Chapter 6: Discussion and Conclusions
6.4 Concluding remarks
Jeanne-Henriette Bruyère, en religión mère Cécile (París, 12 de octubre de 1845-Ryde, Gran Bretaña, 1909), fue una mujer, religiosa, restauradora y abadesa benedictina del siglo XIX. La vida de Jenny Bruyère cambia cuando en 1853 conoce a dom Prosper Guéranger. Desde ese momento adquiere una unión de paternidad espiritual que no dejó de crecer a lo largo de los años que siguieron. Este hombre la marcó profundamente y fue como hemos dicho en el capítulo anterior, restaurador de la vida benedictina en Francia. El abad de Solesmes, siendo una persona inteligente e intuitiva decide ofrecer a la joven un proyecto de refundación de la rama benedictina femenina en Solesmes. Cécile empieza esta aventura en 1866. Es importante anotar el fuerte desencuentro que esto supuso con su padre, un burgués parisino, laico y bastante contrario a todo lo religioso. Tiempo después hace profesión y es nombrada superiora de la comunidad. En 1870 (tenía veinticuatro años) es nombrada abadesa por el papa Pío IX y bendecida por el obispo de Mans.
En 1875, mère Cécile queda por completo al cargo de una comunidad que no dejaba de crecer cada vez más. En 1893 estalló un escándalo que le afectó profundamente, el «affaire Bruyère», que empañó una carrera brillante. Resumidamente se trató de una cuestión de celos y vanidad por parte de algunos monjes, que vieron en la abadesa una feroz contrincante, mucho mejor preparada y espiritualmente mucho más profunda. Se levantó falso testimonio contra ella (acusándola de histérica y de mística) sufriendo un juicio canónico (con visita apostólica incluida). La sentencia fue exculpatoria y todas las acusaciones fueron retiradas.
Durante los más de cuarenta años que duró su gobierno, el éxito de esta fundación monástica femenina fue total, ya que contaba con un centenar de religiosas a finales del siglo XIX.
La abadesa marcha al exilio en 1901, escapando de la República anticlerical, a la isla de Wight en Inglaterra. Ella murió el 18 de marzo de 1909 y hoy sus restos descansan en la abadía de santa Cecilia de Solesmes.
La doctrina espiritual y su pensamiento más profundo encuentran como mentor a su querido padre espiritual dom Guéranger, pero añadiendo un aspecto poco estudiado aunque muy comentado: la inteligencia y la espiritualidad mística de una mujer muy adelantada a su tiempo. Fue una mujer que meditó y practicó la vida benedictina con mucha paciencia y con mucha sabiduría. Este profundo conocimiento de la vida y espiritualidad la llevó a escribir un famoso libro en su época: La vie spirituelle et l’oraison, d’après la Sainte Écriture et la tradition monastique. En esta obra, mère Cécile explica la importancia de la liturgia en la vida religiosa, y explica de forma docta la gracia específica del sacramento del bautismo. Fue una obra que se tradujo a varios idiomas y que aún hoy es actual en sus enseñanzas.
Otro aspecto destacable es la importancia que dio al estudio por parte de sus religiosas. Obligatoriamente debían estudiar latín y teología, y todos los oficios divinos debían de cantarse en gregoriano, cosa nada común en la época. Esto indica el grado de sensibilidad y responsabilidad que sentía hacia sus hermanas, ya que buscaba lo mejor para su formación humana y espiritual. Este aspecto no se nos debe olvidar, ya que en esa época la mujer estaba relegada al hogar, cuidando hijos, y sin ningún tipo de formación. Precisamente, uno de los aspectos destacables de la religión cristiana católica fue el dar a la mujer un puesto en la vida social, siendo igual de importante que el hombre. Como anota la historiadora Lucetta Scaraffia: «el cristianismo es la primera –y la única– religión que ha dado igual valor espiritual a mujeres y hombres, de modo que las primeras pudieron emprender el camino religioso del monacato al igual que los segundos, y hacer también carrera, llegando a ser santas» (2016:27).
6. CONCLUSIÓN
El estudio llevado a cabo nos sitúa en un momento muy especial de la historia de Francia. En la Iglesia francesa del siglo XIX se produjeron grandes cambios y esto supuso un «aggiornamento» en el que las congregaciones y órdenes religiosas femeninas jugaron un papel decisivo. Las religiosas y monjas fueron capaces de adaptarse a los tiempos que estaban viviendo (no sin dificultad, en la mayoría de los casos)
y seguir construyendo una nueva Iglesia, mucho más cercana a las necesidades de la gente y del mundo obrero emergente. El caso de Cécile Bruyère es un buen ejemplo de cómo una serie de mujeres valientes fueron capaces de reconstruir lo destruido y crear nuevos monasterios que buscaban la dignidad de las mujeres, teniendo su espacio de cultura y oración.
Anne-Marie Pelletier, lo expresa de la siguiente manera y con ello concluimos: «C’est ainsi que la vie des chrétiennes au XIXe siècle va se trouver à la croisée du Code civil, avec ses dispositions défavorables aux femmes, et du Concordat, par lequel Napoléon va normaliser, en 1801, les relations de l’État français avec Rome. […] le personnel féminin de l’Église va largement dépasser en nombre de prêtes, frères et quelques réguliers qui feront revivre la vie monastique. D’une façon générale, l’atmosphère religieuse va être marquée d’une forte note féminine, liée en particulier à l’essor du culte marial. On a pu ainsi décrire ce siècle comme celui d’une féminisation du catholicisme» (2001:143).
BIBLIOGRAFÍA
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O’NEILL, C., DOMÍNGUEZ, J.M. (eds.) (2001): Diccionario histórico de la Compañía de Jesús: Biográfico- temático, Ortega Ediciones gráficas, Madrid.
PELLETIER, A.M. (2001): Le christianisme et les femmes, vingt siècles d’histoire, Éditions du Cerf, Paris. PELLETIER, D. (1997): Les catholiques en France depuis 1815, Éditions la Découverte, Paris.
SCARAFFIA, L. (2016): Desde el último banco. Las mujeres en la Iglesia, Ed. PPC, Madrid. SIEYÈS, E.-J. (2002): Qu’est-ce que le Tiers-État?, Éditions du Boucher, Paris.
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