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[UNA ENTREVISTA DE PEDRO SCHWARZE]
—¿Cuáles son los hitos de la infancia que definieron a Castro hasta hoy?
—Los primeros choques sociales de su vida comienzan en el período en Santiago de Cuba, en el colegio La Salle. Lo llamaban "judío" porque sus padres no estaban casados por la Iglesia. Pasó mucho tiempo hasta que Ángel (Castro Argiz, su padre) se divorció de la mujer anterior y se casó con Lina (Ruz González, su madre). Incluso hay un sacerdote que abofeteó a Fidel en algún momento y eso lo marcó notablemente. Se produce un cambio muy positivo en su vida cuando Lina se casa con el viejo Ángel y lo trasladan al colegio Dolores de Santiago de Cuba, que era de los jesuitas. Su encuentro con la disciplina militar y con el sentido misionero que lo va a acompañar toda su vida, comienza en el colegio Dolores, donde se hizo un estudiante devoto y un gran jugador de básquet. Después hace el Bachillerato en el colegio Belén, que era probablemente el más importante de Cuba en los 40 y 50 y también era jesuita. El encuentro decisivo de su juventud —como lo será después en la universidad su encuentro con el comunismo— fue con la Compañía de Jesús. Es el momento definitorio de su carácter y personalidad. Castro pudo haber terminado como Papa. Si no se encuentra con el comunismo en la universidad, seguro termina en Papa o como un cardenal revolucionario.
—Algunos han comentado que Castro se parece mucho a Juan Pablo II en su perfil autoritario, en su obstinación, en tirar el carro contra la corriente mundial.
—Fidel no tira del carro en contra de todo el mundo. Además, ¿quién es primero en la arena internacional: Juan Pablo II o Fidel? Debiéramos comparar a Juan Pablo II con Fidel y no al revés. Decir que va en contra de todas las cosas puede significar que es un hombre obstinado, y Fidel no es un hombre obstinado. Una muestra de que no es un hombre obstinado es que lleva 47 años en el poder. Un hombre obstinado hubiese sido quebrado fácilmente. Fidel es un hombre muy inteligente, pragmático, con una
capacidad de maniobra extraordinaria. El Papa, en cambio, está montado sobre una estructura mucho más celosa y rígida que la de Castro. Fidel tiene que responder a una dinámica más violenta y rápida. Como todo gran hombre en la historia, Fidel toma cosas de todas las escuelas posibles lo que le conviene, y tomó algunas de la Iglesia Católica, como el sentido misionero y el sentido de organización militar que le dieron los jesuitas.
—¿Cómo era la relación de Castro con sus padres?
—Lo primero que hizo Fidel fue quemarle los cañaverales al padre en medio de la guerra en su hacienda. También hizo la reforma agraria en su finca en Birán. Siempre ha demostrado que él está por sobre la familia. Eso no quiere decir que no tenga una
familia, porque la tiene, ni que tenga una vida familiar secreta... —¿Pero cómo era en su infancia con su padre y con su madre?
—Hay muchas anécdotas, como, por ejemplo, cuando amenazó con quemar la casa si no lo mandaban a La Habana. U otra vez que necesitaba dinero, el padre no se lo quiso dar y quemó otra cosa. El violentaba las acciones, pero era un mundo también muy violento, donde los padres la ejercían también sobre sus hijos. El padre de Fidel era un gallego casi analfabeto que había extendido todo su latifundio a costa de irle
corriendo la cerca nada más y nada menos que a la United Fruit. Era un mundo al borde de la delincuencia y de la violencia, donde el primer regalo que le hicieron a Fidel —que se lo hizo su hermano Ramón— fue una pistola. Vistas desde la perspectiva urbana del mundo de hoy, pueden parecer horroríficas, pero en ese mundo no.
—Se dice que Fidel es un gran seductor con las mujeres. ¿Es así o es más mito que realidad?
—Es un señor seductor. Les hacía poemas a las mujeres cuando se enamoraba. Le encanta seducir y enamorar a las mujeres. Eso es muy cubano y español. Pero a su vez mantiene a su familia en reserva. La cubre con el argumento de la seguridad, lo que es cierto, pero lo principal es que no mezcla a su familia con el resto de la gente.
—Más allá de las mujeres, ¿con qué tipo de personas le gusta estar a Castro? ¿Quiénes lo aburren?
—Lo aburre casi todo el mundo. El mundo que lo rodea, y que él mismo ha creado, es un mundo subordinado y entregado a su mando. ¿Cómo un hombre tan inteligente se rodea de gente tan inocua o de gente de tan bajo registro intelectual? Fidel no tiene a grandes intelectuales a su alrededor, y trata a los intelectuales con un cierto resquemor, miedo, precaución, como fue con Sartre. García Márquez, por ejemplo, es un hombre
adocenado, doblegado ante Fidel. No creo que sea el tipo de intelectual que saque a Fidel de sus casillas, que sería el intercambio ideal. Un hombre muy inteligente necesita muchas contradicciones, muchos desafíos. A Fidel le gusta elaborar desafíos en
términos generales, en términos políticos globales. Pero en la relación personal no le conozco a Fidel mucha gente que lo contradiga.
—¿Y quiénes son sus amigos?
—Él no tuvo mejor amigo en su juventud que Alfredo "Chino" Esquivel, y le dolió muchísimo cuando Esquivel le dijo en 1960 que se iba del país. Fidel lo recibió 30 años después, en Cuba, y le regaló una caja de tabaco firmada. Cuando el Chino regresó, meses después, ya Fidel no lo recibió. El rompimiento de esas amistades lo hizo, más que un hombre solitario, un hombre blindado, a prueba de la soledad. Tuvo que escoger entre su vocación de ser humano y su vocación de líder de la Revolución Cubana. El no puede estar en la posición en que está y tener amigos.
Fuentes también cita el caso del general Arnaldo Ochoa, quien fue fusilado en Cuba el 13 de julio de 1989 junto a Antonio de la Guardia, Amado Padrón y Jorge Martínez. Todos habían sido acusados de "alta traición a la patria y a la Revolución", cargos que, según muchos analistas occidentales, escondían una purga interna de Castro para evitar que se produjera un proceso como la Perestroika en la ex URSS. Sobre Ochoa, Fuentes dice que "tuvo una relación muy estrecha con Castro, pero lo liquidó. El último gesto que tuvo con Ochoa, ya no de amistad sino de compasión, fue cuando lo cogieron preso y lo llevaron a una reunión con Raúl. Fidel esperaba que Ochoa confesara toda la mierda que estaba haciendo en Angola... pero no lo hizo. Fidel tenía una botella de agua mineral, y cuando le dijeron que Ochoa no había hablado, la reventó contra la pared. Fue más un gesto de fastidio, de compasión, que de amistad. Sabía que iban a fusilarlo en un mes".
—¿Cómo es la relación de Castro con su familia?
—Fidel tiene una relación de familia. Hubo un momento en que uno de sus hijos vio a un disidente en La Habana. El muchacho fue a la casa y empezó a preguntarle a Fidel por qué había tanto repudio contra los disidentes. Fidel le dijo que eran enemigos de la Revolución, y llamó por teléfono a Furry (Abelardo Colomé Ibarra), el ministro del Interior: "Oye, Furry, tengo aquí a mi hijo delante, ¿qué es lo que pasa con este disidente?". Furry le dio su versión, y Fidel dice que son unos cabrones. Colgó el
teléfono, miró al hijo y le dijo: "Yo me imagino que tú no estarás viendo a esos disidentes". Eso quiere decir que Fidel hace una vida familiar. En otro momento había un tigrillo que habían traído de Nicaragua, que estaba en una jaula en Tropas Especiales. Antonio, su hijo, se puso a jugar con el tigrillo y éste lo arañó. En siete u ocho minutos entró el propio Fidel manejando el Mercedes hecho un demonio, en bata de casa y con la pistola al lado del asiento, cagándose en la madre de todo el mundo, diciendo que los animales son fieras y tienen que estar en el zoológico. Es la reacción de un padre y, a su vez, un dirigente, una mezcla de ambas cosas. No hizo nada más. Se dio cuenta de que todos los muchachos que estaba allí eran de la edad de su hijo, eran todos
irresponsables, unos chiquillos.
—¿Cómo se puede definir su relación con Raúl?
—Es una relación que Fidel necesita, que Fidel utiliza y que, para conveniencia de Fidel, es su hermano de sangre. Creo que Raúl ha conspirado más en contra de Fidel que Fidel en contra de Raúl. Pero Raúl no tiene el aliento ni el umbral personal y político de Fidel. Es un hombre muy inteligente y muy dedicado al trabajo, y eso le conviene a Fidel, que es un genio político.
—¿En la intimidad es una relación distante?
—No, Raúl ve a Fidel cada vez que quiere. Pero Fidel está en su pedestal, y no se baja de ahí ni para su hermano. Recuerdo que para un cumpleaños de Raúl, Fidel fue y le llevó unos camarones. Y Raúl le decía: "Ay Fidel, qué fáciles te han salido las cosas". Raúl siempre tiene un cierto resquemor. Ha estado obligado a jugar un papel de segunda con Fidel, toda su vida. Un papel para el que no estaba preparado. Eso ha creado un sentimiento de incompatibilidad entre los dos hermanos que a Fidel le importa un carajo. Esa relación de hermandad que tienen muchos no existe entre Fidel y Raúl. Fidel no la tiene con nadie. Es algo que se proclama para crear una imagen represiva en el país, pero entre los dos no hay nada. Los exilios de Raúl son anuales. Cada vez que tienen una gran bronca, Raúl se va a la sierra. Pero es algo que solo puede hacer Raúl. A Fidel, Raúl siempre le va a llevar la cuenta de que entre él, el Che y los americanos lo empujaron a él al comunismo. Ese no era el plan inicial de Fidel. Es demasiado inteligente para eso.
—¿Cómo se sabe cuándo Fidel está enojado?
—A Fidel nada lo detiene. Puede reírse o estallar. Es uno de los mejores alumnos de Maquiavelo, quien se pregunta si es preferible ser temido o amado. El que ríe mucho es un hombre amado. El que estalla es un hombre temido. Por supuesto que Fidel
prefiere ser temido, y no le cuesta ningún trabajo. ¡Quién se le va a oponer! Enojado lo vi una vez en Cayo Piedra, donde tiene su especie de Camp David. En enero del 85 habían venido dos representantes americanos a verlo a Cuba, y los invitó allí con la delegación. Traían a un edecán militar que había sido coronel en Vietnam. Y algún cabeza caliente decidió que como había estado en Vietnam había que dejarlo en La Habana. Fidel estuvo dando patadas hasta que dijo: "¿Quién fue el que dio esa orden?". Y un tipo llamado Ramírez, que estaba allí, dijo: "Comandante, fui yo". Y eso
impresionó a Fidel, que no siguió. Pasa del azafrán al lirio en un segundo. Nunca sabes cuándo está enojado de verdad. Eso es circunstancial y de acuerdo al público o al objetivo que esté persiguiendo. Esa es una de las cosas más grandes de Fidel: cómo maneja su estado de ánimo aparente, siempre en función política. Todo en Fidel Castro está manejado en función política.
—¿Dónde radica el olfato político de Castro?
—Es un adiestramiento. Al igual que el olfato de los cazadores, Fidel ha desarrollado su olfato político y de seguridad personal. Hay dos cosas: una que es consciente y otra es subconsciente. Un día pasó por una calle de La Habana, vio a un personaje, y le dijo a José Abrantes (ex ministro del Interior, quien murió en prisión): "Oye, Pepe, cógeme preso a este hombre, que está conspirando". Y lo cogen preso y efectivamente estaba metido en una conspiración. Y Abrantes le dice: "Fidel, ¿cómo tú supiste que ese hombre estaba conspirando?". Fidel responde: "Porque a ese lo conozco de la universidad y estábamos peleados... es bien caradura porque estaba conspirando". El caso de Eutimio Guerra es el más espeluznante de todos. A principios de la guerra en la sierra, y cuando eran un grupo chico, de 15 personas, cada vez que llegaban a un lugar venía la aviación y los bombardeaba. Y comienzan a preguntar quién es el hombre que los está traicionando. Había una confianza extrema en Eutimio Guerra, porque había sido un compañero formidable. Una tarde están Fidel y Eutimio en un arroyito con las patas en el agua, y Eutimio le pregunta a Fidel: "Cuando la revolución triunfe, ¿qué me van a dar?" Fidel lo miró y pensó: éste es el traidor, porque ya le han hecho una proposición y piensa quién le va a dar más. No le dijo nada: "Eutimio, lo que tú quieras, chico". Esa noche Fidel le dijo a Ciro Redondo y a Raúl que Eutimio era el traidor. Lo interrogaron, el tipo confesó y lo mataron. Fidel viene de la Universidad de La Habana de los 40 y 50, donde las luchas políticas eran a balazos. Y luego completa su educación cuando se empata con la revolución de Lenin, el marxismo y el Partido
Comunista. Ver a Fidel en situaciones de peligro, es una fiera. No responde a nada más que no sea su instinto de seguridad.
—¿Cómo es el proceso de caer en desgracia con Castro?
—Totalmente circunstancial y político. Desde el punto de vista personal nunca caes en desgracia con Fidel. El te parte los cojones si las circunstancias lo obligan. Hay que decir en favor suyo dos cosas: una, que no es un tipo vengativo en el orden personal, y dos, que es verdad lo que dice, que sus peores enemigos gozan de buena salud y están aquí en Miami. Además tiene un sentido del humor muy especial. Eufemio Fernández había sido enemigo suyo toda la vida y lo cogió en una conspiración. Antes de fusilarlo, y sin que el tipo supiera que lo iban a fusilar, Fidel tuvo una larga conversación con él, le dio tabaco y al salir de la celda, le dijo: "Y por cierto, guajiro, te vamos a fusilar esta noche". Con Fidel todo depende siempre de las circunstancias políticas, los objetivos políticos y su seguridad.
La relación de Fidel Castro con los líderes de la ex Unión Soviética es otro de los temas que Fuentes conoce en detalle. Dice que el episodio determinante en ese campo fue la Crisis de los Misiles, que detonó cuando, en octubre de 1962, un avión espía de Washington detectó en Cuba instalaciones para lanzar misiles soviéticos que podían portar cabezas nucleares. Decidido a apoyar la Revolución Cubana y usarla como plataforma en la región, Nikita Jruschov quiso contrapesar también la existencia de bases misilísticas estadounidenses en Turquía. Fuentes dice que "la relación con los rusos se definió para siempre en las seis o siete horas que pasaron entre el derribo del avión U2 americano, el 27 de octubre de 1962, y la orden de Nikita Jruschov de retirar los cohetes. Fidel no estaba preparado para eso. Era un revolucionario y estaba
preparado para la lealtad o para la traición, pero nunca para la decepción. Jruschov lo decepcionó. En un momento determinado los soviéticos estaban muy entusiasmados con Cuba. Fidel se dejó cortejar por los soviéticos, y Jruschov hizo por Cuba lo que ningún dirigente del mundo hubiese hecho: el inicio, desarrollo y desenlace de la Crisis de Octubre fue una operación monumental político-militar para defender la Revolución Cubana. Jruschov tuvo todo lo que quiso, y la existencia de la Revolución Cubana se debe también a eso, pese a que decepcionó a Fidel. Después de la Crisis de Octubre, Fidel comenzó a relacionarse con los soviéticos de manera más libre, lo que duró hasta más o menos 1980, cuando Reagan accedió al poder y Brezhnev le dijo a Raúl Castro en
Moscú que si había un ataque de Estados Unidos, Cuba se tenía que manejar por su cuenta".
—¿Recuerda algún episodio en particular que refleje la personalidad de Fidel? —Escogería dos por su similitud. Durante la ofensiva del verano del 58 en la Sierra Maestra, hubo un momento en que las fuerzas de Batista estuvieron pegadas al último reducto rebelde. En esa ocasión en que Fidel lo vio todo perdido, reunió a los
comandantes que le quedaban y les dijo a todos que se dispersaran para comenzar la guerrilla otra vez. "La guerra no ha terminado". Esto lo empató después con la Crisis de Octubre. Cuando él se da cuenta de que los soviéticos se van a llevar los cohetes y que Jruschov y Kennedy se han puesto de acuerdo y él ha quedado fuera del juego, Fidel se inserta en el juego y sigue peleando. Hace una crítica demoledora a la dirección
soviética, pero a su vez mantiene la relación con los soviéticos en el mejor estado. Esas dos actitudes reflejan su voluntad de continuar la lucha, de no aceptar la derrota
definitiva como solución a ningún problema. Siempre existe, aun en la peor circunstancia, un margen de posibilidades.
—¿Cómo es la relación de Fidel con Chávez?
—Parece que es diferente. Chávez le ha salido un buen alumno. Supongo que cuando fue el golpe de Estado contra Chávez, Fidel se enojó mucho. Pero el golpe le dio la oportunidad de rescatar a Chávez con sus tropas en Venezuela, y eso puso a Chávez a su disposición eternamente. Chávez es un gran político, y esa asociación con Fidel va a rendir beneficios a varios.
—¿Hasta qué punto el surgimiento de Chávez fortalece a Castro?
—Antes de Chávez estaban los chinos, que han ayudado mucho a Fidel. Chávez le ha ahorrado a Fidel muchas cosas, y además le ha dado el petróleo, que vende igual que en la época de los soviéticos. Pero el éxito actual de la revolución no depende de
Chávez. Fidel previó este escenario hace mucho tiempo: que el neoliberalismo iba a fracasar y que la Revolución Cubana va a resistir son enunciados anteriores a Chávez. Chávez ha facilitado muchas cosas, y quizás las ha acelerado y le ha dado unos 80 años más cómodos a Fidel, pero sin Chávez las cosas no hubieran variado mucho.
—¿Cree que Castro está preocupado del tema de la sucesión en Cuba?
—El día que Fidel se preocupe de la sucesión, ése no es Fidel. Primero, es más que evidente que las revoluciones son tareas de una generación. Después quedan los efectos de estas revoluciones y eso va variando porque hay una dialéctica de las cosas, incluso de la misma revolución. ¿Cuántos cambios ha tenido la revolución desde 1959? No es la
misma revolución. La revolución tiene la habilidad de renovar constantemente a su equipo de gobierno. Casi todos los que están al frente del gobierno nacieron después de la revolución. Además, Fidel sabe que es absolutamente inútil: ¡cuando él no tenga el control de las cosas, qué coños va a controlar! Lo que van a hacer después de Fidel es