NAMIBIA TANZANIA MALAWI ZAMBIA Economic
7.4 CONCLUSION, RECOMMENDATIONS AND FURTHER STUDY All the mineral policy documents under study possess the three pillars that
El silencio es uno de los problemas lingüísticos fundacionales de la teoría queer. Sus dos obras fundacionales -Epistemología del armario (Sedgwick, 1998) y El género en disputa (Butler, 2007)40- dan
cuenta de este problema lingüístico mediante la postulación de un sujeto que elude enunciar con certeza un estado de conocimiento determinado, mientras despliega un proceso de producción de conocimiento en la enunciación misma que lo hace posible.
Nos resulta particularmente relevante, en el marco específico de este capítulo, el planteo teórico programático que realiza La Epistemología del armario. Desde las primeras páginas de la “Introducción axiomática”, se establece el propósito teórico y político de indagar críticamente las interpretaciones acerca de la definición homo/heterosexualidad con el objetivo general de contribuir a la comprensión de la “cultura occidental moderna” (Sedgwick, 1998: 11). Para ello, Sedgwick hace foco en las incoherencias internas y las contradicciones recíprocas de las formas discursivas e institucionales del sentido común que abordan esta temática. Señala dos contradicciones principales: una es la contradicción entre ver, por un lado, la definición homo/heterosexual como una cuestión de importancia para una minoría homosexual pequeña, distintiva y relativamente fija y, por otro lado, como una cuestión de importancia continua y determinante en las vidas de las personas a lo largo del espectro de sexualidades; y la otra es la contradicción entre ver, por un lado, la elección de objeto sexual del mismo sexo como un problema de límite o transición entre géneros y, por otro lado, ver en esa elección un impulso de separatismo en el interior de cada género.
40 Ambos libros fueron publicados en Estados Unidos en 1990 y son considerados como los hitos fundacionales de la teoría queer (Ver Jagose, 1996).
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Con estos enunciados, La epistemología del armario no pretende fundamentar decisiones entre polos contradictorios sino enfatizar la hipótesis de tradición foucaultiana acerca de la centralidad de un conjunto de cuestiones que ha llevado la marca nominativa de la especificidad marginal, como radicalmente importantes para el conocimiento y el entendimiento de la cultura occidental como un todo.
(…) la cultura occidental moderna ha situado lo que denomina la sexualidad en una relación cada vez más privilegiada con nuestras construcciones más preciadas de identidad individual, verdad y conocimiento, y cada vez es más cierto que el lenguaje de la sexualidad no sólo coincide con otros lenguajes y relaciones ligados al conocimiento, sino que los transforma. (Sedgwick, 1998: 13) La concepción del lenguaje que plantea Sedgwick lo ubica siempre y necesariamente en una intersección con la sexualidad y el conocimiento. De esta manera, se hace posible una perspectiva de lectura de los discursos que concibe al conocimiento y su relación con los efectos retóricos del silencio imbricados con la sexualidad. Se desarrolla así una concepción productiva del lenguaje que lo aborda en sus manifestaciones concretas espacio-temporalmente situadas para indagar los efectos materiales que produce en las subjetividades.
(…) una característica de las lecturas de este libro será ocuparse de los aspectos transformativos de los textos, y de lo que a menudo se denomina de manera insulsa como las "relaciones con el lector", como espacios de creación, violencia y ruptura de definiciones en relación con lectores concretos y circunstancias institucionales concretas. Una suposición que subyace en el libro es que las relaciones del armario -las relaciones de lo conocido y lo desconocido, lo explícito y lo implícito en torno a la definición de la homo/heterosexualidad- pueden ser especialmente reveladoras acerca de los actos discursivos de modo más general. En el transcurso de este trabajo ha parecido como si la densidad de su significado social otorgara a todo acto discursivo relativo a estas cuestiones (y los contornos de estas cuestiones son realmente extensos) la exagerada propulsión de las aletas en una piscina: la fuerza de los diversos efectos retóricos ha sido excepcionalmente difícil de calibrar. (13)
En este marco, “closetedness” (quedarse en el armario) y “coming out” (salir del armario) son desarrolladas como categorías discursivas, actos de habla performativos que adquieren sentido en relación con los discursos que los rodean y los constituyen como tales. El “coming out” puede no revelar nada que ya no se sepa en términos informacionales sobre el sujeto que lo realiza, y lo que lo define es sólo la enunciación misma de la frase “coming out”, mientras que el “closetedness”, siendo un forma de silencio, sí aporta información, es un silencio que dice mucho, aunque pueda no ser interpretado –o pueda aparentarse no interpretarlo– en absoluto.
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Siguiendo a Foucault en este punto, el silencio no es concebido como un lugar asignificante definido exhaustivamente por la ausencia, sino se trata de una práctica cuya densidad ofrece un espacio de indagación.
No cabe hacer una división binaria entre lo que se dice y lo que se calla; habría que intentar determinar las diferentes maneras de callar, cómo se distribuyen los que pueden y los que no pueden hablar, qué tipo de discurso está autorizado o cuál forma de discreción es requerida para los unos y para los otros. No hay silencio sino silencios varios y son parte integrante de estrategias que subtienden y atraviesan los discursos (Foucault, 2007b: 37)
De esta manera, así como no hay oposición binara entre decir y callar, entre la enunciación y el silencio, tampoco la hay entre las nociones de “conocimiento” e “ignorancia”, que constituyen puntos fundamentales en la argumentación de Sedgwick para pensar un abordaje de los discursos sociales.
(…) el hecho de que el silencio sea tan intencionado y transformativo como el discurso, en las relaciones en torno del armario, depende de que la ignorancia sea tan poderosa y múltiple como el conocimiento.
El conocimiento, después de todo, no es por sí mismo poder, aunque es el campo magnético del poder. La ignorancia y la opacidad actúan en connivencia o compiten con el saber en la activación de corrientes de energía, de deseo, de productos, de significados y de personas. (Sedgwick, 1998: 15)
Sedgwick habla de “efectos de ignorancia”, de “asimetría epistemológica”, de “privilegio epistemológico del desconocimiento”, del “acto de pretender ignorancia” y del “complejo drama de la ignorancia y el conocimiento”. De hecho, hay personas, aspectos de ciertas personas, discursos, producciones culturales en general, culturas que simplemente no se conocen, por más que se los tenga en frente o al lado, y hay quienes reivindican, para sí y para otros, el derecho a ese desconocimiento, a esa ignorancia, a la imposibilidad de conocer, o a aparentar no conocer, no percibir y no admitir. En su privilegio epistemológico, la ignorancia llega a ser vista, desde un esquema ético casi nunca explicitado, como una especie de estado de inocencia originaria.