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En el paganismo los misterios interiores secretos revelaban el significado alegórico de los mitos de los misterios exteriores. Asimismo, los gnósticos afirmaban que enseñaban misterios interiores secretos que revelaban la gnosis
y que los misterios exteriores del cristianismo no eran más que una preparación para aquéllos.
Cuando los cristianos literalistas despreciaban la idea de que había enseñanzas cristianas secretas, los gnósticos señalaban el ejemplo de Jesús, que en público hablaba utilizando parábolas y en privado revelaba el significado de estas alegorías a sus discípulos más íntimos. En Marcos, por ejemplo, leemos:
Les decía también: «Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga». Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.
La idea de que las enseñanzas místicas podían cifrarse en historias míticas era fundamental en los misterios paganos. El pitagórico judío Filón llama a la alegoría «el método de los misterios griegos». El filósofo pagano Demetrio escribe: «Lo que es claro y manifiesto es fácil de despreciar, como se desprecia a los hombres desnudos. Por tanto, también los misterios se expresan en forma de alegoría». Macrobio, asimismo, escribe:
La exposición sencilla y desnuda de sí misma repugna a la naturaleza. Desea que sus secretos se traten por medio de mitos. Así, los misterios mismos se esconden en los túneles de la expresión figurada, para que ni siquiera a los iniciados se les pueda presentar la naturaleza desnuda de tales realidades, sino que sólo una elite pueda conocer el secreto real, por medio de la interpretación que proporciona la sabiduría, mientras que el resto se contenta con venerar el misterio, protegido de la banalidad por aquellas expresiones figuradas.
Esta forma alegórica que empleaban los paganos para abordar las Sagradas Escrituras la adoptaron con entusiasmo los cristianos gnósticos. El Evangelio de Felipe enseña la misma doctrina que Macrobio: «La verdad no vino al mundo desnuda, sino en imágenes. No recibirás la verdad de ninguna otra manera». Los cristianos literalistas, en cambio, tomaban las Escrituras como hechos históricos. El satírico pagano Celso queda asombrado ante tal ingenuidad y echa por tierra, con el ingenio que le caracteriza, una interpretación literal de la historia bíblica de la creación:
Dios destierra al hombre del jardín que hizo específicamente para albergarlo. Por tonto que esto pueda parecer, todavía más tonta es la manera en que se supone que nació el mundo. Destinan ciertos días a la creación, antes de que existieran los días. Porque cuando el cielo no se había hecho, ni se había fijado la Tierra ni colocado el Sol en los cielos, ¿cómo podían existir los días? ¿No es absurdo pensar que el Dios más grande construyó su obra como un albañil, diciendo: «Hoy haré esto, mañana aquello», etcétera, de modo que hizo esto en el tercer día, aquello en el cuarto, y otra cosa en los días quinto y sexto? No es extraño, pues, que nos encontremos con que, como un vulgar trabajador, este Dios se cansa y necesita hacer fiesta al cabo de seis días. ¿Es necesario
que comente yo que un Dios que se cansa, trabaja con las manos y da órdenes como un capataz no se comporta mucho como un Dios?».
Al igual que Celso, los cristianos gnósticos opinaban que semejante literalismo era superficial e ingenuo. Orígenes no entendía cómo alguien podía interpretar literalmente historias de esta índole, toda vez que es obvio que son alegóricas (¡sin duda quedaría atónito si hablase con muchos cristianos fundamentalistas de hoy!). Escribe:
¿Qué hombre sensato estará de acuerdo con la afirmación de que en los días primero, segundo y tercero, en los cuales la mañana y la tarde reciben su nombre, no había Sol, Luna ni estrellas, y que en el primer día no había cielo? ¿Qué hombre es lo bastante idiota como para suponer que Dios plantó árboles en el Paraíso, en el Edén, como si fuera un labrador? Creo que todo el mundo debe interpretar estas cosas como imágenes que tienen un sentido oculto.
A juicio de Orígenes; la idea de que las Escrituras eran alegorías míticas era una «hermosa tradición» que podía revelar el significado oculto cifrado en las historias sobre Jesús. Escribe: «No creo que nadie dude de que éstas son expresiones figuradas que indican ciertos misterios valiéndose de lo que parece un relato en vez de recurrir a acontecimientos reales». Orígenes explica que para quienes «no estén totalmente ciegos, los evangelios están llenos de pasajes de esta clase» que «constan como acontecimientos reales, pero que no sucedieron literalmente». A modo de ejemplo cita la historia en que Jesús es tentado por el diablo. Éste lleva a Jesús a una montaña alta y desde ella le enseña todos los reinos de este mundo y le dice que para que sean suyos bastará con que se arrodille y lo adore. Orígenes desprecia la idea de que alguien pudiera ver realmente todos los reinos de este mundo desde la cima de una montaña y afirma que este episodio debe interpretarse de forma alegórica. Nos dice: «El lector atento detectará miles de pasajes parecidos a éste en los evangelios».
Clemente también opinaba que el cristiano verdadero era «el gnóstico» que puede penetrar hasta el significado alegórico de las Escrituras porque comprende «el artificio de las palabras y las soluciones de enigmas». Considera que el iniciado que ha experimentado la gnosis capta toda la verdad y penetra hasta lo más profundo de las Escrituras, mientras que el «creyente» sólo conoce la superficie.
Con este espíritu, los gnósticos no interpretaban la historia de Jesús literalmente como una crónica histórica, sino como una alegoría espiritual que contenía, cifradas, profundas enseñanzas místicas. En el texto Los viajes de Pedro, el propio Jesús descifra algunas de las enseñanzas alegóricas que se ocultan en las crónicas de su crucifixión y explica:
El Logos lo simboliza este madero recto en el que estoy colgado. El travesaño de la cruz representa aquella naturaleza humana que sufrió el pecado del primer hombre, pero con la ayuda de Dios hecho hombre, volvió a recibir su mente verdadera. Justo en el centro, uniendo dos en uno, está el clavo de la disciplina, la conversión y el arrepentimiento.