Results and Discussion
Scheme 99: Synthesis of bromo-substituted orthoester
3.3 Individual Procedures
3.3.1 Compounds Relevant to Section 2
El presente estudio no busca conocer si las personas que han participado han vivido o ejercido algún tipo de violencia machista en cualquiera de sus formas, sino descubrir qué imaginarios sociales relacionados con las violencias siguen vigentes. Es por este motivo que, a nivel metodológico, se ha decidido preguntar por prácticas concretas sin mencionarlas como formas de violencias machistas, dando la oportunidad que las mismas personas participantes puedan darnos su punto de vista y si consideran que tienen una raíz heteropatriarcal.
Por otro lado, a la hora de referirnos a las violencias machistas en la relación de pareja, durante el trabajo de campo, tanto en los grupos focales como en la encuesta hemos utilizado el término “relación tóxica” para abrir la conversación sobre éstas. Esta decisión metodológica parte de nuestra práctica profesional con personas adolescentes y jóvenes, en la que hemos observado que normalmente utilizan la palabra “tóxico” para muchas de las prácticas de violencias machistas, como son los celos, el control, la falta de responsabilidad afectiva y un largo etcétera. Creemos que esto se debe al hecho que es una palabra que ayuda a restarle importancia a la vivencia, y, a su vez, es un término que no contiene el estigma de “víctima” o “agresor”. De este modo, no hemos querido presuponer qué dinámica en relación con el género se da en las violencias machistas, sino averiguar si las personas participantes la identifican a la hora de preguntar acerca de las relaciones tóxicas. Con respecto a la identidad de género, el presente estudio parte del posicionamiento que el género es un constructo sociocultural inscrito en un sistema social de relaciones de poder. Es una institución dentro del patriarcado heteronormativo funcional a la economía capitalista gracias a la división del trabajo productivo o reproductivo según el género (Federici, 2013). Cuando hablamos de imaginarios sociales sobre la masculinidad y la feminidad, nos referimos a los imaginarios que contribuyen, a nivel simbólico, a reproducir construcciones y formas de entender las masculinidades y feminidades que el sistema da como válidas. En este sentido, consideramos la identidad de género dentro un continuum, más allá del binarismo, con múltiples maneras de identificarse.
Así pues, en la encuesta se han ofrecido diferentes opciones mediante las cuales las personas participantes pudieran representarse. Pensamos que la identidad y expresión de género es un espectro en el que se encuentran personas que se identifican con el género que culturalmente se asigna al nacer en función del sexo (cisgénero), personas que no se identifican con el género asignado al nacer (transgénero) y personas no binarias, quienes no se identifican con el binarismo femenino/masculino, así como un largo etcétera de posibilidades mediante las cuales una persona se pueda sentir más cómoda a la hora de identificarse.
Como se explicará más adelante, a la hora de presentar los resultados se ha tomado la decisión de referirnos al grupo de chicas cisgénero como “grupo de chicas” y a los chicos cisgénero como “grupo de chicos”. En referencia a las personas trans, debido que han supuesto un número muy pequeño de la muestra, se encuentran en el grupo de “personas disidentes de género” en tanto que consideramos que su identidad desafía las normas binarias del sistema sexo-género. Esta decisión no pretende invisibilizar a las personas trans o justificar posicionamientos deterministas, sino que a la hora de agrupar a las personas que han respondido la encuesta, se ha realizado en base a su relación al sistema sexo-género y en cómo éste afecta a los imaginarios sociales. Con respecto a la edad de las personas participantes, se ha establecido el límite entre 15 y 25 años siguiendo la línea de trabajo de Oxfam en los previos estudios Rompiendo Moldes en Latinoamérica y el Caribe, así como en Argentina. Asimismo, se considera que las experiencias vitales de las personas de 15 y 25 años pueden ser más parecidas que entre 12 y 30 años, que sería el período de edad más extenso a la hora de referirnos a la población adolescente y joven. Es decir, que hay menos distancia en los ritmos vitales de las personas de 15 a 25 años que en las personas de 12 a 30.
Con respecto a otros ejes identitarios hemos preguntado acerca de la nacionalidad, la religión y si la persona se sentía atravesada por el racismo. Durante el análisis de datos encontramos que la gran mayoría de personas participantes tiene la nacionalidad española, no se identifica con ninguna religión o con el cristianismo y no se considera estar atravesada por el racismo. De este modo, si bien la intención inicial del estudio era realizar el análisis estadístico en base a estas categorías, debido a la escasa variabilidad de la muestra no ha sido posible.
En consideración a las limitaciones de estudio, cabe destacar que el método elegido para realizar el muestreo presenta ventajas e inconvenientes que han podido impactar en la composición de la muestra total. En primer lugar, teniendo en cuenta el contexto excepcional que ha rodeado todo el proceso de investigación, el muestreo “bola de nieve” a través de las redes facilita acceder a un gran número de personas de todas partes de España en un período relativamente corto de tiempo. No obstante, este tipo de muestreo también provoca que respondan la encuesta
aquellas personas que se sientan más interesadas por la temática del estudio. Posiblemente, en otro contexto y utilizando otro tipo de muestreo, se hubiera podido obtener una muestra más extensa, sobre todo en lo que respecta al grupo de chicos, personas disidentes, personas atravesadas por el racismo, etc.
Con respecto a este problema, las especialistas Uzet y Martin (2020) explican que este tipo de muestreo genera sesgos en los resultados. Por tanto, posiblemente con otro tipo de técnica habríamos podido contar con la opinión de gente que no se identifica con los valores feministas.
Por otro lado, también se debe mencionar que a la hora de contestar una encuesta existe el fenómeno de la “deseabilidad social” que escapa al control de las personas investigadoras. Así pues, teniendo en cuenta la mayor presencia del discurso feminista socialmente en estos últimos años, es posible que las personas encuestadas hayan contestado pensando en lo que es más correcto o deseable.
ROMPIENDO MOLDES