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Chapter I Introduction

D. Conclusion

En lo que respecta a estas grafías se presenta una doble oposición; de una parte, el contraste fonético que opone b a u y v, y de otra, la variación paleográfica (y gráfica) entre u y v. U y v se emplearon en el siglo XIII tanto para el valor vocálico (uno, vno) como para el consonántico (ueer, veer). Por el contrario, al contraste b / v (u) puede atribuírsele en posición intervocálica al menos, valor fonológico, pues corresponden dichas grafías a la oclusiva labial sonora y a la fricativa, respectivamente.

La grafía u se caracteriza, desde un punto de vista paleográfico, por presentar formas angulares y redondeadas que proceden de los orígenes latinos del signo. En la escritura gótica libraria dicha letra se representa con trazos más angulares que redondeados, el trazo angular era tanto para el valor vocálico como para el consonántico. En este tipo de escritura existe un fuerte predominio de la grafía u, mientras que en la escritura documental es la v la que recoge el protagonismo, sin embargo no puede hablarse de un reparto uniforme, con diferencias de contextos o incluso entre palabras. Durante bastante tiempo se estuvieron confundiendo ambas grafías, será en la época de la imprenta cuando se establezca una diferencia entre u y v. Como señalábamos anteriormente, la primera se utiliza con valor vocálico y consonántico en interior de palabra mientras que la v tiene los mismos valores pero en posición inicial, lo que no resuelve todos los problemas porque en los contextos en los que precediendo a estas grafías tenemos una consonante no se sabe muy bien qué forma adoptar. Por ejemplo el nombre de pila Pablo procede de la forma latina PAULUS, la consonante intervocálica facilita que se puedan desarrollar dos variantes que cristalizarán en dos nombres distintos, por un lado, Pablo donde la u tiene un valor consonántico, y por otro lado se mantiene como vocal en Paulo.

Un problema aparte genera la oposición entre las grafías b y v, esta falta de

distinción desde un punto de vista fonético tiene lugar en el siglo XIV y se generaliza en

los siglos XVI y XVII. Ambos fonemas tienden a diferenciarse en posición inicial

mientras que la confusión predomina más en posición intervocálica. Moreno Fernández

66 Los ejemplos expuestos los localizamos en los siguientes documentos:

AMGU, 1h1.44 (año 1260), AMGU 1h1.4 (año 1277); AMGU 1h1.17 (año 1464); AHN, Carpeta 422, 85; AMGU, 1h1.6 (año 1295).

(1987: 35-48) señala que en posición posconsonántica durante los siglos XIII, XIV y XV predominaba la grafía v detrás de l y r, lo que indica que había una preferencia por la realización fricativa. Por el contrario, la grafía b predomina precediendo a nasal y es utilizada como elemento de apoyo en algunas ocasiones por la grafía m.

Desde el punto de vista fonético, la grafía b tiene dos realizaciones: un primer

fonema bilabial oclusivo sonoro /b/ que tiene distintas procedencias u orígenes: B-

latina, sonorización de –P- o simplificación de la geminada BB; y el segundo fonema es

bilabial fricativo sonoro /Š/ que también tiene diferentes orígenes –B- intervocálica

latina, V latina en cualquier posición o –F- intervocálica latina. Dámaso Alonso (1967:

190) señala que los primeros casos de confusión entre oclusiva y fricativa se dieron en

la primera mitad del siglo XIV en el norte peninsular, en el centro y en parte del sur. Por

otra parte, A Alonso (1988: 61) afirma que el ablandamiento del consonantismo facilitó el paso de la b oclusiva a fricativa y convirtió a la v labiodental en bilabial fricativa.

Entre nuestros nombres de pila encontramos confusiones, tanto desde un punto

de vista gráfico como fonético, entre ambas grafías67. Estas confusiones las tenemos en

posición inicial de palabra como por ejemplo Bermudo que alterna con la forma Vermudo68 cuya V apunta a una realización fricativa. Los ejemplos de esta variante

formal están fechados en la segunda mitad del siglo XIII, concretamente entre 1254-

1256. La alternancia entre estas dos grafías la encontramos también en Vartolomé / Bartolomé. En algunos documentos fechados a finales del siglo XIII y principios del XIV tenemos ejemplos en los que la variación no se da entre b y v, sino entre b y m Bartolomé / Martolomé69, aquí la alternancia se da entre dos fonemas bilabiales, además en esta ocasión podemos estar ante un ejemplo de anticipación de m, más que de una confusión. Otra variación entre estas grafías la tenemos en el nombre de pila Blasco que

alterna con la forma Vlasco70. La confusión entre las letras b y v también se da detrás de

67 No hay que olvidar que la confusión gráfica dentro de una palabra puede llevar a una

confusión fonética.

68

AHN, Clero, León, Carpeta 835, nº 11(León, año 1256); AHN, Clero, Oviedo, Carpeta 1579, nº 3 (Asturias, año 1313); AHN, Clero, Oviedo, Carpeta 1574, nº 7; AHN, Clero, Zamora, Carpeta 3553, nº 14 (Zamora, año 1256).

69

AMGU, 1h 57b (año 1399); AHN, Clero, Ávila, Carpeta 21, nº 12 (Ávila, año 1284); AHN, Clero, Ávila, Carpeta 24, nº 20 (Ávila, año 1301); AHN, Clero, Segovia, Carpeta 1966, nº 1 (Valladolid, año 1465).

70 Entre estas dos variantes formales Vlasco y Blasco, la forma predominante es Blasco pues

aparece en un mayor número de casos, por ejemplo AHN, Clero, Ávila, Carpeta 21, nº 5 (Ávila, año 1284);

AHN, Clero, Cáceres, Carpeta 394, nº 11 (Cáceres, año 1363); AHN, Clero, Segovia, Carpeta 1958, nº 5 (Segovia, año 1295); AHN, Clero, Segovia, Carpeta 1956, nº 5 (Segovia, año 1293).

consonante. Por ejemplo Don Pavlo fi de don Illano71, en este caso la vocal u,

procedente del étimo latino PAULUS, ha pasado a fricativa produciéndose la confusión

entre los dos fonemas. Son numerosos los nombres de pila en los que encontramos

casos como este, por ejemplo Mayordomus Gundisaluus Roderici72. En este ejemplo

Gundisaluus presenta dos vocales en contacto teniendo la primera un valor consonántico. Otro caso de confusión detrás de consonante lo localizamos en el nombre

de pila Álvaro, que alterna desde un punto de vista gráfico con la forma Álbaro73. Esta

confusión también puede darse en posición intervocálica, por ejemplo Sebastián / Savastián, etc. Por último, hemos encontrado alternancia también entre algunos apellidos, por ejemplo en un privilegio rodado fechado en 1262 tenemos el apellido Álvarez que alterna con la forma Álbarez localizada en una carta del rey74.

4.2.2.2. i, j, y

La variación que plantean estas grafías es también considerable y ocasiona problemas cuando tenemos que diferenciar entre la forma vocálica y la consonántica, pues se emplearon para ambos valores, pero no de manera arbitraria, sino parcialmente condicionada por la tipología paleográfica del escrito. La grafía i la podemos encontrar como segundo elemento del diptongo decreciente, siendo esto un rasgo de arcaísmo, también aparece con el valor de mediopalatal en palabras como maior o suio. En el siglo

XIV se observa un cierto auge de este uso, que llegará a hacerse corriente en los siglos

siguientes, también un síntoma de arcaísmo gráfico es el uso de dicha grafía con el valor de palatal africada sorda (eia)

En la Edad Media la letra i tenía tanto valor de vocal como de consonante y a su vez desde un punto de vista fonético tiene el valor de una prepalatal sonora. Algunos contextos facilitaban el uso de la prolongación de la vocal, por ejemplo fijo, donde se alarga la segunda vocal para evitar el contacto de dos vocales similares. La diferencia entre el valor vocálico y el consonántico está marcada por la grafía i o j larga que representan la vocal y la i alta que marca la consonante. En nuestros documentos encontramos ejemplos como Domjngo Andres abad de Sant Vicente lugarteniente de

71

AHN, Palencia, Carpeta 1659, nº 17 (Palencia, año 1276).

72

AHN, Clero, Palencia, Carpeta 1652, nº 16 (Palencia, año 1211).

73

AHN, Clero, Palencia, Carpeta 1658, nº 5 (León, año 1260); AHN, Clero, León, Carpeta 914, nº 3 (León, año 1231).

74

AHN, Clero, Ávila, Carpeta 25, nº 8 (Salamanca, año 1301); AHN, Clero, Palencia, Carpeta 1652, nº 20 (Palencia, año 1210); AMGU 1h1.2 (1262); AGS, Consejo Real 642-6 f.25r.

dean75; Domjngo Fferrández fijo de don Juan76. Para buscar ejemplos donde la j larga tiene el valor de una vocal, hemos acudido a la transcripción paleográfica del facsímil porque es donde podíamos localizar casos de este tipo. También encontramos ocasiones en las que la i corta representa el valor que le corresponde, por ejemplo Don Domingo obispo de Cibdat77.

Dentro de este grupo de grafemas encontramos además la y con valor consonántico. Esta grafía alterna con la consonante prepalatal sonora, ambos del mismo origen. Por ejemplo judgar y yudgar. Son varios los investigadores, como Alarcos (1965) y Ariza (1982) que defienden la tardía consonantización de lo que para él es la variante semiconsonántica /i/. El tardío nacimiento de la consonante /y/ se compagina mal con la alternancia gráfica entre palabras como gente y yente y el ejemplo antes señalado judgar y yudgar que se localiza en los escritos alfonsíes. En algunas ocasiones

la grafía y tendía a relajarse y a perderse. En la época de Alfonso X dicho signo se da

como segundo elemento de un grupo vocálico, por ejemplo cuydar, también como primer elemento de un diptongo con valor consonántico en posición inicial absoluta, como es el caso del nombre de pila Yénego o de yerno78 . En estos ejemplos estamos ante casos de consonantización de la vocal procedente del diptongo. Además, esta misma grafía la encontramos entre vocales como en ayuda y con el valor de vocal en posición inicial en ymagenes. Todos estos contextos en los que aparece la grafía y se mantiene en épocas posteriores

En nuestros documentos encontramos alternancias entre las grafías j / y, esta con valor consonántico. Por ejemplo, Yo Yuan Marcos de Serranos de Avianos fijo de Domingo Marcos, aquí tenemos un ejemplo de y con valor consonántico y unas líneas

más abajo, tenemos Joán Ferrández escrivano del rey79. Estos ejemplos revelan que en

un mismo nombre de pila alternan ambas grafías. Otro nombre de pila que aparece con la grafía y en posición inicial es Yeñego80.

Por otro lado, dentro de los apellidos encontramos ejemplos de la grafía y con el valor de i. Excepto en un caso, el resto presentan dicha grafía en posición inicial, por

75

AHN, Clero, Cáceres, Carpeta 398, nº 1 (Cáceres, año 1394).

76

AHN, Clero, Cáceres, Carpeta 395, nº 18 (Cáceres, año 1447).

77

AMGU 1h 1.2. (año 1262).

78 En estos ejemplos tendríamos que hablar de un caso de consonantización de la vocal

procedente del diptongo.

79

AHN, Clero, Ávila, Carpeta 21, nº 19 (Ávila, año 1285).

80 Este nombre de pila procede del latín

ENECUS, lo que nos hace pensar que la e tónica ha diptongado dando lugar a la forma Yéñego y en una evolución posterior la yod absorbe a la vocal palatal. En este caso tenemos que hablar de la consonantización de la vocal i.

ejemplo Yvanes, Yáñez, Yéñeguez, todos estos casos en la forma romance presentarán una i latina. También encontramos el apellido Ruyz con la y pero marcando, en este caso, el valor de la grafía i 81.

4.2.2.3. f-, ff-, -ff-, h-, -h-

La h muda plantea muchas dificultades en la presentación gráfica de un texto, es una de las grafías que más se tiende a omitir en la documentación medieval. La grafía h se emplea en múltiples contextos, como por ejemplo delante de ue, en la tercera persona del verbo haber para así ampliar el contorno gráfico de la forma monosilábica y por razones diacríticas (a preposición frente a ha verbo). En este caso, el aumento de la imagen visual puede ser un factor de desarrollo de h- más significativa, que la intención de evitar ambigüedad entre verbo y preposición. También en algunas palabras tenemos esta grafía cuando la forma etimológica no la llevaba, como en la palabra hedad, por ejemplo. En muchas ocasiones, son los factores paleográficos los que influyen en el empleo de dicha grafía, pues se hace necesaria para soportar la lineta abreviativa. Entre los investigadores que estudian este tema tenemos a Morreale (1974: 44) que ve una relación entre el aumento de las abreviaturas y el mayor empleo de h-. Por otro lado, según Menéndez Pidal (1926) “la h podía siempre desaparecer en la escritura…no sabemos si esto depende de que tenía diversos grados de intensidad, llegando a no pronunciarse o si no se la escribía porque no se la consideraba como verdadera letra”.

Además cuando habla de la F latina insiste en recordarnos que su paso a h o su

enmudecimiento es a la vez un fenómeno histórico-geográfico y sociológico-estético: en una región limitada, las clases populares sustituían por la h-, la f- usada por los más educados (Orígenes de español, 219). También sobre la h latina, Nebrija (1980) afirma “la h no sirve por sí en nuestra lengua, más usamos della para tal sonido cual pronunciamos en las primeras letras destas dicciones: hago, hecho; la cual letra, aunque en latín no tenga fuerza de letra, es cierto que como nos otros la pronunciamos hiriendo en la garganta se puede contar en el número de las letras”. Además rechaza la escritura de la h- muda de origen latino porque por el contrario, señala que esta grafía se utiliza para todas aquellas palabras que proceden de F- latina. Será en el siglo XIV cuando

aumente de forma considerable el empleo de h inicial procedente de H latina.

81 Ejemplos localizados en:

AHN, Clero Valladolid, Carpeta 3441 bis, nº 13 (Valladolid, año 1408); AHN, Clero, Cáceres, Carpeta 410, nº 2 (Navarra, año 1312); AHN, Clero Navarra, Carpeta 1399, nº 4 (Navarra, año 1266); AHN, Órdenes Militares, Carpeta 368, nº 7 (Logroño, año 1347).

Si nos centramos en el estudio de la evolución de F inicial latina tenemos que diferenciar entre pronunciación y grafía, pues una palabra escrita con f inicial podía ser leída de distintas formas dependiendo también de la fecha y el lugar del documento. Lo que realmente interesa es precisar qué valor fonético tiene la grafía h derivada de la F latina, tomando el uso del grafema h en su totalidad. La variante aspirada [h] procedente de esta grafía latina se hizo norma lingüística a finales del siglo XV, aunque es difícil trazar el desarrollo del fenómeno entre los siglos XI a XV82.

En cuanto a la doble ff, una de las primeras consideraciones que hay que hacer es de tipo paleográfico, Millares Carlo (1983: 25) cree que se produce la doble ff a partir

del siglo XIII al no levantar la pluma al final de trazar la sencilla, dejando así un rasgo

ascendente. Según él, en el siglo XIV esta práctica se consagró, sea cual fuere el estilo de

redacción, especialmente con nombres propios y entre los escribanos castellanos. Desde nuestro punto de vista, no estamos muy a favor de esta idea pues existen muchos

documentos del siglo XIII donde la grafía ff está realizada por medio de dos trazos bien

diferenciados83. Si estudiamos la grafía ff desde un punto de vista fonético, según Blake

(1988), la f podría representar tanto una pronunciación /f/ como /h/, mientras que la h es indicio de Ø, de ausencia de aspiración; puesto que la grafía f era bivalente, los escribanos medievales utilizaban la doble f para indicar la pronunciación /f/. Por otro lado, el empleo de la grafía ff se debe más bien a factores fonéticos como es el marcar o

no la aspiración. Blake propone la pérdida de este grafema a finales del siglo XI, desde

esa época se prefiere la f sencilla, esta pérdida también influye en la pérdida de la difusión del fonema /h/ dentro del habla vernácula, es decir, para finales del siglo XIV

toda persona letrada sabe que falta se pronuncia con [f] y fasta con [h o Ø]84. También

señala que “esta doble ff ortográfica responde a una preocupación más global por parte del escribano medieval con respecto a unos cambios en el habla cotidiana de otras partes…he aquí un indicio de ultracorrección empleada para hacerle frente a la difusión de la variante aspirada [h] o nula [Ø]”. Esta grafía fue un rasgo frecuente en los

documentos además de un rasgo corriente en el siglo XIV. La teoría de Blake (1988) de

que la doble ff- podía indicar una pronunciación [f] es aceptable como explicación del

82 El problema surge cuando se quiere documentar la difusión de tal fenómeno, pues tenemos que

acudir a las variantes sociolingüísticas que pueden ser estudiadas desde un momento sincrónico a través de las lenguas vernáculas.

83 La presencia de la grafía ff realizada por medio de dos trazos diferenciados nos hace pensar

que la idea de que se debe a un descuido del copista hay que dejarla un poco de lado.

84 Nosotros pensamos que leían falta o fasta pero pronunciaban [h] asta en el nivel

inicio del hecho gráfico, sin embargo no señala nada sobre cómo sería la pronunciación en cada palabra. No es sencillo contestar a esta pregunta porque no se encuentra una respuesta única.

En los nombres de pila de nuestros documentos encontramos la alternancia entre ff- y f-, por ejemplo don Ffernando mio visavuelo85 / Fernando de Vera86. También localizamos ejemplos como Hernando Girón de Loaísa, don Hernando de Vega comendador mayor de Castiella87, que se tratarían de variantes formales del nombre de pila Fernando. Con estos ejemplos comprobamos que este nombre de pila presenta una serie de alteraciones gráficas que se reflejan en las realizaciones fonéticas del mismo. Por otra parte, tenemos además variación entre las grafías ff y f en interior de palabra como ocurre con el nombre de origen germánico Alfonso, por ejemplo don Alffonso mio padre88 / yo Alfonso García escrivano público en la muy noble, famosa e leal cibdat de Jaén89. Una variante castellana del nombre de pila Alfonso es el nombre Alonso, que se sitúa en contra de la hipótesis clásica de la f, porque la pérdida de esta, en esta ocasión, se debe al enmudecimiento de dicha grafía.

Esta misma alternancia la encontramos también en algunos apellidos. Por ejemplo en una carta de venta de 1301 de la provincia de Ávila tenemos Martín fferrández ffijo de Xemén ferrando que alterna con Don Alfonso Ferrández fijo del rey, forma localizada en un privilegio rodado de 1262; en un testamento de 1404 de la provincia de Teruel contamos con Juhan ffuster; en otra carta de venta de 1469 leemos Yo María Cristoffal; en una carta de donación de 1253 de la provincia de Sevilla tenemos Don Rodrigo ffrolaz que alterna con Don Rodrigo Frolaz encontrado en un privilegio rodado de 125590.

El nombre de pila Fernando tiene origen germánico de tradición visigoda * Fridnand, está compuesto de dos términos frid “paz” y nand “audaz”. En los documentos medievales encontramos un gran número de variantes de este nombre, por

85

AHN, Clero, Valladolid, Carpeta 3441, nº 21 (Burgos, año 1326).

86

AMAH, Carpeta 20.

87

AHN, Caja 8, nº 39.

88

AHN, Clero, Valladolid, Carpeta 3441, nº 12 (Sevilla, año 1407).

89 Entre nuestros documentos encontramos un gran número de ejemplos como los que aquí

hemos expuesto, para verlos remitimos a: AHN Carpeta 1649, nº 2; AHN, Clero, Palencia, Carpeta 1658, nº 5 (León, año 1260); AMTO, Carpeta 288, cajón 8; AHN, Clero, Cáceres, Carpeta 393, nº 3 (Cáceres, año 1351).

90 Ejemplos localizados en los documentos:

AHN, Clero, Ávila, Carpeta 24, nº 20 (Ávila, año 1301); AMGU 1h 1.2 (año 1262); AHN, Clero, Teruel, Carpeta 2934, nº 2 (Teruel, año 1404); AHN, Clero, Teruel, Carpeta 2913, nº 8 (Teruel, año 1469); AHN, Órdenes Militares, 422, 82 (Sevilla, año 1253); AHN, Sellos, Caja 9ª, nº16 (Palencia, año 1255).

ejemplo Fredenandus, Fredinandus, Fernandus, Fernant Fernand, Ferrandus, etc. La variante popular Fernando fue la que más se utilizó en la Edad Media. Puede explicarse por medio de la latinización Fredenandus, cambiada a Ferdenandus por metátesis y se reduce a Fernandus por contracción de Fer(de)nandus. En Castilla junto a esta forma contamos con las variantes Hernando y la forma apocopada Hernán. En esta ocasión tenemos que hablar del enmudecimiento de la /f/ inicial que es un rasgo típico del castellano. También localizamos las variantes Fernán o Ferrando donde el cambio de – rn a rr puede deberse a la influencia fonética y semántica de la voz romance ferro “hierro” (Faure: 2002).

4.2.2.4. k, c, qu (ch), g, gu

El signo c ocupa la mayor parte de las ocurrencias ante a, o, u para reflejar la

oclusiva velar sorda. Sin embargo, en el siglo XIII tiene competencia de ch y de k, que

en algunas tradiciones de escritura tuvieron un peso notable. El uso de ch para /k/ menudea tanto ante a, o, u como ante e, i en tradiciones monásticas y catedralicias de la primera mitad del siglo XIII. Con este valor fonético sí se sigue empleando en los códices alfonsíes para los nombres propios. Por ejemplo, entre los documentos