• No results found

Conclusion and future work

Chapter Seven: General Discussion

7.2. Conclusion and future work

Esto suscita la siguiente gran pregunta: tenía la s o - ciedad inglesa que le daba esa creatividad tecnológica? La res- puesta también es compleja, y m u y discutida. Hemos visto que durante los dos siglos anteriores la sociedad inglesa había desplegado un dinamismo extraordinario. Previamente a las grandes innovaciones tecnológicas, Inglaterra había demos- trado una notabilísima creatividad política: antes de

la hiladora mecánica y la máquina de vapor, Inglaterra había inventado la monarquía constitucional y el sistema parlamen- tario. El sentido común nos dice que tiene que haber algún nexo entre ambos tipos de creatividad. Por una parte, hay algo evidente: la sociedad inglesa en siglo era más libre que ninguna otra en mundo. Tras las guerras, persecuciones y crueldades del siglo que hicieron proclamar a

Hobbes, en que «el hombre es l o b o para el h o m - bre», una amplia tolerancia se impuesto en Inglaterra, que se convirtió en refugio de toda clase de disidentes, en es- pecial protestantes y judíos. La tolerancia no era total, p o r supuesto: los católicos, por ejemplo, han estado privados de derechos políticos en Inglaterra hasta el siglo XX; era, simple- mente, mayor que en el resto del mundo. Igualmente

en mayor libertad económica: el Estado in- terfería menos en la economía. De nuevo hay que advertir que el librecambio no plenamente hasta después de la Revolución Industrial, es decir, a mediados del siglo XIX. Pero, con todo, el mercantilismo vigorosamente de- nunciado por era mucho más matizado que el de sus vecinos europeos, con la excepción de Holanda. Igualmente, la fuerza de los gremios estaba considerablemen- te debilitada, en especial, como hemos visto, en los sectores nuevos.

Pero, con una libertad económica relativa y con una relativa opulencia de los consumidores para garanti- zar una oleada de innovación tecnológica? Evidentemente no.

La es encarnizada. Durante unas décadas casi pare- cía prevalecer la opinión afirmativa: era la que hacía hin- capié en el papel de la demanda. Simplificando un poco, esta teoría nos venía a decir que las innovaciones se producen casi automáticamente cuando se dan los incentivos económicos para ellas. En la Inglaterra del siglo se daban esos incen- tivos por desarrollo del comercio exterior, por el crecimien- to de la población y por la creciente riqueza: el flujo de inno- vaciones se produjo casi inevitablemente. Hay que admitir que alguna evidencia parece apoyar esta tesis, como el hecho de que las innovaciones en el textil se produjeran más o menos al- ternativamente en el tejido y en el hilado, como si aumento de productividad en un proceso innovación en el otro. Sin embargo, hay que repetir que las escaseces y los es-

se han producido muy frecuentemente en la Historia y hasta la del siglo X V I I I no encontraron

esta asombrosa respuesta tecnológica. Alguna explicación, por tanto, tendremos que buscar del lado la oferta.

La respuesta inmediata sido que la sociedad británica no sólo era más libre y desarrollada, sino que tenía un científico y cultural más alto. Pero surgen nuevas objeciones: de un lado, se discute hasta qué punto tuvo la ciencia un pa- pel destacado en la ae del siglo ningu- no de los textiles podía ni remotamente ser consi- derado científico, ni tampoco ninguno de los innovadores siderúrgicos. El propio James Watt, de quien ahora hablare- mos, era en sus comienzos un sabio práctico (constructor instrumentos científicos) más que un investigador de alto ni- vel. Pero esto es cierto sólo a medias: Watt en su madurez se dedicó intensamente a la investigación científica. Sólo en la industria química fueron verdaderos científicos los innovado- res, y en este campo los sabios continentales (como Lavoisier,

o Berthollet) tuvieron tanta o más relevancia que los (como Priestley, Roebuck o En realidad, afirma M o k y r (1994), los grandes descubrimientos científi- cos, especialmente en el área química, se hicieron en la Euro-

III. L A R E V O L U C I Ó N I N D U S T R I A L

pa lo que los ingleses hicieron fue encontrar apli- caciones prácticas a principios desarrollados en otros países y perfeccionar procesos. La cuestión es debatible, porque pue- den aducirse numerosos ejemplos y contraejemplos.

En cuanto a la cultura general de la población, tampoco hay la cultura es muy difícil. Se ha acudido a indicadores de educación, como las tasas de alfabetización, de la calidad de las universidades, etcétera. Ingla- terra, país protestante con un nivel de alfabetización muy su- perior de sin embargo menos al- fabetizado que los países nórdicos, en especial Suecia, que no experimentaron la Revolución Industrial hasta un siglo o siglo y medio más tarde. Se ha puesto de manifiesto, no obstante, que niveles de alfabetización ingleses se veían deprimidos por el gran número de inmigrantes no cualificados, especial- mente irlandeses. Pero también es cierto que el Estado inglés, muy en consonancia con su actitud poco intervencionista, dejó la educación en manos privadas hasta finales del siglo X I X , y que es en Alemania y Francia donde la decidida intervención Estado en la promovió la educación y, sobre todo, la enseñanza superior y la investigación. Se tiende a pen- sar que, al igual que las primeras etapas de la industrialización no precisaron de grandes acumulaciones de capital, tampoco precisaron de grandes dosis de investigación científica. Fue ya un siglo más tarde, a finales siglo X I X , con la llamada II volución Industrial, cuando la ciencia e institucio- nalizada fue decisiva, y en ese punto Inglaterra empezó a la- mentar su relativo descuido en esas materias, descuido que más tarde, ya en el siglo X X , se esforzó por remediar.

C o n todo, como señalaba en ar- tículo pp. 5 6 2 - 5 6 3 ] , «la falta de nexos simples y de- mostrables entre los nuevos descubrimientos de ciencia y las invenciones concretas del siglo no reduce en absolu- to, sin embargo, la importancia de la Revolución Científica en la ecuación que finalmente produjo la Revolución Industrial». En efecto, resulta excesivamente reduccionista y simplista

pretender que los grandes pioneros científicos del siglo tuvieran que ser también los grandes inventores. vere- mos, por otra parte, la máquina de vapor sí tiene una filiación científica m u y clara. Y además, como señala la Revo- lución Científica de la Edad Moderna tuvo que cambiar la actitud general de los hombres inteligentes aunque no fueran científicos, «infundiéndoles confianza en que podía encon- trarse un orden en la naturaleza y en que su conocimiento era la clave resolver los problemas».