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Como ha mostrado Bruno Bosteels, Los libros es un capítulo funda- mental de la traducción del maoísmo en América Latina y es un punto de inflexión con la figura del intelectual comprometido de inspiración sartreana y del intelectual orgánico de cuño gramsciano. No es casual que el propio Piglia haya desarrollado buena parte de esa traducción en notas claves de la revista para entender la orientación maoísta en su concepción de la crítica y de la literatura28. Concepción que, también

hay que decirlo, alcanza los contornos de una poética de su propia fic- ción narrativa y del carácter ambiguo y poroso de las fronteras de ésta con la crítica.

Bosteels entiende que esta concepción maoísta materialista de la cultura y de la crítica experimentan un quiebre con la llegada de la dic- tadura, algo que discutiremos hacia el final de este capítulo. El filósofo belga centra su atención en tres textos de Piglia anteriores a la dictadura: dos largas notas en Los libros y «Homenaje a Roberto Arlt», en Nombre

falso. Si el proyecto de Piglia es hacer confluir en su propia narrativa las

herencias de Arlt y de Borges, además de esos nombres, es preciso ver la

28 Ricardo Piglia, «Mao Tse Tung, práctica estética y lucha de clases» en Los Libros, n.° 25, 1972, pp. 22-25; «Roberto Arlt, una crítica de la economía literaria» en Los libros, n.° 29, 1973, pp. 22-27; y, en el número 35 de la revista, número enteramente dedicado a la Revolu- ción Cultural China, «La lucha ideológica en la construcción del socialismo», 1974, pp. 4-9. Habría que agregar la respuesta a la encuesta en torno a la crítica que abre el número 28 de Los

correspondencia política en el par Mao-Brecht. No es nada casual que la lectura de lo epigramático en Borges como relevamiento de lo ideo- lógico de su literatura suponga la gramática maoísta de Alain Badiou, a quien Piglia traduce y edita en 1974:

¿Por qué los escritores usan ese estilo epigramático? Algu- na vez intenté sacar de los textos de Borges lo que yo lla- maba definiciones ideológicas separables como, por ejem- plo, «A la realidad le gustan las simetrías». Hice una lista de todas esas frases y allí había un diccionario ideológico borgeano (Piglia, 1974, p. 117).

De hecho, otro ejemplo del uso creativo del plagio, el modelo para esta lectura —incluyendo la expresión «enunciado ideológico separable» como eje para el análisis— proviene del pensador francés Alain Badiou, entonces maoísta también, en su ensayo «La autonomía del proceso estético», el cual fue recopilado por Piglia en 1974 en una antología de textos teóricos, Literatura y sociedad, junto con su propio ensayo sobre las ideas estéticas de Mao Tse-Tung (Bosteels, 2017, p. 213).

Eso que Piglia denomina «definiciones ideológicas separables» es lo que Badiou define en su ensayo como «enunciado ideológico separable» y que supone tres condiciones: «I) Produce por sí solo un efecto de sig- nificación completo e independiente. II) Tiene la estructura lógica de una proposición universal. III) No está contextualmente ligado a una subjetividad» (Badiou, 1974, p. 106). Como muestra también el propio Bosteels, aunque no extrae de allí todas las conclusiones que pueden se- guirse de su lectura, Piglia desarrolla una teoría de los epigramas como restos o ruinas en Prisión Perpetua:

Los enunciados ideológicos separables funcionan, a la ma- nera de sentencias o proverbios, como huellas de aconte- cimientos perdidos, como restos de grandes ficciones so- ciales olvidadas: «Ustedes deben ver en esos dichos, dice, las ruinas de un relato perdido; en el proverbio persiste una historia contada y vuelta a contar durante siglos», y más adelante: «Esas frases son ruinas de relatos perdidos y de escenas reales. Si uno puede reconstruirlas, dice, po- dría conocer la historia de la forma de vida de las clases populares» (Bosteels, 2017, p. 214).

El estilo epigramático de las sentencias del propio Mao, refuerza esta idea. En efecto, Mao, al igual que Gramsci, es uno de los pocos marxis- tas atentos a las formas culturales de la vida rural y a la necesidad, para el marxismo, de impregnarse de esas formas, hechas de sentencias de tipo sapiencial que se han transmitido oralmente quizá, durante siglos. Por razones de espacio no desarrollamos aquí in extenso los presupues- tos de la crítica maoísta propuestos por Piglia, tan solo digamos que ellos ya están lo suficientemente sintetizados en la respuesta a la encues- ta del número 28 de Los libros, presentada como «crítica política de la cultura», tal el nuevo epígrafe de la revista, propuesto por Altamirano. Allí Piglia, a pesar de citar a Gramsci, sintetiza la concepción maoísta de la lucha ideológica en el frente cultural, como lucha de clases, en tanto una literatura no es sino un uso social de cierta legibilidad que ordena

protocolos de lectura e impone como natural y universal, la visión de la

cultura propia de las clases dominantes. A esta visión se oponen otras tantas literaturas, poéticas, estéticas de otras clases. Piglia ajusta cuentas aquí con la crítica iluminista de izquierda, propia del PC, apuntada en el nombre de Héctor Agosti y con la crítica sartreana, propia de Contor-

no, centrada en el valor del «compromiso» al que Piglia (2017) califica de «robinsonada», en beneficio de una articulación capaz de ligar «el trabajo crítico con una instancia específicamente política, ligarse orgá- nicamente a la lucha de las masas».

Justo es decir que esta concepción materialista de la literatura se des- pliega en la lectura de Arlt y se reitera en otros momentos de la trayec- toria de Piglia, por caso, en Crítica y Ficción donde abundan las citas referidas a la naturaleza económica del acceso a la lectura y la escritura en la metáforas arltianas. Por otra parte, si practicáramos el mismo mé-

todo Piglia, referido a los epigramas, nos encontramos con sentencias

de Brecht que bien podrían funcionar como comentarios de las cavi- laciones de Silvio Astier en El juguete rabioso y que, muestran a su vez, por qué es central, en una concepción de la literatura como práctica social enmarcada en lucha de clases, la figura del traductor que, visto en la perspectiva de Arlt- Piglia, se parece más a un contrabandista o bandolero cultural que a un erudito, perspectiva, por cierto, deudora de Walter Benjamin. Transgredir y disolver el sistema de relaciones que hace legibles ciertos y determinados textos y no otros es una contradic- ción secundaria respecto de la contradicción principal, pero es principal en el frente cultural. En este sentido, la posición maoísta de Piglia en relación con la función de la literatura y de la crítica se mantiene con un

desplazamiento que, bajo la figura del secreto, en «Homenaje a Roberto Arlt», desmantela la posibilidad melodramática de cualquier conciencia vanguardista, tanto cultural como política. Como lúcidamente señala Bruno Bosteels:

El secreto es que no hay secreto: gracias a este espacio en blanco, el relato adquiere su propia eficacia narrativa. Con todo rigor, el relato no devela nada, sino la nada que hace ver la falsa totalidad del conjunto de las ideologías. De ahí que el vacío pueda operar como causa ausente cu- yos efectos determinan la estructura del relato. El enigma, en otras palabras, funciona como un estímulo inagotable para la autocrítica del complejo de superioridad de la con- ciencia. Mejor aún, lejos de invitar a una interpretación, el secreto obliga al intelectual a una severa reeducación (2017, p. 245).

También es preciso ver aquí, en toda la problemática del plagio evo- cada por Piglia en ese texto y condensada simbólicamente en Arlt, una respuesta a una problemática que, lejos de estar cerrada por melancolía, como sucede en buena parte de la otrora nueva izquierda intelectual que se automortifica por su pasado revolucionario, como dice Bosteels, permanece abierta «en la secuencia posleninista».

O sea, la secuencia que empieza con el cierre y agotamien- to de la forma Partido y su premisa, que consiste en tener o pretender tener una conciencia de vanguardia. Al igual que Enrique, parece que el intelectual debe aprovechar el punto de desvanecimiento de sub una mala conciencia para desprenderse de todo aquello que realmente nunca ha tenido, como única forma de ligarse a aquellos que no tienen nada que perder, salvo sus cadenas, y todo un mundo por ganar(Bosteels, 2017, p. 245).

Los diarios de Emilio Renzi y los devenires del maoísmo