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4.1- Los agentes primarios de socialización

La influencia de los agentes primarios de socialización como la familia, la escuela 39, el grupo de pares y la televisión, es determinante para la escasa

participación de los jóvenes en el escenario político. Nos da la impresión que los políticos no se han dado cuenta que vivimos en una época donde la información es tan fluída que tanto niños, adolescentes, jóvenes y adultos están al tanto de los acontecimientos que suceden dentro y fuera del país, adoptando conceptos, ideas ó replicando comentarios sobre la política.

La niñez y juventud actual no es la misma que la de décadas atrás, actualmente pueden escuchar, opinar, preguntar y formar juicios de valor, por ende, no les es ajeno ver imágenes bochornosas y escuchar cotidianamente comentarios negativos sobre la política y los políticos en la televisión, en sus hogares, en la

39 Con referencia a la socialización política desde la escuela Ames señala: “Desde la década de 1970,

diversos estudios de socialización política realizadas desde la Sociología y las ciencias políticas han llamado la atención sobre la importancia de la escuela en la adquisición y construcción de valores políticos (Dawson, Dawson y Prewitt, 1977; Segovia, 1975; Weissberg,1974; Easton y Dennis, 1969; Hess y Torney, 1967)... Se basan en el supuesto de que las conductas políticas son en gran medida aprendidas y que por ende, están condicionadas por el entorno. Desde esta perspectiva centrada en la forma en que los individuos aprenden su rol político, existe un acuerdo en que la socialización política comienza en la niñez temprana...Sin embargo también se ha señalado la necesidad de incluir aprendizajes que aún sin tener un contenido explícitamente político, se refiere a actitudes sociales políticamente significativas y a la adquisición de características de personalidad que sean políticamente relevantes”.

Este enfoque también hace referencia a dos tipos de socialización política: una manifiesta y otra latente. La socialización manifiesta está destinada específicamente a brindar un aprendizaje explícitamente político, mientras que la socialización latente no tiene que ver explícitamente con el aprendizaje político, sino más bien con factores no políticos que influyen en la formación de la política : autoestima, redes sociales, habilidades individuales, etc. Como toda teoría, está expuesta a ciertas limitaciones, tal como lo explica Ames: “tienen que ver con el carácter conservador de los primeros estudios sobre el tema, que ponen un énfasis en el significado de la socialización política para la conservación del sistema político, lo que genera una tendencia a identificarla con la perpetuación del status quo, criticada posteriormente por otros autores (Easton y Demnis, 1969). En efecto se puede notar una preocupación por garantizar la internalización de valores políticos y de identificación con el sistema, desde las instancias de socialización que limitan una visión más crítica de la sociedad y el sistema político al que se pertenece... A partir de 1980 los estudios de socialización tomaron otro rumbo en relación al tema de Educación Ciudadana, el cual adquiere creciente importancia en Latinoamérica y en países europeos”. (BURGA y SIALER: http://www.monografias.com/trabajos26/politicas-juventud/)

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escuela o dentro de su grupo de pares. Estas expresiones negativas las internalizan como propias; al respecto Fromm sostiene: “Preguntemos a cualquier lector de periódico lo que piensa acerca de un problema público. Nos dará como “su” opinión una relación más o menos exacta de lo que ha leído, y, sin embargo – y esto es lo esencial -, está convencido de que cuanto dice es el resultado de su propio pensamiento. Si vive en una pequeña comunidad donde las opiniones políticas pasan de padre a hijo, “su propia” opinión puede estar regida mucho más de lo que él mismo piensa por la persistente autoridad de un padre severo” …Gran número de nuestras decisiones no son realmente nuestras, sino que nos han sido sugeridas desde afuera; hemos logrado persuadirnos a nosotros mismos de que ellas son obra nuestra, mientras, que en realidad, nos hemos limitado a ajustarnos a la expectativa de los demás, impulsados por el miedo al aislamiento y por amenazas aún más directas en contra de nuestra vida, libertad y convivencia (FROMM, 1987: 189, 195).

Este proceso empieza en el hogar, en la familia, con la opinión negativa que viene jerarquizada desde los abuelos, padres, tíos, siendo transferida a los jóvenes, adolescentes y niños; por ende, es muy difícil rescatar de ellos, una opinión o adherencia positiva hacia los políticos, en ese sentido Venturo sostiene acertadamente: “Lo que tenemos en frente es una juventud heredada de la desilusión de sus padres y abuelos, profundamente desengañados de los sueños y las doctrinas de la modernidad desplegados durante las décadas anteriores… Este mensaje lo heredaron de sus padres y tutores, de sus maestros y mayores, y su memoria histórica lo ha podido comprobar constantemente” (VENTURO, 2001: 45, 109).

“Freud ha demostrado que las experiencias tempranas de la niñez ejercen una influencia decisiva sobre la formación de la estructura del carácter…[Los padres] transmiten al niño lo que podría llamarse la atmósfera psicológica o el espíritu de una sociedad simplemente con ser lo que son, es decir, representantes de ese mismo espíritu. La familia puede así ser considerada como el agente psicológico de la sociedad” (FROMM, 1987: 273).

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Las escuelas tampoco están muy preocupadas por la formación ciudadana de los niños. A pesar de todos los avances en cuanto a modelos educativos se insiste en el clásico esquema de formar receptores de conocimientos. En lo que si se han modernizado es en la lógica del mercado y la competencia que se manifiesta en la publicidad agresiva y repetitiva de las Instituciones Educativas promocionando sus campeones de matemáticas o ingresantes a la Universidad.

Venturo acertadamente sostiene: “No es suficiente educar en valores, actitudes y habilidades que favorezcan la integridad de las personas si las prácticas respectivas no están dirigidas a fomentar distintas formas de participación pública y política. De lo contrario estaríamos hablando de educación general, no de educación ciudadana [además] un programa de educación ciudadana que promueve la participación...difundiendo los derechos de participación política y capacitando líderes sociales para ejercer esos derechos, debe atender al mismo tiempo las condiciones institucionales para que esa participación se analice y sea eficaz, sino, el programa corre el riesgo de generar expectativas y una consecuente desilusión”. Por su parte Fernández afirma: “La formación ciudadana debe darse basándose en una combinación de nociones y contenidos teóricos, con entrega de valores y ejercicio práctico, en un ambiente que sea ejemplo de lo que se está proponiendo... frente a las limitaciones que subsisten para poner en práctica estos nuevos planteamientos, podemos pensar en la escuela como un agente formador o deformador de ciudadanos. En cuanto a la educación formal, la formación ciudadana, más que un contenido (vertical o transversal) , es un modelo completo que abarca currículo y métodos de enseñanza, como también modos de administración, organización y cultura escolar ... Un modelo que busque formar ciudadanos... no puede centrarse en evaluar solo sus conocimientos, y menos hacerlo a través de la repetición y la memorización”(BURGA y SIALER. Op. Cit.).

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La CEPAL y la Oficina Regional de la UNESCO plantea que para lograr una moderna ciudadanía nuestros países requieren una estrategia educativa orientada a formar a las personas en:

Para lograr

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