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Composite Structural Description

4. Composite Textural and Composite Structural Descriptions in Imaginative Variation

4.2 Composite Structural Description

Como se dijo en reiteradas oportunidades, la presidencia de Alfonsín se contextualizó en un escenario internacional signado por una relativa esca- sez mundial de capitales, muy especialmente para los países latinoamerica- nos. De este modo, tanto la República Argentina como los demás Estados de la región debieron identificar a los organismos multilaterales de crédito –el FMI y el BM, en lo principal– como la fuente cuasi excluyente de financia- miento externo. No obstante, es dable recordar que desde el fin del orden de Bretton Woods estas instituciones se encontraban en crisis, atravesando consiguientemente un proceso de (re)adecuación a las características con- textuales de entonces.

En efecto, el gobierno de Alfonsín fue testigo de tal redefinición al po- der advertir cómo fueron modificándose los criterios y las condicionalidades para la concesión y administración de los créditos o servicios por tales insti- tuciones provistos. En la primera mitad de la década, el rol preponderante fue asumido por el FMI. Tal como explican Bouzas y Ffrench Davis (1990) este organismo pregonaba por los tradicionales planes de ajuste de las cuentas para garantizar liquidez suficiente por parte de los países latinoamericanos. Es a partir de los sucesivos fracasos de este organismo y un nuevo diagnóstico de la situación de los países endeudados, que el BM cobró relevancia como apoyo externo a las gestiones económicas de los países.

Con respecto a la relación del gobierno bajo análisis con los organis- mos financieros internacionales es posible identificar tres etapas. La primera fue coincidente con la gestión de Grinspun signada por “el intento del go- bierno argentino de resistir las demandas de esas instituciones y alterar sus- tantivamente los parámetros fijados por ellas para la negociación financiera del problema de la deuda de los países latinoamericanos. La segunda etapa, iniciada en 1985 con Sourrouille, apuntó a normalizar las relaciones con las agencias multilaterales de crédito y la banca acreedora” (Cisneros y Escudé, 2000: 85). Por último, se presenta el período que va desde 1987 hasta el fin del mandato de Alfonsín, el cual estuvo caracterizado por el progresivo deterioro de la situación económica y la pérdida de apoyo externo, tanto de organismos internacionales y países centrales, como de los capitales finan- cieros privados.

Como es bien sabido, el gobierno radical heredó de la dictadura una situación de endeudamiento bastante crítica y relaciones harto deterioradas con los organismos multilaterales de crédito. Con la decisión de no resignar márgenes de maniobra en la gestión de la problemática de la deuda y aceptar condicionamientos de partida para la administración democrática, la gestión de Grinspun asumió una posición confrontativa con los acreedores interna- cionales y los organismos internacionales de crédito, a quienes identificaba operando en connivencia.

De primer momento, Grinspun intentaría desvincular al FMI de la nego- ciación de los bancos acreedores. Así pues, una de las primeras medidas adop- tadas por Grinspun fue “(…) no realizar pagos financieros al exterior hasta el 30 de junio de 1984. El objetivo implícito era tratar de evitar las exigencias depresivas de un crédito stand by del FMI y negociar con la banca acreedora un acuerdo referido a la deuda externa” (Rapoport, 2012:739). A su vez, se in- tentó constituir una instancia de concertación de países deudores de la región para fortalecer sus posiciones negociadoras: el Consenso de Cartagena.

Tal estrategia quedó desvirtuada, no obstante, por el reposiciona- miento de los organismos multilaterales de crédito, del FMI, en especial. Al

respecto, es dable apuntar que las exigencias mancomunadas de los acree- dores y de las potencias desarrolladas de consagrar acuerdos previos con el FMI conllevaron a que los países con necesidades de renegociación de sus deudas debieran relegar sus pretensiones de impulsar políticas que no se ajustaran a las condicionalidades de la ortodoxia del organismo multilateral (Fernández Alonso, 2015).

Por otra parte, las exigencias de las potencias desarrolladas –Estados Unidos mediante la Secretaría del Tesoro, en lo principal– y de los acree- dores de interponer a los organismos multilaterales de crédito en cualquier iniciativa de negociación desmantelaron todo ensayo de concertación polí- tico-económica de Estados en miras la conformación de un “club de deudo- res”. De este modo, una vez frustradas las pretensiones iniciales de la gestión Grinspun, el equipo económico debió iniciar “las postergadas negociaciones con los acreedores externos y los organismos financieros internacionales” (Rapoport, 2012:740). Así, a fines de 1984, el gobierno normalizó las relacio- nes con el FMI y puso en práctica el programa de ajuste acordado. Empero, la recomposición de las relaciones no implicó la apertura de un período de apaciguamiento. Al respecto, es de destacar que el informe del FMI de 1984 sobre el mal desempeño de las cuentas nacionales argentinas terminó de sellar la renuncia del ministro y la asunción de su sucesor.

Como se dijo anteriormente, el nuevo titular de la cartera económica asumió el cargo con un diagnóstico diferente al de su predecesor en diferen- tes áreas de la economía, lo cual se reflejó en una miríada de ajustes en las políticas y estrategias a implementar. Con respecto a la deuda externa, ésta seguía teniendo un lugar muy importante en las preocupaciones de la gestión pero se va a cambiar la estrategia al respecto. La solución a este problema no fue encauzada enfrentando a los acreedores sino por el contrario, negocian- do, acercándose a ellos, y por otro lado, tratando de generar lo que se llamó un ajuste “positivo” (Wainer, 2010:92).

La premisa de partida del equipo económico vinculaba las expectativas inflacionarias con la indefinición de las negociaciones en materias externas, todo lo cual terminaba incentivando la especulación sobre la moneda local. De este modo, obtener el apoyo del FMI y de Estados Unidos, como principal decisor dentro de aquél, se convirtió en prioridad. Bajo esta nueva lógica, se renegoció con el Fondo un acuerdo stand-by, aceptando las condicionalida- des que el organismo exigía (Cisneros y Escudé, 2000). Con la puesta en mar- cha del Plan Austral, en junio de 1985, se dio por implícita la aceptación de las reglas de juego existentes iniciando las reformas estructurales que tendieran a disminuir los temores de los acreedores internacionales (Rapoport, 2012). En consideración de Escudé y Cisneros (2000) ha de recordarse que en para- lelo al reinicio de negociaciones con el Fondo se retomaron los contactos con

la banca acreedora, lo cual hizo explícita las negociaciones triangulares entre la República Argentina, la banca acreedora y el FMI, como garante de las polí- ticas que condujeran al superávit requerido para el pago de los servicios de la deuda. Con todo, el deterioro del Plan Austral fue erosionando la percepción del organismo sobre la gestión radical y para el año 1988 las relaciones en- traron en una nueva etapa de conflictos. El retiro del apoyo del FMI en 1988 provocó simultáneamente la negativa de la banca privada de negociar con Argentina nuevos desembolsos.

Fue en esta etapa que el BM comenzó a asumir mayor protagonismo en sus relaciones con el país impulsando financiamiento para los programas de ajustes estructurales que tenderían a recuperar la capacidad de ahorro del país. Sin embargo, la política de condicionalidad cruzada entre ambas institu- ciones hizo que esta última institución terminara cediendo frente a las presio- nes del FMI y denegara desembolsar en los primeros días de 1989 un tramo de un crédito urgentemente esperado por el gobierno radical. Al entender de no pocos fue este suceso el que marcó el inicio del fin de la administración. 3. Aproximación de la política exterior alfonsinista

Tal cual la premisa de partida, la política exterior del primer gobierno de la restauración democrática tuvo una vinculación inexorable con la es- trategia de inserción y el modelo de desarrollo nacional. En aras de realizar una validación de tal formulación asertiva de base, nos proponemos en este apartado observar cuáles han sido los desarrollos de dicha política.

3.1. Hacia la configuración de la política exterior en tiempos