Para la Universidad Nacional, la gestión académica es aquella con la cual determinados procesos que son realizados por la institución, sirven de apoyo a “la gestión de actividades, el aumento de las capacidades, la diversificación e innovación de la oferta académica y la divulgación del quehacer académico desde sus diferentes instancias” (UNA, 2016, p.5).
Esto incluye los procesos relacionados con el currículum (su diseño, rediseño, evaluación, mejoramiento, acreditación de carreras), el seguimiento a las personas graduadas, así como la incorporación de las TIC en la actividad docente y académica, el fortalecimiento de capacidades, tanto de la institución como de su talento humano, y la gestión de la información incluyendo los procesos de divulgación del quehacer de la academia a lo interno y hacia el contexto.
Por ende, la complejidad de una organización universitaria se manifiesta también en la gestión curricular de sus planes de estudio, la cual demanda capacidad de incidencia y lucidez acerca de cómo transitar hacia el cumplimiento de los objetivos propuestos.
En esta noción de gestión de una carrera participan aspectos relacionados con el plan de estudios, el personal docente, el modelo pedagógico institucional, los recursos estructurales y tecnológicos requeridos para el proceso formativo, los recursos de apoyo al proceso formativo, así como la atención a las formas en que se desarrolla la vida académica en determinada área de conocimiento, incluyendo su relación con el contexto, para su reflexión y su mejoramiento.
La gestión curricular puede verse como un medio que permite a la acción sustantiva de la docencia, cumplir con los fines universitarios que, de acuerdo con Coloma (1997), son académico-epistemológicos, sociopolíticos y axiológicos, y deben guardar equilibrio entre sí.
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Al respecto, Coloma (1997) amplía
Cuando se rompe este equilibrio, se produce una serie de desviaciones que se
deben evitar. Guédez considera que cuando la intencionalidad se circunscribe
a los fines académico-epistemológicos y descuida los de naturaleza política y
ética se cae en el academicismo que concibe la ciencia como un fin en sí
misma independientemente de su orientación social y ética, o en el
dogmatismo, que delega en el criterio de autoridad las búsquedas y los
significados del proceso científico tecnológico. De igual manera, cuando se
subrayan los fines socio políticos en detrimento de lo académico-
epistemológico y lo ético se desemboca en el desarrollismo, que se concentra
sólo en la eficacia y la efectividad tecnocráticas, o en el politicismo, que sólo
persigue la persuasión y el sectarismo contaminado y sesgado. Por último,
cuando se acentúan los fines ético-críticos y se descartan los propósitos
académicos y socio-políticos se generan los peligros propios del axiologismo
o utopismo, que reduce todo a una conducta ética del ámbito individual e
independiente de las realidades culturales y sociales (p.17).
Lo expresado por esta autora, por su trascendencia, amerita una lectura detenida, particularmente cuando se trata de generar orientaciones que serán luego utilizadas en la toma de decisiones de organizaciones educativas como la universitaria, lo cual, como ha sido ampliamente expuesto, demanda el ejercicio de comprender y atender con especial cuidado, cada una de las áreas que conforman el entramado institucional en sus dimensiones formal e informal, así como en sus ámbitos de gestión administrativa, académica-curricular, comunitario y organizacional, con miras, precisamente, a gestionar de manera equilibrada cada “fibra” que hace parte de este sistema complejo.
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Esto, en virtud de resguardar la debida armonía entre cada una de las fuerzas que se movilizan en la vida universitaria, evitando decantar por uno o algunos de los aspectos indicados por la autora puesto que incurrir en tal acción, pone en riesgo el logro fundamental de tomar decisiones basadas en la información, que sean eficientes, académicas, informadas y contextuadas.
Asumiendo que el currículo es un proyecto formativo integrado que representa una realidad determinada, la gestión del currículo “implica un conjunto de fases y elementos que conforman la definición o el diseño y la administración del currículo basado en una teoría curricular propio de cada institución educativa” (Coloma, 1997, p.31).
Por lo tanto, su gestión involucra la comprensión de sus facetas internas (lo educativo) y externas (lo político y lo social).
La gestión curricular, o como la llaman Díaz-Barriga, Lule, Pacheco, Drummond y Saad (1997), el desarrollo curricular, comprende cuatro etapas sucesivas. Estas son: a) la elaboración del currículo, que incluye la formulación de objetivos curriculares, la elaboración del plan de estudios, el diseño del sistema de evaluación y la elaboración de los descriptores de cada curso o asignatura; b) la instrumentación de la aplicación del currículo, que debe considerar la preparación del equipo docente, la selección y evaluación de recursos didácticos así como los ajustes del sistema administrativo y de la estructura para la ejecución del proceso formativo; c) la aplicación del currículo, que refiere a la ejecución del proceso formativo; y d) la evaluación del currículo, que implica, de acuerdo con estas autoras, una valoración del sistema de evaluación, del plan de estudios y de los objetivos curriculares.
De acuerdo con autores como Díaz-Barriga, Lule, Pacheco, Drummond y Saad (1997), y Peralta (1993) citada en Coloma (1997), la evaluación del currículum debe valorar su eficiencia y eficacia, así como su pertinencia, relevancia, coherencia e integración.
Sobre la integración se enfatiza en analizar “¿en qué medida el currículo integra los diferentes saberes y disciplinas? Al evaluar un currículo, deben determinarse las variables susceptibles
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de evaluación y potencialmente relevantes, de tal manera que al analizarlas reflejen lo más objetivamente posible la situación que interesa” (Coloma, 1997, p.48).
En relación con la evaluación de la eficiencia y la eficacia del currículum, la siguiente figura ofrece una síntesis de los aspectos por contemplar.
Figura 3 Evaluación de la eficiencia y eficacia del currículum
Fuente: Elaboración propia basada en Coloma (1997). Copyright por Éricka Anchía, 2017.
•Congruencia entre objetivos y fundamentos;
•Viabilidad;
•Continuidad e integración de la estructura curricular; •Vigencia en relación con los
fundamentos, los perfiles y los objetivos.
•Empleo de recursos y sus costos en temas como: costo por carrera, por grupo, por estudiante, por actividad formativa, etc.
•Rendimiento del alumno con respecto al plan de estudios; •análisis de las áreas
curriculares y conceptuales en relación con el
rendimiento académico de los alumnos;
•análisis del desempeño docente en relación con el rendimiento académico de los alumnos;
•Análisis de los egresados y sus funciones profesionales; •análisis de los egresados en
el mercado de trabajo; •análisis de la labor del
egresado.
Eficacia externa Eficacia interna
Eficiencia interna Eficiencia
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Tal como se aprecia en la síntesis, entre los aspectos más relevantes por considerar en materia de eficacia, se señala el éxito académico y la incidencia que tienen la propuesta curricular y la labor docente en el rendimiento estudiantil.
En cuanto a la eficiencia, el llamado se centra en la atención de aspectos ligados a la coherencia interna del plan de estudios.