La tradición védica, oral (sruti) en su origen, comprende varias categorías de escritos cuyo periodo de formación se sitúa entre los años 1600 y 400 a.C. Los textos sagrados del vedismo hinduista son los cuatro Vedas, donde se expone el conocimiento, el saber:
– Samhita (Recopilaciones) – Brahmana (Glosas bramánicas) – Aranyaka (Textos del bosque) – Upanishad (Sesiones)
30. Hulin, M y Kapani, L: El hinduismo. In Delumeau, J: El hecho religioso. Alianza Ed. Madrid, 1995, p. 333.
4.3. Las Samhita-Veda: Rig-Veda, Yajur-Veda, Sama-Veda y Atharva-Veda
Las Samhita son recopilaciones de himnos, oraciones, fórmulas, rituales, etc, «exhalados» por Brahmán, que los «sabios videntes» cono- cieron por «visión» directa, y que fueron luego transmitidos por «audi- ción». Son cuatro: Rig-Veda, Yajur-Veda, Sama-Veda y Atharva-Veda.
4.3.1. El Rig-Veda: divinidades, entidades semidivinas, personajes míticos, teriomorfismo, demonios
El Rig-Veda («Saber regio», o «Veda de las alabanzas») está escrito entre los siglos XVI y X a.C en védico, lengua notablemente arcaica, y se compone de 10.417 versos pertenecientes a 1.028 himnos, que cons- tan de un número determinado de estrofas, entre tres y cincuenta y ocho, aunque lo normal es que oscilen entre diez o doce. El poder depende de los himnos, ritos sacrificiales y ofrendas. No habiendo tem- plos, ni imágenes, las ceremonias se realizan al aire libre, en un altar que consiste en un cuadrilátero marcado excavando en el suelo.
Nunca la magia informó tan fuertemente el rito en una religión organizada, lo cual encaja perfectamente con una sociedad de castas, donde los brahmines dominan con el ritual sacrificial la organización social.
a. Las divinidades
Los himnos van dirigidos alternativamente cantados por los sacerdotes-poetas védicos a las divinidades.
Se ha dicho que los hindues creen en treinta millones de dioses (locales, regionales, nacionales) masculinos o femeninos de categoría distinta, desde la unidad trascendental de lo Brahmán.
Llevado de su fervor, el fiel hindú se concentra en el culto a un dios, abandonando en ese caso el culto de los otros, al modo de un monoteísmo alternativo. Los múltiples dioses tienen una entidad tan
débil y fluida, que se agrupan32, o se funden con facilidad, o se trans-
32. Por ejemplo el grupo de los Aditya, de número variable, frecuentemente siete más una, probablemente homólogo al grupo de los siete Amesha Spenta del
Avesta iranio, está considerado como un grupo jerarquizado de dioses sobera-
nos, hijos todos de la Libertad: Mitra, Varuna, Aryaman, Bhaga, Amsha, Daksha, etc. Cfr. Varenne, J: La religión védica cit, pp. 363-387
forman unos en otros. Indra, Varuna, Agni, etc, son cada uno a su tiempo exaltados y promovidos al rango de divinidad suprema, lo que permite hablar de un henoteísmo (politeísmo con fondo mono- teista). En este caso se socializan los atributos intercambiables entre los dioses, y el creyente puede ejercer su devoción selectiva.
Rasgo peculiar de los himnos védicos es la fusión de dioses en un compuesto dual, el más importante de los cuales lo forma la pareja Mitra-Varuna. Por otra parte existen grupos de dioses que se asocian a un dios individual, de cuya actividad participan: los Marut, con Indra; los Vasus, con Indra y posteriormente con Agni, etc.
Por contrapartida, la celebración de un mismo dios puede reves- tir aspectos bastante diferentes de una región a otra. De todos modos, Benarés, la ciudad más sagrada de la India, es un verdadero panteón.
– El Cielo
La más antigua de las divinidades es el Cielo, cuya personificación en el Rig-Veda nunca franquea el nivel más rudimentario, estando limitado a la función de la paternidad. Aparece generalmente empa- rentado con la Tierra, y juntos son celebrados como los progenitores universales. La fecundidad paternal del Cielo permite su asimilación a un toro. Igualmente es el dios que ríe entre las nubes (alusión a la luz)33. Junto al Cielo están la Noche, la Aurora, etc.
– Indra
Con Indra se está en el nivel de los dioses esenciales de la religión védica. Jefe de los dioses y dios de la atmósfera y de la tormenta,
33. Respecto a la creación y composición del mundo, dos principios coexisten desde la eternidad, el uno espiritual consciente pero inactivo, que se fragmen- ta en una infinidad de individuos sólo distintos numéricamente, y el otro mate- rial, uno y desprovisto de conciencia, la Naturaleza. Este mundo, nacido de un huevo, el huevo de Brahma, encierra en su hemisferio superior los siete esta- dios celestes, el más alto de los cuales es el de lo Brahmán; el hemisferio infe- rior, subdividido igualmente en siete, representa los mundos subterráneos, siendo el último de ellos el infierno. La Tierra, en forma de disco plano, se situaría entre los dos hemisferios
Para el vedanta monista, sin embargo, sólo existe el principio espiritual, siendo todo lo demás pura magia (maya), simple creación del espíritu. Pero esta opinión apenas rebasó los círculos cultos y los ambientes especulativos. Cfr. Esnoul, A-M: El hinduismo. In: «Las religiones en la India y en Extremo Oriente». Ed. Siglo XXI, Madrid, 1993, pp. 45-46.
desde donde envía lluvias y rayos, guerrero y héroe por excelencia, montado a caballo o sobre elefante, hábil manejador del rayo, barbu- do, orgulloso, vencedor de los demonios e incluso del dragón Vritra, es el dios más popular, por eso se le dedican doscientos cincuenta himnos, cantidad elevadísima en comparación con los diez himnos dirigidos a Varuna y los treinta y cinco a Mitra.
Con frecuencia Indra va acompañado por los arriba mencionados Marut, jóvenes guerreros de armas resplandecientes –prototipo de las agrupaciones iniciáticas secundarias– que le asisten en los combates.
– Agni
Dotado de numerosas formas, algunas imágenes le representan con dos cabezas, una de ellas la del fuego sacrificial y otra la del fuego doméstico, los dos devoradores de oblaciones. También identificado con el sol, dios del fuego, que nace constantemente cuando se enciende cualquiera de los cinco fuegos (el sacrificial, el del inician- do, el del hogar, el meridional en honor de los antepasados, y el fúne- bre), es hijo de Dyaus, al igual que su homólogo iranio Atar, hijo de Ahura Mazda. En el Rig-Veda se le dedican doscientos himnos.
– Soma
Bebida favorita de los dioses, y en particular de Indra, de la cual sacaban la violencia y el ardor con que luchaba contra sus enemigos. Se le dedican más de cien himnos.
– Otros
Parjanya (Lluvia) y Yama (Muerte, dios de los infiernos), sólo cuentan con tres himnos, en el extremo opuesto. Están además Ushas (Aurora), Vata (Viento), Varuna (el Terrible), que castiga seve- ramente los pecados contra el ritual y contra la moral.
Aunque, a pesar de sus poderes espectaculares, ya estaba en decadencia durante la época védica y con el tiempo deviniese deus
otiosus, los textos védicos presentan a Varuna como dios supremo y
soberano terrible que reina cual cosmócrata sobre este mundo, sobre los dioses (devas), y sobre los hombres, verdadero «dueño de las ata- duras», gracias al poder mágico de atar a distancia a sus víctimas, como también de desligarlas. Es visvadarsata («visible por todos los lados»), infalible, e inengañable, no pudiéndosele ocultar ningún pecado porque a su vez posee «mil ojos», fórmula mítica aplicada a las estrellas.
– Divinidades abstractas
En las partes más recientes del Rig-Veda se encuentran ya divini- dades abstractas, entre las cuales algunas son simples deificaciones de nombres abstractos, como Svraddha (Fe), Manyu (Cólera). Pero más frecuentes son las abstracciones de nombres que indican una opera- ción o un atributo como Dhatar (el Creador); Prajapati (Señor de las criaturas). El proceso de su deificación resulta claro: originariamente fueron atributos o propiedades de uno o varios dioses que termina- ron por independizarse.
Otras abstracciones son Brhaspati (Señor de la plegaria), que apa- rece incluso en las partes antiguas del Rig-Veda, y cuyo proceso de divinización es discutido; la diosa Aditi, madre de un grupo de dio-
ses llamados los Adityas, de los que forma parte el ya citado Varuna34,
cuyo nombre está emparentado con la noción de libertad. – Papel secundario de las diosas
Las diosas ocupan en la religión védica un lugar secundario y subordinado. Únicamente Ushas (Aurora), tiene un cierto relieve, y junto a ella su hermana Rutri (Noche), ambas hijas del Cielo. Otras diosas son las esposas de los grandes dioses, siendo sus nombres meras feminizaciones de aquéllos; nada de ellas se nos dice, ocupan- do un puesto aún más insignificante que las anteriores.
– Rudra-Shiva y Vishnú, todavía irrelevantes
Rudra, de cabello rufo y tez morena y sombría, con el vientre negro y la espalda roja, armado de arco y flechas, vestido con pieles de ani- males, merodeador por las montañas del Himalaya, asociado a nume- rosos seres demoniacos, «señor de las bestias salvajes», es decir, del ganado que debía ser sacrificado, ni tiene amigos entre los dioses, ni ama a los humanos, a los que por el contrario aterroriza con su furor demoniaco y diezma con enfermedades y desastres, por eso está excluido del sacrificio y recibe únicamente restos de oblaciones sacri- ficales estropeadas. Rudra (posteriormente Shiva), o Rudra-Shiva, lo mismo que Vishnú, no tienen aún en el Rig-Veda la importancia de los otros grandes dioses. Volveremos sobre ellos en el periodo siguiente.
34. ¿Supo Sigmund Freud de la existencia de Varuna? Nos preguntamos esto por- que para ella parece paripintada su descripción del dios que causa la rebelión de los hijos contra el padre. Asimismo ¿oyó hablar Proudhon de este dios, para el que valdría la etimología por él mismo propuesta de religio como atadura?
b. Entidades semidivinas
Junto a los dioses propiamente dichos, los vedas conocen una serie de entidades semidivinas, de las que los Rbhu son los más importantes. Las apsaras («que se mueven en las aguas») son una especie de ninfas con su correspondiente contrapartida masculina, los gandharvas, cuya presencia se extenderá más tarde a los árboles, que resuenan con la música de sus instrumentos. Ocasionalmente las apsaras tendrán amantes entre los hombres, como ocurre con Urvasi.
c. Personajes míticos
También se mencionan en el Rig-Veda algunos hombres, los mahatman (grandes almas), que ayudan a los hombres que les diri- gen sus súplicas. Entre ellos destaca Manu, primer sacrificador y antepasado de la raza humana. Es el padre de los poetas...
Los karmadeva (dioses karma), hombres que por su excelente comportamiento durante sus existencias en la tierra merecieron ser admitidos entre los dioses por un tiempo determinado, participan de la bondad de los dioses, pero no de su poder.
d. Teriomorfismo
Entre los animales, el de mayor importancia en la cultura védica es la vaca, debido a su gran utilidad. Los rayos de la Aurora y las nubes son llamados vacas. La nube lluviosa Prsni es una vaca que resulta ser la madre de los dioses de la tormenta. No cabe dudar de su carácter sagrado, y ya desde entonces es considerada aghnya («que no debe ser matada»). Como en el Avesta se dan rasgos simi- lares, hay que pensar que el carácter sagrado de este animal se retro- trae al periodo indo-iranio. Con el paso del tiempo la intangibilidad de la vaca fue ganando terreno, habiéndose conservado hasta nues- tros días.
Desde la opción por la no-violencia, y desde la creencia en el renacer, lo más lógico es el vegetarianismo, que conlleva la renuncia a comer carne y a sustituir las ofrendas de animales por ofrendas vegetales. Cuando los brahmines dejaron de comer carne de bóvido, la prohibición se extendió a la de los demás animales. La vaca es, por otra parte, productora de leche y requesón, utilizados a la vez para la
alimentación y para las libaciones rituales, de orina –considerada como producto purificador–, y de estiercol, empleado a modo de combustible35.
35. Lecturas materialistas no han faltado al respecto tratando de justificar la racio- nalidad económica, y no religiosa, del culto a la vaca: «El valor calórico de lo que ha comido un animal siempre es mucho mayor que el valor calórico de su cuerpo. Esto significa que hay más calorías disponibles per capita cuando la población humana consume directamente el alimento de las plantas, que cuando lo utiliza para alimentar a animales domesticados. Debido al alto nivel de consumo de carne de vaca en Estados Unidos, las tres cuartas partas par- tes de todas nuestras tierras cultivadas se destinan a alimentar al ganado, en vez de a la gente .
El nivel de vida superior que poseen las naciones industrializadas no es con- secuencia de una mayor eficiencia productiva, sino de un aumento muy fuer- te en la cantidad de energía disponible por persona. En 1970 Estados Unidos consumió el equivalente energético a 12 toneladas de carbón por habitante, mientras que la cifra correspondiente a la India era la quinta parte de una tone- lada por habitante. La forma en que se consumió esta energía implica que cada persona despilfarra mucha más energía en Estados Unidos que en la India. Los automóviles y los aviones son mucho más veloces que las carretas de bueyes, pero no utilizan la energía con mayor eficiencia. De hecho, el calor y el humo inútiles provocados durante un sólo día de embotellamientos de tráfico en Estados Unidos despilfarran mucha más energía que todas las vacas de la India durante todo el año. La comparación es incluso menos favorable si consideramos el hecho de que los automóviles parados están quemando reservas insustituibles de petróleo para cuya acumulación la Tierra ha reque- rido decenas de millones de años» (Harris, M: Vacas, cerdos, guerras y brujas. Alianza Ed. Madrid, 1983, pp. 26-36).
Además, la mayor parte de estos animales no se desperdicia aun cuando no se envíe al matadero, ya que en la India existen castas de rango inferior cuyos miembros tienen derecho a disponer de los cuerpos del ganado vacuno muer- to. Veinte millones de cabezas de ganado vacuno perecen anualmente de una forma u otra, y una gran parte de su carne se la comen estos ‘intocables’ devo- radores de carroña. Las castas que comen carne suelen ser también las que trabajan el cuero, puesto que tienen derecho a disponer de la piel de las vacas muertas. Para el agricultor pobre la vaca es un mendigo sagrado; para el agri- cultor rico un ladrón, pues a veces las vacas invaden los pastos o tierras culti- vadas de alguien. Los terratenientes se quejan, pero los campesinos pobres ale- gan ignorancia y depender del amor a las vacas para recuperar sus animales. Pero la verdad cruda sobre la vaca sagrada es que es un infatigable devorador de desperdicios. Sólo una parte insignificante del alimento consumido por la vaca corriente proviene de pastos y cultivos reservados para su uso. ¿Qué hacen estos animales en los mercados, en los prados, a lo largo de las carrete- ras y de las vías de ferrocarril y en las laderas estériles? ¡Qué hacen, sino comer cualquier brizna de hierba, rastrojos y desperdicios que no pueden ser consu-
También hay animales perjudiciales, en primer lugar la serpiente...
e. Demonios
Pero, a la vez que el Rig-Veda canta a las divinidades, exorciza a los demonios. Una cuestión no totalmente establecida es la relativa a los asuras. Tal vez fueron los antiguos dioses de las tribus no indoeu- ropeas, convertidos en la mitología védica en demonios, proceso que habría ocurrido exactamente a la inversa en la religión de Zoroastro. Primitivamente existía el culto superior a Dyaus (el Cielo) y, poco a poco, por demasiado distante y genérico, fue siendo reemplazado por el culto más cercano y concreto a Varuna, designado con el títu- lo de asura, que comparte con otros dioses como Agni, formando así los asuras la familia divina más antigua. Sea como fuere, en los vedas se emplea el título «asura» como epíteto de cualquier dios, y se refie- re a las potencias sagradas específicas de una situación primordial, concretamente la que existía antes de la organización del mundo.
Los dioses jóvenes, los devas, no dejaron de apropiarse de estos poderes sagrados, y de ahí que se les aplique a ellos también el epíte-
to de asuras»36. Empero –como nos lo relatan en época ya posvédica
las Brahmanas– los textos védicos aluden al conflicto que opuso a los devas contra los asuras. La victoria de los jóvenes fue decidida cuan- do Agni, por invitación de Indra, abandonó a los asuras, que no pose- ían el sacrificio, y terminaron arrojados a las tinieblas más profundas.
Entre los demonios mencionados en el Rig-Veda existen dos gru- pos. El primer grupo de demonios no engloba a los enemigos aéreos de los dioses. Entre ellos se encuentran los panis («avaros»), a quienes se considera que retienen las riquezas del cielo. El término «dasa» y
midos directamente por los seres humanos, y convertirlos en leche y otros productos útiles! Nadie comprendió mejor que Gandhi que el amor a las vacas tenía consecuencias diferentes para el rico y el pobre. Para Gandhi la vaca era uno de los puntos focales de la lucha por convertir a la India en una auténtica nación. El amor a las vacas iba aparejado a la agricultura de pequeña escala, la confección de hilo de algodón con rueca, el sentarse con las piernas cruzadas en el suelo, el vestirse con taparrabos, el vegetarianismo, el respeto por la vida y el más riguroso pacifismo. La enorme popularidad de Gandhi entre las masas campesinas, los pobres urbanos y los intocables tenía su origen en estos temas. Era su manera de protegerlos contra los estragos de la industrialización. 36. Eliade, M: Historia de las creencias y de las ideas religiosas. I. De la prehistoria a los
«dasyu» hacen referencia al color oscuro de la piel de los habitantes de la India anteriores a los indoeuropeos, por oposición a la piel blan- ca de éstos. Por ello se carga de un sentido de hostilidad que termina por desembocar en la significación de demonio. Entre los demonios del grupo aéreo más significativos se encuentran Vrtra y Vala.
El segundo grupo de demonios terrestres son enemigos de los hombres, reciben el nombre de «raksas», y aparecen especialmente por la noche tratando de invalidar los sacrificios37.
f. La escatología
En la época védica se piensa que el cadáver es devorado por la pira funeraria, pero sus almas varias (asu, atman, prana, manas) pasan al mundo de los muertos, al reino de Yama, conducidas por Agni (Fuego) y por Maruts (Lluvia), o por el mismo Yama, cuyos dos fero- ces mastines hay que evitar.
Por tratarse de una religión celeste, el reino de Yama –al que van los buenos– se encuentra «en el más alto cielo, en el sol», lugar de luz, felicidad y belleza, donde abundan corrientes de manteca, miel, lico-
res fuertes, leche, estanques de loto, árboles, sexo38. La transmuer-
te conlleva también la reunión con los familiares y con las gentes del
pueblo39. Ahora el muerto ha adquirido un cuerpo nuevo, o acaso
renovado, una especie de «doble».
Pero los malos van al infierno (naraka), «bajo tierra», quedando «sentados en medio de un río de sangre, comen pelo, beben lágrimas de uno que lloró al ser derrotado, o el agua con que lavaron a un
muerto»40, etc. No hay posibilidad de engañar al Guardián de la Ley41.
Existen otros lugares de supervivencia, como las plantas y los árboles, o la Tierra madre: «Acércate a tu madre Tierra, la amplia y vasta Tierra, llena de ternura. ¡Que ella, mujer joven y suave como lana para el generoso, te proteja en su seno de la Destrucción! ¡Abovédate, Tierra, no lo oprimas. Dale buena entrada, buena acogi- da. Cúbrelo, Tierra, como una madre cubre a su hijo con la franja de
37. Cfr. Villar, F: Introducción a Himnos Védicos. Ed. Nacional, Madrid, 1975, pp. 23-