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Comparisons between Centralized and Decentralized Enforcement: Case

El Tratado de Aquisgrán y el fin de la aventuras militares en el continente europeo:

El ascenso al trono de Fernando VI en 1746 apenas trajo cambios en Exteriores con respecto a los nombramientos efectuados por Felipe V en los últimos años de su reinado. Esta situacion duró solamente unos meses porque en diciembre de ese año de 1746, el ministerior de Exteriores cambió de titular siendo nombrado José de Carbajal, un protegido de Ensenada. Roberto Fernández señala que con este nombramiento quedaron, en la práctica, configurados los dos grupos políticos distintos, que, en los lustros siguientes, iban a disputarse el poder: lo vizcaínos, apoyados por una parte de la alta nobleza (partido español), y los reformistas, alineados en torno a la reina consorte, con Ensenada a la cabeza.

Por el momento, con Carvajal como ministro de Estado, las pugnas se saldaron a favor de los reformistas y el resultado fue un giro en la politica exterior en pro de la neutralidad que trajera la paz.

Carvajal seguía confiando en lograr acuerdos con Inglaterra sobre los dos grandes asuntos de siempre: Gibraltar y el comercio indiano, de modo que envio a Wall a Londres, esta vez con el consentimiento de Francia. Sin embargo, Inglaterra prefirió negociar con los demás paises en Aquisgrán. (abril de 1748):

-Se aseguró a d Carlos las Dos Sicilias

-Se aseguró a d Felipe los ducados de Parma y Plasencia, además de Guastalla

-Se certificó el comercio americano bajo los conocidos tratados que incluían el monopolio español

Madrid recibió estas resoluciones con indignación, y Carbajal comprobó cómo no había podido negociar con Inglaterra el asiento, el navío de permiso o las posesiones inglesas en la Monarquía española, y cómo Francia le había dejado solo. Al final, políticamente aislada, España tuvo que acabar firmando el Tratado de Aquisgrán, paz que abría un nuevo período en la diplomacia exterior española y europea, y Utrecht acababa siendo confirmado, sin que ello significase que la concordia se instalase en Europa, porque con las rectificaciones territoriales que se hicieron en Aquisgrán los conflictos no iban a desaparecer.

La falta de apoyo diplomático francés , reafirmaron en Carbajal la teoría de que el papel de España en Europa, con el fin de buscar equilibrio y paz, era el de ser amiga de todos y no tener compromisos firmes con ninguno. Su aplicación significaría la posibilidad de emprender las reformas interiores que debían fortalecer la monarquía para volver a tener presencia activa en Europa y garantizar los dominios americanos. Para ello era preciso entenderse con portugal en lo relativo a los límites territoriales de ambas Monarquías en América; llegar a acuerdos con Austria acerca de las posesiones italianas , y entenderse con Francia e Inglaterra. Con este plan estaban de acuerdo todos los reformistas con Ensenada a la cabeza, si bien posteriormente se enfrentó con el ministro Carbajal.

Con el fin de la Guerra de Sucesión de Austria en 1743 y al fin de la Guerra de la Oreja de Jenkins en 1739:

-Se garantiza la corona imperial austriaca a Maria Teresa -Génova recupera la independencia

-Prusia conserva Silesia y Glatz

-Cerdeña/Piamonte adquiere tierras en el Milanesado y pierde Piacenza

-Francia recupera la isla de cabo Bretón (América) y devuelve las plazas de los PPBB

-Se asegura al infante Felipe de España-hijo de Isabel de Farnesio), los ducados de Parma, Piacenza y Guastalla, quedando frenadas las pretensiones de España sobre Milán y Gibraltar -Inglaterra ve prorrogado el Tratado de asiento de negros y navío de permiso en su comercio con la América española.

-El Tratado de Aranjuez, de junio de 1752 firmado por España, Austria y Cerdeña, consolidó algunos asuntos de la Paz de Aquisgrán.

El objetivo básico de la diplomacia de Carbajal era el acercamiento a Londres para despegarse de la política de los Tratados de familia borbónicos. La política de neutralidad era temporal, hasta que España estuviera en posición de inclinar la balanza en la guerra inevitable entre Inglaterra y Francia, mediante un pago en especie, preferiblemente Gibraltar y/o Menorca. en 1750 se firma un tratado comercial con Inglaterra en el que siguió en manos inglesas el privilegio de asiento de negros y navio de permiso durante 4 años mas; pero la Compañía del Mar del Sur renunciaba a dichos negocios y era indemnizada con 100.000 libras esterlinas a

pagar en meses. Y lo más importante: la Corona española ratificaba las ventajas comerciales otorgadas a Inglaterra en Utrecht.

Las renovadas relaciones diplomáticas con Inglaterra no frenaron el contrabando inglés en América ni sus viejas reivindicaciones de un comercio libre con América.

Francia, por su parte, tenía interés por recuperar la confianza perdida con la corte de Madrid tras su proceder en la Paz de Aquisgrán.

España se mantuvo neutral en el conflicto franco-británico en el mar de Terranova. Ante la postura de España, Francia firma con Austria en 1756 el Tratado de Versalles.

El Tratado de Madrid de 1750 con Portugal sobre las fronteras americanas

El decenio transcurrido entre la Guerra de Sucesión Austriaca y la Guerra de los Siete Años dio a España la oportunidad de reorganizarse y rearmarse, al quedar al margen de la guerra fría en que estaban inmersas Inglaterra y Francia, si bien siguieron existiendo fricciones con Inglaterra. La nueva marina española tenía que defender las rutas marítimas y disuadir las incursiones inglesas en el comercio colonial y en los territorios españoles. Uno de los puntos de penetracion más utilizados era el Río de la Plata, desde donde el contrabando podía alcanzar el Alto Perú y conseguir plata. El enemigo en este caso era Inglaterra, pero los ingleses utilizaban salidas que le proporcionaba su aliada Portugal, en especial el enclave de Colonia do Sacramento , en la orilla oriental del Río de la Plata.

Mientras España deseaba expulsar a Portugal de Colonia de Sacramento, Portugal veía el acceso al trono de Fernando VI y la influencia de su esposa portuguesa como una oportunidad para hacer progresar sus intereses en América. De esta forma, el conflicto dejó paso a la discusión , y ésta , a unas negociaciones secretas conducidas por parte española por Carvajal y por parte portuguesa, el vizconde de Cerveira. El resultado fue un tratado firmado en Madrid el 13 de enero de 1750, en el que Portugal renunciaba a la colonia do Sacramento y a su pretensión de libre navegación por el Río de la Plata. A cambio, España cedía a Portugal 2 zonas en la frontera brasileña, una en Amazonia, en el norte, y la otra en el sur (Castillos Grandes hasta la desembocadura del río Ibicuí). Portugal renunciaba definitivamente a Filipinas. Quedó bajo la jurisdicción de Portugal algunas reducciones jesuíticas. Por su parte , España retenía definitivamente la colonia de Sacramento y toda la navegación del río de la Plata.

La controversia sobre las Reducciones de los jesuitas en Paraguay

En el sur de Brasil, la zona entre la montaña de Castillos Grandes y la zona entre la orilla oriental del rio Uruguay y la desembocadura del Ibicui era una zona controvertida, porque en ella estaban situadas siete de las treinta misiones guaraníes de los jesuitas. Los misioneros recibieron la orden de abandonarlas inmediatamente y de asentar a sus indios en territorio español. Se permitió a los indios llevar consigo sus pertenencias personales,, pero sus aldeas, campos, casas, iglesias y otros edificios pasaron a ser propiedad de los portugueses. En

términos territoriales fue mucho lo que España cedió, y desde el punto de vista humano era un tratado indefendible, porque suponía perpetrar una grave injusticia contra el pueblo guaraní. Era esta una región próspera y muy poblada, cuyas 7 misiones albergaban a unos 30.000 indios que de la noche a la mañana se vieron arruinados y sin hogar. En las negociaciones, Carvajal había intentado salvar las misiones para España, argumentando que eran "el jardín del catolicismo americano" . Pero Portugal insistió. Numerosas voces de protesta se dejaron sentir en América, tanto de funcionarios como de eclesiásticos, que exponían el peligro que se cernía sobre la monarquía y sobre los indios. Los españoles objetaban que habían perdido territorios, y los portugueses (secundados por los ingleses), que habían perdido Colonia do Sacramento. El marqués de Pombal, en el poder desde agosto de 1750, al tiempo que no perdía la posibilidad de criticar a los jesuitas, detestaba el tratado e hizo todo lo posible para que fracasara, en parte guiado por los intereses de Portugal, y en parte por deferencia a la alianza anglo- portuguesa. Pero el gobierno español quería ver a los portugueses fuera de Colonia do Sacramento y esa parecía la única posibilidad.

El general de lo jesuitas ordenó obediencia y lo acordado comenzó a cumplirse. Sin embargo, la provincia paraguaya se sentía ultrajada y apeló al virrey de Perú y escribió a Madrid. Todo fue en vano. España envió una serie de agentes para qu ejecutaran el tratado, con la amenaza de utilizar la fuerza ante la menor resistencia. Pero las discusiones continuaron. Hubo muchas respuestas por parte de los misioneros, algunas críticas y otra abiertamente hostiles a las órdenes llegadas de España y a las instrucciones del general de la orden.

Los jesuitas de Paraguay, a pesar de sus profundos recelos, colaboraron con las autoridades en la aplicación del tratado, en parte para evitar el escándalo de la rebelión y también para impedir males mayores. Pero no podían evitar la resistencia de los indios, que rechazaban a los portugueses como consecuencia de la dura experiencia de su actuación como cazadores de esclavos en Brasil.

En 1754 fueron rechazadas sangrientamente dos expediciones españolas y portuguesas, pero una nueva expedición derrotó a los indios en febrero de 1756. Este episodio puso fin a toda resistencia seria. Pero la guerra guaraní dio a las autoridades españolas la oportunidad de distorsionar o inventar pruebas contra los misioneros y , posteriormente, incriminar a toda la orden jesuíta. En Nápoles, Carlos VII, el futuro Carlos III de España, también se opuso al tratado, no porque fuera injusto para los indios y los jesuitas, sino porque otorgaba a Portugal zonas extensas de gran valor para el comercio . Tras 11 años de conflicto, los dos gobiernos lo eliminaron en el nuevo Tratado del El Pardo de 1761, que permitía a los jesuitas y a los indios regresar a sus asoladas misiones.

Estos acontecimientos tuvieron repercusiones políticas en España. Algunos creían que los jesuitas eran responsables de la resistencia de los indios. Se polarizaron opiniones a favor y en contra del tratado. El resultado fue la desestabilización del gobierno; Carvajal quedó aislado, y Ensenada se asoció estrechamente con los jesuitas

El Real Patronato Universal y el Concordato de 1753

La controversia sobre Paraguay fue indicador de las pasiones que levantaba la política eclesiástica y del gran interés del Estado en lo referente a la Iglesia, por su poder,

independencia y riqueza. La Corona española deseaba conseguir más prerrogativas sobre la Iglesia. La defensa de las regalías significaba la defensa de los derechos de la corona en los asuntos eclesiásticos a expensas de la jurisdicción papal

Ensenada adoptó una posición de regalismo extremo desde los primeros años de su administración, convencido de que el concordato de 1737 carecía del menor valor.

. La regalía más importante era el patronato real (concesión pontifica hecha a la Corona española para la designación y presentación de los beneficios eclesiásticos. El Concordato de 1753 supuso la implantación del Patronato Universal en la Peninsula, ampliando el derecho de presentación de los obispos y algunos otros cargos eclesiásticos importantes a todos los canónigos, prebendas y beneficios, excepto 52 que se reservaban a papa, lo que incrementó extraordinariamente el poder de la Corona. De esta manera, el Estado no pagaba todavía los salarios del clero, pero hacía los nombramientos e indirectamente controlaba sus ingresos). La Iglesia española estaba de acuerdo , en lo sustancial, con los objetivos y resultados de 1753. En el centro del funcionamiento de las relaciones Iglesia-Estado se hallaba el confesor real, cargo que entre 1700 y 1755 monopolizaron los jesuitas.. era una mezcla de sacerdote y cargo politico, que asesoraba sobre la selección de los candidatos para los obispados y otros nombramientos clericales.

La política eclesiastica del segundo gobierno de Fernando VI contenía una serie de claras advertencias a los jesuitas. La primera fue la reacción oficial ante los acontecimientos que siguieron al Tratado de Madrid, que consideraba a la orden responsable de lo que se llamó la guerra jesuita. Los años transcurridos entre 1746 y 1749 fueron un periodo de tensión entre la continuidad y el cambio.