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CONCERNS, COSTS, AND CONSEQUENCES

In document GLOBAL BEER: THE ROAD TO MONOPOLY (Page 52-65)

PART VI “Egg in Your Beer”

CONCERNS, COSTS, AND CONSEQUENCES

CAPÍTULO V

1- El origen 2 3 s c re (. c m o h fu

1- El origen

E

chamos un vistazo en este capítulo a Esparta, en la antigua Grecia, como

onsigo el carro de guerra y el usto por el ámbar (mar Báltico), pero que desconocían el mar Mediterráneo (al ue llamaron con el mismo nombre que le daban las gentes que allí ncontraron: Thalassa, o con denominaciones metonímicas como “póntos”, amino y “pélagos”, planicie). Estos arios fueron, de un lado, los grupos ciales predorios o aqueos (llamados ahhiyawa por los hititas) del eloponeso, constructores de las fortalezas de Tirinto y Micenas, que hablaban

el griego ( icénicas

escritas e rado de

civilización, y de otro lado los jonios de la isla de Eubea y del Ática, del Egeo ntral y Asia Menor. Otros arios indoeuropeos permanecieron todavía en las as montañosas del Epiro y la Grecia septentrional. Procedente de la región ejemplo de colonización y aportación de cultura aria y nórdica en Europa. Con esto pretendemos ilustrar, en la ronda del Eterno Retorno, la invasión que la raza aria proveniente del norte ha efectuado sobre regiones meridionales en las diferentes etapas históricas. Aquí vienen a mezclarse y confundirse mito, leyenda e historia, conformando un conjunto en el que los patrones raciales vienen a definir de forma clara y precisa, en base a su naturaleza más profunda, su función y su destino.

El esplendor de Esparta se mostraba en el valor de sus hombres.

En el origen de Esparta hay una invasión de tribus dorias (arios), hecho reflejado en la leyenda mítica “el retorno de los Heráclitas”. Los dorios llegaron a las tierras de Grecia en torno al 1100 a. C., constituyendo la última de las grandes oleadas de conquistadores indoeuropeos (arios) en la Grecia prehistórica.

Los invasores indoeuropeos antepasados de los antiguos griegos, viniendo del gran norte, penetraron en la Hélade (Grecia) a comienzos del milenio –II, y al establecerse en territorio griego (donde vivían los grupos humanos de las culturas neolíticas de Sesklo y Dimini, y de la cerámica barnizada y la cerámica “minia”) se dedicaron a la agricultura. Fueron reforzados h. –1600 por nuevas oleadas de pueblos indoeuropeos que traían c

g q e c ra P

recientemente interpretado) documentado en las tablillas m n el silabario lineal B y que alcanzaron un elevado g ce

zon

dálmato-albanesa, y estrechamente emparentada con los ilirios (arios), una raza vigorosa y capaz se estableció primero en las zonas montañosas del Ossa y el Olimpo, del Pindo y la Driópide, y después en la Dóride de la Grecia Central. Esta raza aria conquistadora, que no es otra que la doria, pasó después al Peloponeso donde crearía Esparta.

2- Historia y tradición en Esparta

L

os dorios espartanos lograron ampliar sus tierras dominando violentamente a los pueblos vecinos y conquistando así las fértiles llanuras de Mesenia. De este modo el territorio de la Esparta clásica, desde comienzos del siglo VII a C., barcaba la mitad sur de la península del Peloponeso y, con sus 8.500 Km2, se

regímenes, de la monarquía, de la aristocracia y de la democracia opular y nacional, sobre el trasfondo guerrero ya mencionado. Su gobierno a

convirtió, tras las guerras mesenias (siglos VIII-V a C.) en la polis (ciudad estado) griega de mayor extensión territorial.

La ciudad extendía su poder político sobre la población de tan vastas tierras, pero los espartíatas eran sólo una parte de la población. El resto (4/5 partes) eran súbditos de los auténticos espartanos, y estaban a su servicio. Esta población no espartana estaba a su vez dividida entre hilotas y periecos. Los

hilotas eran esclavos y estaban al servicio directo de los señores de Esparta,

mientras que los periecos (“habitantes de los alrededores”) tenían una mayor autonomía. En circunstancias críticas la polis requería también la ayuda militar de periecos e hilotas, recompensando estos servicios, pero eran los espartíatas quienes monopolizaban la vida pública, la política y la guerra, y quienes formaban el núcleo del ejército de Esparta, detentando el control de las armas y el gobierno. El ejército ejercía una disciplina férrea sobre toda la comunidad.

A Licurgo, un gran legislador tan histórico como mítico de comienzos del siglo VII a C., se le atribuyen las líneas básicas de la constitución y la educación espartanas. Plutarco nos dice que Licurgo “proporcionó a sus conciudadanos

abundante tiempo libre; pues en modo alguno se les dejaba ocuparse en oficios manuales y, en cuanto a la actividad comercial, que requiere una penosa dedicación y entrega, tampoco era precisa ninguna, ya que el dinero carecía

por completo de interés y aprecio”. Más en su conjunto que en rasgos sueltos (que se dan también en algunas ciudades dorias) esta configuración política y formativa del Estado espartano resulta singular: combina formas de varios

p

conjugaba una monarquía doble (con 2 reyes, con funciones religiosas y militares); un consejo de ancianos, la gerousía, de claro matiz aristocrático; la apella o asamblea del pueblo (los espartíatas), y un consejo de cinco éforos, con poderes ejecutivos amplios.

Sólo los homoioi o “iguales”, es decir, los espartíatas de pleno derecho, educados según las reglas de Licurgo y entrenados en el largo servicio de las armas, podían acceder a las magistraturas (si bien la realeza era hereditaria y repartida entre dos familias regias) y disfrutar de los privilegios de la “igualdad”. Los homoioi, hijos de padre y madre legítimos, recibían un lote de tierra y algunos esclavos trabajadores o hilotas para trabajarlo, pues no practicaban trabajos serviles ni comerciaban. Tan sólo se educaban en la gimnasia y en la música, y su servicio militar duraba hasta los sesenta años. La “igualdad” era

una condición política que servía para exigir una fidelidad total a la comunidad racial.

El “buen gobierno”, la eunomía, característica de Esparta, se fundamenta en la obediencia de todos a las leyes y la interiorización de una moral de honor

y timé) que exigía una total entrega a la Patria e incluso aceptar la

reclamaba el eroísmo colectivo y no el arrojo individual, una pelea donde había que resistir pie firme y en la que el escudo, que protege al camarada vecino, era un

ctor esencial. “Vuelve con el escudo o sobre el escudo”, decían al despedir a us hijos las severas madres espartanas –esto es: vuelve victorioso o muerto

ues los muertos en combate eran transportados sobre sus escudos)–.

os hoplitas espartanos, de glorioso prestigio, supieron ser dignos de su fama su Patria en múltiples ocasiones. Frente al inmenso ejército persa, en las

ermópilas (480 a C.) el rey Leónidas pereció ejemplarmente, al frente de sus

escientos espartíatas, peleando hasta el último hombre. Su heroica sistencia permitió organizarse a los espartanos y coaligados para derrotar en

batalla de Platea (479 a C.) a los incontables invasores persas. Al cabo de

arios decenios de gloria, los espartanos sufrieron la derrota de Leuctra (371 a. .), ante las falanges y la caballería de los tebanos acaudillados por paminondas. Esparta no recobraría nunca más su antiguo poder, falta de ombres y sobrada de enemigos. Perduró la sombra de su grandeza pasada,

aracaizante y orgullosa a. C.

(aidós

muerte en defensa del bien común. El heroísmo espartano se enmarca en la

táctica hoplítica, es decir, en los combates bélicos decididos por ejércitos de hoplitas. El hoplita era el combatiente de infantería pesada, que avanza en

formación cerrada, codo con codo con sus camaradas, en densas hileras de lanzas y escudos, al encuentro estrepitoso y frontal con sus enemigos. Iba armado con casco, escudo y lanza, espada, coraza y grebas o canilleras. A diferencia del héroe homérico, el hoplita no se lanza en solitario a un duelo de jabalinas arrojadas, sino que empuja y resiste a pie firme el feroz choque con los hoplitas contrarios. La táctica hoplítica simboliza bien el espíritu combativo de los espartanos, que sobresalían por su marcialidad en este tipo de combate, que requería tanto coraje como disciplina. Era una lucha que

h a fa s (p L y T tr re la v C E h

3- Vivir en Esparta

ir los capaces de ser hoplitas dignos. Hasta los siete años el niño era cuidado por su madre.

an casados, vivían con sus camaradas de armas de la misma edad hasta los treinta años. El entrenamiento de la agogé, la syssitia y las

eto por los mayores y la afición a las frases breves y gudas. Concisión y agudeza eran propias del estilo lacónico.

n este firme esquema educativo no quedaba espacio para el egoísmo, la rítica “negativista” ni la divagación. Así, por ejemplo, según refiere Plutarco en

“Vida de Licurgo”, “la educación se prolongaba hasta la edad adulta. A

adie se le permitía vivir a su capricho, sino que en la ciudad, como en un campamento, observando un método de vida ya establecido, entregados a los asuntos públicos, y, en suma, conven idos de que no se pertenecían a sí

mismos, sino a la Patria, pasaban mpo cuidando a los niños y

enseñándoles cualquier cosa honesta, o aprendiendo ellos mismos de los ancianos” (24, I)

El buen ord mientras la

economía consegu eal. Tales rasgos

eran algo que un ógica ateniense,

como Platón, encontraba admirable y s gerente para planear en su Política el ideal de una República.

A

Licurgo se le considera el instaurador del singular sistema de educación que caracterizaba a los espartanos. A diferencia de las otras polis griegas, allí la educación (agogé), corría a cargo de la polis y era obligatoria y colectiva. Ya desde su nacimiento, los ancianos de la tribu paterna debían examinar al recién nacido, que, si era muy enclenque o padecía graves defectos, debía ser arrojado por el precipicio del monte Taigetos. Sólo debían viv

Luego quedaría a cargo de la comunidad, que lo preparaba mediante la agogé para convertirse en uno de los “iguales”. Los niños convivían agrupados por edades bajo la dirección de un paidónomo, y se les enseñaba a soportar todo tipo de penurias y a entrar en la adolescencia mediante una iniciación particular. Esta consistía en una temporada de vida al margen de la comunidad, salvaje, la krypteía, con duros ritos religiosos que ponían a prueba su capacidad de soportar y superar el dolor.

Inclusive si estab

actividades de la milicia y la guerra imponían una vida colectiva que no dejaba espacio para la divagación y las artes, pero favorecía las diferentes formas de atletismo y gimnasia y la caza. La mujer espartana tenía mayor libertad que la ateniense y participaba de los ejercicios gimnásticos. Rasgos del carácter

lacedemonio eran su resp

a E c la n c el tie

en social y la unidad cívica quedaban garantizados, ía mantenerse al nivel fundamental de lo r filósofo desengañado por la deriva demag

RACIAL

I

- Los precursores - La teosofía

- La Ariosofía de Guido Von List

- La Teozoología de Jorg Lanz Von Liebenfels - La cuestión racial

- El problema judío

- La gnosis de los arios y el judío del Demiurgo

- El marxismo, la “rebelión de los esclavos” y la conspiración

mundialista - El caso Einstein

0- Nietzsche. El profeta del eterno retorno

1- Cristo y la redención de la humanidad. La alquimia racial.

CUESTIÓN MÍSTICA Y

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