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Pues no sé por qué; sólo sé que sin humor se es un peligro para el niño. Para el niño humor quiere decir amistad, eliminación de respeto y de miedo; equivale a afección por parte del adulto. En la escuela, los niños están tan poco acostumbrados al humor, que cuando yo digo a un niño de diez años, novel: “Estoy buscando a Neill, ¿sabes dónde está?”, se me queda mirando a mí como si yo estuviera loco. Pero recuerdo que al decirle esto mismo a una muchacha de once años, que ya llevaba tres años con nosotros, contestó: “Hace dos minutos que acaba de doblar aquella esquina.” El humor es una de las cosas más preciosas y que, por desgracia, está completamente descartado en la educación de un niño. Aquellos que gritan al niño lo único que hacen es poner en evidencia la inocencia o la estupidez del niño. Mas si ningún muchacho define al polígono como cacatúa, tampoco a ningún matemático se le ocurre resolver un problema como si se tratase de un cuento: un hombre camina “X” millas durante “Y” horas, y maneja “A” millas durante “C” horas, ¿cuál es la diferencia? La respuesta: “b, d, g, h, k, 1, milla. La inocencia infantil aflora en muchos ejemplos, como cuando el profesor habla de que los alumnos le escriban un pequeño artículo sobre Alfredo el Grande; “pero, por favor, no me repitan esa historia un tanto infantil de cuando deja quemar los pasteles”. Una niña que escribió un buen artículo sobre cómo Alfredo había unido a la nación y establecido la marina, al final escribió: “Hay también una historia acerca del rey Alfredo y de cierta mujer, pero la dejaremos para otra ocasión.

La función de los niños viene a ser abastecer de risas a los profesores, aunque su verdadera función es reírse ellos mismos. Los niños pequeños, más que sentido del humor tienen sentido de la diversión Pregúntese a una niña de diez años cuántos

pies hay en una yarda y contestará. Pregúntesele a continuación cuantos pies hay en Scotland Yard, y se quedará mirándole a uno. Sin embargo, uno de mis pupilos, ya acostumbrado, replicó inmediatamente: “Depende del número de guardias y de oficinistas que haya en el edificio.”

El humor denota igualdad, sociabilidad, amistad; y todo esto viene a ser incompatible con que el niño se dirija al profesor con el “señor” por delante. El humor se guarda una vez acabada la clase, pues actúa como nivelador. La autoridad que el profesor exige se vendría abajo, pues le ha ría demasiado humano el estar continuamente riéndose con sus alumnos. El mejor profesor es, pues, aquel que se ríe con sus alumnos, y el peor el que se ríe de sus alumnos. Todos sabemos lo desagradable que resulta el profesor que hace de la clase una burla de uno de los alumnos, normalmente del más torpe. Esto lo sé muy bien, pues a mí. .. me tocó ser el torpe.

Me pregunto por qué se mira con recelo al humor en tantos aspectos de la vida. Dicen que el ya fallecido Adlai Stevenson no pudo llegar a ser presidente de los Estados Unidos porque era muy propenso a las bromas. Sin embargo, pudiera ser que hubiera algún ministro británico que repasara sus discursos para ver que no hubiera nada por lo cual le pudieran acusar de ser un tipo divertido. Pero también puede suceder lo contrario. Tan es así que cuando yo era periodista se me envió para entrevistar a George Robey, que me había hecho reír muchas veces. Pues bien, nunca he visto un hombre tan tieso y tan pesimista en mi vida. Esto me recuerda ahora la anécdota de un señor tan pesimista que tiene que ir a consultar al psiquiatra, cuyo doctor, dándole una palmadita en el hombro, le dice: “Usted necesita animarse; vaya y diviértase viendo al gran payaso ése, a Grimaldi.” “Yo soy Grimaldi”, suspiró el paciente.

En efecto, un profesor sin humor es un peligro. El humor es una especie de válvula de seguridad. Si una persona no Sabe reírse de sí misma, es que ya, antes de morir, está muerta. De ahí que alguien escribiera que la mayor parte de los hombres mueren cuando llegan a la cuarentena, pero que sólo son enterrados al ir llegando a los setenta. Pero, de todos modos, el que lo escribiera era una persona sin humor. Ni en la Biblia, ni en los textos escolares hay una sola risa. “El dictador” de Charlie Chaplin podría ser más saludable que un texto sobre Hitler o Mussolini. Y ahora acabo de recordar que Charlie cree en la autoridad paterna. Y yo que estaba poniendo continuamente ejemplos sobre él; todo para nada; ¡ ¡ maldito Charlie!!

¿Se usan en Summerhill “test” de inteligencia?

No, pues su valor es limitado. No pueden testimoniar ni la imaginación, ni el humor, ni la creatividad; no son más que asuntos del intelecto, y en Summerhill no damos demasiada importancia al trabajo intelectual. Bueno, tal vez hable yo con algunos prejuicios. En TV, la B.B.C. tenía una especie de concurso para probar el grado de inteligencia. En uno de ellos resultó que mi índice de inteligencia era de 75. Cuando años más tarde, en la escuela hubo la misma prueba, resultó que dos muchachos y una muchacha lo habían tenido más alto que el mío. No, no quiero “Los Test” de inteligencia en Summerhill.

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