4.4 Regularization property
5.1.2 Computational implementation
Estos niños en general muestran una multitud de “problemas” de entre los siguientes (Cf. Connell, 1985, página 46):
• Conducta inmadura, seudomadurez o ambas. • Dificultades para establecer vínculos.
• “Fracaso escolar”.
• Maltrato físico o abuso sexual de otros niños o de animales. • Masturbación, o insertarse cosas dentro de genitales o ano. • Sufrir de problemas psicosomáticos.
• Trastornos en la alimentación. • Trastornos en el sueño.
• Orinarse, defecar, ensuciarse. • Decir mentiras.
• Respuestas emocionales inadecuadas. • Mutismo por elección.
• Retraimiento, berrinches, brotes de violencia. • Cambios extremos en el estado de ánimo. • Falta de afecto, dificultades con las relaciones.
• Escrupulosidad anormal o conducta caótica y desordenada. • Daño a sí mismo, lastimar animales o niños más pequeños. • Bajo funcionamiento sin razón aparente.
• Trastornos de aprendizaje y problemas para asistir a la escuela, en particular rehusarse a ir a ésta (es decir, niños que se quedan en casa o en cualquier otro lugar, no son haraganes que van a la escuela para después salirse).
Los niños quizá sufrieron un trauma significativo como: • Abuso sexual, maltrato físico, emocional o sistemático. • Enfermedad o accidente grave.
• Muerte de una persona significativa. • Pérdida(s) excepcional(es).
• Dolor emocional. • Paternidad inadecuada.
• Estilo de vida trastornado o paupérrimo. Exposición al alcohol o drogas.
Es interesante, y a veces instructivo, preguntar ¿por qué se refiere al niño en este momento? En situaciones crónicas puede ser un síndrome de estar “en las últimas”. Los adultos ya no saben qué hacer y referir al niño puede ser el último recurso. De modo alternativo, un adulto comprensivo puede al menos haber reconocido que quizá puede intentarse algo para tratar de mejorar la suerte del niño. Un factor precipitante frecuente para la referencia es cuando una “crisis”, en general un cambio crítico en la vida del pequeño que con frecuencia implica pérdida de algún tipo, empeora los problemas conductuales graves o de larga duración (Wolff, 1981, página 11) y el niño explota o se retrae. Por supuesto, sería mejor si se refiriera al niño a terapia de juego antes de la crisis, y sí la necesidad de ayuda terapéutica se tomara en cuenta de manera rutinaria en todas las juntas de revisión y planeación cuando se discute el bienestar del niño.
NOTAS PRECAUTORIAS
• Niños que exhiben sólo 1 o 2 “problemas” pueden recibir, de manera más apropiada, una intervención alternativa como trabajo familiar, conductual o terapia de juego enfocado. • Niños pequeños que presentan conductas caóticas, con una paternidad deficiente en la
infancia temprana, inclusive aquellos que sufrieron formas extremas de maltrato, en principio pueden tener una mayor necesidad de reeducación y atención de tipo paterno (Fahlberg, 1988).
• Niños sujetos a maltrato excesivo requieren consideración especial (páginas 47 a 48). • Existen algunos niños para quienes no es adecuado que se les refiera a terapia de juego
(páginas 44 a 45).
• Debe establecerse relación con otros profesionales que trabajan con el niño para averiguar si desde sus puntos de vista la terapia de juego ha sido adecuada.
Dockar-Drysdale (1990, 1993) tiene algunas ideas prácticas acerca de lo que ella llama niños integrados y desintegrados. Se consideran como desintegrados aquellos niños que han tenido un difícil comienzo en la vida, el cual, aunque no se recuerde de manera intelectual, es probable que se evoque a través de los sentimientos. Los niños a los que se les empuja hacia una independencia prematura pueden llegar a ser rebeldes, violentos y antisociales. Tienen problemas para relacionarse o aceptar culpas, además de que se les dificulta descubrir la simbolización. Los niños desintegrados necesitan, como sostiene Dockar-Drysdale, llenar sus vacíos en la experiencia, lo cual puede involucrar regresión. Los niños integrados pueden responder mejor a la comunicación verbal y al reflejo de sentimientos.
• Si el niño va a tomar terapia de juego, la familia también debe aceptar ayuda terapéutica.
La terapia de juego no debe verse como “trabajo de imputar la responsabilidad” a un terapeuta de juego que “corrige al niño” y resuelve en forma heroica todos los problemas de la familia. Los terapeutas necesitan estar alertas ya que, en ocasiones, se lleva a los niños a la “ayuda” debido a las dificultades entre los padres que se proyectan en el pequeño (Erickson y Hogan, 1972; Will y Wrate, 1985, página 26), o a causa de que la persona que cuida del niño en realidad desea atención para sí misma pero no se atreve o no puede pedirlo de manera directa. Los custodios necesitados e inmaduros pueden sentírse descuidados o celosos de la atención especial que se le da al niño (Adcock y colaboradores, 1988, página 35). Cuando se acepta a un niño para terapia de juego es importante que el trabajador social, o alguien más, trabaje de manera activa con las personas que se ocupan del niño o con su familia. entonces el foco se retira del pequeño, considerado como el "problema”, y se les ofrece atención a los padres en sí mismos. Los niños no son intrínsecamente malos y con frecuencia su conducta se considera como razonable una vez que se comprenden las presiones que generan su familia y su vida temprana. En mayor grado, el niño es el producto de su medio así que si se desea que cambie, también la familia tiene que modificarse. Sin embargo, si se utiliza la suposición teórica de que los niños tienen la capacidad de sanarse a sí mismos (Axline, 1969, página 66) y que el cambio en una parte del sistema puede afectar al resto, la terapia de juego puede ser factible y tal vez se obtengan resultados parciales sin involucrar a la familia. Estos resultados pueden tener menos duración si la familia no desea cambiar, pero las ganancias obtenidas en la terapia de juego no se pierden por completo en el niño.
INFORMACIÓN PRELIMINAR Se requiere la siguiente información:
• Detalles personales acerca del niño. • Las circunstancias presentes del pequeño. • Motivos de referencia.
• Antecedentes históricos del niño.
• ¿Está el niño involucrado en procedimientos jurídicos o de protección?
Obtener información adecuada y referencias convenientes por parte de profesionales no familiarizados con la terapia de juego a veces es engañoso y tal vez beneficie realizar una entrevista con las personas que refieren al niño. ¡En general los individuos que refieren a los niños necesitan educación!
La siguiente información es útil:
a) Nombre del niño, edad, fecha de nacimiento, sexo, origen étnico, dirección y escuela actuales y situación familiar presente.
b) Razones para la referencia y problemas actuales, cómo los ve quien hace la referencia, la familia, escuela y el niño mismo.
c) Historia social que ofrezca detalles acerca de la familia de origen del niño y de traslados, cambios y pérdidas subsecuentes.
d) Detalles personales acerca del niño que incluyan antecedentes médicos y del desarrollo, además de tratamiento y medicación.
e) Planes futuros para el niño. Esto tiene una relevancia particular si es inminente un cambio de dirección o escuela.
f) ¿Se encuentra el niño bajo un mandato judicial, inscrito en el Registro de Protección del Niño o sujeto a averiguaciones sobre maltrato o a procedimientos de un tribunal?
En el caso de Toby (capítulo 1), al evaluar si era una referencia adecuada, la terapeuta de juego realizó llamadas telefónicas y reuniones con el trabajador social, la madre de Toby y su anterior maestra; durante las cuales se compartieron impresiones acerca de las circunstancias y problemas actuales del niño. El trabajador social proporcionó una sinopsis cronológica por escrito acerca de los antecedentes de Toby, inclusive los traslados y razones para ellos. La terapeuta confirmó que los planes futuros no indicaban cambios inmediatos para Toby y que reingresaría pronto a la escuela. (Ella lo hubiera aceptado aun si continuaran excluyéndolo.) Todos los involucrados parecían comprometidos a apoyar lo que se consideraba un intento desesperado por “ayudar” al niño. El trabajador social y la señora Green hablaron con Toby acerca de la posibilidad de la terapia de juego, lo que él aceptó con interés y a lo cual le dieron un seguimiento el trabajador social y la terapeuta mediante una visita introductoria con él en su hogar.
PRIMERAS PREGUNTAS
Tienen que hacerse varias preguntas para la selección de las referencias inadecuadas para terapia de juego y verificar que el niño y la familia reciban ayuda apropiada:
a) Si las “razones para la referencia” incluyen un problema físico, cambios espectaculares recientes en conducta, graves modificaciones en el estado de ánimo, conducta de retraimiento o acting out poco comunes, ¿se le ha hecho un examen médico reciente al niño? Esta investigación debe realizarse para excluir irregularidades físicas o psiquiátricas, inclusive problemas auditivos o visuales.
b) ¿El niño sufre de autismo, síndrome hiperquinético (lapso corto de atención y distractibilidad consistentes) o de psicosis infantil? En este caso, la terapia de juego no se recomienda y debe buscarse el consejo de otro especialista.
c) Si se mencionan problemas educativos o de aprendizaje, ¿el niño ha visto a un psicólogo educativo? Esta referencia tamizaría problemas cognoscitivos o del desarrollo que podrían impedir el aprendizaje. En ocasiones es adecuado un examen médico reciente como en el punto (a).
d) ¿El niño tiene graves problemas de aprendizaje? La terapia de juego puede tener un valor relativo y, a menos que el trabajo tenga un límite de tiempo, se aconseja a los principiantes en terapia de juego que no tomen este tipo de referencia.
e) Si se notan efectos del lenguaje, ¿un terapeuta del lenguaje ha evaluado al niño?
f) ¿Los problemas del niño involucran significativamente a la familia o situación social? ¿Existen indicaciones de que los miembros de la familia, escuela u otros involucrados, puedan socavar la terapia individual de juego (Reisman, 1973, página 237? ¿Cuáles son las necesidades de aquellos que se ocupan del niño (Molin, 1988, página 241 a 250? ¿Es más apropiado proporcionar terapia familiar u orientación psicológica para uno de los padres o la pareja, o trabajar con la escuela? ¿Ayudará el alivio de la tensión ambiental externa (por
ejemplo: vivienda, problemas económicos)? A veces algo o alguien, aparte del niño perturbado, es el blanco más apropiado para la intervención (Pineus y Minahan, 1973). g) ¿Es razonablemente seguro el tipo de vida del niño? Antes de comentar el trabajo
terapéutico, debe existir la seguridad de que se satisfacen las necesidades básicas del niño y se le provee con el amor de una figura o figuras paternas regulares (Adcock y colaboradores, 1988, página 22; Branthwaite y Rogers, 1985, páginaS; Pringle, 1980, página 81). Los niños que viven en el alojamiento temporal o ante un caso judicial inminente que quizá afecte su futuro, se encuentran “en el limbo” y pueden responder sólo de manera parcial a la terapia de juego (Boston, 1987; Dyke, 1987; West, 1990a) debido a que es comprensible que sus energías se enfoquen más en “¿quién soy yo”, de dónde, cuándo y si se mudarán de lugar, más que en el proceso terapéutico. Puede discutirse acerca de ofrecerle terapia de juego a un niño que tal vez se mude “en algún momento”; pero una forma alternativa de trabajo de juego puede ser más adecuada para un niño cuyo cambio es inminente y es aconsejable que el alojamiento del niño sea razonablemente seguro y que disponga de una figura adulta confiable y fidedigna allí antes de que comience la terapia de juego (Wolff, 981, página 218).
h) ¿Cuáles fueron las experiencias tempranas del niño? Si la paternidad temprana fue en extremo inadecuada, los niños pequeños pueden ser tan caóticos, desintegrados y carentes de los controles internos comunes, que tal vez sea necesaria la educación y socialización antes de que la terapia de juego logre ser efectiva.
CONTRAINDICACIONES La terapia de juego puede ser inapropiada si:
• El niño:
— Presenta gran dificultad para el aprendizaje. — No puede diferenciar entre realidad y fantasía.
— Padece autismo, síndrome hiperquinético, trastorno de personalidad, psicosis infantil.
— Está viviendo una custodia de corto plazo, está a punto de pasar por un cambio mayor o ambas situaciones.
—Es hostil hacia la terapia de juego. • La familia:
— No está preparada para cooperar.
— No aceptará ayuda, a pesar de que su disfuncionalidad afecta al niño. • Las autoridades:
— Piden que se dé a conocer el trabajo.
— No están preparadas para apoyar al terapeuta de juego. • El terapeuta de juego:
— No tiene tiempo suficiente.
-Se encuentra sin supervisión y apoyo adecuado.
A menos que posean conocimientos específicos, experiencia y supervisión, se recomienda que los terapeutas de juego no trabajen con las siguientes referencias:
1. Niños con graves problemas de aprendizaje. Éstos pueden responder de manera más