5. Discussions and Implications
5.7 Conclusion
Atendiendo a las premisas epistemológicas que se han venido exponiendo en este capítulo, la configuración que podemos hacer del Cambio Social no puede enmarcarse en las teorías sociológicas más convencionales de la “elección racional utilitarista” y el “individualismo metodológico”, sino que debe encontrar otras aportaciones teóricas (“teorías sustantivas”) que se ajusten al marco epistemológico referido. Ahí es donde las aportaciones de diversos autores pueden sernos útiles, acondicionando las referencias epistemológicas citadas no sólo al análisis de la producción del conocimiento, sino también al proceso del cambio social. Dichos autores referenciales serían, además de Bourdieu, del que ya se han establecido unas referencias, Jürgen Habermas, como exponente de la teoría de la acción comunicativa, y Ulrich Beck por sus reflexiones teóricas acerca de la “sociedad del riesgo” y la “modernización reflexiva”.
Habermas es un autor prolijo y complejo que ha ido modificando/complejizando su “programa de investigación”. De esa extensa producción científica, tres obras nos parecen referentes obligados o hitos; “conocimiento e interés”, “la reconstrucción del materialismo histórico”, y “teoría de la acción comunicativa”, cronológicamente expuestas17.
En “Conocimiento e Interés” Habermas propone que existen tres formas de interés cognitivo que a su vez proporcionan tres formas diferentes de acción social: el interés técnico, el interés práctico y el interés emancipativo (que sería la síntesis de los dos primeros, en base a la unidad dialéctica que suponen en lo concreto de la práctica real). Cada una de estas formas de interés cognitivo concretadas en acciones, da lugar a tres dimensiones de la existencia social humana:
ahistórica al conocimiento, y desvinculada de la práctica empírica. Ver el artículo-recensión de Schnettler (2002) “Constructivismo Social, Hermenéutica y Sociología del Conocimiento”.
16 Berger y Luckmann en una obra posterior (1997) han dirigido sus preocupaciones hacia un campo concreto donde puede actuar esta reflexividad. Así, desde este constructivismo sociológico apuestan, como lo hacen Bourdieu, Giddens, Beck, Alonso y otros autores que abordaremos en esta investigación, por la revinculación de las personas y grupos, potenciando “espacios” de interacción donde se puedan construir nuevas estructuras y mediaciones sociales, y oportunidades para un cambio social que desde nuestro posicionamiento consideramos “autocentrado”. Para ello ubican esa revinculación en grupos sociales secundarios (como asociaciones), que permitirían, según los autores, una vertebración “más humana” de las sociedades contemporáneas. 17 HABERMAS 1970, 1983 y 1987, respectivamente.
el trabajo, la interacción humana y el poder, respectivamente18. Para superar el hecho de reposar la acción social en una visión monológica de la acción social (basada en la racionalidad individualizada del “sujeto autoconsciente” como unidad ontológica fundamental), Habermas propuso un modelo que combinase “estructura y agencia”, analizando la sociedad como dos formas de racionalidad que están en juego simultáneamente: la racionalidad sustantiva del “mundo de la vida” y la racionalidad formal del “Sistema”19. Donde “el mundo de la vida” representa una perspectiva interna, el punto de vista de los actores que actúan en y sobre la sociedad, y requiere una aproximación, una racionalidad, hermenéutica implicativa para el investigador (perspectiva “emic” en términos antropológicos).
Es en el contexto del “mundo de la vida” donde cobra sentido la propuesta que hace el autor acerca de la acción social como “acción comunicativa”, que es la que nos servirá como una referencia importante para la configuración de las acciones promotoras del desarrollo territorial, desde el modelo que aquí se adoptará bajo el paradigma de la Sustentabilidad. Este mundo de la vida se convierte en el escenario para el rol “constructivo” de los sujetos, que en sus relaciones de intersubjetividad construyen la realidad social. Es dicha acción comunicativa la que permite la interacción de los sujetos en una acción colectiva que transforma la organización social, “el Sistema”; es decir se trata de un proceso dialógico comunicativo y reflexivo que asume unos contextos socioculturales que construyen y reconstruyen los actores sociales en su interacción y que transforma los sistemas sociales: “<<El trasfondo del mundo vital>>: La acción comunicativa
puede entenderse como un proceso circular en el que el actor es dos cosas a la vez; es el <<iniciador>> que domina situaciones con acciones de las que es responsable; y, al propio tiempo, es el <<producto>> de tradiciones en las que se encuentra, de grupos solidarios, a los que pertenece y de procesos de socialización, dentro de los cuales crece” (HABERMAS, 1985:
159)20.
18 De hecho el propio título de la obra, “Conocimiento e Interés”, parece querer dejar claro ese rechazo a la objetividad. Incorpora así mismo en esta obra una visión muy pertinente Habermas, que retomaremos más adelante. Es la que utiliza para referirse a las limitaciones que para la investigación, y para la propia acción emancipadora de la población, puede tener el conjunto de tradiciones, usos y estilos que están “cristalizados” en una comunidad social dada. Esto, que Habermas considera “inercias sociales” dentro del “mundo de la vida”, Bourdieu lo identifica, quizá más acertada y detalladamente, como el “habitus” (más adelante se abordará el análisis de esta categoría y la teoría en la que va inserta).
19 El “sistema” representaría la perspectiva “externa”, la estructura sistémica formal o analítica (que utilizaría una racionalidad instrumental). Este “sistema” tiene sus raíces en el mundo de la vida, pero desarrolla sus propias estructuras (judicatura, Estado,…), que en la medida que están regidas por la racionalidad instrumental, generan una tensión creciente con el mundo de la vida, dado que su evolución compleja las va “autonomizando” (burocratizando podríamos decir, en términos Weberianos), llegando a suponer limitaciones muy importantes a los procesos de acción comunicativa, que son los que se desarrollan en el “mundo de la vida”.
20 Según Habermas, este “mundo de la vida” tendría tres componentes; cultura, sociedad y personalidad. Se trataría de un acervo de patrones de interpretación y comportamiento, transmitidos culturalmente y organizados lingüísticamente. En realidad el concepto fue en parte ya esbozado por Alfred Schutz (1964) al hablarnos del “mundo de la vida cotidiana y del sentido común”, y puede ser interpretado como “los mundos de la vida”, al referirse a los distintos campos o ámbitos de la vida cotidiana. Nos
Para entender la propuesta que aquí se hace acerca de los procesos participativos que dan lugar al desarrollo territorial, la acción comunicativa descrita es un buen instrumento teórico para enmarcar esas metodologías. De hecho, la acción comunicativa propuesta por Habermas tiene como otra de las categorías referenciales la del “consenso razonable”. Habermas aporta este concepto para operativizar la acción comunicativa desde el plano de la transformación del sistema social, asimilando tal categoría de “consenso razonable” con el entendimiento entre sujetos: “Entenderse es un proceso de obtención de un acuerdo entre sujetos lingüística e
interactivamente competentes” (HABERMAS, 1987: 368). Por eso en una obra posterior
Habermas (1985: 157) expone que “…llamo acción comunicativa a la situación en la que los
actores aceptan coordinar de modo interno sus planes y alcanzar sus objetivos, únicamente, a condición de que haya o se alcance mediante negociación un <<acuerdo>> sobre la situación y las consecuencias que cabe esperar”. Por tanto, se podría entender por “consenso razonable” el
proceso de acción comunicativa que objetiva, por acuerdo de un grupo o grupos, ciertas premisas o argumentos como “los verdaderos” para un espacio-tiempo concreto. Será “razonable”21 en tanto en cuanto los agentes que intervienen en la acción comunicativa así lo reconozcan, entendiendo los mismos que a través del diálogo y la argumentación se produce entendimiento y se llegan a construir acuerdos, un “consenso”22, que permita “verdades construidas-acordadas colectivamente” y racionalmente argumentadas (dentro de los campos semánticos y reglas lingüísticas que los propios “debatientes” o partícipes del diálogo establecen y acuerdan). Es decir, este tipo de acción comunicativa que persigue un consenso razonable es la que puede servir de referencia para los procesos participativos que se produzcan en las comunidades territoriales con el objetivo de promover actuaciones de desarrollo territorial que atienda sus necesidades. Para que este “consenso razonable” obtenga “validez”, Habermas comenta que se deben dar ciertas condiciones o reglas concretas en la práctica del discurso (condiciones que en su momento se detallarán), lo cual produce una reglamentación de la acción social, comunicativa y dialógica, que permite caracterizar esta propuesta como enmarcada en una Razón Práctica, entendida como “Razón Pragmática del discurso”, caracterizada por su
parece que la propuesta de Bourdieu (1991, 1999, 2002) adaptó este concepto a sus teorizaciones quizá de una forma más operativa, como ya hemos comentado, con el concepto de “habitus” y el de “campo”.
21 Se entiende que “lo razonable” es diferente a “lo racional”, puesto que este último término habitualmente se usa para desacreditar otras argumentaciones contrarias declaradas “iracionales”, mediante un intento de enmascaramiento epistemológico de los intereses que subyacen en la propuesta lógica que pretende mostrarse como verdadera sin someterse al consenso de una comunidad dada (la científica por ejemplo, o una comunidad territorial concreta).
22 Interpretamos que el término consenso aquí, no debe ajustarse a una visión desde la “sociología del consenso”, es decir desde el rechazo o negación del conflicto y ni siquiera desde la perspectiva de considerar el conflicto como algo negativo “per se”. Más bien, tal como hace el modelo transformativo de mediación social (FOLGER 2000), habría que distinguir entre “el Conflicto”, y la “interacción conflictiva”, de tal forma que el “consenso razonable” sería de aplicación no para negar el conflicto, sino para reconducir y transformar las interacciones conflictivas en un sentido emancipatorio, a través de lo que podemos entender como una “intersubjetividad instituyente”.
componente dialógico-hermenéutico y emancipatorio o de autodeterminación (que se opondría a la Razón Instrumental de las acciones orientadas al éxito o interés, que son de tipo monológico y restringen el campo de decisiones de las personas a “limitaciones técnicas” –que ocultan intereses de algún grupo-).
Así, entendiendo que la acción comunicativa está orientada al entendimiento, Habermas intenta romper con la lógica de la acción social individualista, y por ende nos introduce en una de las cuestiones centrales en esta Tesis Doctoral, como es la de los mecanismos por los cuales generar praxis que promuevan desarrollo23, superando las restricciones de la ideología dominante inserta en la globalización capitalista. Este mecanismo-praxis sería la acción comunicativa, que podemos circunscribir con el siguiente texto de Habermas sobre el entendimiento y el acuerdo: (1987: 368-369)
“Un acuerdo alcanzado comunicativamente, o un acuerdo supuesto en común en la
acción comunicativa, es un acuerdo proposicionalmente diferenciado. Merced a esta estructura lingüística, no puede ser sólo inducido por un influjo ejercido desde fuera, sino que tiene que ser aceptado como válido por los participantes. En este sentido se distingue de una coincidencia puramente <<fáctica>>. Los procesos de entendimiento tienen como meta un acuerdo que satisfaga las condiciones de un asentimiento, racionalmente motivado, al contenido de una emisión. Un acuerdo alcanzado comunicativamente tiene que tener una base racional; es decir no puede venir impuesto por ninguna de las partes, ya sea instrumentalmente… ya sea estratégicamente… El acuerdo se basa en <<convicciones>> comunes. El acto de habla de un actor sólo puede tener éxito si el otro acepta la oferta que ese acto de habla entraña, tomando postura (siquiera sea implícitamente) con un sí o con un no, frente a una pretensión de validez que en un principio es susceptible de crítica”.
La praxis de la acción comunicativa humana está circunscrita a una situación histórica concreta, enraizada en el devenir histórico y en el conflicto de intereses que subyace tras el mismo (en un contexto de pugna entre ideologías que mediatiza o condiciona dicha acción, pero no la determina mecanicistamente)24. Así, sin un destino prefijado pero con la potencialidad del logro de la emancipación humana, Habermas propone que la Ciencia sea un instrumento al servicio de
23 Para la conceptualización de Desarrollo Territorial que se defiende aquí, y que tiene en la atención de las necesidades humanas, socialmente construidas y atendidas, su eje central, consideramos que los acuerdos que promueve la acción comunicativa, funcionan al modo de lo que Manuel Montañés (2007) identifica como “compatibilización de necesidades”. 24 Algunas propuestas de Habermas nos llevarían a distinguir ese reconocimiento del conflicto ideológico permanente para según que ámbito. Así, en lo que se refiere a la acción comunicativa en algunas ocasiones da la impresión de que propone que la pugna
la ciudadanía y de unos determinados valores universales, para lo cual se tendría que dotar de una ética, una “ética ideológica”, entendiéndola en los términos que expone Althusser; es decir que no sería la de la comunidad científica, sino la de la generalidad, la de las “necesidades humanas” construidas/definidas por las propias personas en procesos participativos dialógicos. De esta manera aporta una “revisión o reconstrucción” del materialismo histórico, desposeyendo al proceso histórico de todo determinismo (que asocia con planteamientos abstractos del “marxismo ortodoxo”), y configurando como sujeto histórico fundamental al conjunto de la humanidad y no a la clase obrera, abandonando la idea de ningún sujeto emancipador “per se”. Además de las coincidencias y reincidencias en los aspectos ya aportados al exponer la Reflexividad, las propuestas de Habermas tienen una aplicabilidad concreta para este trabajo de Tesis25: las acciones para promover el desarrollo en el territorio sólo pueden ser acciones sociales comunicativas basadas en el diálogo permanente (“la acción dialógica”) entre los actores de dicho territorio. Ese diálogo requiere la reflexión práxica sobre las condiciones y reglas del propio diálogo (los procedimientos, metodologías o “planificación procedimental”) y sobre las propias acciones que puede promover para potenciar el desarrollo (“la práctica del desarrollo”).
Desde cierta proximidad con los postulados de Habermas expuestos, otro autor alemán nos introduce conceptos considerados también relevantes para la elaboración de este trabajo. Se trata de los conceptos de “modernización reflexiva” y de “sociedad del riesgo” que propone Ulrich Beck. Así, el autor de la teoría de la “Sociedad del Riesgo” (BECK 1998a) nos sirve para enriquecer las teorías sustantivas que alimentan la perspectiva o paradigma de la Sustentabilidad, aportando una visión epistemológica que se enraíza con una propuesta de “modernidad renovada”.
Sintéticamente expuesto, este autor nos propone ubicar la contemporaneidad de la realidad social en una sociedad del riesgo en donde la tecnociencia y sus supuestos éxitos han desbordado los umbrales de seguridad y control, y el uso de la “razón instrumental” se muestra como causa de al menos tantos problemas como soluciones, tanto para nuestra cotidianeidad como para nuestra configuración social global (sería el “carácter bifronte de la modernidad” del
ideológica sea “dejada de lado” para conseguir un consenso “aproblemático”. En mi opinión esto sería idealista, voluntarista y ahistórico, además de contradictorio con la principal línea de razonamiento.
25 Como nota crítica o de distancia con Habermas, comento que en ocasiones sus planteamientos son interpretables desde una “modernidad idealizante”, en el sentido de que asume que podría haber cierta línea de progreso, teleológicamente entendida, en la acción social. Desde mi punto de vista, como ya se ha venido y se irá mostrando, esta interpretación es inadecuada, puesto que no sólo las evidencias empíricas la cuestionan (y ahí se pueden analizar las evidencias sobre los límites ecológicos), sino que incluso desde el plano de los propios argumentos epistemológicos podría exponerse que contradice el propio planteamiento materialista histórico que el autor asume en alguno de sus textos (ver HABERMAS 1983), cayendo en cierto trascendentalismo.
que nos habla también Giddens 1994). El proceso en concreto lo denomina “modernización reflexiva” (BECK 1997)26, indicando con ello un proceso de cambio social que conlleva por una parte una dinámica de individualización (BECK 2003) de la vida social (realce de las biografías individuales y de las “micronarrativas”, respecto a la incidencia de las estructuras y de las categorías sociales generales en el cambio social y en la cotidianeidad), y por otra (aunque de forma relacionada) la transformación de las relaciones sociales implicadas en la sociedad industrial (dentro de la “modernización simple”), dado el carácter problemático que adoptan ciertos aspectos de este tipo de sociedad predominante desde la revolución industrial y las reformas políticas liberales.
Lo interesante al respecto y de utilidad para esta Tesis doctoral (puesto que se pueden plantear algunas dudas acerca del carácter “plenamente azaroso” y “apolítico” del surgimiento de ciertos componentes de este cambio social) es la “solución” que plantea a esta dinámica social de cambios, desde la óptica de la sociedad del riesgo”; “volver la mirada” a la intersubjetividad comunicativa, puesto que el “desvanecimiento” o la desvinculación de los individuos de las “ataduras” de las estructuras y valores tradicionales de la sociedad industrial (clase social, familia…), abre un espacio para nuevas revinculaciones sociales (BECK 1997: 15). Por tanto Beck desestima la razón instrumental27 inserta en las actuaciones político-económicas institucionales actuales como posible modo de actuación para el cambio social, puesto que mantiene que cuanto más orden “instrumental” se quiere aplicar, más desorden se genera en los cambios sociales y más riesgo se produce (puesto que el mismo, dada su ambivalencia, se “metamorfosea” en distintos ámbitos sociales)28. En este sentido, este planteamiento de Beck
26 Ulrich Beck identifica “modernidad reflexiva” de forma diferenciada a otros autores como por ejemplo Giddens. Para Beck este concepto define la situación de “modernización de la modernidad”, es decir el proceso en virtud del cual el propio “éxito” de la modernidad en los países industrializados occidentales (en términos económicos y de progreso técnico) ha generado una transformación no dirigida, prevista o deseada, de las estructuras y pautas sociales: “<<Modernización reflexiva>> significa la
posibilidad de una (auto)destrucción creativa de toda una época; la de la sociedad industrial. El sujeto de esta destrucción creativa no es la revolución, ni la crisis, sino la victoria de la modernización occidental… modernización reflexiva significa que un cambio de la sociedad industrial que se produce de forma subrepticia y no planeada,… implica lo siguiente: una <<radicalización>> de la modernidad que quiebra las premisas y contornos de la sociedad industrial y que abre vías a una modernidad distinta” (BECK 1997: 14-15).
27 Desde la lógica de la “razón instrumental” las soluciones que se propondrían no harían sino agrandar los problemas, puesto que partiría de un esquema de “sistema cerrado” que “no aprende”. Se trataría de lo que, desde la Teoría de Sistemas, Argyris y Schön (1996) denominan soluciones de “organizaciones de Modelo I”: “...un sistema organizativo de Modelo I es aquel que
responde a los desafíos intensificando precisamente el comportamiento que ocasionó el problema” (GREENWOOD 2007: 101).
28 Por ejemplo, considero que es el caso de la incorporación de la mujer al mercado laboral o de empleo, que tanto viene requiriendo el capitalismo (principalmente en los países centrales) para hacer frente a ciertos tipos de trabajo y para evitar subidas de salarios significativas. Así, aunque en principio se planifica que esta sea una acción positiva, que no sólo sirve a los intereses empresariales sino que permite el desarrollo personal de la mujer y al mismo tiempo genera recursos para ella (incluidos los beneficios sociales de prestaciones de desempleo y jubilación), para las familias y para “la economía en general” (al inducir y permitir más consumo), lo cierto es que ha tenido una serie de consecuencias “negativas” no deseadas, que eran de difícil predicción. Por ejemplo las tensiones intrafamiliares surgidas por la falta de tiempo compartido en familia y con los/as