Mi vida es muy grande, porque una ha pasado muchas cosas. Yo lo recuerdo todo desde que tenía seis años. He tenido una niñez muy mala. Todo el que tenga la edad mía más o menos lo habrá pasado. Mi familia es de Estepona. Nací el 14 de julio de 1931. Mi padre se llamaba José, y mi madre, Josefa. Mi hermana mayor tiene 83 años, y el segundo falleció con 47 años. La tercera soy yo, luego un hermano que nació al empezar la guerra de España; y la más pequeña, que nació durante la Guerra Mundial.
Nosotros no hemos tenido tierras. Íbamos tirando bien: mi padre trabajaba pescando con los patrones y mi madre no trabajaba fuera de casa. Hasta que llegó la guerra. En aquel entonces, la verdad de Dios, no se tenía la sabiduría que hoy se tiene: decían que había que salir del pueblo y nos fuimos a Málaga. Estábamos refugiados en la fábrica de tabaco de Málaga, para que no nos cayeran las bombas. Recuerdo de estar en lo alto de una escalera de esa fábrica, vi llegar a mis abuelos maternos, que venían para reunirse con mi madre, y me tiré por el pasamanos de la escalera para recibirlos.
De Málaga fuimos corriendo muy lejos: hasta Mijas; por el miedo no sé de qué. La gente tenía susto, porque estaban los alemanes y los italianos aquí en España ayudándole a Franco. Había muchos conocidos de Estepona corriendo como nosotros. Para darle leche a mi hermano José, que tenía nueve meses, mi padre ordeñaba las cabras que iba encontrando por el camino.
Yo recuerdo muchas cosas de ese viaje. Me llevé un saltador, que usaba cuando parábamos un poquito para descansar. Lloraba mucho, porque me cansaba, y mi padre me decía, “cuando echemos a andar no llores, ¿eh?”. Pero enseguida que empezábamos a andar, volvía a llorar. Mi padre, el pobrecito, me tenía que echar encima de sus hombros. Había tiradas por el camino muchas cosas buenas que iba dejando la gente: mantones de Manila y muebles. Nadie los cogía porque, ¿a dónde lo llevaban? ¿Iban a ir cargadas? Cuando regresamos al pueblo por el mismo camino, ya no quedaba nada60.
En Mijas nos recogieron en unas chozas, pero no había dónde trabajar. Vivimos allí unos pocos de meses, hasta que ya pensamos, ¿por qué teníamos que huir, si nosotros no habíamos hecho nada? Y volvimos para el pueblo61. Al
salir, mi padre había dejado la llave de casa en una horna de barro, en la pared 60 De Málaga a Mijas por carretera habría unos 40 kilómetros, y de Mijas a Estepona 70
kilómetros.
61 En un conflicto armado, la población civil no huye por ser responsable de la violencia, sino precisamente para evitar ser víctima de ella. Esta pregunta también se la hacía Francisco Gil, y responde al lastre de criminalización y culpabilización propio de la propaganda franquista.
Dependencia y Sustento en La Línea y Gibraltar
127 de un cortijo, y cuando regresamos ya no estaba la llave allí. En Estepona nos encontramos que estaba todo hecho polvo, y no hizo falta la llave, porque la puerta de casa estaba abierta: habían entrado los milicianos.
Las familias de José Sánchez Aranda (nacido en 1934) y de María Muñoz Mena, su esposa (nacida en 1936) emigraron a La Línea en busca de un trabajo más estable. Ellos ofrecen imágenes de las duras
condiciones de vida en Estepona
en los años treinta y cuarenta, que explican la emigración a La Línea.José Sánchez: “Del pan de maíz y del pan blanco, ¿no me voy a acordar? ¿Y de cernir harina? ¡No he pegado yo puñetazos a la harina! Y después que se hartaba uno de trabajar no lo podíamos comer. Yo estuve trabajando un mes con las bestias en la sierra de Estepona, para ir a por maderas de pino. Me dio mi padre un manojo de gordas de cartón que había antes62, y le digo, ¿a usted no le da fatiga darme esta porquería al mes de trabajo? Me daban una peseta por cada cochino que guardaba, todo el día en el campo, y mientras no se enteraban mis padres me quedaba con el dinero. Para venirse a La Línea, una parte de tierra en la sierra que le tocó a mi madre y otra que se había comprado las tuvieron que vender por casi nada. Yo hablo de lo que yo he tenido, y por referir esas cosas se pone uno malo”.
María Muñoz: “Nosotros vivíamos en un pueblecito con muy poquitas casas que se llamaba Arroyo Enmedio. Mi madre tenía un campo y allí nos hemos criado los siete hermanos. Mi padre iba con la bestia a Estepona, a vender las cosas del campo. Nos quedamos pronto sin padre, porque se murió de una neumonía. Cuando éramos muy chicas, mi madre nos dejaba en casa de las vecinas para ir a trabajar; entre todas éramos como una familia. Cuando fuimos más mayorcitas, las tres hembras escardábamos la cebolla, sembrábamos la zanahoria, la lechuga y esas cositas. Mi madre iba con la bestia al pueblo, a vender la leche, el queso y las verduras. Ya nos vinimos a Estepona, una hermana se iba a cuidar niños y yo, con doce años, me empleé en una tienda de comestibles y perfumería”.
62 Una gorda equivale a diez céntimos de peseta. A partir de la Guerra Civil los metales más valiosos escasearon o fueron requisados, y se recurrió a vales, bonos y monedas de car- tón.