Se parte de un enfoque modernista42 y constructivista43 sobre el nacionalismo, entendido éste como el proceso de formación de las naciones (Smith 329). Se adopta la definición de nación de Benedict Anderson para quien ésta es una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana, que funciona como un artefacto cultural que puede ser trasplantado a distintos contextos (B. Anderson, 1993).
Los modernistas sostienen que la aparición del concepto de nación estuvo asociada a los procesos de modernización, en particular a la transición de un mundo campesino y tradicional a otro urbano y capitalista, caracterizado por la centralización del poder (Smith, 2000). Desde estas visiones la nación se asocia a la necesidad del Estado moderno de cohesionar la población (Hobsbawm, Naciones y nacionalismo desde 1780, 1998) y de legitimarse (Giddens citado en Smith 2000), al imperativo de unificar la lengua para permitir la movilidad de la fuerza de trabajo que requiere el capitalismo (Gellner, 1988), a los intereses de las burguesías nacionales de reivindicar un espacio propio para sus mercados (Balibar, La forma nación: historia e ideología 1991) (Wallerstein, 111-134) y a los problemas de estatus que la modernización causa en ciertas clases sociales (Greenfeld, 1990, 1992, 2006) (Greenfeld y Chirot).
Estos autores también plantean que el Estado o las élites deben reproducir la nación más allá de la época de su aparición para de esta manera garantizar la lealtad de las nuevas generaciones de ciudadanos (Colom, Narrar La Nación 2006) (B. Anderson 1993) (Gellner 1988) (Pérez 7-21) (Balibar, La forma nación: historia e ideología 135-168) (Wallerstein) (Colom, Narrar la Nación 722) (Hobsbawm 1998). A este proceso hacía referencia Renan cuando afirmaba que la “nación es un plebiscito permanente” (Renan,
42 Varios autores han intentado ordenar la prolífica producción sobre el nacionalismo elaborando matrices y clasificaciones a partir de variables como la temporalidad, la causalidad, la función y la forma como se concibe la nación. Según esta primera variable, Christopher Jaffrelot y Anthony D. Smith clasifican las teorías sobre el nacionalismo en modernistas, perennialistas y primordialistas. Dentro del grupo de las modernistas se incluyen las teorías que plantean que la nación es un producto de los cambios asociados a la modernidad, como el capitalismo, la alfabetización y la industrialización. Las teorías perennialistas, por su parte, son las que sostienen que los vínculos sobre los que se construyen las naciones son permanentes y continuos en el tiempo, así que las naciones no son exclusivas de la modernidad. Y las teorías primordialistas son las que consideran que la nación se remonta al pasado y que está construida sobre vínculos fundamentales para el ser humano como pueden ser la raza, la sangre y la familia (Smith 1986) (Jaffrelot 63-181)
43 Las teorías constructivistas son las que sostienen que la nación es una construcción, distanciándose de las visiones reificadoras que consideran que la nación es un dato realmente existente pues, por ejemplo, está anclada en las similitudes biológicas o culturales (Jaffrelot 63- 181). Greenfeld e Eastwood oponen el constructivismo al estructuralismo sociológico que insiste en la determinación que ejercen las estructuras económicas, políticas y sociales en el origen de la nación. (Greenfeld Liah y Jonathan Eastwood 256- 273)
27-52) y es el que conceptualiza Michael Billig con la categoría “nacionalismo banal” con la que alude a hechos como el cotidiano ondear de la bandera, la permanente referencia de los gobernantes a la unidad nacional o la entonación diaria del himno en las escuelas o en los espectáculos públicos, entre otros (Billig 37-57). En esta línea de pensamiento Pérez Agoste sostiene que el Estado debe producir una nación a su medida
La nación es la idea de comunidad (mística de todos los ciudadanos) segregada del Estado; las funciones centrales de esta idea: la producción de una sociedad a la medida del Estado, el olvido de la violencia primitiva fundadora (…) Desde su propia plataforma, el Estado produce, recrea la historia de la construcción del Estado como historia de la nación, como si esta fuera anterior y consiguiere, por fin, en ese momento de historia dotarse de una estructura política diferenciada (Pérez, Las paradojas de la nación 14).
A la luz de estos planteamientos de la teoría modernista y constructivista de la nación podemos comprender que al fundarse un nuevo orden político en Venezuela éste debería ir acompañado de la producción de una nueva imagen de la comunidad nacional
Desde el constructivismo, como ya se ha mencionado, los principales agentes en la creación de las naciones son las élites económicas y políticas y los Estados. Aunque el papel de la primeras ha sido analizado por varios autores, entre ellos Ernst Gellner que sostiene que las burguesías crearon la nación para construir una cultura común que favoreciera la movilidad laboral o John Breuilly que explica que las burguesías crearon la nación para reivindicar su libertad económica frente al Estado, aquí se elige usar una teoría aplicable a un contexto más amplio que el de la modernización, como es el caso de la teoría de Liah Greenfeld, con el fin de explicar las razones por las cuales nace un proyecto de reconstrucción nacional entre un grupo de militares venezolanos. Esta decisión obedece a que la teoría de Greenfeld no se enfoca exclusivamente en las motivaciones económicas que dan origen al nacionalismo, sino que se funda en una filosofía sobre la moral con pretensiones de universalidad como es la de Max Scheler que permite aplicar la teoría en contextos distintos de los del inicio del capitalismo. Asimismo la teoría plantea que el nacionalismo aparece en un momento de crisis y hace énfasis en la carga moral de este fenómeno, rasgos compartidos por el contexto y el discurso que se pretende analizar44.
Desde sus investigaciones comparadas sobre el nacionalismo europeo y norteamericano Greenfeld sostiene que la nación es un concepto igualitarista construido por actores
44La autora define el nacionalismo como una perspectiva de pensamiento que “(…) sitúa la identidad individual dentro de un pueblo que se considera depositario de la soberanía, objeto central de lealtad y fundamento de la solidaridad colectiva” (Greenfeld, Nacionalismo. Cinco vías hacia la modernidad 1)
sociales que, en el marco de una crisis o en un contexto de cambio, sienten vulnerado su estatus por lo que usan el concepto de nación para reivindicar su posición (Greenfeld, Nationalism. Five road to modernity 256-273).
En el caso inglés, que según ella es el primer nacionalismo de la historia, la idea de nación apareció en el siglo XVI en el marco de la Guerra de las Rosas que acabó con la vieja nobleza que fue desplazada por un nuevo grupo de nobles vinculados a los Tudor. Esta nueva aristocracia constituida por funcionarios cuyo estatus dependía del servicio a la Corona, sentían su suerte amarrada a la voluntad real, sensación compartida por las ricas burguesías que hacían parte del parlamento. Para salirle al paso a esa sensación de inseguridad, esas clases que habían ido adquiriendo una sensación de dignidad no sólo por el ascenso económico que habían experimentado sino por la valoración que la reforma protestante le otorgaba al individuo, construyeron el concepto igualitarista de nación. Esto se hizo vinculando el concepto de nación que antes del siglo XVI hacía referencia a las élites de los representantes en Inglaterra organizadas en iglesias y partidos a las que se les llamaba “las naciones”, con el concepto pueblo que se usaba para denominar a las clases bajas. Con esta unión la nación pasó a referirse a “toda la comunidad”, las élites se reivindicaron al proclamarse como las autorizadas para asumir la soberanía de la nación y el pueblo vio también elevada su dignidad pues se reconoció como parte de esa comunidad en la que se incluía también la nobleza, por ello la autora plantea que el nacionalismo tiene una dimensión democratizadora.
The adoption of the idea of the nation always implied symbolic elevation of the populace, and therefore the creation of a new social order, a new structural reality (Greenfeld y Chirot 82)
Apoyada en la teoría del resentimiento del filósofo Max Scheler, Greenfeld explica que la construcción de la nación se hace en tres momentos: el estructural, el resentimiento y el cultural, los dos últimos simultáneos. El primero corresponde a una fase en la que se da una serie de cambios que ofenden a un grupo social, vulnerando un estatus previamente construido y causándole inseguridad. Este momento presupone uno previo que Greenfeld apenas menciona, pero que Scheler desarrolla más ampliamente. Es la etapa en la que el individuo o grupo construye la percepción de su propia dignidad, “un gran orgullo” dice el filósofo, que ante la ofensa causa una incongruencia entre el estatus que se cree tener y la forma como la persona o el grupo es tratada (Scheler 25). El segundo es la etapa posterior a la ofensa en la que aparece el resentimiento, una vivencia psíquica propia de todos los seres humanos y extensiva a todos los grupos sociales enormemente influyente en la construcción de la moral. Scheler llega a afirmar
que este sentimiento es la semilla de la moral burguesa que se comenzó a construir desde el siglo XIII y también del pensamiento dialéctico de la modernidad45 (Scheler 44-59). Desde un enfoque fenomenológico, el filósofo define el resentimiento como la actitud psíquica que surge en quienes sufren una afrenta o una agresión y por alguna razón, la más común la impotencia, no pueden reaccionar a ella teniendo que reprimir la reacción. Esto ocasiona una “autointoxicación síquica” que ocasiona que el ofendido se
quede “rumiando la afrenta” y pensando en la venganza. Dice el filósofo:
Usamos la palabra resentimiento no por una predilección por la lengua francesa, sino porque no nos es dada traducirla al alemán (…) .En la significación natural francesa de la palabra hallo dos elementos. El primero es que el resentimiento se trata de una determinada relación emocional frente a otro, reacción que sobrevive y revive repentinamente, con lo cual ahonda y penetra cada vez más en la personalidad, a la par que se va alejando de la zona expresiva y activa de la persona. Este continuo revivir y sobrevivir de la emoción es muy distinto de un recuerdo meramente intelectual de ella y de los procesos a que "respondió”. Es un volver a vivir la emoción misma; un volver a sentir, un resentir. En un segundo lugar, la palabra implica que la cualidad de esta emoción es negativa, esto es, expresa un movimiento de hostilidad. Quizá la palabra "rencor" fuera la más apropiada para indicar este elemento fundamental (...) (Scheler 17)
Finalmente, al resentimiento le sigue “la venganza intelectual” que se produce en la fase cultural, fase creativa del resentimiento, en la que el agredido o algunos miembros del grupo agredido -generalmente los intelectuales- desvalorizan primero lo que tienen los agresores o los objetos que les son ajenos y luego pasan a reivindicar lo propio. Scheler ilustra lo primero con la fábula del zorro y de las uvas: después de que el animal hambriento se cansó de intentar alcanzar las uvas que colgaban en un viñedo alto, terminó encontrando positiva su situación, al afirmar que seguramente las uvas estaban verdes.
45 El concepto filosófico de resentimiento es planteado por primera vez por Federico Nietzsche en la
Genealogía de la Moral, en particular en el primer tratado que se ocupa de la psicología del cristianismo y en el que el autor pretende hacer una genealogía de los conceptos “lo bueno” y lo “malo”. Nietzsche sostiene que en la antigüedad, en Grecia y Roma, lo bueno tenía un sentido estamental y se asociaba a la nobleza, al poder, a la salud, a la fuerza física, es decir, a lo valorado por una moral caballeresca. Lo malo en cambio era lo vulgar, la debilidad física, el martirio y la pobreza frente a lo cual los buenos sentían lástima. Pero los sacerdotes, una casta de débiles -la especie humana más malvada dice Nietzsche- resentida por su debilidad frente a los guerreros, vincularon lo bueno a lo puro, concebido esto como la restricción de lo corporal, ejemplo de lo cual era el ayuno, y esta unión, sumada a la aspiración a un Dios metafísico ocasionó una inversión de lo que se consideraba lo bueno. Esta inversión, producto del resentimiento fue la venganza de los débiles, en particular del pueblo más sacerdotal según el filósofo, de los judíos, y de allí surgió la moral cristiana que es la moral del hombre vulgar, del débil y del vencido y que como tal pregona la pobreza, la humildad, la paciencia etc. (Nietzsche, 1996). Scheler adopta el concepto pero desde un interés muy distinto pues mientras Nietzsche pretende hacer una crítica de la moral cristiana, el primero lo usa para explicar desde la psicología el origen de la moral y de ciertas formas de pensamiento. Adicionalmente Scheler difiere de Nietzsche en que la moral cristiana sea producto del resentimiento, pues sostiene que el concepto de perdón, tan propio del cristianismo, inhibe el surgimiento del resentimiento en la medida en que con el perdón el agredido se libera del sentimiento de venganza, que está a la base del resentimiento (Scheler 1998).
A este proceso de negación le puede seguir la creación de una nueva escala de valores sobre la base de la negación de los valores que no se pudieron alcanzar. Sería como si el zorro no sólo descalificara las uvas por verdes, sino que fuera más allá desvalorizando el dulzor que buscaba en ellas y afirmando como valor lo contrario, “el amargo”. Este proceso corresponde a una “falsificación de la tabla de valores” o a la interpretación al revés, afirma Scheler (Scheler 54) y es el gran momento creativo del resentimiento:
El resentimiento lleva a cabo su obra más importante cuando se convierte en el definidor de toda una moral, cuando las reglas de preferencia existentes en una moral se pervierten, por decirlo así, apareciendo como "bien" lo que anteriormente era “mal” (Scheler 59)
El filósofo ejemplifica la creación de una nueva moral46 como producto del resentimiento aludiendo al amor filantrópico propio de la modernidad planteado por Rousseau. En el mundo cristiano feudal el amor se concebía como amor a Dios, amor a un particular, sobre cuyo culto se edificaba la teoría de los tres órdenes que excluía a las burguesías, pues sólo concebía la existencia de los que oraban (los curas), los que peleaban (los caballeros) y los que trabajaban (los siervos). El filósofo ginebrino, hijo de burguesías conscientes de su propia dignidad pero resentidas por no encontrar espacio en ese orden social, invirtió ese concepto de amor al proponer no el amor por lo particular, sino por lo general, por lo humano. Con eso dio origen a la moralidad que sustenta el humanismo y la ilustración.
Pero no sólo los grupos resentidos construyen la nación, como ya lo señalamos, los Estados también lo hacen con el fin de cohesionar, administrar la población y legitimar su poder. Este proceso que Hobsbawm llama “nacionalismo gubernamental” se logra a través de mecanismos como la homogenización cultural, incluyendo la homogenización lingüística que se promueve por medio del sistema de educación pública (Gellner 1988), de los censos que representan la nación en números y porcentajes (B. Anderson 1993), de la ordenación de los seres humanos en el territorio, y de la invención de tradiciones, es decir, de un pasado de la comunidad formado por héroes o símbolos que se recuerdan a través de conmemoraciones, entre otros (Hobsbawm y Terence 1983). Dentro de estos dispositivos pedagógicos de nación se destacan también los relatos bien sea los históricos como las historias patrias, las narraciones periodísticas o las novelas nacionales que al tener la comunidad como sujeto la construyen al narrarla, pues le
46 La moral se define como las reglas de preferencias sobre los valores, es decir, sobre lo que se quiere tener. "Por moral entendemos, pues, las reglas de preferencias dominantes en las épocas y los pueblos, no su exposición o sistematizaciones, etc., filosófica y científica" (Scheler 59)
permiten a los lectores imaginarse como parte de un grupo que forma una unidad al permanecer en el tiempo (Anderson 63). Coincide con esto Homi Bhabha quien sostiene que la nación se construye a través de la forma como se narra:
(…) la narrativa es sólo la agencia del evento o el medio a través del cual se transmite la continuidad de la comunidad o la Tradición, una continuidad concebida como natural (Bhabha, Diseminación: tiempo, narrativa y márgenes de la nación moderna 52).
Esta relación entre relato y construcción de la nación nos permite comprender los relatos que vamos a analizar, a saber, los del militar-presidente, los del Centro Nacional de Historia y el relato de un historiador opositor del régimen, como textos en los que se construye la comunidad en la medida en que se narra su historia. Una vez en el poder, el relato histórico de Chávez puesto a circular a través de su palabra se convierte en expresión de “un nacionalismo gubernamental” al igual que el relato del CNH, entidad creada por el gobierno y cuya narración comenzó a circular desde 2008 a través de una revista.
El enfoque constructivista también plantea la dimensión agonística de la nación, la perpetua tensión a la que ella está sometida, visión en la que se apoya esta investigación para sostener que la existencia de varios relatos pone de manifiesto una disputa en torno de la nación. Las tensiones y luchas que se desencadenan en la construcción de la nación se deben a que ésta se construye sobre la homogenización cultural que supone la creación de una cultura nacional a expensas de las culturas regionales o locales, expresión de lo cual es la construcción de una lengua nacional que normalmente proviene de la alta cultura y que se impone sobre los dialectos locales y populares (Gellner 1988) (Hobsbawm 1998). Este mismo aspecto es señalado por Renan quien afirma que la nación se construye sobre el olvido de los muertos y las luchas fratricidas que en el pasado dividieron a la que en el presente se considera como comunidad (Renan 27-52). En el mismo sentido Francisco Colom señala que aunque la nación es una comunidad, no es una comunión; y ello no sólo por la forma como se construyó la nación en el pasado sino por la forma como la inteligencia política del presente la reproduce al narrar una historia con olvidos y rememorizaciones que sirven para legitimar su proyecto político (Colom, Narrar la Nación 743).
El teórico indio Homi Bhabha también destaca la tensión que se esconde bajo el nacionalismo. Señala que la nación es una metáfora, es decir un “tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación
la familia, la comunidad étnica y la comunidad que se quiere crear, se produce la disolución de las diferencias de raza y género, lo que es fuente de tensiones.
En tanto que aparato de poder simbólico, la nación produce un desplazamiento continuo de categorías como las de sexualidad, afiliación de clase, paranoia territorial o “diferencia cultural” en el acto de escribir la nación (Bhabba, El lugar de la cultura 41).
Otro tipo de conflictos en la construcción de la nación surgen si se analiza la temporalidad sobre la que la nación se construye. Bhabha parte de los trabajos de Benedict Anderson coincidiendo con él, en que la nación es un producto de la modernidad y se construye a través de narraciones, pero completa su análisis con la inclusión de la variable colonialismo desde donde cuestiona la visión de la temporalidad de Anderson y con ello saca a flote el carácter agonístico de la nación. Sostiene que para que la nación europea adquiriera su contorno definitivo fue fundamental la