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interesante. Cuando tú tienes dos posibilidades diferentes y contradictorias de explicar algo, la mayoría de las personas supone que si una explicación es correcta la otra debe ser errónea. Por ejemplo, cuando resuelves la ecuación 2 + x = 5, sólo hay una respuesta correcta, cualquier otra cosa diferente a 3 es incorrecta. Si tienes la costumbre de aplicar este estricto enfoque matemático a todo, las formas diferentes de ver la historia de la vida de Buda pueden hacerte sentir incómodo. “Sólo una de esas interpretaciones puede ser correcta”, puedes insistir en decir. “Si realmente es un Buda, o bien alcanzó la iluminación durante su vida como príncipe indio o bien lo hizo antes. Si una respuesta es correcta, la otra debe ser errónea. ¿Entonces cuál es la buena?”

Los maestros budistas que hemos conocido no parecen sentirse incómodos en absoluto ante estas diferentes explicaciones del mismo suceso, aunque no queremos insinuar con ello que sean descuidados con la verdad. Una gran parte de su preparación implica la investigación penetrante e inteligente de la naturaleza de la realidad, así que su pensamiento no es nada confuso. Pero aceptan que el valor de una explicación particular depende en gran medida de a quién esté destinada esa explicación. Como las personas tienen actitudes e inclinaciones tan diferentes unas de otras, la explicación idónea para una persona puede no resultarle particularmente útil a otra.

En una ocasión, hace muchos años, Landaw tuvo la oportunidad de mantener una entrevista privada con el dalái lama y de poder hacerle algunas preguntas (para más información sobre esta persona extraordinaria, consulta el capítulo 15). Durante la entrevista, el dalái lama trajo a colación el nombre de Tsongkhapa, un gran maestro tibetano, nacido hace más de 600 años, que había sido el maestro del primer dalái lama. Los dalái lamas sucesivos han tenido siempre un gran respeto y devoción por este maestro; el dalái lama actual (el decimocuarto de su linaje) no es una excepción.

En general, los tibetanos sienten un gran respeto por Tsongkhapa y lo consideran un Buda plenamente iluminado. Lo creen una manifestación humana de M anjusri, el Buda que encarna la sabiduría de todos los seres iluminados. Pero en esta ocasión, el dalái lama dijo (por lo que recuerda Landaw): “Prefiero pensar en Tsongkhapa como un ser humano normal que, por medio de un gran esfuerzo, fue capaz de completar el camino espiritual en su vida. Encuentro esta forma de pensar en él más inspiradora que creer que ya nació iluminado”.

Figura 3-2: Nacimiento en los jardines de Lumbini

La reina despertó inmediatamente, y su cuerpo y su mente estaban llenos de una felicidad mucho mayor de la que nunca había experimentado. Todos los sabios de la corte reconocieron este sueño como una señal de que la reina estaba embarazada de un niño especial que algún día se convertiría en un gran líder.

Hacia el final de su embarazo, la reina abandonó el palacio de su esposo en la ciudad capital de Kapilavastu y, con su séquito, se dirigió a casa de sus padres para dar a luz, una costumbre que, en muchos lugares de la India, aún siguen las madres encintas. Cuando pasaban por los hermosos jardines de Lumbini, la reina se dio cuenta de que iba a dar a luz en cualquier momento. Así que entró en los jardines y apoyada en la rama de un árbol, dio a luz a su hijo (véase la figura 3-2).

no te esperarías menos del protagonista de esta historia. Numerosas señales

promisorias acompañaron su nacimiento, y en reconocimiento a esto, su orgulloso padre le puso el nombre de Siddhartha, que significa “aquel a través del cual todo lo maravilloso se logra”.

Poco después del nacimiento de Siddhartha, Asita, un eremita muy respe​tado, llegó inesperadamente a Kapilavastu. Él también había visto las señales de un nacimiento de buen auspicio y se había acercado al hogar real para ver al niño por sí mismo. El rey Shuddhodana saludó a Asita con gran cortesía e hizo traer al niño. Imagínate, entonces, la conmoción y el miedo de los orgullosos padres cuando el viejo eremita estalló en lágrimas después de mirar largamente a su amado hijo.

Pero Asita rápidamente tranquilizó a la pareja real diciéndoles que no había visto nada malo en el niño, ni ninguna señal de que le esperara un desastre en el futuro. ¡Muy al contrario! Asita dijo que el chico mostraba cualidades notables, cualidades que lo harían un gobernante aún más grande que su padre. Y, si Siddhartha llegaba a abandonar la vida real y a convertirse en un buscador de la verdad, sería aún más grande que un mero emperador. ¡Se convertiría en la fuente de guía espiritual para toda la humanidad!

En cuanto a sus lágrimas, dijo Asita, estaba llorando por sí mismo. Toda su vida sólo había querido seguir el camino espiritual. Pero ahora que había conocido a la única persona que podría revelarle este camino, era demasiado tarde. Asita sabía que para cuando Siddhartha tuviera suficiente edad para empezar a enseñar, él ya habría muerto.