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En las novelas picarescas se reitera que la no adecuación a la condición heredada, o a la cual se arribó a través de la acumulación de desventajas, explica las prácticas de los sirvientes en casa de sus señores. Cuando sus comportamientos resultan inadmisibles para el amo, conducen habitualmente a su despido, aunque éste no resulta un motivo excluyente, ni el único. La circulación de los criados es frecuente: entran rápidamente a servir, ocupación que mantienen durante un tiempo indeterminado, y luego continúan su existencia picaresca al separarse de la unidad doméstica.

Guzmán abandona su primer trabajo porque considera humillante servir al ventero (“…no quisiera ser allí hallado y en aquel oficio, por mil vidas que perdiera.”)143

, mientras compara la cobardía de quien sacrifica su libertad en pos de la seguridad con la valentía de los jóvenes mendigos que deambulan por los caminos a pesar de los riesgos penales y económicos de dicha existencia144. Este pasaje pinta la ambición del pícaro, quien, según Maravall “… sabe que tiene que someterse al gobierno y a la fuerza de los poderosos; pero trata de ganar el máximo de libertad mediante renuncia o mediante engaño”145

, pues la libertad picaresca persigue la autonomía del individuo respecto a cualquier otro, representación que refiere más a la realidad del autor que a lo que sucede con los pícaros en la sociedad.

El servicio de Guzmán para el capellán termina con el despido del joven como consecuencia de su inclinación al juego, que no es tolerada por el amo, quien por otro lado sí incentiva en él otras conductas condenadas. Pero cuando se describe la expulsión del criado, a quien se provee de vestimenta antes de salir, la intención reformadora del

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Mateo Alemán, op cit, Primera Parte, p 274. 144

Este discurso que remite a la caballería y la heroicidad pero a través de la exposición de un antihéroe puede tener relación con el Quijote. Tácitamente se está comparando con un caballero errante.

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172 religioso es destacada por el pícaro arrepentido146. El narrador considera benévolo el propósito del eclesiástico (a pesar de la evidencia de que no lo sería, porque sólo es un amo permisivo como consecuencia de su propia desviación), mientras evalúa que la motivación del embajador para contar con un criado es el aumento de la estima social147.

No solo es denunciada la deshonestidad sino que también lo es la cobardía de los criados, pues como consecuencia de este defecto (que se considera inherente al vulgo) no colaborarían con los amos en situaciones riesgosas. La disolución del vínculo puede ser motivada por la huida de los criados en situaciones adversas a los amos, mientras la sociedad de antiguo régimen condenaba a los infieles y desleales148. También eran motivo para la finalización de la relación laboral los malos tratos, que provocaban la fuga de los criados y de los aprendices.

En El Lazarillo encontramos diversas situaciones por las cuales el joven termina su vínculo con un amo. En la primera oportunidad, la separación tiene lugar cuando el muchacho se venga del ciego. Mucho se ha explayado la crítica acerca del episodio de la calabazada y la posterior y diferida acción de Lázaro149, cuando hace golpear al ciego contra un poste. Pero aquí lo que veremos es que, amén de la crueldad del amo, el criado expresa su individualidad y su decisión de no continuar soportando sus maltratos. Aquí se presentan dos cuestiones, por un lado, el mísero trato que le da su amo, y por otro la jerarquía que, a pesar de la pobreza de ambos, sigue existiendo. En este caso, el superior es otro pobre itinerante como Lázaro, de manera que esta relación de servicio encubre una unión de dos personas para deambular. A través de esta novela podemos observar un ambiente de miseria generalizada donde el niño es entregado por su madre a un hombre que no es menos pobre que ellos.

La separación de su segundo amo es consecuencia de los robos del criado que, al ser descubierto es castigado a palazos y expulsado. En el segundo tratado la crítica se centra en la conducta avara y glotona (anticristiana) del clérigo, que hambrea a Lazarillo. Este episodio, antes que mostrar el mal comportamiento del pícaro, nos

146

Mateo Alemán, op cit, Primera Parte, p 460. 147

Ibídem, Primera Parte, p 464. 148

Por ejemplo, Lazarillo abandona a su amo el alguacil, por considerar que desempeña un oficio peligroso: “Despedido del capellan, assenté por hombre de justicia con vn alguacil. Mas muy poco viui con él, por parescerme oficio peligroso. Mayormente, que vna noche nos corrieron a mi y a mi amo há pedradas y a palos vnos retraídos. Y a mi amo, que espero, trataron mal; mas a mi no me alcançaron. Con esto renegué del trato.” Anónimo, op cit, p 231.

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173 informa sobre el trato cruel hacia los desprotegidos y cómo dicho comportamiento era legitimado socialmente.

El tercer amo de Lázaro, el escudero, no lo despide, sino que huye por sus deudas, dejando al niño solo y teniendo que responder por él ante quienes vienen a prenderlo, lo que muestra que el servicio no podía garantizar ni la estabilidad ni la retribución.

Una vez que el mozo ha superado el hambre, se suceden algunos episodios breves de los cuales se nos informa poco, pues la necesidad que guiaba las anteriores peripecias, desaparece de la narración150. En el séptimo tratado, Lázaro es empleado por un alguacil151, pero decide abandonar este trabajo por considerarlo peligroso, indicando la resistencia local a este tipo de agentes municipales152.

Lazarillo decide abandonar a su cuarto amo, el fraile mercedario, por sus abusos: “Este me dió los primeros çapatos, que rompi en mi vida; mas no me duraron ocho dias. Ni yo pude con su trote durar mas. Y por esto y por otras cosillas, que no digo, salí dél”153

. Este episodio se anticipa cuando las costureras (quienes, se insinúa, son prostitutas) le presentan al clérigo, introducción que da cuenta de la conducta sospechosa del religioso154.

En el siguiente tratado, Lázaro abandona su trabajo como aguador.Entonces, el joven ha entrado en una lógica diferente. Ha atendido a la posibilidad de obtener ganancias, calculado y tenido una conducta que le ha permitido ahorrar dinero. Dicho capital es invertido en la compra de un ajuar, que él considera necesario para ascender social y económicamente. El cambio de ropa indica la nueva lógica del personaje, que decide contabilizar su ganancia, ahorrarla con el objetivo de adquirir el atuendo para, de este modo, poder aspirar a más155. Esto se vincula con las frecuentes simulaciones que

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Lazarillo también informa que se asentó con un maestro de pintar panderos para moler los colores, pero no otorga mayor detalle que haber padecido “mil males”.Anónimo, op cit, p 229.

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Así, Lázaro, que sufrió la persecución de la justicia cuando era niño, ahora trabaja a su servicio. Ver Douglas Carey, op cit, p 38.

152Esto se puede observar en las ordenanzas locales: “Otro

sí ordenamos y ponemos entre nos que ninguna persona sea osada de murmurar, ni maldecir ni injuriar a los regidores, repartidores de concejo, ni contra otros cualesquier oficiales de concejo que hayan jurado sus cargos u oficios, diciendo que no hacen lo que deben en sus oficios, so pena de tres reales de plata, a cada uno que lo contrario hiciere, para el concejo.” Ordenanzas del concejo de Cabezón. Año de 1624, capítulo 47, en Juan Baró Pazos y Rogelio Pérez Bustamante, op cit, p 656.

153

Anónimo, op cit, p 204.

154“Al qual ellas le llamauan pariente.”

Ibídem, p 203.

155“Fueme tan bien en el officio, que al cabo de quatro años, que lo vsé, con poner en la ganancia buen recaudo, ahorré para me vestir muy honrradamente de la ropa vieja. De la qual compré vn jubon de fustan viejo y vn sayo raydo de manga trançada y puerta y vna capa, que auia sido frisada, y vna espada de las viejas primeras de Cuellar. Desque me vi en habito de hombre de bien, dixe a mi amo se tomasse su asno,

174 los pícaros ejercían a través del vestuario, las cuales se corresponden con la cultura de apariencias de la época.

El final de la única relación de servicio en que se inscribe Pablos simboliza y legitima el abismo social entre el pícaro y su amo. Mientras el primero lee la carta en la cual su tío el verdugo narra cómo ahorcó a su padre como castigo por sus delitos, don Diego es instado a través de una carta de su padre a alejarse del pícaro por la mala fama que éste había cobrado. El joven lamenta tener que despedir a Pablos, a quien promete acomodar con un amigo suyo para que le sirva. Este episodio da cuenta del antagonismo social en las existencias de estos dos jóvenes a quienes diferencia su estamento, que aquí se muestra a través de las dos cartas y constituye el motivo de la separación. Sin embargo, el amo se encarga de dar seguridad y garantía a su antiguo subordinado156. Este episodio resalta un rasgo de humanidad del primero, así como la conciencia de su degradación por parte del último.

Conclusión

En el presente capítulo hemos examinado la representación de cómo se conjugan dos fenómenos sociales, uno correspondiente a la disciplina de los sectores integrados socialmente, y pertenecientes a la élite social principalmente, y otro referente al sometimiento de los hombres libres al trabajo asalariado. Respecto al primero, observamos la necesidad de ostentar la comitiva de criados domésticos por parte de los sectores poseedores, como una forma de capital simbólico. Paralelamente, en el marco de disciplinamiento de los sectores populares y de la mano de obra, se obligaba a los hombres a encuadrarse en la dependencia de un señor, quien sería su garante.

El servicio del marginal tiende a reproducir por un lado la economía y/o el status de quien lo emplee, pero también a sí mismo, pues logra de este modo la subsistencia, de manera que no es integrado ni eliminado. Es paradójico que los grupos sociales que los emplean demanden, para la reproducción de su capital simbólico, la contratación de individuos que no tienen status, tal como observamos precedentemente.

que no queria mas seguir aquel officio”. Ibídem, p 230. Es irónica la descripción de la prosperidad del personaje, empleada en la compra de ropa gastada y miserable que, sin embargo, en el ambiente de miseria le daba respetabilidad.

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Pablos narra la relación sincera que mantiene con don Diego, a quien no puede engañar respecto a su procedencia y conductas, y la compasión de su joven amo: “… que a él, como a quien sabía quién yo soy, me pude descubrir sin vergüenza. Lastimóse mucho y preguntome que qué pensaba hacer”. Francisco de Quevedo, op cit, p 94.

175 Según la representación picaresca, algunos marginales que fueron obligados a hallar ocupación durante la temprana modernidad cumplieron ocasionalmente la función de criados dentro de las casas de la nobleza y de la burguesía urbana, en cuyo seno establecieron vínculos, tanto entre ellos, como con personas de otros estratos sociales. Este fenómeno contribuiría a la reproducción de las conductas desviadas de los miembros de ambos grupos, aunque sólo serían juzgados como tales los marginales, como consecuencia de la clasificación que se les había impuesto. Según los autores aquí repasados, el servicio, lejos de disciplinar a los pícaros, no hizo más que permitir la reproducción del grupo y sus conductas, en el marco de las casas en las cuales eran empleados. Lo que sugieren las novelas es que, por los motivos enunciados, dicha ocupación no devino en su integración social, sino que por el contrario pudo alimentar su progresiva marginación, pues una infracción podía conducir a otras mayores. Si el sistema económico-social generaba sectores marginales, a quienes en este período se intentaba domesticar de una u otra manera, la narrativa sugiere que este objetivo no sería alcanzado con las políticas instrumentadas al respecto.

Según la narrativa, los criados roban o traicionan a sus pares, dando cuenta de la falta de conciencia de grupo y de solidaridad, así como la imposibilidad de que dichas nociones y vínculos fueran generados por parte de los marginales. Las relaciones dentro de las casas de los señores refractan las que desarrollan fuera de ese espacio, en un sistema de lazos volátiles que cambian permanentemente, como consecuencia de la deslealtad y el delito. La casa puede presentarse como un espacio donde este grupo interactúa estableciendo relaciones de competencia y cooperación, pero la propia transitoriedad de la ocupación imposibilita los vínculos estables. Esta es una observación trascendente a la hora de analizar las contradicciones que se presentan en la estigmatización de este sector, pues si por un lado se describe su imposibilidad de vincularse con otros agentes y tener conciencia de sí, por el otro se los acusa de conformar bandas ocultas.

Los pícaros que entran como criados mantienen conductas marginales en su relación con el patrono, pues proyectan las que han experimentado en la sociedad que los rodea. Sin embargo, encontramos cuestiones ambiguas que implican el afecto que eventualmente pueden sentir amos y criados entre sí transgrediendo la geometría social, aunque las novelas denuncian una y otra vez el maltrato de muchos amos hacia los últimos. El vínculo que se establece entre ambos no sólo está teñido por las deficiencias

176 para trabar relaciones por parte de los marginales, sino especialmente por la explotación en el marco de un proceso de cambio social.

Los miembros de la casa se envuelven en situaciones que implican conductas asociales (estafas o robos, por ejemplo), compartidas por todas las jerarquías sociales. Estas experiencias sirven a la formación del pícaro que, de esta manera adquiere las destrezas que desarrolla a lo largo del relato biográfico. En algunos casos se describe también a amos que son marginales o cuya condición linda con esta situación, pero en otros, aunque los patronos son personajes socialmente integrados, también tienen conductas desviadas que aparecen aprendidas y reproducidas por el pícaro. La consecuencia de dichas acciones difiere, según provengan del pícaro o del amo, en tanto no existe una misma ley para todos o bien porque el segundo posee recursos sociales de los cuales el criado no dispone.

Por otro lado, si en la documentación política se acusa a los hombres baldíos de resistirse al trabajo, tal como revisamos en el capítulo tercero, las novelas representan lo contrario, pues en cada encuentro con potenciales amos, los pícaros no tardan en ofrecerse y mostrar (o mentir acerca de) sus cualidades en pos de ser contratados. Al mismo tiempo, mientras exhiben su deseo de emplearse, también hacen una exposición acerca de la penuria en la que viven y la necesidad de un remedio para ella. Por otro lado, tampoco se trata, como vimos en las ordenanzas y resoluciones de las Cortes, de hombres que sólo se ofrecen para el servicio doméstico, improductivo desde el aspecto económico, sino que, como vimos, cuando se les oferta una posición en el marco del artesanado o la producción rural, también están dispuestos a ejercerla.

Estas observaciones contribuyen a la definición de los marginales como tales: constituyen un sector social fronterizo entre la exclusión y la integración y la narrativa ilustra su paso de limosneros a huéspedes de un señor, para desempeñarse luego como criados.

En el próximo capítulo examinaremos cómo estas características ambiguas de los marginales, en tanto que reproducen su propia condición, pero son funcionales a la comunidad donde se enmarcan, también se proyectan en la mendicidad, actividad que ejercen de manera temporal aunque frecuente.

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CAPÍTULO 5

ENTRE LA CARIDAD CRISTIANA Y LA

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