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principio que ella hubiese sido urdida por Bolívar para perderlos, ya que las indisciplinadas tropas que se sublevaron habían sido acuarteladas en los castillos por orden de este. En previsión del avance del ejército realista mandó Bolívar al general Enrique Martínez que retirara la guarnición de la capital quedando ella indefensa, que inutilizara los barcos patriotas surtos en la bahía del Callao y que requisase caballos y mulas, artículos de guerra, útiles de maestranza, géneros apli- cables al vestuario, en fin, todo cuanto pudiera utilizar el enemigo, autorizándolo para que empleara la mano armada. “Nada tiene U.S. que esperar del vecindario graciosa mente (decía la comunicación respectiva), todo es necesario pedirlo y tomarlo por la fuerza: este medio a la verdad, es duro; pero en la actualidad es indispensable”.

EsCUdO dE ARMAs dEL MARQUÉs dE TORRE TAGLE

95 [ CAPÍTULO 3 ] PERÍODO 1

carlos X (1757-1836)

de la dinasTÍa de

los borbones es

proclaMado rey de

francia Tras la

MuerTe de su

herMano luis Xviii.

debido a su

polÍTica

conservadora, en

1830 debiÓ

enfrenTar una

rebeliÓn popular

Que no pudo

sofocar. abdicÓ a

favor de su nieTo

luis felipe de

orleans y deJÓ el

paÍs. MuriÓ en 1836.

seTieMbre

1824

[ FRANCIA ]

16

El Congreso entregó la suprema autoridad política y militar a Bolívar con una amplitud “tal cual lo exige la salvación de la República”, a la vez que decretaba su propio receso hasta la con- vocatoria del Libertador (10 de febrero). Lima quedó en situación de expectativa durante varios días. Bolívar aceptó el poder dictatorial sin aguardar el cúmplase de la ley que se lo confería (desoyendo a muchos de sus amigos, entre ellos Sucre, que le aconsejaban retirarse a Colombia). Jefe político y militar de la capital nombró al general Mariano Necochea. El 17 de febrero Tagle entregó a este jefe, en el salón del antiguo palacio, el mando que había procurado en vano con- servar, reuniendo firmas destinadas a pedir al Congreso la suspensión de la ley que lo destituyó de hecho. La deserción de los Granaderos de los Andes y sus correrías en los alrededores de la capital contribuyeron en esos días a la zozobra de los patriotas. El momento era como para hacer trepidar a los que no fueran muy firmes.

Necochea llegó a conocer una carta de Canterac fechada el 26 de enero y dirigida a un des- tinatario cuyo nombre no dice, donde pedía un poco de paciencia para que llegara el caso “de ejecutar el proyecto propuesto por T.T.”. Según Tagle, Bolívar dio orden de prenderle y fusilarle. Temiendo por su vida, el Presidente depuesto no llegó a poner en ejecución su primitivo plan de embarcarse a Chile. Se ocultó, según se ha afirmado, bajo la influencia de su esposa, de quien, dice O’Leary, era “esclavo y no señor”. El lugar de su refugio fue el convento de las Mercedarias. Necochea declaró más tarde que recibió la orden de apresar a Tagle para remitirlo a Pativilca y que la puso en conocimiento de este, tratando de inducirle a que se presentase voluntariamen- te. En las necrologías de Necochea publicadas a raíz de su muerte en 1849, se dijo, sin embargo, que salvó la vida a Tagle y le otorgó un pasaporte para viajar a Chile. Casi inmediatamente, el 27 de febrero, el jefe argentino abandonó la capital, llevándose cuanto pudo. La soldadesca pasada al bando realista, los montoneros y pandillas de facinerosos se dedicaron al saqueo y a los asesi- natos en Lima mientras el vecindario rezaba por la llegada de alguna tropa organizada, cuales- quiera que ella fuese. Dos días después presentáronse tropas realistas enviadas desde la sierra. El general Juan Antonio Monet, nuevo gobernador español de Lima hizo publicar un bando ofre- ciendo a los vecinos pacíficos completo olvido del pasado en cuanto a su conducta y sus opinio- nes. Se acogieron a este bando Tagle, el vicepresidente Diego de Aliaga, el ministro de Guerra Juan de Berindoaga, el presidente del Congreso, Carlos Pedemonte, varios diputados, los miem- bros del cabildo eclesiástico y secular, muchos empleados, y más de 240 jefes (dice García Camba) junto con crecido número de personas distinguidas y muchos de los llamados cívicos.

En la declaración que firmó Tagle ante cinco testigos en el Callao, el 11 de agosto de 1825, y que ratificó estando gravemente enfermo el 2 de setiembre, administrados ya los últimos sacra- mentos, aparece el texto de la carta que dirigió al general español Juan Antonio Monet cuando este ocupó con sus tropas Lima y el Callao: “Señor General: Como Presidente de la República del Perú a quien circunstancias extraordinarias han hecho poner bajo la protección de la fuerza armada que U. manda, yo debo tomar una actitud conforme a los intereses de mi país y de mi propio honor. Si las autoridades españolas, como espero, están dispuestas a reconocer la inde- pendencia del Perú, yo secundaré las ideas bajo esa base, de la que jamás me he apartado en negociación alguna. Mas si esta propuesta no adaptase a sus cálculos, mi posición exige que sea reputado en calidad de prisionero de guerra, con el general de brigada D. Juan de Berindoaga y coronel D. Juan de Echavarría que se hallan con esta firme resolución, como me lo han protesta- do solemnemente”.

Monet negó al ex Presidente la condición de prisionero de guerra, colocó guardias de honor en su casa y quiso ofrecerle el mando de la capital. Tagle tuvo la discreción de no aceptar el cargo, confiado luego al conde de Villar de Fuentes (17 de marzo).

Si se hace un esfuerzo para buscar una apreciación objetiva, parece que lo ocurrido con Tagle fue, en síntesis, lo siguiente: inició negociaciones con los españoles por orden de Bolívar; su comisionado Berindoaga las entabló en Jauja sobre la base de la independencia del Perú;

96 PERÍODO 1 [ CAPÍTULO 3 ]

se publica la

priMera

consTiTuciÓn de los

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MeXicanos, Que

esTableciÓ el

sisTeMa republicano

y federal para ese

paÍs, asÍ coMo su

divisiÓn en 19

esTados y cuaTro

TerriTorios. el

gobierno, asiMisMo,

QuedÓ organiZado

en Tres poderes:

eJecuTivo,

legislaTivo y

Judicial. esTe

docuMenTo Tuvo

vigencia hasTa 1835.

4

ocTubre

1824

[ MÉXICO ]

personas muy cercanas a él tomaron su nombre para utilizar el mismo recurso y plantear, a través de Terón, una alianza con los españoles contra Bolívar; su pasividad cuando tuvo conocimiento de estos tratos implicó una grave falta; el motín del Callao no sirvió de ocasión para que Tagle se pasase a los españoles como hubiera ocurrido en el caso de estar de acuerdo con ellos, pero avivó los recelos y los rozamientos entre el Libertador y el Presidente, que la coincidencia de las dos autoridades había generado; la orden de prisión impartida por aquel contra este fue inter- pretada como una sentencia de muerte recordando las fulminantes órdenes dadas para fusilar sin juicio a Riva-Agüero; en el apuro del momento y con el ansia de salvar la vida vino el asilo bajo la bandera española facilitada por la ocupación inmediata de Lima por esas tropas.

Con fecha 6 de marzo de 1824 firmó en Lima Torre Tagle, usando de nuevo su título de mar- qués, un manifiesto, que fue escrito por Berindoaga y publicado por orden del general español Monet. Allí narró, desde su punto de vista, lo ocurrido entre él y Bolívar, así como los últimos sucesos de su infortunada administración. Terminó con expresiones contra el “falso brillo de ideas quiméricas que, sorprendiendo a los pueblos ilusos, solo conducen a su destrucción ya hacer la fortuna y saciar la ambición de algunos aventureros”. “Por todas partes (agregaba, pasando por alto, en forma censurable, la grandeza de la causa de la libertad a la que había servido y usando argumentos que siempre esgrimen ante las revoluciones los partidarios de las clases privilegiadas amenazadas y que su enemigo Riva-Agüero también empleara) no se ven sino ruinas y miserias. En el curso de la guerra, ¿quiénes sino muchos de los llamados defensores de la patria han aca- bado con nuestras fortunas, arrasado nuestros campos, relajado nuestras costumbres, oprimido y vejado a los pueblos? ¿Y cuál ha sido el fruto de esta revolución? ¿Cuál el bien positivo que ha resultado al país? No contar con propiedad alguna ni tener seguridad individual. Yo detesto un sistema que termina al bien general y que no concilia los intereses de todos los ciudadanos”.

Sin embargo, en el proceso de Berindoaga, declaró el médico José Manuel Valdés que, hallán- dose en la casa de doña Juana Ulloa, donde habitaba provisionalmente el ex Presidente, le mostraron el manifiesto que de orden de este había escrito Berindoaga y que en él había tres o cuatro hojas rayadas por los generales españoles en las que, según se le dijo, hacía ver la utilidad que resultaría a España de la independencia del Perú;que en lugar de las hojas rayadas se habían sustituido otras por el general García Camba, tomándole al poco rato de la mano al declarante don Juan de Berindoaga, el mismo que lo llevó al callejón de la casa para manifestarle gran des- agrado por las hojas borradas.

Independientemente de la presión que en él pudieron ejercer García Camba u otros jefes españoles, puede ser interpretado el manifiesto de Torre Tagle como estallido del cansancio;el desengaño, el derrumbe espiritual, la negación después de las angustias sufridas. Ni en el texto de este manifiesto ni en sus documentos anexos aparece referencia alguna a ofertas anterior- mente hechas a los españoles o a tratos efectuados con ellos siendo él presidente, para acabar con la independencia del Perú, si bien la sumisión de súbdito leal de rey y los ataques a la causa patriota que hay en los párrafos finales no pueden ser defendidos.

Sobre el ánimo de Torre Tagle pesaban en esos momentos (borrando hechos y actitudes pasadas, títulos, honores y privilegios) el instinto de la propia conservación; la certeza de que Bolívar había querido apresarlo para hacerla matar; sentimientos y prejuicios de clase; la angustia y la desilusión de la aristocracia frente a una guerra que parecía una continua carnicería acompa- ñada por exacciones sin fin y una permanente anarquía; las dudas acerca del resultado final; los recelos de muchos peruanos ante el poder de Bolívar y de los colombianos. Alentaba también una idea tenaz que encuentra dificultades en abrirse paso ante muchos pero que otros plantean en nuestro tiempo, la de que los españoles no eran los adversarios irremediables en una impla- cable guerra internacional, sino un bando en una guerra civil, dentro de la que podía tomarse uno u otro partido. En una carta que, desde el Callao, escribió al marino Blanco Encalada (22 de enero de 1825), Torre Tagle le pidió que “en nombre de Chile le entregase un asilo bajo su

97 [ capÍtulo 3 ] perÍodo 1 LA BATALLA dE AYACUCHO. se llevó a cabo el 9 de diciembre de 1824 y representó la derrota definitiva de las fuerzas españolas aún presentes en nuestro país. Las fuerzas patriotas fueron dirigidas por el general venezolano Antonio José de sucre (1795-1830), y las realistas por el virrey español José de la serna (1770-1832). En esta página se aprecia un mapa, pintado a mano, que muestra el terreno sobre el que se llevaron a cabo los enfrentamientos en la pampa de la Quinua (1), y un óleo que representa el fragor de la batalla (2).

[

1

]

[

2

]

98 PERÍODO 1 [ CAPÍTULO 3 ]

el peQueÑo

grupo de

arisTÓcraTas y

de polÍTicos

Que se refugiÓ

en el callao

Tuvo coMo

Órganos de

eXpresiÓn

genuinos a dos

periÓdicos: el

Triunfo del

callao y sobre

Todo, el

desengaÑo.

bandera como el que generosamente me concedieran jefes españoles, distinguiéndose entre ellos en toda clase de consideraciones conmigo, el señor Rodil”.

¿Fue, en realidad, un asilado entre los españoles o un aliado de ellos? La segunda de estas posibilidades parece afirmada en un papel al redactor de su manifiesto, Juan de Berindoaga (cuya reproducción fotográfica ha publicado Luis Alayza y Paz-Soldán). Allí dice, con palabras que lo acusan, que ansía evitar la desconfianza de los españoles ante él y busca, más bien, que estén contentos, “mucho más -agregaba- cuando yo, convencido de la canalla que constituye la patria, he resuelto en mi corazón ser tan español como D. Fernando”. Con este comprobante no pare- cen insinceras las frases insertas en el último párrafo del manifiesto de 1824 en la parte que, después de solicitarle al Perú que no tolerase que en su recinto se levantasen templos a la tiranía bajo la sombra de la libertad, concluye afirmando que “de la unión sincera y franca de peruanos y españoles todo bien debe esperarse; de Bolívar, la desolación y la muerte”. Y para no dejar la menor duda, el párrafo anterior había empezado con esta frase: “Unido ya el ejército nacional mi suerte será siempre la suya”. Frase que recibe lúgubre significado con la muerte de Torre Tagle, su esposa y un hijo menor, en las circunstancias más espantosas, en el Callao, en los últimos días de la resistencia española. Con ella parecen coincidir, por otra parte, una hoja suelta con un ata- que feroz a Bolívar, que apareció bajo su firma y que circuló además por haber sido reproducida en el Boletín del ejército realista, así como una carta, fechada en Lima el 17 de abril de 1824, dirigida al general José Canterac y más tarde incorporada al proceso de Berindoaga, en la que pide que no se permita al guerrillero Ninavilca unirse a los españoles. Berindoaga, en el suple- mento de su manifiesto, lo presentó como gozando de favor entre los jefes del Callao. Pero en su comunicación a Blanco Encalada, mencionada anteriormente, afirmó Torre Tagle ser solo un asilado. No ocupó ningún cargo político, administrativo o militar a las órdenes del virrey o de sus generales y la versión de sus descendientes es que murió en el Callao el 26 de setiembre de 1825, estando preso junto con su familia.

LA CAUsA COnTRA TORRE TAGLE.- Se mandó formar causa contra Torre Tagle en 1825.

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