5. Engineering the EA
5.3 Component-Based Architectures – Future
La modernización y mejora de las técnicas, en su mayoría tradicio- nales, para arar, sembrar y cosechar representan un puntal de la práctica de desarrollo, y sin duda son parte de la respuesta a las di- fi cultades de los pequeños agricultores y al aumento de la demanda mundial de alimentos. Algunos observadores ponen toda su espe- ranza en la revolución tecnológica que se está llevando a cabo en los laboratorios de las universidades y de las empresas globales, espe- rando que se repita el increíble aumento en la productividad agrícola que tuvo lugar en Asia en la década de los 60 y 70, conocido como «Revolución Verde».
La Revolución Verde partió de dos iniciativas paralelas. La más conocida es la adopción generalizada de nuevas variedades de arroz y de trigo, combinada con el uso de fertilizantes químicos en entor- nos elevadamente irrigados. Pero también fue fundamental la inver- sión estatal en carreteras, irrigación y otras infraestructuras e insti- tuciones para garantizar precios estables para los agricultores. En su conjunto, estas iniciativas estimularon un éxito signifi cativo en la reducción de la pobreza rural, aunque muchos agricultores acumu- laron deudas, ya que tuvieron que invertir en fertilizantes y pestici- das, y las repercusiones sobre el medio ambiente fueron graves.
Recientemente, algunos donantes importantes, dirigidos por las fundaciones Gates y Rockefeller, han creado la Alianza para una Re- volución Verde en África (AGRA, por sus siglas en inglés), con la esperanza de repetir la experiencia asiática.45 Se enfrentarán a un
terreno drásticamente diferente al de sus predecesores hace medio siglo. La primera Revolución Verde se apoyaba en instituciones de servicios civiles fuertes, en mercados de crédito en funcionamiento, un dominio de la producción de arroz y trigo, poblaciones rurales densas que hacían que fuesen rentables la asistencia técnica y otros servicios, y agua abundante para el riego. En África, por el contrario, las instituciones que apoyan la agricultura son muy débiles o inexis- tentes, el agua es insufi ciente y abundan los cultivos de alimentos de primera necesidad.46 Es más, la red de investigación fi nanciada por
el Estado que hizo posible la Revolución Verde ha sido suplantada en gran medida por I+D empresarial privado.
Es poco probable que aparezca una panacea tecnológica que sea capaz de abordar todas estas cuestiones. Todavía supone un reto mayor el hecho de que el logro de Asia se obtuviera gracias a un aumento drástico del uso de combustibles fósiles, irrigación, ferti- lizantes químicos y pesticidas, todo lo cual exigió un coste medio- ambiental que ahora está pasando factura. La agricultura moderna ha dejado en herencia un mundo con la capa superfi cial del terreno agotada y erosionada, con escasez de agua, salinización inducida por la irrigación, sistemas de agua contaminados por uso de pesticidas y fertilizantes, y una reducción de la biodiversidad, por no mencio- nar el calentamiento global: la agricultura y la silvicultura producen aproximadamente una tercera parte de todas las emisiones de gas de efecto invernadero.47
En estas condiciones, incorporar a los pequeños agricultores a las prácticas de agricultura comercial actuales no parece ser una opción sostenible. Toda la agricultura va a tener que adaptarse a las cre- cientes limitaciones medioambientales. La innovación tecnológica jugará sin duda un papel fundamental en dicha adaptación, y los pe- queños agricultores tendrán que organizarse y buscar apoyo estatal si quieren superar su relativa exclusión tecnológica. Si no lo hacen, se arriesgan a ser apartados totalmente de la agricultura.
Las nuevas e incipientes olas de cambio tecnológico representan amenazas y oportunidades adicionales. Por ejemplo, la nanotecno- logía (la manipulación de materia a escala de átomos o moléculas) podría producir un sustituto del algodón con base de petróleo y re- sistente a las manchas, lo cual tendría implicaciones catastrófi cas
para los diez millones de pequeños agricultores de África occidental que viven del cultivo del algodón.48 Por otra parte, la Universidad de
Stavanger, en Noruega, ha desarrollado una membrana nanoporosa que puede evitar la pérdida de agua del suelo y regular la temperatu- ra del suelo en climas extremos.49
La biotecnología, y especialmente la introducción de semillas modifi cadas genéticamente para cultivos como el maíz, la canola, la soja y el algodón, ha causado una gran polémica. Los partidarios de la tecnología transgénica afi rman que creará semillas adaptadas a las necesidades de la población pobre. «El arroz dorado», una va- riedad transgénica creada para remediar la defi ciencia de vitamina A que hace que cientos de miles de niños sufran ceguera, es quizás el ejemplo más conocido. La tecnología transgénica también promete cultivos apropiados para geografías y climas difíciles, por ejemplo variedades resistentes a la sequía que podrían jugar un papel en la adaptación al cambio climático.
Estas afi rmaciones optimistas generan mucha controversia, so- bre todo porque no se corresponden con hechos palpables: la gran mayoría de los cultivos transgénicos han sido creados genéticamente para satisfacer las necesidades de las granjas de grandes dimensiones, por ejemplo para reducir el uso de herbicidas o insecticidas y mini- mizar la necesidad de mano de obra. La única excepción importante hasta la fecha es el algodón Bt resistente a los insectos, cultivado por unos nueve millones de pequeños agricultores en China e India.50
Aunque se ha cultivado maíz transgénico en Sudáfrica y en las Fili- pinas, no se han llevado a cabo inversiones importantes en los cinco cultivos tropicales semiáridos más importantes –sorgo, mijo perla, frijol de palo, garbanzos y cacahuetes– que cultivan principalmente los pequeños agricultores.
Una alternativa a la adaptación tecnológica podría ser la agricul- tura sostenible (véase Cuadro 3.2). Intentando casar lo mejor de las antiguas y nuevas técnicas agrícolas, la perspectiva sostenible busca integrar los procesos biológicos y ecológicos naturales, minimizar el uso de insumos no renovables, y hacer un uso productivo del co- nocimiento y las habilidades de los agricultores y de su capacidad de colaborar entre ellos. El estudio más exhaustivo hasta la fecha sitúa el número de agricultores que toman parte en las transiciones hacia
la agricultura sostenible en 12,6 millones, que entre todos cultivan más de un millón de hectáreas, el tres por ciento del total de área cultivada en los países en desarrollo. Estas granjas muestran un au- mento en las cosechas del 79 por ciento, lo que contradice la supo- sición generalizada de que la agricultura sostenible necesariamente acaba con las grandes cosechas. Más de la mitad de los proyectos en los que existe una gestión integrada de las plagas han reducido el uso de los pesticidas y han aumentado las cosechas.51
La agricultura sostenible podría ser más compatible con el cam- bio climático y con otras limitaciones medioambientales que una nueva Revolución Verde. Por ejemplo, mantener la superfi cie del suelo orgánico para minimizar la erosión, práctica conocida como «labranza cero», que ha sido aclamada por el Banco Mundial como «una de las mayores historias de éxito de la agricultura en las úl- timas dos décadas»,52 también retiene cantidades signifi cativas de
carbono. Las limitaciones de carbono, ya sea a través de precios más elevados o mediante regulación gubernamental, podría desembocar en un benefi cio para la agricultura sostenible y para los pequeños agricultores en comparación con la agricultura a gran escala, que tiende a tener más usuarios ávidos de carbono.
Hasta la fecha, la agricultura sostenible ha recibido poco respaldo por parte de los Gobiernos, pero la presión política por parte de agri- cultores organizados y de sus aliados podría hacer que se invirtiese esta tendencia. Eso sí, hay que tener en cuenta que muchas prácticas sostenibles dependen de un conocimiento específi co muy elevado de los ecosistemas locales que es difícil de replicar.
CUADRO 3.2
GUÍA DE AGRICULTURA SOSTENIBLE PARA PRINCIPIANTES
Los principios clave son:
• Integrar procesos biológicos y ecológicos naturales, como la regeneración del suelo, la depredación y el parasitismo, en la producción de alimentos.
• Minimizar el uso de insumos no renovables que pueden dañar el medio ambiente o ser perjudiciales para la salud de los agricultores y los consumidores.
• Hacer uso productivo del conocimiento y las habilidades de los agricultores.
• Trabajar de forma conjunta para resolver problemas como plagas, líneas divisorias de aguas, riego, bosques y gestión del crédito.
Entre las prácticas y tecnologías determinantes se incluyen:
Gestión integrada de las plagas, que utiliza la resistencia y diversidad del ecosistema para el control de plagas, enfermedades y malas hierbas.
Gestión integrada de los nutrientes, que busca fi jar el nitrógeno dentro de los sistemas de granjas, en lugar de importar nutrientes, y reducir la pérdida de nutrientes a través del control de la erosión.
Labranza de conservación, que reduce la cantidad de labranza, a veces a cero, para que el suelo pueda conservarse y se pueda utilizar la humedad existente de modo más efi caz.
La agrosilvicultura, que incorpora árboles multifuncionales en los sistemas agrícolas y la gestión colectiva de los recursos de los bosques circundantes.
Acuicultura, que incorpora peces, gambas y otros recursos acuáticos a los sistemas de granjas para aumentar la producción de proteínas.
Aprovechamiento del agua, que permite el cultivo irrigado de tierras abandonadas y degradadas gracias a una mejor retención del agua de lluvia.
Integración del ganado, que incorpora el ganado a la
agricultura, incluyendo el uso de sistemas de pastoreo cero, de corte y carga.
Fuente: Pretty, J. (2006). Agroecological Approaches To Agricultural Development, documento preparatorio para el Informe de desarrollo mundial 2008, Banco Mundial.