• No results found

Una de las primeras medidas que tomó la Dirección Nacional del FSLN, después del triunfo militar sobre la dictadura, fue el desarme de las milicias populares que habían nacido al calor de la insurrección. Algunos milicianos entregaron sus armas, otros opusieron resistencia pero al fi nal la mayoría terminó desarmándose e incorporándose a las nuevas instituciones armadas creadas por la

Junta de Gobierno, como fueron el Ejército Popular Sandinista

(EPS) y la Policía Sandinista (PS)26. El desarme de las milicias

fue la primera gran batalla que la Dirección Nacional del FSLN le ganó a los partidos de izquierda.

En ese período existió una embrionaria “dualidad de poderes” cuya máxima expresión fueron las milicias populares en los barrios y centros de trabajo. La Dirección Nacional del FSLN tuvo desde el inicio la fría estrategia de disolverlas, para convertir al EPS y la PS en los únicos organismos armados del nuevo gobierno. Esta orientación, aplicada desde los primeros días de la revolución, fue confi rmada por la Asamblea de las 72 horas:

“El Ejército Popular Sandinista es la organización armada por excelencia de las masas revolucionarias de Nicaragua. El triunfo de nuestra revolución permite que el Ejército Popular Sandinista fuera reconocido como el Ejército Constitucional de la República. Por ello mismo es misión del FSLN, asegurar la lealtad de sus miembros a la revolución y a la conducción de la vanguardia histórica (...)” 27

En el mismo documento se plantearon las tareas centrales del FSLN a nivel de las nuevas Fuerzas Armadas:

“(…) f) Establecer regiones militares de acuerdo con un criterio estratégico de Defensa Nacional, eliminando el Ejército Urbano- Miliciano. Mantener el orden con la policía en las ciudades y sacar la fuerza hacia puntos estratégicos en el campo o periferia. Prohibir el uso y portación de armas largas de guerra en la ciudad (...)” 28

Como el triunfo sobre el somocismo había sido total, Robelo y Chamorro, los representantes burgueses dentro de la Junta de Gobierno, tuvieron que aceptar que el EPS fuera el Ejército de

26 El Ejército Popular Sandinista (EPS) fue creado el 2 de septiembre de 1979, mediante el Decreto No. 53 publicado en La Gaceta No. 12 de 18 de septiembre de 1979. Inicialmente, la Policía Sandinista, creada el 5 de septiembre de 1979, fue un cuerpo armado bajo la conducción de la Comandancia General del EPS, hasta que fi nalmente pasó a formar parte del Ministerio del Interior.

27 Tesis Políticas y Militares presentadas por la Dirección Nacional del FSLN en la Asamblea de Cuadros “Rigoberto López Pérez, celebrada el 21, 22 y 23 de septiembre de 1979. Departamento de Propaganda y Educación Política (DEPEP), octubre 1979, p. 28

la República. En ese momento, aunque no lograron expresarse nítidamente, existieron dos orientaciones en torno a las nuevas Fuerzas Armadas. La Dirección Nacional del FSLN y la Junta de Gobierno, por un lado, querían construir un ejército regular, de carácter profesional, y una Policía encargada del orden público, como instituciones armadas del nuevo Estado. Y la posición de izquierda, representada por el MAP, la LMR y la BSB, por el otro lado, lucharon para que no se disolvieran las milicias populares y más bien organizar en torno a éstas y a partir de éstas, las nuevas instituciones armadas que, por el carácter revolucionario y anticapitalista que tenían, eran la única garantía de que las masas trabajadoras ejercieran un control sobre estas instituciones y no a la inversa.

La dirección sandinista no sólo desarmó y disolvió esos embrionarios organismos de poder de las masas trabajadoras, sino que subordinó al conjunto de los milicianos que habían entregado sus armas a ese nuevo aparato militar. Las masas trabajadoras no notaron esa diferencia. Los mismos milicianos o combatientes populares eran los soldados del nuevo ejército. A veces hasta miraban ventajas al ingresar a estos organismos, porque tenían salario garantizado y porque conservaban sus armas.

Uno de los principales argumentos utilizados por el FSLN, para lograr el desarme voluntario de los milicianos, fue la urgente necesidad de crear un ejército y una policía centralizados que le hicieran frente a los inminentes ataques de la contrarrevolución. Los milicianos no percibieron que estaban disolviendo sus propios organismos y creando otros nuevos, de naturaleza completamente diferente. Fue un fenómeno imperceptible para las masas. Estas seguían llamando “milicianos” a los nuevos policías o soldados del ejército.

En la época de la insurrección, las columnas guerrilleras terminaron encuadrando políticamente y disciplinando a las milicias populares que fl orecieron como organismos de autodefensa contra la represión de la Guardia Nacional. Los antiguos guerrilleros, con mayor experiencia militar, terminaron siendo los jefes de estas milicias. El proceso de absorción de las milicias, por parte de las columnas guerrilleras, no debe hacernos olvidar la verdadera naturaleza de las milicias populares.

Pero existía una diferencia cualitativa entre las milicias populares y la Policía Sandinista. Las primeras surgieron del enfrentamiento

directo de las masas contra la dictadura, representaban la voluntad de lucha, democráticamente organizada. La segunda, la Policía Sandinista, era una institución al servicio del gobierno de Unidad Nacional con la burguesía, para garantizar la colaboración de clases y la propiedad privada de los capitalistas y terratenientes, con una estructura de mando burocrática, de arriba hacia abajo, en donde no existe la capacidad de elegir democráticamente a sus responsables. En fi n, un organismo que, a como la experiencia lo ha demostrado, su tendencia inevitable era separarse del pueblo, de donde había surgido.

El mismo fenómeno ocurrió con la creación del Ejército Popular

Sandinista (EPS). El FSLN disolvió las columnas guerrilleras

para dar paso a la formación de un ejército regular, centralizado. Esta era, efectivamente, una necesidad militar de la revolución. El problema era cómo organizarlo: a partir de las concepciones burguesas o, por el contrario, dotarlo de un profundo contenido obrero y popular, con estructura democrática. La formación del EPS tuvo la misma evolución que la Policía Sandinista: la creación de una casta de ofi ciales que se terminaría separando no solo del pueblo, de donde había surgido, sino de los soldados de base. La disolución de las milicias populares, embrionarios organismos de poder de las masas, y la creación de la Policía Sandinista y del

Ejército Popular Sandinista, al servicio del gobierno burgués de

Unidad Nacional, fue posible por la combinación de dos factores: por un lado, la represión selectiva de las corrientes revolucionarias que se opusieron al desarme y, por el otro, la enorme credibilidad política que el FSLN había ganado entre las masas.

A pesar de los avances que había logrado la Dirección Nacional del FSLN en la estabilización de la Junta de Gobierno y en la creación de la Policía y el ejército regular, la situación no era nada fácil para el nuevo gobierno. El derrumbe del Estado había provocado una inusitada actividad de las masas trabajadoras, que identifi caban cabalmente el triunfo de la revolución como propio.

Desde su nacimiento, el EPS y la PS fueron las instituciones represivas del nuevo Estado burgués, por su clásica estructura y porque defendían al régimen de propiedad privada contemplado en la “economía mixta”. Este carácter de clase de las nuevas instituciones armadas, era imperceptible para la mayoría de la población que miraba como jefes y ofi ciales a los mismos guerrilleros que habían luchado heroicamente contra la dictadura.

Sin embargo, cuando las fuerzas sociales que la revolución había puesto en movimiento, se rebelaron contra la política económica antiobrera de la Junta de Gobierno, el rol represivo de la Policía pudo notarse en el aplastamiento de las diferentes huelgas. En cambio, la relación del EPS con el movimiento de masas era diferente, porque desde el inicio sirvió para combatir a las bandas que se infi ltraban desde territorio hondureño, convirtiéndose en la fuerza de choque contra la agresión imperialista.

La presencia de asesores militares cubanos, soviéticos y del llamado “campo socialista” confundió a muchos milicianos sobre la naturaleza de clase del EPS. Casi todos creyeron que se construía un ejército similar al Ejército Rojo de la URSS o al Ejército

Rebelde de Cuba. Lo único que se copiaba de esos ejércitos era

la estructura de mando, los privilegios de la ofi cialidad, el control político sobre la tropa, es decir, los rasgos más aberrantes del stalinismo.

Poco a poco se fueron imponiendo los grados militares. Al inicio de la revolución existían solamente grados honorífi cos, como Comandante de Brigada, Comandante Guerrillero, etc. Las responsabilidades y la especialización militar son necesarias en cualquier ejército. El problema es si los grados militares representan privilegios materiales y políticos para la ofi cialidad. Esta es, entre otras, una de las diferencias más importantes entre un ejército burgués y uno proletario.

En el campo, fue donde, quizás, se mantuvieron algunos organismos armados propios de los campesinos organizados en las cooperativas de las zonas de guerra. Las Milicias Territoriales

y las Compañías Permanentes Territoriales (COPETE),

refl ejaron esa voluntad de autodefensa, pero siempre bajo el control de unidades permanentes del EPS. Estas experiencias de autorganización armada del campesinado organizado en cooperativas fueron marginales, si tomamos en cuenta que a partir de 1984 hubo un vuelco masivo del campesinado de las regiones norte y central al ejército Contra.

3.4.- La “dualidad de poderes” se negaba a morir.

Related documents