Lira, como sabéis, es una parroquia del municipio de Carnota. Los pescadores de su cofradía son gente emprendedora y preocupada por su lugar y su profesión. Como referencia hay que decir que han creado la primera reserva marina de Galicia. Dentro de un plan de desarrollo de la comarca se proponía la creación de una nueva lonja, ya que la primitiva era totalmente inadecuada.
Se me pidió una lonja de tamaño reducido y emplazada en el muelle de Portocuvelo, puerto de Lira, ubicado en un paraje de extraordinaria belleza formado por el monte Pindo y el arco de la Playa de Carnota.
Siempre he pensado que un muelle es uno de los ejemplos de arquitectura más rotundos donde su forma expresa con toda claridad su significado. Gran acumulación de masa que resiste los envites del mar y que se transforma en un plano inclinado para establecer la conexión entre dos medios: el agua y la tierra. Ese gran espacio público que es el muelle rechazaba intuitivamente colocar sobre él otra construcción.
Pensé en la lonja como una señal dentro del espacio del muelle que fijaba un lugar de encuentro e intercambio, próximo a los barcos, un mercado. Se pensó en una gran cubierta que lo acogiese. Una gran infraestructura pública ligada al muelle y formando parte de él. Hoy acoge a la lonja, pero cabe pensar que otro día podría acoger otra actividad.
Por su ubicación es visible desde todo el arco de la costa, aunque no quiera hacerse notoria, transformándose en una señal, una referencia. Pero ella a su vez, en sí misma es un mirador de un paisaje muy hermoso.
Para que los turistas que visitan la lonja no entorpezcan el trabajo se proyectó un balcón mirador que al tiempo que permite asistir a la llegada y descarga de los barcos, también permite ver la subasta. Este balcón en los extremos se transforma en un mirador que enlaza visualmente todo el contorno permitiendo ver por encima del muelle, dando la sensación de estar inmersos en el paisaje. El mirador se formaliza como una gran viga en forma de canal, que constituye con la cubierta la definición del proyecto.
La horizontalidad de la construcción subraya la del muelle y la del horizonte. Desde el exterior su presencia lejana es como una mancha blanca que flota encima del muelle. La forma de la cubierta se explica por su estructura buscando el equilibrio del gran voladizo con el contrapeso del otro lado, como una grúa. El resto de la construcción es muy económica, unos muros de bloque de hormigón pintado. Podrían ser otros.
“Cultura y ciudad”
Sabemos que la ciudad es una gran construcción cultural sujeta al proceso continuo de cambio. En cada época representa la sociedad de su momento. Como tan bien nos explicó Lefebvre sus cambios son lentos y a veces dolorosos, las fuerzas de la inercia retardan demandas sociales que ya son manifiestas, coexistiendo en la ciudad referencias muy complejas del pasado vistas con la mirada de hoy. La ciudad se resiste a los cambios.
Algunas imágenes de la ciudad histórica y de la ciudad actual nos recuerdan culturas diferentes que exigen un esfuerzo para entenderlas, lo que supone en cada caso conocer las causas de su origen y los cambios sufridos para llegar a ser lo que son hoy. Es decir, conocer la ciudad es también entender el proceso en que está y ha estado inmersa.
La última imagen pasada es reciente, de Shangai, podría ser un ejemplo de lo que son algunas ciudades actuales con su nueva forma, su nuevo espacio y su nueva arquitectura todo acorde con el nuevo orden económico global de la sociedad actual,
Boceto de la lonja de Lira. Imágenes de la lonja de Lira.
nos pone de manifiesto los profundos cambios existentes directamente ligados a la cultura.
Muchos de los cambios en la ciudad los descubrimos cuando ya están presentes. Nos cuesta entender la ciudad actual porque nuestras referencias son de la ciudad histórica y ya son pasadas, son de otra época.
Las nuevas necesidades que afloran en la ciudad creando conflictos, a veces se confunden con las creadas artificialmente por el mundo del consumo que se apoya en el cambio acelerándolo artificialmente. La proximidad y la novedad dificulta su conocimiento, los juicios de valor dificultan los análisis críticos y racionales.
Pero sabiendo que nada es ineludible, conscientes de nuestra capacidad de cambio, se insiste en entender el proyecto como un instrumento generador de cambio, como ya he dicho al hablar de la acción sobre la naturaleza. Cambio que debemos controlar hacia lo que entendemos como una acción de mejora social y de la vida del individuo, de su enriquecimiento, volviendo a él como destinatario y usuario de nuestra arquitectura. Pensando que con un funcionamiento más creativo y más idóneo de los espacios que creamos para satisfacer necesidades y con la emoción transmitida y provocada, podemos hacer que el individuo viva mejor y se sienta más libre.