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El sacerdocio es el poder y la autoridad que se da al hombre para actuar en el nombre de Dios para la salvación de Sus hijos. Por medio del sacerdocio recibimos las ordenanzas de salvación, así como bendiciones de sanidad, consuelo y consejo.

Jesucristo dirige La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días por medio de apóstoles y profetas, hombres rectos que son llamados por Dios y que reciben el sacerdocio. En la antigüedad, Cristo ordenó a Sus apóstoles y les dio el sacerdocio; esa autoridad se perdió cuando la gente rechazó el Evangelio y mataron a Cristo y a los apóstoles.

La autoridad del sacerdocio se restauró en 1829 cuando Juan el Bautista se apareció al profeta José Smith y a Oliver Cowdery. Él colocó las manos sobre la cabeza de ellos y les confirió el Sacerdocio Aarónico (véase D. y C. 13). Poco tiempo después, Pedro, Santiago y Juan, tres de los Doce Apóstoles originales, colocaron las manos sobre la cabeza de José Smith y de Oliver Cowdery y les confirieron el Sacerdocio de Melquisedec, el cual Pedro, Santiago y Juan, a su vez, habían recibido de Jesucristo (véase D. y C. 27:12–13).

Un hombre únicamente puede recibir la autoridad del sacerdocio mediante la debida ordenación, por la imposición de manos, por uno que posea la autoridad. Al hombre que reciba el sacerdocio se le da una oportunidad maravillosa. Hace convenio de cumplir deberes sagrados, de servir a los demás y de ayudar a edificar la Iglesia. Debe tener el deseo de servir a Dios y debe ser ordenado a ese poder (véase D. y C. 4:3; 63:57). También es necesario que los poseedores del sacerdocio realicen ordenanzas sagradas, como el bautismo y la confirmación. Cuando la autoridad del sacerdocio se utiliza dignamente, se manifiesta el poder de Dios. El poder del sacerdocio únicamente se puede utilizar con rectitud, amor y paciencia.

Todo el sacerdocio viene de Dios. En la Iglesia hay dos sacerdocios: el Aarónico y el de Melquisedec. El Sacerdocio Aarónico administra las ordenanzas como el bautismo y la Santa Cena. Los varones dignos mayores de doce años de edad reciben el Sacerdocio Aarónico poco después del bautismo y la confirmación.

Los varones adultos que sean dignos con el tiempo recibirán el Sacerdocio de

Melquisedec, o Sacerdocio Mayor. Los miembros de la Iglesia reciben muchas bendiciones espirituales y temporales mediante el poder de ese sacerdocio. Los poseedores dignos del Sacerdocio de Melquisedec pueden conferir el don del Espíritu Santo, ordenar a otras personas al sacerdocio cuando se les asigne hacerlo, ungir a los enfermos con aceite

Apuntes

consagrado y dar bendiciones de sanidad y de consuelo. Los esposos y padres dignos que posean el Sacerdocio de Melquisedec pueden dar bendiciones especiales a su cónyuge, a sus hijos y a otros miembros de la familia. Los maestros orientadores visitan los hogares de los miembros de la Iglesia y atienden las necesidades de las personas y de las familias. Los obispos y los presidentes de estaca son jueces en la Iglesia y tienen la autoridad para ayudar a los santos que hayan pecado a arrepentirse a fin de disfrutar de las bendiciones plenas del ser miembros de la Iglesia. Entrevistan a las personas para asegurar que sean dignas de entrar en el templo.

Bajo la dirección del sacerdocio, las organizaciones auxiliares ayudan a fortalecer a los miembros. Son un gran recurso para la obra misional, porque ayudan a encontrar y a enseñar a los investigadores y a hermanar a los nuevos conversos. Las mujeres mayores de 18 años de edad son miembros de la Sociedad de Socorro, la cual da servicio a las familias, a las personas y a la comunidad. Las mujeres jóvenes de 12 a 18 años de edad forman parte del programa de las Mujeres Jóvenes. Los jóvenes de la misma edad participan en el programa de los Hombres Jóvenes. Todos los niños de 3 a 11 años de edad forman parte de la organización de la Primaria. Todos los miembros mayores de 12 años de edad están inscritos en las clases de la Escuela Dominical.

La obra misional

Los miembros que comparten el Evangelio experimentan gozo y disfrutan más

abundantemente del Espíritu del Señor. Al compartir el Evangelio, apreciamos lo precioso y significativo que es para nosotros, y sentimos más amor por Dios y por los demás. El Señor mandó a Sus seguidores predicar el Evangelio en todo el mundo para dar a toda persona la oportunidad de aceptarlo o rechazarlo. Cuando las personas se bautizan, hacen convenio de siempre ser testigos de Dios, por lo que se les manda compartir el Evangelio con los que aún no lo hayan recibido. Al vivir fielmente el Evangelio, darán el ejemplo, demostrando así a los miembros de su familia y amigos las grandes bendiciones que se reciben al vivir el Evangelio. También deben aprovechar las oportunidades que se presenten de contestar preguntas, de compartir materiales impresos o audiovisuales y de invitar a los demás a aprender más acerca del mensaje del Evangelio restaurado. Los miembros deben orar por los que no son miembros de la Iglesia y pedir en oración oportunidades misionales de servir a los que no son de nuestra religión y de hablar con ellos acerca de sus creencias. El Señor promete ayudar a los miembros a saber qué decir y qué hacer al compartir el Evangelio.

• ¿Se preparará para recibir el Sacerdocio Aarónico (varones dignos mayores de doce años de edad que reúnan los requisitos)?

• ¿Se preparará para recibir el Sacerdocio de Melquisedec (varones adultos que sean dignos y que reúnan los requisitos)?

• ¿Participará activamente en la organización auxiliar que le corresponda?

Compromisos

Mosíah 18:17 D. y C. 84:19–20 Lucas 9:1–6 Alma 13:1–19 D. y C. 107 Juan 15:16 D. y C. 20:38–65 D. y C. 121:34–46 Santiago 5:14–15

Apuntes

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