La selección
Una de las técnicas más desapercibidas de manipulación consiste en seleccionar y difundir las informaciones y conoci- mientos que mejor satisfacen los intereses y objetivos de los productores. Hacer objeciones a esta selección equivaldría, según los pocos que seleccionan y deciden para los muchos, un atentado a la libertad de expresión, de comercio, de creación, etc., etc.
Ahora bien, la información es, por su naturaleza, selectiva. No se puede publicar todo lo que acontece. Los periódicos y re- vistas tienen un espacio, un número de páginas, limitado. Otro tanto ocurre con los espacios y tiempos de la radio y la televisión. Por eso hay que seleccionar entre el flujo incesante que sale de los corresponsales y agencias, se criba en éstas, se envía a las redacciones que, a su vez, vuelven a seleccionar, de modo que, al final, apenas se publica 1% de lo que originariamente se produjo. Se trata de un despilfarro enorme que valdría la pena analizar.
La selección es obligada pero no neutral. Como es lógico su- poner, cada uno selecciona de acuerdo con sus gustos, educación, ideología, intereses, necesidades, etc. En la formación social que se denomina de “libre mercado”, es decir, en el capitalismo, se se- lecciona lo que se cree que se va a vender mejor y a más gente.
Esta técnica del silenciamiento, tan empleada en las dictadu- ras, se mantiene vigente en las llamadas democracias, aunque de vez en cuando ocurran filtraciones, generalmente interesadas, que llegan al público. Pero siempre hay temas tabú que ningún medio ni periodista aborde sin riesgo de perder su existencia. Basta con reti- rarle la publicidad comercial al medio y despedir al periodista.
Ya sabemos, por ejemplo, que los nazis llevaron a la per- fección el arte del silenciamiento. Así, algo más de 25% de las 50 mil instrucciones confidenciales impartidas a la prensa alemana del Tercer Reich constaba de instrucciones para guardar silencio sobre algunos acontecimientos e informaciones.108 Sería intere-
sante saber la cantidad de instrucciones semejantes que nuestros medios de comunicación reciben para callar y desvirtuar los acontecimientos que afectan a nuestras vidas. Y no sólo lo que se consideran informaciones “confidenciales”, “secretas” o “top secret”. La ocultación de planes de intervención militar o las “infor- maciones privilegiadas” de los corrillos financieros pueden servir de ejemplo de ocultación de conocimientos con consecuencias nefastas para las vidas y haciendas de las poblaciones afectadas. “No sabíamos lo que estaba pasando”, respondían los ale- manes cuando se les preguntaba por los campos de exterminio tras la derrota nazi. En los medios estadounidenses tampoco han existido las incursiones militares de la CIA en China durante la década de 1950, ni los bombardeos de Guatemala en la de 1960, ni tantas otras intervenciones sangrientas en todo el mundo hasta llegar a la de Libia en nuestros días. Si esos actos de violencia no existieron en los medios de masas, tampoco existieron en la mente de los ciudadanos. Y, como ocurrió con las sociedades totalitarias de la primera mitad del siglo XX, hoy, en la era de la comunicación
108. Cf. Walter Hagemann: Pûblizistik im Drittem Recih, loc. cit., p. 167.
El silenciamiento
El sencillo método de manipular comunicando tan sólo lo que a uno le conviene implica, claro está, el de silenciar lo que no conviene. Los gobiernos, por ejemplo, tienen un formidable ins- trumento de control en el silenciamiento de informaciones vitales para la población, en su negativa a suministrar información, como ocurrió en España durante la Guerra del Golfo con la cuestión de los vuelos y suministros de tropas norteamericanas.
Cuando la verdad no responde a los intereses del capital no se trata de mentir, sino de no decir la verdad. Este método es más difícil de ver para los lectores, oyentes y telespectadores.
Se informa de modo selectivo, pero creíble. sobre fenóme- nos, detalles, sin explicar la esencia del sistema, sin contexto.
Los gobiernos se gastan cientos y miles de millones en acu- mular informaciones que luego silencian por razones de Estado, de interés nacional, etc., y que luego se reparten unos cuantos. Ejemplos: exjefes de Estado que se llevan miles de documentos que aprovechan después para redactar sus memorias y hacer negocio privado con ellos. Por eso se dice que la información es poder, o que el poder se ha basado en la ocultación de la información, en los arcana.
Otro tanto ocurría en los países socialistas.
En esta “sociedad de la información” no hay que olvidar que, a pesar del aluvión narcotizante de mensajes que se reciben a todas horas, no todos están informados. El conocimiento de la verdad sólo es accesible a los círculos bien informados, mi- norías escalonadas, desde los ministros a los pequeños grupos que ostentan el poder y toman las decisiones, dirigentes de los partidos políticos, los petites comités, las camarillas políticas, económicas y militares.
La concentración
Maquiavelo aconsejaba a los príncipes que se concentrasen siempre en un adversario, principio que han seguido siempre todos los gobernantes desde la Antigüedad hasta nuestros días. Las venta- jas son evidentes: sólo ante un enemigo aislado es posible emplear con éxito todas las armas morales, políticas y militares. Además, así también se puede aislar al enemigo y, si no ganarse al desconfiado, sí conseguir su benevolente neutralidad. Luego se puede ir cambiando sucesivamente de enemigo. A lo largo de las diferentes fases de este proceso de dominio, y mientras sea posible, se utilizan primero las armas de la comunicación antes que las militares.
Se empieza por atacar a personas determinadas o a pequeños grupos. Así, por ejemplo, no se ataca a los obreros sino a su direc- ción “comunista”. Para el fascismo español los culpables de que se vieran obligados a dar el golpe contra la República no fueron los partidos republicanos sino la “conspiración judeomasónica” .
Derrotado el comunismo se ha pasado al terrorismo. Dentro de esta técnica se pueden atacar también personas individuales o pequeños grupos: intelectuales embaucadores, el “entorno” de ETA, etc. La comunicación totalitaria del imperialismo actual ha apren- dido del fascismo que las acciones propagandísticas pueden tener más éxito si se concentran, no contra el pueblo de Irak sino contra Sadam, no contra Libia, sino contra Gadafi. Qué de sambenitos no se les habrán colgado ni cuántas caricaturas difamantes no se habrán publicado de ellos antes de invadir sus países militarmente. Ya marcó Hitler el camino en su libro Mein Kampf: “Ningún cambio (de enemigo, V.R.) debe modificar jamás lo que la propaganda debe conseguir, sino que siempre ha de concluir en lo mismo. La consigna tiene que iluminarse desde distintos ángulos, pero el final de toda consideración ha de culminar en la propia consigna. Únicamente así influirá la propaganda de manera uniforme y cerrada”.
mundial, el pueblo norteamericano, y, por extensión, los europeos, tampoco tienen conocimiento de las operaciones criminales de sus gobiernos hasta años después de haberse perpetrado.
La “seguridad” es la coartada que justifica todo silencia- miento. Mas, ¿seguridad para quién? En aras de la “seguridad nacional”, sin que se especifique en qué consiste eso, ningún medio informó de los efectos de las pruebas atómicas en Utah y Nevada, ni de los accidentes de las centrales nucleares en Estado Unidos, por ejemplo. Por “razones de seguridad” el presidente del Gobierno “socialista” español, Zapatero, ha ocultado a la población del Estado español la entrega de Rota a las fuerzas de la OTAN, esto es, al Pentágono, para usarla como parte inte- gral del escudo que nos va a proteger de los misiles que puedan tirarnos desde Corea del Norte, un pequeño país situado en las antípodas. La noticia surge ya como hecho consumado. El pacto se ha efectuado a espaldas incluso de los representantes de la soberanía popular, ni siquiera se ha discutido en el Parlamento. Y la soberanía de este trozo de la patria la venden estos “patrio- tas” por un platito de lentejas: rebajará en mil cien la cifra de los cinco millones de parados que hay en el país. Mil cien andaluces y andaluzas podrán trabajar de camareros y camareras para atender las borracheras de los tres mil quinientos soldados y marines yanquis de la base. ¡Bonita inversión económica!
En los medios de comunicación y en las escuelas y en la política se silencian informaciones que ampliarían el conocimien- to. Si son incómodas al sistema, a lo sumo se presentan como algo “sucio” o maquinado por los malvados de la historia, los comunistas de antes o los terroristas de hoy, acusaciones que el público está acostumbrado a oír y acepta sin más.109
109. Cf. M. Parenti: Drty Truths, San Francisco 1996, en particular el primer capítulo, “Hiden Holcaust”, sobre el holocausto dentro de los propios Estados Unidos; número de pobres, asesinatos, suicidios, enfermos sin asistencia médica, etc.
los medios es la norma de la imprecisión. Esto es, simplificaciones que nada explican, ilusiones que transmite la presentación integral de poder estar aquí y allí al mismo tiempo, que pueden resumirse en la expresión “es verdad, lo he visto en la tele”.112 Como todos
sabemos, la realidad es compleja y requiere análisis.