CHAPTER 2: THE LITERATURE STUDY 2.1 INTRODUCTION AND CLARIFICATION OF TERMS
2.3 CONCEPTUAL FRAMEWORK
En cuarto lugar, podemos citar el hecho de que decidiera la eje cuci´on de Atahualpa, evadiendo sin embargo la responsabilidad por ella, lo que logr´o al transferir simb´olicamente la responsabilidad a todos. Es cierto que la totalidad de los caciques del norte exig´ıa la muerte de Atahualpa, y los emisarios de Hu´ascar y del sur cusque˜no tambi´en, pero asumir la responsabilidad de matar a quien aparentaba tener la legitimidad religiosa y legal en el territorio ind´ıgena fue algo que Pizarro no acept´o jam´as como una decisi´on propia, aunque de hecho tuvo todo el poder legal y f´ısico para evitarlo. El sab´ıa
Pizarro, el Rey de la Baraja
que, para los bur´ocratas del Consejo de Indias, un argumento que les per- mit´ıa limitar o incriminar a los conquistadores era la ejecuci´on de un rey, como ocurri´o a Cort´es con la muerte de Moctezuma. Un argumento que a˜nos des- pu´es, en 1572, tambi´en emplearon contra el virrey Francisco de Toledo. por el asesinato de Felipe T´upac Amaru, el ´ultimo inca de Vilcabamba, en 1572. Ya Maquiavelo advierte:((Que otros tomen los roles que causan rencor, y los que dan gratitud debe tenerlos el Pr´ıncipe)).
Uno de los ejemplos que ofrece Maquiavelo respecto a la trans ferencia del castigo ata˜ne a C´esar Borgia, el cual habiendo ocupado la Roma˜na en- contr´o que all´ı exist´ıan abusos y bandidaje y decidi´o establecer la paz. Para ello envi´o al noble Remy d’Orque,((hombre cruel y expeditivo)). Siguiendo sus ins- trucciones, este recuper´o la calma y la uni´on. Mas al llegar Borgia a la ciudad, percibi´o los odios generados por d’Orque y para que se supiera que la crueldad no proced´ıa de ´el sino de la mala naturaleza del ministro,((una bella ma˜nana)) hizo que este fuera ejecutado parti´endosele por la mitad con un((cuchillo san- grante)). ((La ferocidad del espect´aculo logr´o que el pueblo quedara al mismo tiempo contento y est´upido)) (El Pr´ıncipe, VII).
En Cajamarca, Pizarro pudo cumplir con esta transferencia sim b´olica de responsabilidad y de castigo aun despu´es de haber matado entre tres y cuatro mil ind´ıgenas durante la toma de Atahualpa en la plaza y en la persecuci´on de los restos del ej´ercito por la caballer´ıa. Y ello fue posible porque Atahualpa era odiado por el exterminio de muchos pueblos. Pizarro hab´ıa encontrado Tumbes destruido, el cacique de Caxas describi´o a Hernando de Soto que las cuatro quintas partes de((sus indios)) hab´ıan sido muertos e igualmente hab´ıa ocurrido antes en la isla de Pun´a y en otros lugares donde el exterminio alcanz´o las mismas proporciones, seg´un el testimonio de muchos caciques.
Puede calcularse que en la guerra atahualpista, solamente en la regi´on del norte, fueron directamente eliminados unos doscientos mil varones en las bata- llas contra las tropas huascaristas, desde la primera en Tumibamba, en el actual Ecuador, hasta las de exterminio de diferentes pueblos, como el de los ca˜naris m´as adelante. Por ello se plegaron a Pizarro. Esa enorme mortandad desatada por la
Alan Garc´ıa Perez
violencia atahualpista fue motivo para que pudiera producirse la transferen- cia simb´olica del castigo y que pr´acticamente todo el norte del Per´u aprobara la ejecuci´on de Atahualpa, as´ı como tambi´en lo hiciera el sur por el asesinato de Hu´ascar.
Coincidiendo con el ya mencionado consejo maquiav´elico sobre los roles que causan rencor y los que dan gratitud, que son los que debe guardar para s´ı el Pr´ıncipe, Pizarro decret´o t´acticamente, al mismo tiempo que la ejecuci´on de Atahualpa, la libertad de las yanaconas y de las ajllas. Consigui´o as´ı un mayor fundamento en el campo ind´ıgena, en tanto que, con la distribuci´on del rescate de Cajamarca, hab´ıa consolidado su posici´on de jefe espa˜nol incontestable, anunciando adem´as el tesoro del Cusco.
En Gargamela, en 370 a.C. Alejandro enfrent´o a Dar´ıo con un ej´ercito grie- go cinco veces menor al persa, y contra la opini´on de sus jefes militares ini- ci´o un avance aparentemente suicida que le permiti´o alcanzar el lugar de mando de Dar´ıo. Aunque no logr´o capturarlo, oblig´o a su retirada y ocasion´o el desor- den y la derrota de los persas. Es cierto que entre los ocho mil ind´ıgenas m´as los cientosesentiocho espa˜noles y los trescientos mil combatientes de Gargamela hay una gran distancia num´erica, pero el aspecto fundamental es la estructura de la acci´on y la decisi´on del conductor. Pizarro adem´as debi´o recordar, por la narraci´on de muchos espa˜noles, que en la batalla de Pavia Francisco I fue to- mado por las tropas de Carlos V, entre otros por Rodrigo Orgo˜nez, el mariscal jud´ıo del Per´u, que morir´ıa en 1538 en la batalla de Las Salinas y que contaba haber escuchado decir al Gran Rey:((¡Tate, que soy el Rey de Francia!)).
Adem´as de contribuir a su fama y autoridad personal, la captura del jefe ind´ıgena puso en sus manos un inmenso territorio que, como Maquiavelo hab´ıa ya advertido, ser´ıa f´acil de mantener, en tanto principado hereditario, por la obediencia de sus s´ubditos.