Quienes eligen como meta África austral y deciden centrarse en uno de estos países pueden tomar en consideración un tipo de viaje que conjuga el carácter práctico y la conveniencia: alquilar una autocaravana. Teniendo en cuenta los principales inconvenientes de los viajes a esta zona, la autocaravana permite no hacer y deshacer continuamente el equipaje y tener siempre a mano todo lo necesario. En cuanto a precio, en la agencia Maui Rentals de Johannesburgo (tel. 0027 113 961 445, www.maui-rentals.com), cuyos vehículos pueden alquilarse en un país y devolverse en otro, una autocaravana modelo Toyota Hilux con tres camas cuesta aproximadamente 450 rand al día, unos 60€.
(En el número 36 de la revista especializada Condé Nast Traveler dedicado a Sudáfrica. Pág. 24)
En el manejo de las conductas y las subjetividades, juegan un papel fundamental los lenguajes, sean orales, escritos o visuales, que permite la relación entre representación y realidad (Lladó, 2013; 40). Mediante un amplio repertorio de dispositivos -publicidad en diferentes medios, marcas territoriales, postales, guías y cartografías turísticas- se elaboran los significados y los del destino.
Enunciados codificados, expresiones prefabricadas que definen los imaginarios de los turistas sobre los lugares, convenciendo al que viaja de que ese es el lugar donde va a poder satisfacer sus deseos y sueños. Utilizan, como señala Lazzarato, las mismas
estrategias que otras formas de comunicación de masas que, bajo la apariencia de la libertad de elección, condicionan las conductas de los sujetos-consumidores.
“Todos los dispositivos de enunciación de nuestras sociedades democráticas
son variaciones más o menos sofisticadas de este desdoblamiento del sujeto mediante el cual el sujeto de enunciación se debe reflejar en un sujeto de enunciado: sondeos, marketing, elecciones, representación política y sindical, etcétera. En tanto que elector, se te solicita expresar tu opinión como sujeto de enunciación pero, al mismo tiempo, ya has sido hablado como sujeto de un enunciado, dado que tu libertad de expresión se limita a elegir entre posibles ya codificados” (Lazzarato, 2006b).
A partir de esos imaginarios afectados, el sujeto-turista orienta sus actos, selecciona, descarta o juzga, pero a partir de codificaciones fabricadas y consensuadas de antemano. Los mitos del paraíso, de lo salvaje y lo indómito, de lo auténtico, de lo mágico, del explorador romántico, de los estilos de vida o la buena vida, etc., son buenos ejemplos de estos enunciados codificados y prefabricados que utiliza la promoción turística ampliamente, estandarizando las experiencias y homogeneizando las miradas (Riquelme, 2014; 51).
Estos mensajes e imágenes, que condicionan los imaginarios del lugar incluso antes de llegar a ellos, seleccionan la información que desean difundir sobre el destino en función del tipo de cliente a quién va dirigida, eliminando todo aquello que no vende el lugar. La subjetivación que procuran no pretende incidir ideológicamente sino que el fin es económico, atraer turistas y, por tanto, consumo. Sin embargo, sí consiguen convencer, mediante la seducción de imágenes, en buena medida ficticias o no del todo reales, de los lugares turísticos. En esa búsqueda de clientes, el turismo se apropia hasta de los nombres, de los topónimos, que transforma o inventa para atender las aspiraciones turísticas de los lugares. Buen ejemplo de ello son las marcas que elabora el marketing territorial o el uso de topónimos extranjeros, ajenos completamente a la identidad y cultura local, para designar residenciales dirigidos al turista internacional (Rodríguez de Castro, 2015).
“¿Has experimentado alguna vez estar en lo alto de un acantilado? Ahí arriba, parece que los problemas desaparecen. Nos llenamos de sensaciones de plenitud y paz. La naturaleza parece tener todas las respuestas.
Imagina ahora convertir esa sensación en algo eterno. Imagine un lugar donde tu vida cobre un punto de vista más placentero, relajado y hermoso. Ese lugar es Green Valley, un lugar donde vivir la vida panorámica” (de la exposición Spain mon amour/Ruinas Modernas, Museo ICO, Madrid, marzo de 2013).
Imagen 5: Esta imagen, donde aparece un bar-restaurante situado en una de las magníficas playas de la isla de Zanzíbar, en Tanzania, es una de las más recurrentes para vender este lugar como destino turístico. La idea de paraíso que trata de promocionar esta imagen contrasta con una realidad que sucede en este bello lugar y es que, la gente local, tiene prohibida la entrada a este bar-restaurante. Sólo el turista adinerado es bienvenido. Fuente: Casilda Cabrerizo Sanz
Imagen 6 : El Ulurú o Ayers Rock es uno de los iconos más emblemáticos de Australia y uno de los lugares más visitados de este gran país. Se encuentra en su centro geográfico, cerca de la ciudad de Alice Spring, y en medio de territorio aborigen. Es un lugar sagrado para la comunidad aborigen, un hecho que, sin embargo, no ha sido considerado por la industria turística. Las actividades de escalada en la roca organizadas para turistas han sido consideradas como una profanación por parte de los aborígenes, provocando continuos conflicto. Fuente: Casilda Cabrerizo Sanz
Entre los mecanismos que la industria utiliza para la puesta en valor de los lugares como destino turístico, nos fijamos en el itinerario o ruta. Se compone de los elementos que hacen legibles los imaginarios del turista por tener algún valor que deben permitir, mediante su experimentación, entender el contexto, el lugar o el destino (Méndez 2011; 18).
Dejando al margen al turista que se considera testigo antes que viajero y evita dejarse llevar por los enunciados codificados de antemano por el mercado turístico, la mayoría del turista se dota, para abordar el viaje, de información del lugar contenida en guías (hoy de diversos formatos), que son pensadas y producidas por terceros (promotores turísticos, historiadores del lugar…). Estas guías, con sus itinerarios, definen los imaginarios del turista dirigiendo sus pautas de consumo de la mercancía turística y afectando al entendimiento del lugar (Goycoolea, 2003; 3-5) en función de las decisiones de su diseñador sobre qué lugares, hitos, elementos entran en la ruta y cuáles no. Los itinerarios, o como señala Méndez, “los caminos que, habiendo sido organizados por el tejido urbano local, acumulan las imágenes de la oferta receptora”, responden así a las preguntas de quiénes los deciden, al “qué ofrezco” y “cómo lo ofrezco” antes que al “qué veo y cómo lo veo”. (Méndez, 2011; 34).
Estos itinerarios se componen de referencias compartidas por residentes y turistas27,
que la promoción turística se encarga de convertir en imágenes icónicas, estereotipadas para su mejor comercialización, o, incluso, en crearlas o reconstruirlas si, inexistentes o fuera ya de la memoria social, pueden ser útiles para la práctica turística. Son referentes que constituyen el patrimonio natural, arquitectónico, cultural y simbólico que cualifica y personaliza al lugar, del pasado y también de la modernidad. Lugares emblemáticos que los habitantes de la ciudad también los señalan así, aunque no se sitúen en sus itinerarios cotidianos (Aguilar, 2006; 132).Evocaciones socialmente recurrentes, del pasado de los lugares, de la contemporaneidad, emblemas creados a partir de acontecimientos violentos o de las construcciones del cine o la literatura, todo puede llegar a integrar un itinerario, todo puede ser patrimonio digno de comercializar, porque todo es historia.
A través de los itinerarios, “la fábrica de experiencias y ocio dirigidos” introduce el lugar o lugares en sus circuitos comerciales. Indican lo que merece ser visitado, mirado, experimentado y fotografiado (Riquelme, 2014; 52), en un tiempo acotado y en un contexto seguro. El turista sólo tiene que elegir la ruta que desea realizar, ya no tiene que diseñarla él mismo, con lo que precisa mejor el tiempo de viaje y su coste, además de eliminar incertidumbres al transitar un recorrido seguro (Goycoolea en Entrepliegues3, 2015). 27 Los contraponemos a los otros itinerarios que surgen en la ciudad y que no contienen referencias para el turista y sí para el residente.
Imagen 7: La antigua ciudad tibetana de Zhondiang fue renombrada como Shangri-La por el gobierno chino como estrategia de márquetin territorial para atraer al turismo, en homenaje al libro de Jame Hilton “Horizontes perdidos”, donde el autor describe un paraíso tibetano imaginario. Fuente: El Viajero, El País, viernes, 15 de mayo de 2015.
Imagen 8: En los recorridos turísticos que, con mayor frecuencia, se promocionan del Estrecho de Gibraltar, es bastante recurrente que aparezca como un hito importante en el itinerario el islote de Perejil, famoso por el conflicto ocurrido en julio de 2002 entre el Estado Español y el Marroquí, en el que se produjo una representación de fuerza y luchas colonialista entre ambos países. Fuente: El Viajero, El País, viernes, 15 de mayo de 2015.
Imagen 9: La estación de metro de Sol en Madrid, hoy patrocinada por una famosa marca de telefonía móvil, es un claro ejemplo de mercantilización de un bien público y de un emblema que modifica el nombre afectando al imaginario colectivo. Fuente C. Cabrerizo Imagen 10: La zona 0 de Nueva York se ha convertido en un lugar de peregrinaje turístico tras los atentados del 11 S 2001. Fuente: Eduardo San Nicolas
El itinerario o la ruta es el instrumento más operativo para conocer un lugar, sea un barrio, una ciudad, una región o un país. La usa el sector turístico pero también los expertos del territorio como geógrafos, sociólogos, antropólogos, etc. Su diseño tiene, por tanto, importantes implicaciones y depende de qué objetivos queremos cubrir al recorrerla. ¿Cómo y qué exhibimos en una ruta? Depende por tanto de ello. Puedes preguntarte ¿qué quiero ver o que se vea y cómo lo veo o se ve? o puedes preguntarte ¿Qué quiero ofrecer? ¿Qué parte de la historia local quiero contar? ¿Qué quiero, en definitiva, vender?
A partir de la ruta o itinerario tienes que hacerte una idea completa del lugar que visitas. Inevitablemente, nunca será posible. En el viaje turístico, el tiempo y la seguridad imponen límites. Sin embargo, los mensajes promocionales se empeñan en convencernos de que el conocimiento profundo del destino será un hecho.
Un anuncio de Viaje El Corte Inglés en la revista CondéNast Traveler ofrece “la oportunidad de conocer el país (Sudáfrica) a fondo: las costas sudafricanas bañadas por dos océanos, el Índico al este y el Atlántico al oeste, la naturaleza, los sitios históricos, las reservas naturales, el arte y la artesanía…” (Número 36; 49).
El turismo comercial es ambicioso, o excesivamente trivial con respecto al entendimiento de los lugares. Hay otras formas de concebir el viaje, minoritarias en el tiempo presente.
(A través de las rutas que diseñamos) “Se logra el entendimiento posible. Y lo posible es necesariamente parcial porque, en este caso, está temporalmente muy limitado. Así se lo expresamos a quien viene y esa actitud de aprendizaje y descubrimiento es la que pretendemos estimular. Desde la mirada de alguien que sabe que se va a asomar, y sólo asomar, a otro entorno diferente, también se puede cultivar una visión no distorsionada. Intentando hacer asimilar la certeza de que se está haciendo una aproximación parcial a un fenómeno complejo, la lectura es más modesta y, por tanto, más inteligente” (de la conversación mantenida con un promotor de turismo alternativo, no comercial. Junio 2014)
En los diferentes modos de tratar de entender los territorios, los lugares, un elemento común y ampliamente utilizado, tanto para la investigación como en la práctica turística es la fotografía. Con ella, se pretende atrapar la memoria de un lugar o de una experiencia, permite al sujeto-turista señalar un vínculo íntimo con la idea de tiempo, ese tiempo que se vivió en el otro lugar (Aguilar 2006; 133).Con frecuencia, el viaje se convierte en un acto para reconocer emblemas y estereotipos para fotografiarlos, que componen las imágenes adquiridas en los prolegómenos del viaje a partir de los mensajes promocionales que definen subjetividades (Riquelme, 2014). Interesa probar que se ha estado allí, hoy facilitado con el selfie y agilizado con la posibilidad de compartir dichas imágenes con otras personas en tiempo real.
Se muestran a continuación una serie de planos urbanos que muestran las zonas más fotografiadas en cinco grandes ciudades del mundo: Nueva York, Madrid, Paris, Barcelona y Roma. Nos indican cuáles son las rutas que contienen elementos, hitos, que son considerados dignos de fotografiar. Los mapas se han elaborado a partir de Flick, donde los sujetos que fotografían suben las fotos para compartirlas con otras personas. Existe una clara coincidencia con las rutas o itinerarios turísticos oficiales, que se comercializan en las guías. Demuestran, la precisión que los big data puede actualmente proporcionar, algo que empíricamente ya era sabido:
Madrid_ https://www.mapbox.com/blog/geotaggers-world-atlas/
Barcelona_ https://www.mapbox.com/blog/geotaggers-world-atlas/
El turismo de sol y playa sigue siendo dominante desde que la práctica turística comienza su masificación en los países occidentales hacia mediados del siglo XX. Los destinos costeros muestran una alta especialización en este sector y mantienen un gran dinamismo. También son donde el fenómeno ha impreso una mayor transformación en el territorio, tanto física como económica y socialmente. La costa mediterránea española, siendo hoy uno de los destinos de sol y playa más importantes del mundo en términos de recepción de turistas (nacionales e internacionales), es, además, uno de los territorios que ha sufrido un proceso de urbanización asociado de mayor impacto.
El proceso de turistización de la costa mediterránea se inicia en un momento histórico concreto y en un contexto político-económico determinado. En una España muy empobrecida y aislada del exterior por la dictadura franquista, a mediados de los años 50 Franco toma la decisión, empujado por las directrices del Fondo Monetario Internacional y la OECE, de romper con su ortodoxia económica basada en la planificación y la autarquía1. Para ello, abre las fronteras a la entrada de divisas extranjeras comenzando
así la especialización turística del país. De esta forma, se pone en marcha una de las estrategias más evidentes de la expansión del sistema capitalista por el mundo, la utilización del turismo como una de las formas más rápidas y amables de dar entrada, en los países en vías de desarrollo, a la cultura del consumismo que caracteriza el modelo (Buades, 2006).
1 La entrada de España en el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el año 1958 supuso el paso previo
que permitió la conversión del modelo económico español cerrado al exterior, hacia el liberalismo y la economía de mercado. Los informes del FMI y de la OECE sobre España culminaron en un documento donde se acordaba la forma de llevar a cabo la estabilización económica que necesitaba el país, plasmada inmediatamente después, en el Real-Decreto de Ordenación Económica de 21 de julio de 1959 o Plan de Estabilización Económica y Liberalización. El Plan de Estabilización tuvo unos efectos muy rápidos sobre los equilibrios macroeconómicos gracias a las recetas propuestas desde el exterior que recomendaban la expansión del turismo y la necesaria atracción de inversiones de capital privado procedente del extranjero (Cabrerizo Sanz, 2012)
Este fenómeno2, que premió tempranamente a los territorios balear y catalán3,
extendiéndose rápidamente por el resto del mediterráneo español, va a marcar el devenir de España. El turismo y, fundamentalmente, el crecimiento urbano que traía asociado, se convierten en un factores clave para dinamizar la economía y la creación de empleo, lo que motivó su falta de control institucional y su fomento sin reparar en las consecuencias (García Vázquez, 2004).
Uno de los hitos normativos clave para hacer del turismo la máquina que impulsara la expansión económica del país fue la Ley 197/1963, de 28 de diciembre, de Zonas y Centros Turísticos de Interés Nacional, elaborada por el Ministerio de Información y Turismo, una norma de carácter sectorial que dio prioridad a la planificación económica frente a la urbanística y a la territorial. En sus disposiciones finales primera y segunda derogaba cualquier disposición que se opusiera a lo dispuesto en la nueva Ley y dejaba como supletorias las Leyes vigentes de Régimen de Suelo y Ordenación Urbana de 1956, la de Régimen Local de 1955 y la de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional de 1933.
La falta de preocupación de la Ley de 1963 por una ordenación prudente del territorio se hace patente en la nula importancia que la Ley otorgaba a la localización de los nuevos establecimientos y servicios turísticos mientras que potenciaba su rentabilidad económica. Además, dejaba en manos de los promotores privados la selección de las zonas y centros de interés turístico y la definición de las propuestas de ordenación (Martín García, 2010).
Este modelo de ocupación del litoral, que se inicia de forma rápida e intensa hace cincuenta años con el denominado primer boom turístico4 y se normaliza por medio de la Ley de 1963
2 El turismo, junto a la inversión extranjera y a las remesas de los españoles que habían emigrado se
convirtieron en los tres motores fundamentales del crecimiento de la economía española a partir del año 1960 (Cabrerizo Sanz, 2012)
3 La isla de Mallorca y la costa de Girona se convirtieron tempranamente en destinos turísticos exóticos
para las clases pudientes europeas por su cercanía (Buades, 2006). Ya en los años previos a la Guerra Civil, ambos territorios van a experimentar un desarrollo notable del fenómeno del turismo. La marca Costa Brava se definió, por primera vez, en la revista La Veu de Catalunya en 1908 por el periodista Ferran Agulló, y en el año 1936 (antes del estallido del conflicto bélico) tuvo lugar la primera Conferencia Costa Brava en Girona. De este evento surgen el Patronato de Turismo y la Asociación de Municipios de la Costa Brava cuya misión será la de poner orden al fenómeno turístico que empezaba ya a generar problemas sobre el territorio (Santaló, 2008). Mallorca llegó a ser, en la década anterior a la Guerra Civil, “punto de encuentro obligado para la high society de la época”. En el año 1935 se contabilizaron en las Baleares 90.408 turistas, de los que más de 50.000 llegaron en cruceros (Buades, 2006)
4 Los comienzos de la turistización de la costa mediterránea deben datarse en las décadas anteriores a la
Guerra Civil. Se trató de un turismo de élites, fundamentalmente europeas, que buscan el sol y la playa y lugares exóticos aún poco transformados, como lo era entonces la costa española. Los impactos sobre el territorio de esta primera oleada turística, que se truncó con el inicio del conflicto bélico, fueron relativamente reducidos en
transformó sociedades agrarias generando importantes capitales y oportunidades de empleo, a la vez que provocaba impactos negativos muy destacados sobre el medio natural, los paisajes y la identidad local de aquellos territorios que se enrolaban en las filas de la especialización del turismo. Desde entonces, y de forma general, la política que ha guiado este proceso ha sido la de los intereses económicos de los sectores de la construcción y del inmobiliario, más allá de una verdadera ordenación del territorio coherente y prudente (Farinos y Cortés, 2010). Frente a ella, cabe mencionar dos contrapesos. Por un lado, la aprobación de la Ley 22/1988, de 28 de julio, de Costas (BOE núm. 181, viernes, 29 de julio de 1988), un texto innovador en muchos aspectos que trató de poner freno a la ocupación privada y masiva del litoral, y a la destrucción de sus ecosistemas. Supuso avances tales como el fortalecimiento de la