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Chapter 2. Background

2.3. Concept Modeling

Definición Es la proporción que representa la población analfabeta de 15 a 24 años respecto del total de la población de dicho rango de edad. Unidad de medida Porcentaje.

Fuente

Oficina Nacional de Estadística (ONE). Censos Nacionales. Encuestas de Hogares:

Banco Central de la República Dominicana. Departamento de Cuentas Nacionales y Estadísticas Económicas. Encuesta de Fuerza de Trabajo (EFT).

Oficina Nacional de Estadística (ONE). Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (ENHOGAR).

Oficina Nacional de Estadística (ONE)/Banco Central de la República Dominicana. Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH).

Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI).

CESDEM / PROFAMILIA / ONAPLAN / PROGRAMA DHS. Encuesta Demográfica y de Salud (ENDESA).

Metodología de cálculo

Se calcula dividiendo el número de jóvenes de 15 a 24 años que son analfabetos sobre la población joven de 15 a 24 años, multiplicando dicho resultado por 100:

TAJ = (JA/PJ) * 100 Donde:

TAJ: Tasa de analfabetismo joven. JA: Número de jóvenes analfabetos. PJ: Población joven total.

Periodicidad de la medición Anual. Semestral.

Tipo de dato Estimación (a partir de datos censales y encuestas de hogares). Desagregación Sexo. Zona de residencia.

Regiones y/o provincias.

Comentarios

Muchos programas vinculan la alfabetización con las “competencias para la vida activa”. En efecto, hoy en día está ampliamente extendido el parecer de que es ineficaz el enfoque clásico de la alfabetización, es decir, aislar el aprendizaje de la lectura, escritura y cálculo elemental de la adquisición de otras competencias.

Los índices de alfabetización resultan insuficientes. En efecto, suelen basarse a menudo en meras declaraciones de los propios sujetos o en el supuesto de que una persona no es analfabeta a partir del momento en que ha cursado la enseñanza básica durante un número determinado de años. Por otra parte, las competencias para la vida cotidiana no se pueden medir tampoco con facilidad, ya que comprenden tanto las genéricas, por ejemplo la capacidad para resolver problemas y negociar, como las contextuales, relacionadas con los medios de subsistencia, la producción de ingresos, la salud y el medio ambiente. Unas y otras pueden ser claves del éxito de los programas de alfabetización.

Hay que manejar con prudencia las estadísticas sobre la alfabetización. Hasta hace poco, las evaluaciones de la alfabetización utilizadas en las comparaciones internacionales se basaban en las cifras oficiales de los censos nacionales. En la prácticas, los expertos determinaban el nivel de alfabetización de una persona con uno de estos tres métodos: 1) las declaraciones de los propios encuestados, que indicaban su nivel de alfabetización en un cuestionario del censo; 2) la evaluación efectuada por un tercero –el jefe de familia, por regla general- que indicaba el nivel de alfabetización de las personas del hogar; y 3) el nivel de instrucción, en el que número de años de estudios cursados servía de medida de aproximación para distinguir las personas “alfabetizadas” de las “no alfabetizadas”. Cada uno de estos métodos presenta lagunas considerables y propende a utilizar un enfoque dicotómico, definiendo a los individuos como “alfabetizados” o “analfabetos”. Desde el decenio de 1980, la preocupación por las estadísticas de la alfabetización ha ido en aumento. ¿En qué medida son fiables y comparables? Las mediciones que no se basan en pruebas directas no dan cuenta con precisión del nivel de alfabetización de los individuos y desembocan en tasas globales de analfabetismo inexactas. Las estimaciones basadas en el número de años de escolaridad son cada vez más problemáticas, a medida que se acumulan los datos empíricos sobre la calidad de la educación.

Más importante aún es el hecho de que no todos los países utilizan la misma definición para clasificar a una persona como alfabetizada, ni tampoco recurren a una definición idéntica de la población adulta. Si las definiciones son variables, la periodicidad de los datos también lo es. En efecto, en los países desarrollados los censos son decenales por regla general, pero en muchos países desarrollados no ocurre lo mismo. En las estadísticas de alfabetización basadas en los censos pueden darse, por consiguiente, desfases que pueden llegar hasta dos decenios. Además, en muchos contextos, la lengua en que se miden las competencias en materia de alfabetización guarda relación con temas delicados e incluso polémicos. Otros métodos alternativos de medición tratan de proporcionar una imagen más matizada y precisa. Comprenden una evaluación directa y la realización de pruebas que permiten establecer grados de alfabetización, en vez de basarse en la dicotomía tradicional. Estos métodos conciben la alfabetización como un fenómeno multidimensional que engloba distintos ámbitos de competencia. Las evaluaciones directas tienden a demostrar que los métodos convencionales suelen sobreestimar los niveles de

alfabetización del 90% es muy variable –entre cuatro y nueve años de escolaridad- y que en la mayoría de los casos refleja la calidad de la educación impartida. En realidad, los umbrales de escolaridad correspondientes a una alfabetización generalizada resultan ser más altos de lo que se suponía anteriormente, aunque la variabilidad de calidad hace que sea difícil efectuar una evaluación. Se necesita mejorar la medición de la alfabetización, sobre todo reforzando la evaluación directa de las competencias y prácticas basadas en lectura, escritura y cálculo, así como de las capacidades técnicas correspondientes. Los módulos relativos a la alfabetización que se están preparando podrían integrarse en las encuestas sobre los hogares realizadas en los países en desarrollo, y constituirían así un instrumento útil. Se necesitan evaluaciones directas más numerosas y periódicas para que los países puedan adoptar decisiones con conocimiento de causa, pero tienen que ser relativamente sencillas, rápidas y poco onerosas.

EDUCACIÓN

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