguiente: `Si Yo favorezco a un devoto, de modo especial, y deseo cuidar de él, lo primero que hago es quitarle sus riquezas. Cuando el devoto resulta afectado por la pobreza, sus familiares ya no tienen interés en él y, por lo tanto, él se vuelve doblemente infeliz. Cuando Mi devoto está desprovisto de to- das sus riquezas materiales y ha sido olvidado por sus parientes, amigos y miembros de la familia,cuando ya no tiene nadie que lo cuide, entonces, toma completo refugio a Mis pies de loto´”

Sukadeva continuó con su explicación: “El Señor es muy amable, y por lo tanto, antes de dar alguna bendición, primero, considera si esto será o no para el bien mayor del devoto. Por otra parte, los semidioses pueden otorgar bendiciones con rapi- dez, pero lo hacen sin hacer esta consideración. Sólo para ilustrar este punto, voy a narrarte una historia interesante.”

“Había una vez un demonio llamado Vrika, el hijo de Shaku- ni. Él deseaba obtener una bendición, pero no podía decidir a qué semidiós adorar. Una vez, se encontró con el sabio Narada

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en el camino y le preguntó: “Oh sabio, de los tres principales semidioses, ¿cuál puede ser complacido más rápidamente?”

Como reconoció la motivación del demonio, Narada res- pondió: “Adora al señor Shiva y pronto alcanzarás el éxito. El señor Shiva se complace con facilidad cuando ve una cualidad buena en su adorador, aunque esta sea mínima. Pero, también se pone rápidamente furioso ante la más pequeña falta. Hay quie- nes han recibido un incomparable poder por adorar al señor Shiva.”

Con esta instrucción, Vrika se dirigió a Kedarnatha. Des- pués de iniciar una ceremonia de fuego, comenzó a cortarse pedazos de carne de su cuerpo y los arrojaba al fuego,para ofre- cerlos como oblaciones para la satisfacción del señor Shiva. Por seis días Vrika continuó con esta práctica, pero, al ver que el señor Shiva no aparecía, se sintió frustrado. Así, al séptimo día, el demonio se bañó en un lago cercano y, sin secar su cuerpo, se preparó para cortarse la cabeza.

En ese instante, el señor Shiva se volvió compasivo. Surgió del fuego de la ceremonia y agarró el brazo de Vrika, evitando que se suicidara. an pronto como el señor Shiva tocó el cuerpo del demonio, todas sus heridas se sanaron.

El señor Shiva dijo: “¡Mi amigo, detente por favor! Pídeme cualquier cosa que desees y te la daré. Has torturado tu cuer- po sin ninguna razón. Suelo sentirme complacido hasta con un poco de agua ofrecida por alguien que se aproxima para buscar refugio en mí.”

Vrika dijo: “Esto es lo que deseo. ¡Cuando toque con mi mano a alguien en la cabeza, ésta deberá abrirse en dos y la per- sona morirá!”

El señor Shiva sintió cierto pesar al escuchar esto, pero como no podía retirar su promesa, hizo vibrar el sonido “OM” para afirmar su consentimiento. En verdad, el señor Shiva sonrió iró- nicamente, como si estuviera dando leche a una serpiente ve- nenosa.

Inmediatamente después de recibir esta bendición, Vrika decidió probarla en el señor Shiva. Deseaba quitarle a su esposa

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Parvati y tomarla para su disfrute personal. Cuando el demonio fue a poner su mano en la cabeza del señor Shiva, se puso tan temeroso que su cuerpo comenzó a temblar.

Por ello, el señor Shiva huyó por todos lados, mientras el demonio lo perseguía por la tierra, por el cielo, de planeta en planeta, buscando la ayuda de las deidades predominantes. Los grandes semidioses, como el señor Brahma y el rey del cielo, Indra; permanecieron silenciosos, sin encontrar la manera de salvar al señor Shiva del inminente peligro. Por último, el señor Shiva se aproximó al Señor Vishnu, en Svetadvipa, que es un planeta espiritual dentro de este universo.

Con una comprensión clara de la situación, el Señor Vish- nu se acercó a Vrika, disfrazado como un pequeño niño mon-  je, vestido con una piel de venado, con una vara y un rosario de oración. La brillante refulgencia del Señor Vishnu era muy atractiva, no sólo para el señor Shiva, sino también para Vrika.

El Señor Supremo le dijo: “Mi querido hijo de Shakuni, pa- reces estar muy cansado. ¿Por qué has venido desde tan lejos? Por favor, descansa por un minuto. Después de todo, es con la ayuda del cuerpo que uno cumple todos sus deseos.”

“Oh poderoso Vrika, por favor dime, ¿cuál es tu intención? En general, uno no logra sus propósitos sin la ayuda de otros.”

El discurso del Señor Vishnu cayó sobre Vrika igual que dul- ce néctar y lo alivió de su fatiga. El Señor le había hablado muy respetuosamente, sólo para atraer su atención y simpatía. Como se había dirigido a Vrika con el apelativo de hijo de Shakuni, el demonio consideró que el Señor debería ser amigo de su familia.

En respuesta, Vrika le relató todo lo que había sucedido. El Señor Vishnu, entonces, dijo: “No puedo creer que el señor Shiva haya hablado sinceramente. Después de todo, él no está en una condición muy cuerda; porque fue maldecido y asumió una condición como la de un fantasma después de pelear con su suegro, Daksha. Aún así, si tienes algo de fe en las palabras del señor Shiva, entonces, pon tu mano en tu cabeza como un experimento. Si su bendición prueba ser falsa, puedes castigar apropiadamente al mentiroso, para que, en el futuro, no vuelva

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nunca más a dar falsas bendiciones.”

Mediante la expansión de Su energía ilusoria, el Señor Vish- nu fue capaz de confundir al tonto de Vrika con Su inteligente y encantador discurso. Así, sucedió que, sin siquiera darse cuenta de lo que hacía, el demonio colocó la mano sobre su cabeza. Inmediatamente, la cabeza de Vrika estalló, como si hubiese sido golpeada por un rayo y el demonio cayó muerto.

Desde el cielo se escucharon gritos de: “¡Bien hecho!” “¡Vic- toria!” Luego, cayó un torrente de flores.

El Señor Vishnu, entonces, dijo: “Sólo mira, Shiva, cómo este cruel hombre murió por sus propias reacciones pasadas. ¿Qué buena fortuna puede uno esperar si ofende a grandes al mas, y qué decir de ofender al maestro espiritual del universo?”

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