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5.   Application of the CAH Framework to the situation of the Rohingya 36

5.5. Concluding observations 52

La institución eclesiástica, tiene en su proceso de evangelización, el antecedente de la educación popular como sentido de unidad e identidad. Tras siglos de cristianización, la Iglesia católica, fue afinando las estrategias de la trasmisión del conocimiento aunque no así de las primeras letras, conocía las formas de mantener a un público cautivo lo que le permitió tener capacidad de convocatoria.

Durante la Edad Media, el conocimiento de las primeras letras se restringía a un sector selecto de la población. El conocimiento se transmitía de padres a hijos o porque las familias contrataban con ayas y preceptores que enseñaban las primeras letras, la educación se circunscribía a espacios domésticos. En la Europa occidental las universidades católicas fueron centros de estudios avanzados para los interesados de la extensión de su

conocimiento, sólo privilegio para un pequeño sector de la sociedad. Con la Ilustración, la educación se empezó a reconocer como un derecho al que debían acceder las clases

mayoritarias esto abrió un campo de acción para la iglesia que lo retomó como su derecho a

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educar. Entonces entre el siglo XVII y XVIII aparecieron nuevas congregaciones religiosas que ya no tenían como fin cuidar a los pobres, ni los ancianos, ni los huérfanos ni los enfermos, o la vida contemplativa en los claustros; sino aparecieron órdenes que estaban interesadas en atender la educación de los niños tanto de pobres como de los ricos. Torres Septién menciona en su libreo que la Iglesia encontró la justificación de involucrarse en la educación en la Biblia: “Por tanto, id, y enseñad a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”139. Ante los nuevos conocimientos científicos que surgían y con la facilidad de su

difusión –con el perfeccionamiento de la imprenta-, la Iglesia consideró de vital importancia involucrarse en la formación tanto de las ciencias, artes y los oficios; afirmaba que la

educación impartida por los clérigos y religiosas no sólo era en los ámbitos de la moral sino también en lo intelectual, de esta manera garantizaba su predominio en la sociedad.

“La Iglesia también se adjudicaba el derecho de vigilar toda la educación de sus fieles, en cualquier tipo de institución, ya fuera pública o privada, y no sólo respecto a la educación religiosa, sino de cualquier tipo que se impartiera”140.

Ante el aumento del poder del Estado sobre la población, en la encíclica Divini illiuis magistri, el Papa XI responsabilizaba a los padres de familia de ser los primeros en vigilar que la educación que recibían sus hijos fuera apegada a las normas y costumbre de la religión, pues la Iglesia les otorgaba ese derecho.

En este escenario, las primeras experiencias de educar a la población de manera mayoritaria, se dio en los atrios de las iglesias con la intención de dar las primeras letras básicas para la formación de los feligreses tal como se hacía con la catequesis. En el siglo XIX, durante la Revolución Industrial, el Estado reconoció la necesidad de educar a la población para tener una mano de obra más calificada en el manejo de las nuevas formas de reproducción. El Estado mexicano no contaba con los recursos ni la infraestructura para responder a los compromisos asumidos en la Constitución de 1857, por lo que la idea de que la iglesia se

139 San Mateo, 28:19-20 140 (Torres, 1997, págs. 38-39)

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hiciera cargo del proceso de impartir educación pública a la mayoría de la población, dice Valentina Torres, resultaba de lo más natural, pues tenía los medios y la experiencia forjada en siglos de evangelización. La lucha por la hegemonía del poder representada en la separación de la iglesia y el Estado, dio como consecuencia que a pesar de delegar la educación pública a la iglesia, las autoridades tuvieron como propósito vigilar y regular la educación privada para que se impartiera dentro del marco de una cultura cívica que fortaleciera la legitimidad del gobierno141.

En el México independiente, la Iglesia diferenciaba claramente la educación que impartía a las clases más desfavorecidas con la formación de escuelas pías dirigidas a los niños de la población en general 142, su financiamiento era por donativos y un escaso presupuesto

gubernamental. No se negaba el acceso por ninguna circunstancia y los alumnos asistían por unas horas; por otra parte las escuelas dirigidas por congregaciones para las clases más privilegiadas, contaban con una construcción más acondicionada para el propósito y tenían la función de ser además pensionados o internados para niñas o niños según el caso143; además

no sólo se impartían las primeras letras, sino se preparaba para la función que debían desempeñar, ya fuera amas de casa, esposas o religiosas en el caso de las niñas y para los varones a ingresar al nivel medio superior, al seminario o a dirigir la empresa, negocio o el manejo de las tierras familiares. En esta época, la Guerra de Independencia primero y la Guerra de Reforma posteriormente, había dejado al gobierno sin presupuesto, por lo que brindó cierta autonomía a los colegios privados para compensar la falta de escuelas y maestros.

En su intento de restringir la influencia de la Iglesia, afirma Torres Septién, el gobierno en turno hacía esfuerzos por fomentar la creación de escuelas pertenecientes al ayuntamiento144.

Garza Cavazos sostiene que el gobierno de “Antonio López de Santa Anna concedió a la compañía Lancasteriana la organización educativa nacional”. Esta propuesta educativa fue

141 (Torres, 1997, pág. 29) 142 (Torres, 1997, pág. 30)

143 En la encíclica Divini illius magistri el Papa condenaba como erro la coeducación, esto significaba la

educación simultanea de niños y niñas, por lo que era fundamental la separación. (Torres, 1997, pág. 39)

144 E la o stitu ió estatal de dio a los u i ipios la espo sa ilidad de esta le e es uelas

estimular la educación con un Programa General de Enseñanza: a leer, escribir, contar, el catecismo y una eve e pli a ió de las o liga io es iviles . (Garza Cavazos, 2001, pág. 15)

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una iniciativa de un pequeño grupo de filántropos mexicanos que en 1822 fundaron la Compañía Lancasteriana, para promover la educación entre las clases más pobres. Poco a poco la manera de contrarrestar el poder de la Iglesia fue fortaleciendo las escuelas del ayuntamiento; así, gradualmente las escuelas de la Iglesia fueron transformándose en escuelas privadas.

Durante el porfiriato, Garza Cavazos atestigua que, Justo Sierra emprendió una política educativa que rompió con la enseñanza escolástica y utilitarista, esto muy a pesar de las carencias de los recursos con los que contaba. Durante este periodo el presidente Porfirio Díaz impulsaba el desarrollo del país a partir de la inversión extranjero, la urbanización y el comercio, pero la educación de las masa no estaba incluida en sus planes, pues designaba un presupuesto muy bajo que no permitía el avance alfabetizador principalmente en las zonas rurales. A pesar de los escasos recursos con los que contaba, Sierra se esforzaba por promover “una educación integral, nacionalista, promotora del amor a la patria mexicana como transmisor del conocimiento”145.

Aunque en momentos de la historia de México, como la época de la Reforma en el siglo XIX y la educación socialista en la época de Calles y Lázaro Cárdenas, la educación privada pudo esquivar la vigilancia estatal, y ser un lugar de oposición fuerte contra las políticas oficiales de su momento, como un intento de mantener su hegemonía frente al poder del Estado. La independencia económica y el apoyo de las clases altas, provocó que las escuelas privadas se multiplicaran, los hijos e hijas de los políticos, empresarios y la élite intelectual asistían a este tipo de instituciones; el apoyo de los padres de familia permitió que estos colegios se franquearán las restricciones impuestas por las leyes mexicanas.

145 El es aso i te és del go ie o fede al po la p o o ió edu ativa popula la a e ia de u a efi ie te

coordinación escolar, motivaron algunos Estados actuar por cuenta propia y tomar la dirección educativa de sus zo as, p ospe a do u a e seña za ta hete ogé ea o o la is a a ió . (Garza Cavazos, 2001, pág. 25 y 26)

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4.3 La consolidación de la educación confesional católica durante el porfiriato

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