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Chapter 5: Lessons from my Vocation

5.3 Composure

Freud parte del paralelismo psicofísico para afirmar que hay acuerdo general en que los procesos conscientes no forman series sin lagunas, de modo que los psicólogos se vieron forzados a adoptar el supuesto de

procesos físicos, o somáticos, concomitantes de lo psíquico. Fue entonces necesario atribuir a esos procesos somáticos una perfección mayor que la que corresponde a las series psíquicas, pues no todos los procesos somáticos tienen procesos conscientes paralelos.

En Algunas lecciones elementales del psicoanálisis Freud dirá: " ... la equiparación de lo anímico con lo

consciente producía la insatisfactoria consecuencia de desgarrar los procesos psíquicos del nexo del acontecer universal, y así contraponerlos, como algo ajeno, a todo lo otro. Pero esto no era aceptable, pues no se podía ignorar por largo tiempo que los fenómenos psíquicos dependen en alto grado de influjos corporales y a su vez ejercen los más intensos efectos sobre procesos somáticos. Si el pensar humano ha entrado alguna vez en un callejón sin salida, es este. Para hallar una salida los filósofos debieron por lo menos adoptar el supuesto de que existían procesos orgánicos paralelos a los psíquicos conscientes, ordenados con respecto a ellos de una manera difícil de explicar, que, según se suponía, mediaban la acción recíproca entre "cuerpo y alma" y

reinsertaban lo psíquico dentro de la ensambladura de la vida. Pero esta solución seguía siendo insatisfactoria" (Freud, 1940b [1938]*, pág. 285).

Las razones por las cuales las hipótesis acerca de la relación cuerpo-alma surgidas del paralelismo nunca fueron satisfactorias, no son difíciles de imaginar. Podemos ejemplificarlas de manera clara recurriendo a la existencia del famoso guion, tristemente célebre, que separa, o pretende unir, ambas palabras. Dado que el paralelismo sólo postula la existencia de dos "substancias" ontológicas distintas, el cuerpo y el alma, carece de una tercera para categorizar al guión. ¿Ha de extrañarnos entonces que cada vez que se ha intentado describir "la interrelación psicosomática" se haya recaído en la unilateralidad de una descripción solamente física o solamente psicológica? El guión se nos ha transformado, entonces, en un puente roto que a permanecido siempre, verticalmente levantado, de manera inútil, en una u otra orilla.

Freud sostiene que el psicoanálisis " ... se sustrajo de esta dificultad contradiciendo con energía la igualación de lo psíquico con lo consciente." (1940b [1938]*, pág. 285). En el Esquema... afirma que es necesario poner

ellos a lo verdaderamente psíquico, lo psíquico genuino, y buscar una apreciación diversa para los procesos conscientes (1940a [1938]*, pág 155).

Ha postulado así, afirmando que lo psíquico genuino es inconsciente, lo que considera la segunda hipótesis fundamental del psicoanálisis, acerca de la cual dirá: "No obstante que en esta diferencia entre el

psicoanálisis y la filosofía pareciera tratarse sólo de un desdeñable problema de definición sobre si el nombre de "psíquico" ha de darse a esto o a esto otro, en realidad ese paso ha cobrado una significatividad enorme" (Freud, 1940a [1938]*, pág. 156). En efecto, reparemos en que la segunda hipótesis es "más fundamental"

que la primera, que le ha servido de introducción, ya que contiene dos postulados cuya "significatividad" no puede ponerse en duda.

El primero de esos dos postulados afirma que la conciencia es una cualidad accesoria, "más a menudo

ausente que presente", de lo "verdaderamente psíquico", que, en su estado "natural", es

inconsciente (1940b [1938]*, pág. 285). La conciencia no pertenece a lo psíquico del mismo modo que la luz

de una linterna no pertenece a los contenidos de la habitación, a obscuras, que ilumina.

El segundo sostiene, de manera implícita, que lo psíquico genuino posee dos formas de presentarse a la conciencia. Una de ellas es la que conocemos como lo psicológico consciente, la otra adquiere la forma de procesos (los concomitantes presuntamente somáticos) que sólo conscientemente son somáticos, ya que, inconscientemente, constituyen precisamente eso que Freud llama lo psíquico genuino.

Vale la pena señalar, ahora, algunas implicancias que esclarecen, de manera notable, los planteos básicos que condujeron a la construcción del edificio teórico freudiano.

La primera, y tal vez la más significativa, es que el concepto psicoanalítico de inconsciente no sólo nace,

sino que queda indisolublemente ligado a una nueva postulación del problema de la interrelación cuerpo-alma, que trasciende al paralelismo psicofísico. No debería extrañarnos ¿Acaso carece de

significado el hecho de que el psicoanálisis ha nacido de la necesidad de interpretar el sentido inconsciente de los fenómenos somáticos que se observaban en la histeria?

La segunda implicancia se encuentra en el hecho, importante, de que la noción de series psíquicas

conscientes incompletas, utilizada ya en 1901 para comprender los actos de término erróneo, será la que fundamentará, a un mismo tiempo, los dos corolarios principales de la segunda hipótesis: 1- El psiquismo es verdaderamente inconsciente, la conciencia es un agregado accesorio. 2- Llamamos somático al psiquismo inconsciente cuando penetra en la conciencia como un fenómeno material privado de su significado inconsciente.

Volvamos, una vez más, al concepto principal. Los procesos fisiológicos, que forman series "somáticas"

completas, encaminadas teleológicamente hacia la finalidad de una función, son, tal como lo afirma Freud, inconscientemente psíquicos. Constituyen lo que él creador del psicoanálisis llama lo

verdaderamente psíquico o, también, lo psíquico genuino – definido en función de su sentido–, ya que la conciencia es una cualidad que muy pocas veces se le agrega.

Las conclusiones expuestas son las que nos han permitido afirmar que no existe otra psicosomática

psicoanalítica que el psicoanálisis mismo, y que cualquiera de las postulaciones psicosomáticas que parten del paralelismo son anti psicoanalíticas, ya que contrarían los principios fundamentales del psicoanálisis.

Hablar de un estatuto ontológico del cuerpo y del alma como dos cosas separadas que necesitan una tercera que las vincule, es muy diferente que decir que cuerpo y alma son dos maneras de "mirar" a una realidad incognoscible que, cuando ignoramos su significado inconsciente, percibimos como cuerpo.

Tal como ocurrió con el Complejo de Edipo, ya prefigurado en Sófocles, o en Shakespeare, la segunda

hipótesis fue anticipada por un poeta inglés, William Blake, que murió en 1827, pocos años antes de que Freud naciera. Repitamos sus palabras: el hombre no tiene un cuerpo distinto de su alma, porque lo que llamamos cuerpo es un trozo de alma percibido por los cinco sentidos.

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