El poder reside en Miraflores
La situación en Fuerte Tiuna se encontraba totalmente controlada. Varios de los generales y almirantes detenidos, entre ellos el general de división Iván Jiménez Sánchez, el vicealmirante Germán Rodríguez Citraro y el general de brigada Ramón Santeliz Ruiz, subieron a mi oficina. Conversé con ellos algunos minutos. Consideré mi obligación trasladarme al palacio de Miraflores a recibir al presidente Pérez. Antes de partir, me reuní con el vicealmirante Daniels y el general Jiménez con la finalidad de evaluar la situación militar. Todavía el número de las unidades insurrectas era muy importante, pero se observaba que los mandos leales al gobierno constitucional empezaban a recuperar el control de las Fuerzas Armadas. El mayor Ramírez Moyeda me informó que la escolta estaba lista para mi traslado a Miraflores. Le pedí al coronel Rubén Medina Sánchez que me acompañara. Salimos por la puerta que comunica el Ministerio de la Defensa con el Círculo Militar. Las calles se veían solitarias. Llegamos a Miraflores cerca de las 3 a.m. Al bajarme del automóvil recibí novedades del teniente coronel Rommel Fuenmayor. La unidad insurrecta había sido desarmada y se encontraba formada para ser trasladada a Fuerte Tiuna. Los combates no habían terminado. Se oían algunos disparos.
Entré a Miraflores por la puerta reservada al presidente de la República. Me impactó fuertemente ver el piso manchado de sangre y las puertas y ventanas muy deterioradas por los disparos de las tropas atacantes. El cuadro de José Antonio Páez, que se encuentra colocado en la antesala presidencial, mostraba un disparo en la mano. Al entrar encontré sentado en la antesala presidencial al señor Luis Alfaro Ucero. Estaba conversando con él cuando se anunció la llegada del presidente Pérez. Me trasladé a la puerta, le di novedades y nos dirigimos a su despacho. A los pocos minutos subió a sus habitaciones. Lo acompañé. Lo hicimos por el ascensor privado. La suite japonesa había sido atacada de una manera realmente impresionante. Los vidrios de los ventanales se encontraban agujereados por el fuego de todo tipo de armas. Me sorprendí del odio que mostraba la forma agresiva de realizar los disparos. Comprendí el peligro que había enfrentado el presidente Pérez. No tengo dudas en afirmar que el objetivo de la insurrección era asesinarlo.
Aproveché que nos encontrábamos solos para informarle sobre la situación militar.. Le señalé que era imprescindible controlar a la brevedad posible el Museo Militar, la Base “Francisco de Miranda”, la Brigada de Paracaidistas, la Brigada Blindada y el Cuartel “Libertador”. En medio de la conversación le resalté un hecho que me tenía preocupado desde el inicio del alzamiento: “presidente, me he comunicado con todos los comandantes de
Fuerzas con excepción del general Rangel. Debe estar preso o se encuentra comprometido con la insurrección”. La respuesta del presidente Pérez me desagradó profundamente: “usted no se habrá comunicado con el general Rangel. Yo, desde que comenzó la crisis, he estado en contacto con él”. Mi respuesta fue algo desconsiderada. “Usted es el presidente de la República, si el general Rangel ha estado en contacto con usted es más que suficiente”. Mi tono de voz, mostró la molestia que me había causado la actuación del general Rangel. De inmediato le pedí autorización para retirarme.
Me trasladé a la antesala del despacho presidencial. Allí se encontraba el general Oviedo Salazar. Evaluamos durante algunos minutos los hechos ocurridos. Los dos consideramos que era fundamental recuperar la Base “Francisco de Miranda para poder garantizar la seguridad de Caracas. De inmediato empezó el movimiento de la Fuerza de Tarea hacia el Este de la ciudad. A los pocos minutos fuí llamado desde el despacho presidencial. Carlos Andrés Pérez se iba a dirigir de nuevo al país. Lo acompañamos el doctor Virgilio Ávila Vivas y yo. Su intervención tenía por objeto informar a los venezolanos que se encontraba ejerciendo el poder desde Miraflores. Su mensaje fue sereno y muy firme. A los pocos minutos, los periodistas invitaron al doctor Ávila a una entrevista. Respondió las preguntas que le hicieron. Después, los periodistas me invitaron a mí e hice lo mismo. Mis respuestas dejaron en claro que la situación militar se encontraba totalmente bajo control del gobierno constitucional. De repente, el presidente Pérez, dijo en voz alta: “El único que declara soy yo”, mostrando desagrado por nuestras intervenciones. De inmediato comprendí que algún intrigante estaba sembrando dudas sobre mi actuación…
El Grupo de Tarea estaba constituido por el Batallón “Bolívar”, comandado por el teniente coronel Braddly Quintero Contreras, parte del Grupo de Caballería “Ayala”, comandado por el teniente coronel Carlos Rodríguez Barrios, y el Destacamento No. 51 de la Guardia Nacional, comandado por el teniente coronel Héctor Julio Parada. Después de consolidar los alrededores de Miraflores, el Grupo de Tarea se desplazó hacia la Comandancia de la Aviación utilizando la avenida Urdaneta, la avenida Libertador, la Plaza Venezuela y la Autopista Francisco Fajardo sin ningún tipo de resistencia de fuerzas enemigas. En los alrededores de la Base Aérea “Francisco de Miranda” se había iniciado un fuerte combate entre los efectivos del Batallón de Paracaidistas (-) “José Leonardo Chirinos” y algunas unidades de la DISIP y de la Policía de Miranda. El general Oviedo ubicó su puesto de comando en el Centro Comercial Ciudad “Tamanaco”. Desde allí comenzó a dirigir las operaciones militares.
La situación militar dentro de la Base Aérea “Francisco de Miranda” era de total control por los efectivos del Batallón de Cazadores (-) “José Leonardo Chirinos”. Su comandante había establecido un dispositivo de defensa, alrededor de las diferentes edificaciones en dicha base, a objeto de obligar a las unidades atacantes a desplazarse a través de un amplio sector descubierto. El general Oviedo Salazar tenía una excelente visión de la base aérea desde su puesto de comando. A las 5: a.m. ordenó una reunión con los distintos comandantes de las unidades que constituían la Fuerza de Tarea para discutir el plan de ataque. El esfuerzo principal se dirigiría hacia el Comando General de la Aviación. Se evitaría en lo posible comprometer unidades en combates secundarios que tuvieran por objetivo controlar las otras edificaciones de la base. Se integrarían varios equipos de infantería-tanque para facilitar el avance. Se solicitaría, apenas amaneciera, apoyo aéreo con el objeto de lograr una suficiente presión psicológica sobre la unidad insurrecta.
A las 5:30 a.m. se inició el ataque. Una compañía del Batallón “Bolívar”, al mando del capitán Jesús Santiago Carmona, con el apoyo de siete vehículos blindados del Grupo “Ayala”, avanzó con rapidez hacia la Comandancia General de la Aviación. Sus efectivos, protegidos por los vehículos blindados, lograron desplazarse sin sufrir bajas importantes por el espacio descubierto que rodea dicha comandancia. Mientras esto ocurría el resto de los efectivos del Grupo de Tarea efectuaron un consistente apoyo de fuego desde el Centro Comercial Ciudad “Tamanaco”. El desplazamiento se realizó inicialmente con escasa resistencia. A las 5:35 a.m., esta unidad se desplegó frente a la Comandancia General de la Aviación e inició un masivo ataque, con sus cañones y armas automáticas, en contra de la unidad sublevada.
“En esas condiciones nos mantuvimos hasta las 5:30 a.m. cuando entraron 7 vehículos de combate por la alcabala principal llevándose por delante las barricadas que habíamos colocado. Estos vehículos blindados se estacionaron en línea frente al edificio de la Comandancia General de la Aviación y comenzaron a disparar sus cañones. Inmediatamente el comandante Acosta Chirinos me ordenó desplazar unas piezas antitanques hacia el sector para apoyar al subteniente Roberto Arreaza. Al poco tiempo el subteniente Arreaza había destruido un tanque y el resto había retrocedido unos doscientos metros. Cesó el fuego de ambas partes”.112 Justamente, el fuego antitanque de la pieza comandada por el subteniente Roberto Arreaza destruyó un vehículo blindado del Grupo “Ayala”, causando las injustificadas muertes del capitán Jesús Santiago Carmona y de los distinguidos Héctor González Martínez y Raúl Guerra Montes de Oca, quienes protegidos por el tanque, combatían con valor en contra de los efectivos del Batallón de Paracaidistas “Chirinos”.
El general Oviedo, ante las bajas ocurridas, decidió detener el avance de su unidad. Se requería esperar el amanecer para tener suficiente apoyo aéreo. De todas maneras, el cerco realizado por la Fuerza de Tarea mantenía inmovilizados a los efectivos del Batallón de Paracaidistas “Chirinos”. En algunas oportunidades, soldados del Batallón “Bolívar” avanzaban con rapidez logrando acercarse a las edificaciones de la base aérea. A las 6:30 a.m. sobrevolaron Caracas cuatro F-16 y 6 aviones Tucanos. Uno de sus objetivos era la Base Aérea “Francisco de Miranda”. Hicieron varios vuelos rasantes sin disparar, sólo con el objeto de presionar psicológicamente a los efectivos del Batallón de Paracaidistas “Chirinos”. La presencia aérea empezó a debilitar la resistencia de las tropas insurrectas.
“Todo parecía continuar bajo control, pero pocos minutos después se escucharon fuertes combates: nuevamente la alcabala principal estaba siendo atacada, eran las tropas del Batallón de Infantería “Bolívar”. Los combates en ese sitio eran bastante fuertes, por los demás sectores era la DISIP la que trataba de penetrar, nosotros repelíamos el ataque con todos nuestros medios. Estos fueron los momentos de mayor tensión. Las fuerzas leales al gobierno no encontraban forma de ablandar nuestras posiciones. Comenzaron a sobrevolar los aviones de la Fuerza Aérea. El general Eutimio Fuguet Borregales llamó al teniente coronel Acosta Chirinos y a mí para intimidarnos. Trató de convencernos para que depusiéramos las armas ya que según él estaba todo perdido. El comandante Acosta y yo le contestamos que no nos rendiríamos a menos que nos lo ordenara el comandante Chávez Frías, a él era al único que obedecíamos”. 113
Desde las 6: a.m., el combate empezó a favorecer a las unidades del Grupo de Tarea. Sus efectivos habían avanzado con gran dificultad por el área descubierta que rodea la Base Aérea “Francisco de Miranda”, pero desde las 6:30 a.m. los mandos leales al gobierno constitucional observaron una importante disminución en la capacidad de defensa de la unidad sublevada. Muchos efectivos del Batallón “Chirinos” empezaron a rendirse. El efecto del sobrevuelo de los aviones F-16 y Tucanos afectó su moral de combate. Los destacamentos aéreos del Ejército y de la Guardia Nacional y el cuartel de la Policía Aérea fueron abandonados por los efectivos del Batallón “Chirinos”, que se replegaron hacia la Comandancia General de la Aviación, permitiendo que sus mandos recuperaran el control de dichas unidades. El general Oviedo entendió que el tiempo estaba totalmente a su favor. Por esa razón, no ordenó un avance masivo sobre la Comandancia General de la Aviación, sino que esperó prudentemente que el proceso de desmoralización alcanzara a los mandos de la unidad insurrecta.
La Planicie, Valencia y Maracaibo como objetivos
Después de haberle ordenado al general Oviedo atacar la base Aérea Francisco de Miranda, decidí llamar por teléfono al teniente coronel Chávez para exigirle su rendición. El teniente coronel Rommel Fuenmayor, desde la sala de edecanes, logró comunicarse con el Museo Militar. Lo atendió el coronel Marcos Yánez Fernández.: “Mi coronel, le agradezco localice al teniente coronel Chávez. El ministro Ochoa desea hablar con él”. Lo mandó a buscar con el guardia de comando. A los cinco minutos atendió mi llamada. La conversación duró cerca de diez minutos:
–“Chávez, la situación está totalmente controlada por el gobierno. Lo estoy llamando desde Miraflores. Ríndase, para evitar que continúe el derramamiento de sangre. Reflexione. Piense en sus deberes militares”.
–“Mi general, no me voy a rendir. Tenemos el control de importantes guarniciones y los combates serían largos y costosos”.
–“Chávez, le repito, la situación está totalmente controlada por el gobierno nacional. Ríndase”.
–“Mi general, ¿por qué usted no viene hasta aquí para que conversemos personalmente”?
– “Usted está loco Chávez. Si voy al Museo Militar, usted me detiene.” – “No mi general, le doy mi palabra que no será así”
– “Chávez, esa propuesta suya es imposible de aceptar. Ríndase”. En ese momento vi pasar al general Ramón Santeliz Ruiz, quien por iniciativa propia se había trasladado al palacio de Miraflores, por frente del escritorio del edecán del presidente de la República. Al verlo recordé que él era amigo personal de Hugo Chávez.
–“Chávez, aquí está el general Ramón Santeliz Ruiz. Lo voy a enviar a conversar con usted las condiciones para su rendición”.
–“De acuerdo, mi general”.
Llame al general Santeliz y le di las correspondientes instrucciones. Lo fundamental era explicarle a Hugo Chávez la situación militar imperante y convencerlo de que se rindiera. Me dirigí al despacho presidencial con la finalidad de pedirle al presidente Pérez su autorización. Aceptó mi sugerencia, aunque me insistió en la necesidad de tomar a la brevedad posible el Museo Militar. Le expliqué lo complicado que sería atacar La Planicie. Además le hice ver la imposibilidad de utilizar la Aviación en una zona tan poblada. El presidente Pérez y yo tuvimos algunas posiciones divergentes durante el desarrollo de los acontecimientos. Gustavo Tarre Briceño cuenta en su magnífico libro “El Espejo Roto” uno de esos enfrentamientos: “Pérez se comunica por teléfono con los mandos militares. Fui testigo, junto con Luis Piñerúa Ordaz, de una de sus discusiones con el ministro de la Defensa. El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas quería despejar el acceso a
Miraflores al precio que fuera. El general, ministro de la Guerra, prefería negociar: “No más negociaciones, General, ¡Plomo! Ordenaba el presidente”. 114 Esta discusión la tuve en varias oportunidades. El presidente Pérez valoraba, con justa razón, el factor tiempo. Entendía que era necesario tener algún éxito que desmoralizara a los oficiales insurrectos. Por el contrario yo temía el inicio de los enfrentamientos. Era muy difícil predecir sus consecuencias. Los combates podían alargarse en el tiempo comprometiendo la lealtad de algunas unidades militares. Además, había que tomar en cuenta el espíritu de cuerpo de las Fuerzas Armadas.
El general Santeliz se dispuso a salir hacia el Museo Militar. Antes de hacerlo le insistí en la necesidad de lograr la rendición de Hugo Chávez sin necesidad de combatir para evitar un mayor derramamiento de sangre. Le ofrecí un vehículo militar con su correspondiente escolta. Me solicitó le permitiera ir en el automóvil particular del señor Fernán Altuve Febres para no llamar la atención, recomendación que consideré prudente. Eran aproximadamente las 4:00 a.m. “A las 4:15 a.m. llegó al Museo Militar el general Ramón Santeliz Ruiz, en compañía del señor Altuve Febres. Tuvo graves dificultades para entrar ya que el personal de paracaidistas no se lo permitió. Al conocer su presencia me trasladé hasta la prevención del Museo Militar. Traté de influir para que pudiera entrar, pero no lo logré. El general Santeliz decidió retirarse. A las 4:45 a.m. regresó de nuevo con la intención de hablar con el teniente coronel Chávez. En esta oportunidad, si lo atendió. Estuvieron conversando en privado en el patio interior del Museo Militar unos quince minutos. Al terminar, el general Santeliz se despidió de mi, informándome que el teniente coronel Chávez no quería rendirse. Se dirigió hacia Miraflores”. 115
Al regresar el general Santeliz del Museo Militar entramos juntos al despacho presidencial con la finalidad de comunicarle al presidente Pérez la posición que mantenía Hugo Chávez. Escuchó con detenimiento el planteamiento que le hicimos. Con serenidad me ordenó: “ministro, ataque inmediatamente el Museo Militar con la aviación”. En ese momento, el general Santeliz le pidió al presidente Pérez autorización para llamar al teniente coronel Chávez por teléfono. Lo hizo. Desde el teléfono nos dijo en voz alta:”Señor ministro, señor presidente, el comandante Chávez se rendirá a las 3 de la tarde”. El presidente Pérez se acercó al teléfono y en voz alta, para que Hugo Chávez escuchara, dijo: “Dígale a ese señor que se rinda ahora o que apenas amanezca será bombardeado por la aviación” De inmediato se dirigió a mí: “Ministro, ordene a la brevedad el ataque al Museo Militar”. Mi respuesta fue concisa: “Entendido, presidente”.
114 Tarre Briceño, Gustavo, op. cit., p. 77. 115 Yánez Fernández, Marcos, entrevista
Salí del despacho en compañía del general Santeliz. Llamé por teléfono al almirante Daniels y le ordené movilizar la Infantería de Marina. Le solicité información sobre la situación de la Aviación. Me ratificó el control de todas las bases aéreas con excepción de la Base “Francisco de Miranda”. Le pregunté por el general Juan Antonio Paredes Niño, comandante de la Base “Libertador”. Me dijo que estaba detenido, pero que el comando de la base estaba siendo ejercido por el general Efraín Visconti Osorio. Reflexioné unos instantes. Bombardear las distintas unidades insurrectas conduciría a una inmensa tragedia. Ante esta situación, le ordené al almirante Daniels movilizar la Doce Brigada de Infantería y la Sexta División de Caballería acantonadas en Barquisimeto y San Juan de los Morros respectivamente con la finalidad de presionar la rendición de la Brigada Blindada.
Le pedí información sobre la compañía de tanques que se desplazaba hacia Caracas. Me informó que una unidad perteneciente al Regimiento Logístico, comandada por el coronel Norberto Villalobos Fuenmayor, se había desplazado hasta Tazón con instrucciones de detener la compañía de tanques AMX-30. El coronel Fuenmayor tuvo la inteligente iniciativa de interrumpir el transito de la autopista con las numerosas gandolas que normalmente pernoctan en Tazón. El capitán Godoy Chávez, al darse cuenta de la imposibilidad de continuar hacia Caracas, inició conversaciones con el coronel Villalobos con la finalidad de rendirse. Al conocer el fracaso de la operación en Caracas y escuchar al presidente Pérez decidió deponer las armas.
Al amanecer volví a llamar al almirante Daniels y le pedí hacer sobrevolar los F-16 y los Tucanos sobre el Museo Militar, la Base Aérea “Francisco de Miranda”, Valencia y Maracaibo con el objeto de demostrarle a las unidades insurrectas el control que el gobierno constitucional tenía sobre la Aviación. A las 5:45 a.m. llamé al teniente coronel Hugo Chávez desde el despacho privado del presidente Pérez. En esa oficina estaban reunidos conversando un grupo de ministros y amigos del presidente Pérez. Mis palabras fueron terminantes:
–“Chávez, ¿Qué ha pensado? Se rinde o no”.
–“Mi general, tenemos el control de las guarniciones de Maracay, Valencia y Maracaibo”.
–“Chávez, si usted no se rinde dentro de diez minutos ordenaré el ataque con la Infantería de Marina y la Aviación. Usted no tiene alternativa. Si resiste, lo único que va a ocasionar es un mayor derramamiento de sangre. Piense en sus deberes militares”.
En ese momento, surgió una discusión entre Gustavo Cisneros y Carlos Blanco. Levantaron la voz, impidiéndome continuar el diálogo con el teniente coronel Chávez. Molesto exclamé: “¡Por favor¡ déjenme trabajar”.
Sorprendidos, guardaron silencio. Continué mi conversación con Hugo