El triunfo de los sindicatos agudizó aún más la crisis política. El gobierno estaba condicionado por los jefes de la CGT y ya no contaba con los apoyos políticos y so ciales como para retom ar la iniciativa. El nuevo ministro de Economía, Antonio Ca ñero, y el m inistro de Trabajo, Carlos Ruc k au f— abogado vinculado con la dirigen cia de la UOM— , intentaron, sin éxito, restablecer una tregua entre obreros y em presarios.
Los sectores capitalistas nucleados en la APEGE hostigaron al gobierno suspen diendo las exportaciones de carne y m u chos empresarios integrantes de la CGE — que había sido desplazada de los pues tos de decisión— adoptaron una actitud opositora. Un gobierno que no era capaz de controlarlos conflictos sociales, sujeto
a las presiones de la CGT y con u n futuro electoral incierto resulta ba poco confiable para los hombres de negocios.
La multiplicación de acciones violentas incrementó los temores de los sectores m ás conservadores y fue alejando a los más moderados de toda participación política. Para una gran parte de la sociedad, las acciones violentas constituían una guerra entre grupos armados en la que no se sentía incluida ni representada. Las organizaciones re volucionarias se fueron aislando progresivamente del conjunto de la sociedad y reforzaron sus tendencias militaristas.
El últim o intento de Isabel para m antenerse en el gobierno fue profundizar la política económica y la acción represiva que reclama ban los grandes empresarios y los militares, preocupados por la fal ta de orden y autoridad.
Para cum plir el primero de los objetivos, designó m inistro de Eco nom ía a Emilio Mondelli, quien estableció aumentos de tarifas de los servicios públicos, u n a fuerte devaluación del peso y u n leve au mento de salarios. Se trataba de u n plan que redistribuía los ingre sos de m anera regresiva y beneficiaba a los sectores agroexportado- res tradicionales.
112 HISTORIA ARGENTINA | 1955-1976
LAS VO CES DE LOS C O N T EM P O R Á N EO S
La situación política d u ra n te
los m eses previos al g o lp e cívico m ilitar d e 1976.
Página 123.
Documentos 34,35 y 36.
El "Operativo Independencia"
Desde 1974, el ERP comenzó a realizar operativos de guerrilla rural en las provinciasdelnoroeste.Su plan era crear un "foco revolucionario" en el monte tucumano. Para impedir la expansión del núcleo guerrillero y cortar todo vínculo entre el ERP y la población local, el Ejército — autorizado por un decreto del Poder Ejecutivo— imple- ; mentó el Operativo
Independencia y tendió un cerco a la guerrilla. La notable superioridad logística y operativa del Ejército logró diezmar en pocos meses al reducido grupo de combatientes del ERP.
En septiembre y octubre de 1975, el gobierno nacional estuvo interinamente a cargo delsenador justicialis- j ta ítalo A. Luder (Isabel dejó el cargo transitoriamente por problemas de salud). Luder, presionado por los militares, dictó un decreto que ordenaba "ejecutar las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a efectos de aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país". *| |
EL avance del discurso golpista
Para satisfacer los reclamos de orden y seguridad, el gobierno otor gó a las Fuerzas Arm adas u n papel cada vez más im portante en la “lucha antisubversiva”. De este modo, suponía el gobierno, los m i litares se conform arían y aceptarían continuar subordinados a las autoridades constitucionales.
La noche del 23 de diciembre de 1975, el Ejército Revolucionario del Pueblo atacó el Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno en Mon te Chingolo, en el Gran Buenos Aires. Los atacantes fracasaron en su intento de copar el cuartel y quedaron desarticulados como con secuencia de las bajas sufridas.
Al día siguiente, aprovechando el fuerte impacto que causó en la opinión pública el sangriento episodio, el general Jorge Rafael Vi- dela — entonces jefe del Ejército— pronunció u n discurso que anti cipó las ideas con las que unos meses más tarde se justificaría el golpe cívico militar. Videla señaló: “Tenga presente el Ejército y com préndalo bien la Nación: la delincuencia subversiva, si bien se nutre de una falsa ideología, actúa favorecida por el amparo que le brinda u na pasividad cómplice. Ante esta dura realidad que aceptamos con patriotism o y espíritu de servicio, m iram os consternados a nuestro alrededor y observamos con pena, pero con la sana rabia del verda dero soldado, las incongruentes dificultades en las que se debate el país, sin avizorarse soluciones. Frente a esta tiniebla, la hora del despertar del pue blo argentino ha lle gado. La paz no solo se ruega, la felicidad no solo se espera, sino que también se gana”.
En e l m a r c o d e l " O p e r a tiv o In d e p e n d e n c ia " e n e l m o n t e t u c u m a n o s e p r o d u je r o n c r u e n to s c o m b a t e s e n tr e g u e r r ille r o s d e l ERP y t r o p a s d e l E jérc ito al m a n d o d e l g e n e r a l A n t o n io D o m in g o B u s si. D e s p u é s d e l g o l p e d e 1976, V id e la d e s ig n ó a B u ssi c o m o g o b e r n a d o r d e T u c u m á n .
CAP. 3 | EL RETORNO DEL PERONISMO (1973-1976) 113
La caída de Isabel
Sin embargo, todas aquellas concesiones no hicieron más que de m ostrar a los grandes empresarios y a los militares que el gobierno de Isabel no estaba en condiciones de asegurar sus intereses en el marco de u n orden político estable.
La desarticulación de la alianza social peronista, la pérdida de identidad política y el descrédito del gobierno favorecieron la for m ación de u n frente golpista. Fueron inútiles los llamados a la “verticalidad” que realizaron algunos sectores peronistas ortodoxos cercanos a la presidente, invocando su carácter de “heredera” del liderazgo de Perón.
La casi totalidad de los sectores capitalistas y de las Fuerzas Ar madas consideraron necesario asum ir el control de la situación an tes que sostener u n gobierno que se mostraba incapaz de detener los conflictos sociales. El tem or de que la crisis política favoreciera una radicalización de las luchas sociales precipitó el golpe militar. El 16 de febrero de 1976 la APEGE realizó u n lock-out patronal — una huelga de em presarios— , al que se plegó una gran parte de los industriales que se habían integrado a la CGE.
El reclamo de orden se extendió a vastos sectores de las clases medias, quienes brindaron u n implícito consenso a la intervención militar. La pasividad de la CGT, la incapacidad de los partidos polí ticos para articular u n frente sólido ante los golpistas y u n a opinión pública preparada por los medios de comunicación que anunciaban sem analm ente la inm inencia del golpe m ilitar fueron u n marco propicio para que el 24 de m arzo de 1976 las Fuerzas Armadas in terrum pieran el ciclo constitucional e instauraran u n a dictadura.
La p r e s i d e n t e j u n t o c o n e l j e f e d e l E jército , J o r g e R. V id e la , y e l d e la M a rin a , E m ilio E. M a s s e ra , p o c o a n te s d e l g o l p e d e E sta d o . El 1 0 d e m a r z o d e 19 7 6 , Is a b e l p r e s id ió u n a c t o e n la CGT, j u n t o c o n e l j e f e d e la U O M L o r e n z o M ig u e l y C a s ild o H e rre ra s. La p o s ic ió n d e lo s d ir ig e n te s d e la b u r o c r a c ia s in d ic a l fr e n t e al a n u n c ia d o e i n m i n e n t e g o lp e d e E s ta d o q u e d ó s i m b o l i z a d a e n la a c t i t u d d e l s e c r e ta r io g e n e r a l d e la CGT. U n d ía a n t e s d e l g o lp e , H e rr e r a s v ia jó a U ru g u a y , y a n t e (as p r e g u n ta s d e l p e r i o d i s m o s o b r e lo s m o tiv o s d e s u v ia je , e x p r e s ó s i n té tic a m e n te : “Yo m e b orré".
LAS V O C ES DE LOS C O N T E M P O R Á N E O S D O C U M E N T O