En el Centro Histórico de la ciudad de Cuenca se encuentra la casa de Familia Avicaram conformada por Alfredo Avicaram y Alejandrina Saady provenientes de Líbano, quienes visitaron el Ecuador por negocios puesto que la familia se dedicaba a la comercialización de telas; luego de visitar en varias ocasiones el país decidieron establecerse en la ciudad de Cuenca de forma definitiva aproximadamente en los años 1900; para lo cual compraron un terreno ubicado en las calles Benigno Malo entre Presidente Córdova y Juan Jaramillo.
Posteriormente el Señor Alfredo Avicaram construyó su vivienda en dicho terreno y trajo consigo a su esposa Alejandrina y sus cuatro hijos.
La casa fue construida de dos plantas; en la parte frontal se encontraba una tienda dedicada al expendio de telas y posterior a este local; un patio central y alrededor de éste tres dormitorios, una despensa, un estudio, un baño, un comedor principal y secundario y la cocina. En la parte posterior de la casa la señora Alejandrina dedicó un espacio para al cultivo de plantas principalmente las provenientes del Líbano, como especias y frutas no muy comunes en la ciudad.
Siguiendo la disposición de la planta baja en la segunda planta se encuentran tres dormitorios, una sala, un hall, una cocina, y un departamento independiente que consta de dos dormitorios, sala, comedor y cocina.
Para 1958 fallece el señor Alfredo Avicaram quedando la casa a cargo de su esposa Alejandrina Saady, quien vivió junto a sus cuatro hijos. Transcurren los años y para 1962 Raquel Avicaram hija menor de la familia decide adoptar de palabra a una niña llamada Ana María Quezada de siete años de edad
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proveniente del cantón Girón quien relata que meses después de su llegada murió la señora Alejandrina Saady.
Al fallecer la señora Alejandrina deja la casa como herencia a sus cuatro hijos: Zoilita, Mansure, María Elena y Raquel.
Años más tarde la señorita Raquel Avicaram compra las herencias de sus hermanos quedando ella como única dueña del bien inmueble; y es ella quien habita en la casa junto a Ana María la niña que adoptó.
La señorita Raquel conservó la casa y la huerta siguiendo las costumbres de su madre, puesto que ella era aficionada al cuidado de las plantas en especial las semillas traídas del Líbano como: veme, jiares (pepino verde), olivo, albaricoque, uva, toronja, berenjena; con el objetivo de preparar la comida libanesa.
La estructura de la casa se mantuvo hasta el 2005, año en el que la señorita Raquel Avicaram cerró el almacén de telas; dividiendo el local con planchas de madera en dos espacios para la renta.
La señorita Raquel Avicaram nunca se casó ni tuvo hijos; siempre vivió en compañía de su hija adoptiva Ana María Quezada y fue ella quien la cuido hasta el año 2011 cuando falleció.
Al fallecimiento de la señorita Raquel la casa quedó a cargo de la señorita Ana María; sin embargo la casa legalmente pertenece a sus sobrinos: Sandra, Fersen, Amira, Hanse y Glenda; puesto que para la fecha sus hermanos ya habían muerto y la señorita Ana María nunca fue adoptada legalmente.
La casa actualmente mantiene su estructura es decir en la parte frontal se encuentran dos locales comerciales; se puede ingresar a la vivienda través de un estrecho callejón que llega a un patio lleno de plantas ornamentales, y enredaderas; alrededor del patio se hallan cinco cuartos destinados para: baño, bodega, despensa, estudio, y un comedor principal.
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Hacia la derecha del comedor principal se halla un cuarto que es utilizado como bodega, posteriormente al comedor principal se encuentra el comedor secundario y a la derecha se halla un cuarto contiguo utilizado para almacenamiento de alimentos fríos y en la parte izquierda del comedor secundario se encuentra la cocina.
Desde el patio central se puede acceder a la segunda planta a través de unas escaleras de madera; en donde se halla un dormitorio, seguido de una sala, un hall, un cuarto de planchado y guardado de ropa, una cocina, y un departamento independiente con salida a la calle a través de una grada alterna (puerta contigua al INPC).
Es importante acotar que en la parte posterior de la casa a través del comedor secundario se puede acceder a la huerta, en donde se cultivan verduras y hortalizas como: ajos, cebolla, coliflor, brócoli, coles, lechuga, papas acelgas,
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Título: Casa de la familia Avicaram. Autor: Nataly Pesántez y Carmita Reinoso. Fuente: Propia.
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hierbas como el culantro y el perejil., árboles frutales como: higo, tocte, olivo, toronja, tomate de árbol, aguacate, siglalón, naranja, limones, uva; albaricoque y plantas medicinales tales como: toronjil, malva olorosa, pata con panga, violeta, ruda, sábila, hierba luisa y guandug. Cabe mencionar que la señorita Ana María vive 52 años en la casa y es quien cuida la huerta y lo que se obtiene de esta es destinado para la mesa familiar por ejemplo utiliza las frutas del huerto para preparar dulces tradicionales como dulce de higo y siglalón.
Actualmente la casa es considerada un bien patrimonial de estilo republicano y está en venta desde hace dos años, la cual se encuentra valorada en $700.000.00 dólares, valores que al momento de su venta serán repartidos entre los herederos y un porcentaje para el estado.
Finalmente es importante que este inmueble conserve su estructura, sus espacios y en especial la huerta, lugar que guarda saberes y tradiciones vinculados con la memoria de la ciudad; y que hoy en día están despareciendo a causa de la
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Título: Huerto de la familia Avicaram. Autor: Nataly Pesántez y Carmita Reinoso. Fuente: Propia.
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búsqueda de ingresos económicos por parte de sus propietarios, razón por la cual muchas de las viviendas que poseían un huerto se han convertido hoy en parqueaderos públicos y locales comerciales.
Nataly Pesántez G. y Carmita Reinoso G. 103 1.3 Revisión de objetivos planteados en el proyecto de monografía.
Objetivos:
• Determinar la importancia de los huertos en las edificaciones
patrimoniales del Centro Histórico de Cuenca y la utilidad del turismo como herramienta para su continuidad.
Durante la investigación se pudo evidenciar algunos de los huertos existentes en el Centro Histórico de Cuenca, los cuales a través de los años han guardado secretos, costumbres y tradiciones convirtiéndose en testimonio de la vida cotidiana en la ciudad; motivo por el cual se determinó la importancia de conservar cada uno de estos espacios generando conciencia en sus propietarios. Se puede decir que el turismo como actividad podría generar ingresos económicos a la población local mediante visitas guiadas y consumo de productos elaborados a partir de los huertos.
Nataly Pesántez G. y Carmita Reinoso G. 104 Capítulo II
Los huertos y la gastronomía cuencana Introducción
A lo largo de la historia el cultivo de plantas ha desempeñado un papel importante en el desarrollo de las ciudades, hogares, zonas rurales, arquitectura; y que actualmente aún se mantiene en los hogares cuencanos.
Dedicar un espacio exclusivo para el cultivo de plantas realza la belleza de los hogares transformándolos en lugares más placenteros para vivir; además que de los huertos se obtiene alimento para la mesa familiar.
La utilidad de mantener y conservar los huertos con hortalizas, legumbres, árboles frutales y plantas medicinales constituye una parte del desarrollo doméstico. La cosecha de frutas y hortalizas frescas es la recompensa a los esfuerzos que se realizan para la producción de la huerta en una vivienda.
De acuerdo al Instituto Nacional de Patrimonio INPC, dentro de la urbe cuencana se encuentran 12 huertos en edificaciones patrimoniales, en esta investigación visitamos cada uno de ellos, analizando su estado actual y las plantas que se cultivan en estos espacios. Además dentro de las edificaciones también se pudo evidenciar que los propietarios de los huertos preparan alimentos y platos tradicionales a partir de sus huertos.