CHAPTER 4: RECOMMENDATIONS AND CONCLUDING REMARKS
5. CONCLUSION
Como ya mencionamos antes, en 1948 Strauss publica otro texto importante y también muy influyente sobre su lectura singular de la filosofía de Spinoza: “How to Study Spinoza´s Theologico-Political
39 Smith, S., Reading Leo Strauss. Politics, Philosophy, Judaism, The University of Chicago Press, Chicago, 2006, p. 66.
40 SCR, p. 30. 41 Cf. ibid., SCR, p. 28.
42 Strauss, L., “Progreso o retorno”, op. cit., p. 362. 43 SCR, p. 29.
Treatise”. El artículo fue luego, en 1952, incluido en Persecution and the art of writing, quizás uno de los libros que más contribuyó a consolidar
la fama de su autor.44 Una primera aproximación a la nueva lectura
straussiana nos proporciona una conclusión conocida, que indica un aspecto central de su interpretación que permanece inmutable, a saber: la no sustentabilidad de la refutación de la religión revelada por parte de Spinoza. En otras palabras, el Tratado teológico-político no es según el pensador alemán la prueba de la impugnación definitiva de la reli- gión revelada, así como tampoco la filosofía que dirige la crítica de la ortodoxia constituye, como pretende Spinoza, la explicación exhaustiva del todo. Sin embargo, en 1948 Strauss ya no cree que el fracaso de esa refutación implique simultáneamente el fracaso entero del Tratado
teológico-político en tanto escrito “filosófico”, puesto que aquél ya no
es el propósito central de su autor. El TTP esconde otra enseñanza tras la evidente crítica que dirige contra la ortodoxia. La confrontación del pensador alemán con Spinoza, por lo tanto, ya no es para dar una res- puesta al enfrentamiento entre la Ilustración y la ortodoxia.45 Como ya
mencionamos, en el “Prefacio” (de 1962) Strauss dice que en 1930 había comprendido a Spinoza demasiado literalmente porque no lo había leído con la suficiente literalidad, y porque lo había interpretado bajo el prejuicio de que un retorno a la filosofía pre-moderna era imposible.46
Las preguntas que en primer lugar debemos responder son entonces en qué consiste ese cambio literario y qué puede significar ese retorno a la filosofía pre-moderna.
Si nos atenemos al itinerario straussiano, constatamos que las huellas de ese “giro” interpretativo (o de lectura) pueden rastrearse en Philo-
sophie und Gesetz, publicado en 1935.47 En esa recopilación, y a través
del descubrimiento del “arte de escribir” en los escritos de los filósofos medievales (Al Farabi fundamentalmente), la atención de Strauss se concentrará progresivamente en las modalidades de escritura y expre- sión del pensamiento por parte de autores heterodoxos como respuesta
44 “How to Study Spinoza´s Theologico-Political Treatise”, Proceedings of the American
Academy for Jewish Research, Vol. 17. (1947 - 1948), pp. 69-131; luego publicado en. Persecution and the art of writing, The University of Chicago Press, Chicago, 1952.
45 Hilb, C., op. cit., p. 292-ss. 46 SCR, p. 31.
a la persecución política.48 Sin embargo, el filósofo alemán no dejará de
señalar que no es únicamente el temor lo que motiva, o puede motivar, esa reticencia: escritores de otro “tipo”, en efecto, convencidos como estaban de que la filosofía era un privilegio de unos pocos y que el hecho básico de la naturaleza humana era el “abismo” que separa a los sabios del vulgo, creían que las “verdades” de aquélla necesariamente resultarían sospechosas a los ojos de los muchos y que, por lo tanto, en defensa de la vida filosófica misma era preciso ocultar sus opiniones disruptivas. De esta manera, Strauss descubre (o redescubre) que la filosofía política, en su verdadero sentido, consiste en convencer a la ciudad –a la comu- nidad política– de que los filósofos no son ateos, que no profanan todo lo que es sagrado para la ciudad, que respetan lo que la ciudad respeta, que no son subversivos; en suma, que no son aventureros irresponsables sino buenos ciudadanos, e incluso los mejores ciudadanos. “Tal es la defensa de la filosofía” –afirma en On Tyranny– “que ha sido necesaria siempre y en todas partes, cualquiera que haya sido el régimen”.49 El giro
interpretativo implica, entonces, la comprensión de que la moderación o prudencia es el principio (meta-histórico) de la relación de la filosofía con la ciudad. Platón, Maimónides, Al Farabi, todos ellos comprendieron ese principio y por eso son, según Strauss, ejemplos de ese tipo especial de escritores, exponentes de un racionalismo pre-moderno irreductible al de la concepción moderna e historicista de la filosofía que hace, a ojos de Strauss, un injustificado elogio del progreso.
Si tenemos en cuenta esto, Spinoza ocupa para el Strauss maduro un lugar –digámoslo por ahora así– “paradójico”, en la medida en que –como lo sugiere en una nota del segundo capítulo de Persecution– su manera de escribir en el Tratado teológico-político, que concede su doc- trina más profunda sólo subrepticiamente, es compatible sin embargo con su “credo democrático”.50
48 En la misma línea, en PAW afirma: “Persecution cannot prevente even public expresion of the heterodox truth, for a man of independent thought can utter his views in public and remain unharmed, provided he moves with circumspection. He can even utter them in print without incurring any danger, provided he is capable of writing between the lines” (PAW, p. 24).
49 Strauss, L., On Tyranny, The University of Chicago Press, Chicago, 1961. Hay una traducción al castellano: Sobre la Tiranía, Ediciones Encuentro, Madrid, 2005. 50 Luego de referirse a la actitud de los pensadores modernos respecto de la libertad de
expresión pública y su posición en relación con la educación popular y sus límites, Strauss afirma: “The attitude of an earlier type of writers was fundamentally different. They believed that the gulf separating “the wise” and “the vulgar” was a basic fact of
El punto de partida de la argumentación straussiana es la afirmación según la cual la relativa libertad de expresión que gozaron muchos filóso- fos de la modernidad nos oculta, a nosotros, lectores del siglo XX o XXI, las verdaderas dificultades que tuvieron que enfrentar esos escritores en diferentes períodos y en diferentes contextos socio-políticos.51 El criti-
cismo historicista moderno, entiende por eso Strauss, tendió a colocar los escritos en su contexto histórico sin colocar el contexto histórico en los textos mismos, lo cual impide aprehender los verdaderos motivos que movieron a un escritor a escribir determinados textos y a hacerlo con el arte que él llama escritura entre líneas.52 Con esto en mente, el propósito
manifiesto de Strauss, como se aprecia ya en el título de su artículo, es señalar el modo correcto de leer o de estudiar el Tratado teológico-político de Spinoza. Ahora bien, para ser buenos lectores debemos leer bien los libros buenos. Esto significa, según el filósofo alemán, que el estudioso de Spinoza debe aspirar a comprenderlo en el presente tal como éste se comprendió a sí mismo. E insistirá que el rigor de este objetivo debe ser siempre la guía recurrente del estudio, porque su olvido puede llevar a que sustituyamos la sabiduría de Spinoza por nuestra insensatez.53
human nature which could not be influenced by any progress of popular education: philosophy, or science, was essentially a privilege of “the few”. They were convenced that philosophy as such was suspect to, and hated by, the majority of men. Even if they had nothing to fear from any particular political quarter, those who started from that assumption would have been driven to the conclusion that public communications of the philosophic or scientific truth was impossible or undesirable, not only for the time being but for all times. They must conceal their opinions from all but philosophers, either by limiting themselves to oral instruction of a carefully selected group of pupils, or by writing about the most important subject by means of ´brief indication`” (PAW, pp. 34-35). Al final de ese pasaje, Strauss coloca la cita que mencionamos, en la que alude a la escritura de Spinoza como ejemplo de la reticencia que es, sin embargo, compatible con su credo democrático. No sería erróneo, entonces, incluir en esa primera modalidad de instrucción oral a Sócrates; así como tampoco a Spinoza en aquella que brinda su enseñanza más profunda por medio de una “brief indication”. C. Hilb también se refiere al complejo lugar que la obra de Strauss le asigna a Spinoza: “Spinoza se nos aparece, alternativa o simultáneamente, como el último de los filósofos medievales, o como el consecuente heredero de Maquiavelo, como el clásico filósofo esotérico o como el moderno propagandista del liberalismo y la democracia” (Hilb, C., op. cit., p. 301). 51 PAW, pp. 22-ss.
52 Cf. ibid., pp. 31-32. Lo que Strauss llama arte de escribir entre líneas supone el desplie- gue por parte del escritor de una estrategia de escritura que reviste múltiples niveles: ocultamiento deliberado de la verdadera enseñanza; utilización de afirmaciones contradictorias entre sí en un mismo texto; mentiras nobles; concesiones exotéricas o, podríamos llamarlas, “verdades desleales”.
Spinoza, entiende Strauss, sabía lo que escribía y de lo que escribía. Sus indicaciones –las explícitas y las que no lo son–, entonces, no pueden ser legítimamente ignoradas por el estudioso.
De esta manera, una clave central para comprender la interpretación straussiana madura de Spinoza radica en la aprehensión del hecho de que el Tratado teológico-político es un libro escrito deliberadamente en un doble registro: uno exotérico y otro esotérico o encubierto. Las contradicciones que aparecen en la superficie –e incluso aquellas implí- citas– deben por eso, según Strauss, ser comprendidas como elementos que forman parte de su meditada estrategia de composición literaria. Después de todo, las grandes obras –y para el pensador alemán el Tratado es sin duda una gran obra de pensamiento– no comunican su enseñanza más profunda sin hacer simultáneamente pensar a sus lectores.54 Los
“clásicos” –y, nuevamente, no se trata para Strauss sólo de los antiguos– escriben de manera reticente para dejar “perplejos” a sus destinatarios; los someten a la ardua tarea de intentar comprender el sentido de sus contradicciones, para descubrir en el fondo la verdad más shockeante. ¿Cómo comprender entonces la estrategia de escritura de Spinoza, y cuál es el verdadero propósito que esconde a través de ella? Estas preguntas, que Strauss mismo se hace sin formularlas, indican que en nuestro intento por acceder a su lectura de Spinoza debemos comprender ante todo las reglas de lectura (y escritura) que Spinoza mismo nos ofrece de manera implícita.
Ahora bien, ¿cómo leer el Tratado teológico-político? ¿Sirven sus aparentes reglas de interpretación, explícitamente formuladas en el capítulo VII? A través de un largo recorrido por las reglas hermenéuti- cas de Spinoza, Strauss dará señales de la comprensión de Spinoza de la filosofía y por ende de su juicio acerca del propósito de su libro (esto es, del objetivo de Spinoza en el Tratado).55 Por un lado, entonces, Strauss
nos dice que según el filósofo holandés la Biblia es un libro ininteligi- ble, un libro jeroglífico que debe ser interpretado por sí mismo (ex sola
Scriptura), es decir, a través de arduo un análisis “arqueológico” de su
“historia”, de sus afirmaciones, de la lengua utilizada, del número de
54 Véase por ejemplo el siguiente pasaje de “How to study…”, sumamente sugestivo de las reglas interpretativas straussianas: “In other words, in vulgar books written for instruction the most fundamental teaching must be written large on every page, or it must be the clearest teaching, whereas the same does not hold of philosophical books” (PAW, p. 162).
repeticiones de una misma doctrina; en suma, utilizando un método análogo al de la investigación de la Naturaleza. Sin embargo, agregará Strauss, Spinoza no se atiene a sus propios principios hermenéuticos, esto es, no interpreta la Biblia como dice que hay que interpretarla.56 Por
otro lado –continúa Strauss–, a diferencia de la Biblia, según Spinoza los libros inteligibles (como por ejemplo los Elementos de Euclides) no requieren mucho esfuerzo, son libros que ciertamente se explican por sí mismos, no hace falta su “historia” para elucidar la verdad que contienen. El filósofo alemán sostiene de esta manera que, de acuerdo a Spinoza, el
Tratado teológico-político no puede ser interpretado como él dice que hay
que interpretar la Biblia (porque su libro no es jeroglífico), pero tampoco como él leía la geometría de Euclides (porque su libro tampoco es tan inteligible).57 Ahora bien, la conclusión moderna e historicista, según la
cual hay que estudiar “históricamente” el Tratado teológico-político –esto es, partiendo de la convicción de que toda explicación está históricamente determinada–, es una solución que, de acuerdo con Strauss, no es fiel a la comprensión spinoziana de su propia filosofía como la explicación verdadera del todo. Por eso el filósofo alemán afirma sin dudar que para comprender a Spinoza “adecuadamente”, para leer correctamente su libro, debemos tener en cuenta en primer lugar que sus reglas de lectura derivan de su “creencia” en el carácter definitivo de su filosofía como la descripción clara y distinta y, por consiguiente, verdadera de la totalidad.58 Y como vimos en el apartado anterior, según Strauss, para
Spinoza esta explicación se opone a la que suministra la teología. Si par- timos de estos presupuestos necesarios, ¿cuál es el verdadero propósito del Tratado teológico-político?
Tal como afirma Strauss al final de “How to Study Spinoza´s Theolo-
gico-Political Treatise”, es necesario conocer exactamente, y por sí sola,
primero la enseñanza exotérica de Spinoza, las proposiciones prácticas que la componen, para recién luego estar capacitados para acceder a su enseñanza esotérica, oculta.59 ¿Cuál entiende Strauss que es entonces la
enseñanza explícita (y no verdadera) de Spinoza?
Si leemos rápidamente el Tratado teológico-político, o parafraseando a Strauss, si lo leemos sin la suficiente literalidad, pareciera que el pro-
56 Cf. PAW, p. 146. 57 Cf. ibid., pp. 147-149. 58 Cf. ibid., p. 154. 59 Cf. ibid., p. 201.
pósito que Spinoza se habría fijado es refutar las afirmaciones que a lo largo de la historia se habían elevado en favor de la revelación, promover con ello la separación entre filosofía y teología, y a partir de allí sentar las bases para una auténtica libertad de pensamiento y defensa de la filosofía. Aunque pueda haber creído eso en 1930, sin embargo, ese ya no es para nuestro autor el verdadero objetivo de Spinoza.60 Para advertir
eso, argumenta Strauss, alcanza con detenerse en el Prefacio del libro, en el cual Spinoza excluye explícitamente de su lectura al vulgo, mientras privilegia simultánea e indirectamente a una audiencia especial.61 En
otros términos, entiende Strauss, Spinoza señala que, a diferencia de la Biblia, que está dirigida a las masas, su libro (que trata justamente sobre cómo debe ser leída la Biblia) sólo puede ser correctamente entendido por unos pocos lectores atentos. “En el Tratado Spinoza se dirige a cierto tipo de filósofos potenciales, mientras el vulgo escucha. Habla, por lo tanto, de manera tal que el vulgo no entienda lo que quiere decir. Es por esta razón que se expresa en términos contradictorios: quienes se escan- dalicen [those shocked] con sus declaraciones heterodoxas se calmarán [will be appeased] a través de las fórmulas más o menos ortodoxas”.62
Únicamente unos pocos lectores del Tratado teológico-político, entonces, lograrán captar la regla sólida y segura [“sound rule”, dice Strauss] según la cual, en caso de contradicción, la declaración más opuesta a lo que según Spinoza era la opinión vulgar debe juzgarse como la expresión de su punto de vista serio, verdadero.63
De esta manera, observa Strauss, su método de interpretar la Biblia sí ofrece al lector atento una herramienta indirecta con la cual es posible interpretar su libro: la distinción entre sentido y verdad. Si en el caso de la Biblia no debe decidirse el sentido de las frases a partir de su verdad (puesto que los autores de aquella comunicaban sus opiniones en el len- guaje de las masas, que sostiene necesariamente opiniones “vulgares”), inversamente, en el caso del Tratado teológico-político, el sentido literal no agota su verdad más profunda. En otras palabras, según Strauss Spi-
60 Cf. ibid., p. 165. Nótese la utilización por parte de Strauss, para referirse al objetivo de Spinoza, de lo que C. Hilb llama “prosa exotérica” (cf. Hilb, C., op. cit., p. 295). 61 Levene, N., “Ethics and Interpretation, or How to Study Spinoza´s Tractatus Theologico-
Politicus Without Strauss”, The Journal of Jewish Thought and Philosophy, Vol. 10,
2000, p. 69.
62 PAW, p. 184. Es importante señalar que Strauss dice literalmente “the vulgar”, con lo cual alude en realidad no sólo al vulgo sino también a los teólogos, cuya interpretación de la Biblia es, desde el punto de vista que adjudica a Spinoza, “vulgar” y no filosófica. 63 Ibid., p. 186.
noza no cree que haya una verdad misteriosa en la Biblia, pero sugiere exotéricamente que está escrita ad captum vulgi y que tras el sentido (muchas veces contradictorio) de sus afirmaciones se esconde una verdad. Así, de manera astuta pero velada, indica el modo como debe leerse su propio libro.64
Teniendo esto en mente, ¿cuál es el objetivo de Spinoza en el Tra-
tado teológico-político, y a quiénes está destinado específicamente? Sin
ambages, según Strauss, el objetivo principal es fomentar el desinterés o desapego [detachment] respecto de la Biblia, y a partir de ello crear la disposición para la filosofía entre aquellos hombres más aptos para ella.65 Ahora bien, puesto que el conflicto que la obra plantea es meta-
histórico (filosofía vs. superstición), también lo es su doctrina más profunda, la cual por ese mismo motivo está destinada a la posteridad. Los contemporáneos de Spinoza, justamente, requieren –como acaba de mencionarse– la creación del desinterés respecto de la Biblia para poder ser dirigidos a la filosofía. Si el objetivo meta-histórico y extemporáneo del TTP determina para Strauss su modo de producción, entonces el arte de escribir que supone el ejercicio filosófico no responde sencilla- mente al contexto socio-político en que Spinoza escribe sus libros, ni tampoco en forma exclusiva al temor de ser censurado o perseguido por las autoridades políticas y religiosas. Para el pensador alemán, al contrario, Spinoza esconde o disimula deliberadamente la verdad, la sustrae de las afirmaciones corrientes y de sentido común a la vez que escribe prudentemente “entre líneas” para unos pocos.66 La regla de
vida spinozina ad captum vulgi hecha práctica, hecha discurso, significa entonces según Strauss el arte del sabio de acomodarse exotéricamente a los prejuicios de la sociedad para poder comunicar una verdad (hetero- doxa) a los pocos capaces de escucharla y seguirla; escribir “ad captum
vulgi” implica para el Spinoza de Strauss no exponer deliberadamente
en forma clara el núcleo de su pensamiento. El filósofo, en su calidad de conocedor de la verdad y de su fundamento, no “debe”67 entonces
decir la verdad ante la multitud ignorante; y no sólo por el peligro que eso puede significar para su vida, sino en mayor medida porque ese es el único medio de que dispone según Strauss para defender la filosofía
64 Cf. ibid., pp. 178-179. 65 Cf. ibid., p. 194. 66 Cf. ibid., p. 179. 67 Ibid., p. 180.
como el mejor modo de vida. Modo de vida, vale aclarar, que para Strauss –y lo que es peor, para el Spinoza de Strauss– es privativo de los filósofos