CHAPTER 2 BACKGROUND
2.4 Ferritic Martensitic (FM) Steels
2.4.1 Composition
Vladimir Ilich Ulianov, conocido mundialmente como Nico- lás Lenin, desarrolló una metodología insurreccional basada en la experiencia rusa. Afirmó que en la historia de las sociedades se debe distinguir entre períodos de desarrollo pacífico y períodos revolucionarios. En los cuales la vanguardia revolucionaria se prepara y analiza las condiciones objetivas y subjetivas que la realidad muestra, para actuar en los momentos justos condu- ciendo a toda la masa hacia la toma del poder.
Para Lenin, la insurrección es un arte, como la guerra, y como en otros géneros de arte, está subordinada a reglas cuyo olvido lleva a la ruina al partido que resulta culpable de no haberlas observado. Nunca la masa debe lanzarse a ciegas –recomienda Lenin– a la insurrección, sino que previamente debe llevar a cabo una movilización social de carácter general, lo que le permitirá estudiar el terreno de lucha, así como medir la eficiencia de su estructura.
180 Ibidem.
181 En teoría de conflictos se habla de conflicto incipiente (diferencias entre
las partes, sin que halla reconocimiento del conflicto); conflicto latente
(hay reconocimiento del conflicto, pero no comportamientos conflictivos)
y conflicto manifiesto (expresiones de los conflictos en enfrentamientos de las partes). En nuestro continente actualmente existen estos tres tipos de conflictividad, en algunos casos unos más problemáticos que otros como el manifiesto conflicto profundamente arraigado: étnico. Véase Sergio Sa- linas, «Construcción identitaria en el conflicto mapuche: ¿reencuentro con FMNJUPEFMXFJDIBGF v FO(JMCFSUP"SBOEBZ4FSHJP4BMJOBT Conflictos de
Es importante comprender –afirma el dirigente bolchevi- que– que tanto en los períodos prerrevolucionarios como revo- lucionarios el movimiento de masas se da por oleadas, pues no tienen un ascenso constante, permanente. Después de intensos combates económicos y políticos las masas se agotan; necesitan tomar un respiro para recuperar fuerzas y continuar en la lucha. En los períodos pacíficos, o de preparación, no existe una acción política abierta de masas, no hay cambios sustanciales en el régimen político, se avanza a pasos de tortuga y las condiciones económicas no provocan profundas crisis ni engendran potentes movimientos de masas.
En estos períodos pacíficos, de estancamiento las clases explotadas arrastran en silencio su carga o se restringen a formas de lucha aceptable para las clases explotadoras como huelgas limitadas a reivindicaciones económicas, lucha parlamentaria, etc.182.
El paso de una época de desarrollo pacífico a un período histórico revolucionario no se da, sin embargo, de golpe, sino a través de un ascenso gradual de la efervescencia política y so- cial. Las revoluciones nunca nacen hechas, ni estallan de pronto –dice Lenin–, constantemente son precedidas de un proceso de efervescencia, crisis, movimientos, revueltas, que no siempre se desarrollan hasta el fin; por ejemplo, si la clase revolucionaria es débil.
Este período prerrevolucionario, que para Lenin se dio en Rusia entre 1901 y 1905, es el que precede al parto revolucionario propiamente tal. En él se encuentran muchos de los elementos que, en un grado más intenso, estarán presentes cuando estalle la revolución. Pero también existen diferencias cualitativas en- tre ambos: en el período revolucionario la lucha de masas, que empieza a constituir en el período prerrevolucionario una ame- naza para la reproducción del régimen, pasa a adoptar formas
182 Marta Harnecker, La revolución social: Lenin y América Latina, Buenos
organizativas que se oponen de hecho al poder vigente sin que este tenga ya fuerzas para arrasar con ellas.
Se produce un salto cualitativo tanto en el número de per- sonas, hasta entonces inactivas, que ahora se integran a la lucha, como en el tipo de acciones que realizan. Los sectores avanzados del movimiento revolucionario pasan a realizar acciones de tipo insurreccional y arrastran tras de sí a crecientes sectores del pue- blo. Paralelamente al resquebrajamiento de la superestructura, las masas populares comienzan a crear una nueva, es decir, crean sus propios órganos revolucionarios de poder: soviets, comités de fábricas, comités campesinos, comités de defensa, milicias populares, su propia prensa, etcétera.
Es importante saber diferenciar estos períodos de calma, que preceden a nuevas tempestades, de los períodos de estanca- miento donde las condiciones objetivas para un nuevo ascenso revolucionario ya han desaparecido, puesto que la táctica de una vanguardia revolucionaria debe variar radicalmente de una situación a otra. «Los períodos revolucionarios son lapsos rela- tivamente cortos en los que surgen a la luz las contradicciones que han madurado a lo largo de décadas y se manifiestan en agudas crisis económicas y políticas, y donde la lucha de clases madura hasta llegar a la guerra civil abierta, es decir, a la lucha armada entre dos partes del pueblo»183.
Son períodos tempestuosos, de conmociones políticas en que la situación objetiva cambia con brusquedad y rapidez, en que la humanidad abandona el paso de carreta propio de los tiempos pacíficos para avanzar con la velocidad de una locomo- tora. Nuevos torrentes de movimientos sociales se incorporan a la lucha y su número crece sin cesar. Lo que caracteriza a toda revolución es la multiplicación del número de hombres capaces de librar una lucha política, pertenecientes a la clase trabajadora y oprimida, antes apáticas.
El último período que menciona Lenin es el contrarrevolu- cionario, que se da cuando fracasa la revolución, y el régimen sobreviviente a la insurrección impone nuevamente sus reglas en
un país que no ha resuelto ninguna de sus contradicciones más profundas. Tienen características parecidas a los períodos pací- ficos previos a las rupturas revolucionarias, pero en los períodos contrarrevolucionarios las causas que estuvieron en la base del estallido anterior se mantienen.
Lenin define a la revolución como una ruptura violenta de la superestructura política anticuada, cuyo antagonismo con las nuevas relaciones de producción provoca en un determinado momento su hundimiento, el «hundimiento que será tanto más fuerte cuanto más tiempo se mantenga artificiosamente este antagonismo»184.
La diferencia de los planteamientos de Lenin con los del Che Guevara apunta a que el Ejército Rebelde cubano creía, según su experiencia, que las condiciones revolucionarias había que crearlas, y crearlas luchando con la guerrilla. Como señala Fidel Castro, «un fósforo en un pajar: ese fue el movimiento guerrillero, dadas las condiciones que existían en nuestro país. Poco a poco la lucha se fue convirtiendo en la lucha de todo el pueblo. Fue el pueblo, sólo el pueblo, el único actor en esa lucha, fueron las masas las que decidieron esa contienda»185.
En abril de 1961, el Che Guevara señalaba: «Las condi- ciones objetivas para la lucha están dadas por el hambre del pueblo, la reacción frente a ese hambre, el temor desatado para aplazar la reacción popular y la ola de odio que la represión crea. Faltaron en América las condiciones subjetivas de las cuales la más importante es la conciencia de la posibilidad de la victoria por la vía violenta frente a los poderes imperiales y sus aliados internos»186.
Sin embargo, desde el triunfo de la Revolución Cubana la influencia de las tesis guevaristas y sobre todo su ejemplo, influen- ció en mayor o menor grado a todos los grupos de izquierdas en América Latina. Solo después del fracaso de este modelo surgie-
184 Ibid, p. 10. 185 Ibid, p. 100.
ron voces que llamaron a volver a los paradigmas leninistas, pero siempre entremezclándolos con elementos de la teoría del foco.
Como señala la exdiputada salvadoreña por el Farabundo Martí para la Liberación Nacional y actual vicepresidenta de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (COPPPAL), Marta Valladares, más conocida
como Nidia Díaz: «Todos éramos marxistas-leninistas desde la perspectiva del método de análisis dialéctico de la realidad, si bien había más influencia para estudiar a Mao Tse Tung. Yo en particular tenía grandes influencias de los revolucionarios de América Latina, como Camilo Torres y el Che Guevara. Más que de la revolución rusa de octubre, el Partido Revolu- cionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC) fue muy influenciado de una forma creativa por el marxismo vietnamita. Nuestros textos de estudio eran Tron Chin, Ho Chi Minh y el general Giap»187.
En pleno auge de la primera oleada guerrillera en América Latina, el Che Guevara encontró la muerte el 8 de octubre de 1967, en medio del más completo fracaso práctico de su teoría en Ñancahuazú. Sin recibir el apoyo del campesinado, ni de los partidos políticos de izquierda bolivianos, a excepción del Partido Obrero Revolucionario (POR), de tendencia trotskista.
De otro lado, en su caso y en el de las demás experiencias similares, no se pasó de la fase foquista, careciendo de cualquier efecto multiplicador. «Analizando retrospectivamente el fenó- meno, se puede decir que las guerrillas del 60 nunca llegaron a poner en peligro la estabilidad de los Estados en que se dieron. Su efecto principal fue provocar una crisis en las izquierdas latinoamericanas y un abundante debate político-ideológico en el mismo sector que termina por trascender a la sociedad entera»188.
187 Ferrán Cabrero, El camino de las armas, op. cit., p. 18.
188 Andrés Benavente y Jorge Jaraquemada,«Movimientos insurreccionales»,