Como las funciones o estructuras corporales que pueden resultar afectadas y dar lugar a deficiencias son cualquiera de ellas -mentales, sensoriales y del dolor, de la voz y habla, de los sistemas cardiovascular, neuromusculoesque- lético, digestivo, inmunológico, respiratorio, metabólico, endocrino, geni- torurinario y de la piel- y el grado de afectación, el grado de la deficiencia es enormemente variable también lo será el grado de funcionalidad, fun- cionamiento o capacidad funcional. De ahí que las actividades que pueden resultar alteradas, dificultadas o restringidas en su realización, respecto a un patrón considerado estándar, sean cualesquiera de ellas, desde las del aprendizaje hasta las referidas a la vida comunitaria, pasando por las tareas o rutinas diarias, la comunicación, la movilidad, el autocuidado, las tareas del hogar, las relaciones personales, la educación, el empleo o las activida- des económicas.
Centrando el tema, las actividades que se realizan en relación con la arqui- tectura y el urbanismo son muchas y se trata únicamente de nombrar alguna de ellas utilizando como guía alguna de las acciones enmarcadas en los denominados criterios DALCO recogidos en la primera parte de la norma UNE 170001, que se comenta en otros capítulos del libro –deambulación, aprehensión, localización y comunicación-.
Deambular es moverse, como actividad específica, sin otro fin, trasladarse a uno mismo y también, moverse como actividad que lleva a otras o que se hace a la par que otras: mirar u oír, observar, localizar o disfrutar de algo, trasladar objetos, acompañar a otras personas, orientarse en un espacio, pensar, saludar, hablar, pasear al perro, … en circunstancias y situaciones múltiples –de edad, capacidad, sexo, cultura, estado emocional,…- en luga- res muy diferentes –que tendrán características estructurales y dimensiona- les distintas- y a los que afectarán diversas condiciones ambientales.
Se recomienda que los criterios de accesibilidad universal dirigidos a faci- litar la deambulación sean aplicables a las zonas de circulación, los espa- cios de aproximación, las áreas de descanso, los cambios de plano y los tipos de pavimentos. A lo largo de los diferentes capítulos de este libro se incorporan algunos criterios pero, ¿qué se ha ido teniendo en cuenta para seleccionarlos?
Se ha tenido en cuenta la experiencia y se ha reflexionado sobre las diversas formas de moverse, de deambular de muy diferentes personas y se han con- siderado cuestiones tales como sus dimensiones antropométricas y carac- terísticas biomecánicas, así como sus capacidades funcionales. Al hablar de dimensiones antropométricas, por ejemplo, se considera una unidad al con- junto formado por la persona con los productos de apoyo –silla de ruedas, bastones, andador…- que utilice o con el acompañante o el perro guía, en su caso.
Las diferentes medidas de anchura libre de obstáculos de los diversos espa- cios para deambulación –anchura de pasillos, corredores, de puerta, espa- cios de giro, espacio interior de ascensores, zonas de descanso…- tienen en cuenta, para sus valores mínimos, el posible cruce de dos personas o el paso de una persona utilizando una silla de ruedas o bastones o siendo acompañada por otra que le ayuda (considérese cuántas personas mayo- res son acompañadas en sus desplazamientos cotidianos por otra que les ayuda a mantenerse de pie) o yendo con un carrito de niño o transportando la compra o llevando a un niño en brazos, … Todas esas personas en un pasillo, en un espacio cualquiera por el que se muevan, necesitan girarse para volver atrás, para cambiar de dirección, para entrar en otros espacios realizando maniobras… Se utiliza de forma habitual la referencia de la per-
sona en silla de ruedas por ser muy gráfica, muy fácil de visualizar y de recordar las dimensiones.
El valor mínimo que debe tener el alto libre de los espacios de deambu- lación se toma habitualmente pensando en la estatura de la mayoría de las personas –de hecho debería modificarse el parámetro para incluir en él a todas las personas por muy altas que fueran, evitándoles accidentes-. Como se ve en este caso, no se debería hacer referencia a ningún tipo de deficiencia, a ningún tipo de situación de discapacidad. Lo que ocurre habitualmente al hablar de este parámetro en los documentos sobre acce- sibilidad es que se enfatiza hablando de las personas ciegas o con otras deficiencias visuales para señalar la gravedad de un golpe en la cabeza o en la cara debido a salientes como toldos, marquesinas, banderolas rígidas o ventanas abiertas hacia una zona de paso… al no conservar ese espacio libre de obstáculos en altura, lo que en ningún caso quiere decir que otras personas, cuyo órgano de la visión funcione de forma estándar, no corran el mismo riesgo de darse un golpe, igualmente grave, por despiste, por ir abstraídos o por otras múltiples razones.
Desde el punto de vista del esfuerzo los escalones requieren un gasto mayor que la deambulación por un plano inclinado; mientras que desde el punto de vista del equilibrio puede ser más difícil mantener el equilibrio en un plano inclinado que cuando el movimiento se realiza en planos horizontales, lo que lleva genéricamente a aconsejar que, siempre que sea posible no se incorporen ni rampas ni escalones en los desplazamientos. Pero cuando las condiciones de la edificación lleven aparejada la existencia de escaleras o rampas se establecen criterios de accesibilidad dirigidos a minimizar el requerimiento de esfuerzo para subir –lo que afecta tanto a las dimensio- nes y características de cada escalón o tramo de rampa como a las totales de la rampa o escalera-, así como que el de riesgo de caída –barandillas, pasamanos, iluminación, tipo de pavimento,…-. Al nombrar ambas cuestio- nes se está pensando en todas las personas aunque, especialmente, el no cumplimiento de esos requisitos de accesibilidad limitará las posibilidades de realización de actividades a cualquier persona mayor, a quienes estén enfermas o cansadas, a quienes trasladen objetos, a quienes tengan que utilizar escaleras o rampas mal diseñadas muchas veces al día –por ejemplo, en su lugar de trabajo o por su trabajo- a personas con deficiencias de ori- gen respiratorio, cardiaco o que se cansen con rapidez o tengan dolores o que les impidan la realización de esfuerzos, a quienes tengan problemas de equilibrio –de múltiples orígenes-, a niños y a los padres con niños peque- ños, a mujeres embarazadas,… En esta relación no se ha nombrado a pro- pósito a las únicas en las que casi siempre se piensa al hablar de las rampas, a las personas que utilizan silla de ruedas, pues únicamente podrán utilizar
rampas bien diseñadas, rampas accesibles. Y tampoco se ha nombrado a otras personas con deficiencias de origen musculoesquelético que utilicen bastón/bastones o andador o prótesis/ortesis, ya que cada una de ellas en función de múltiples razones personales y en función del tipo y ubicación de la escalera o de la rampa, preferirá usar una u otra. El ascensor accesible da respuesta a la necesidad de desplazamiento vertical de las personas en la mayoría de los casos y situaciones, por eso es un elemento clave.
Esta última afirmación permite introducir un elemento de complejidad al decir que se da respuesta no a todas las personas, sino a la mayoría. ¿Hay situaciones en las que determinadas personas no podrían utilizar un ascensor que cumpla los requisitos de accesibilidad fijados por la normativa vigente? Sí. Por ejemplo, personas que tengan claustrofobia, personas que tengan obligatoriamente que llevar las piernas en horizontal (no cabrían), etc. Para estas personas no se han incorporado criterios a la legislación de accesibili- dad. Esto enlaza con la obligación y necesidad de que se entienda que hay que aplicar la legislación y las recomendaciones de accesibilidad, con inde- pendencia del estado de desarrollo en que se encuentren e incluso, aunque no se comprendan, puesto que, además de permitir a la mayoría de las personas participar en la sociedad –incluida la mayoría de las personas con discapacidad-, se posibilitará, gracias a la experiencia, la mejora y el avance en la búsqueda de nuevas soluciones o criterios a aplicar en el futuro. Para ir terminando con ejemplos de los porqués relacionados con los cri- terios de accesibilidad aplicados a la deambulación, indicar que los pavi- mentos tienen que evitar reflejar la luz –natural o artificial- o que cualquiera que los pise resbale o tropiece en ellos, a la par que ayudar sirviendo como elemento de señalización. La mayoría de las personas cuando llueve, según el calzado, por las prisas… puede resbalar o tropezar si el pavimento es inadecuado o está mal colocado, pero tanto las personas que mueven con dificultad sus pies/piernas o las arrastran como los propios bastones pue- den resbalar o tropezar con mucha mayor facilidad y con mayor riesgo de hacerse daño si se caen. Por otra parte los reflejos de un pavimento pueden desorientar o deslumbrar a cualquiera persona, pudiendo impedir comple- tamente la visión a personas con deficiencias visuales; impedir ver signi- ficará en muchos casos impedir el desplazamiento de forma autónoma o impedir la localización de lo que se necesita encontrar en el espacio de que se trate. La función orientadora y señalizadora con colores y texturas diferentes de pavimento es útil para cualquier persona que se sitúa por pri- mera vez en un edificio o que se encuentra en estado emocional de choque –por ejemplo cuando se va a un hospital- o es despistada o…, pero puede resultar imprescindible para las personas con discapacidad visual –aviso de finalización de andén en estaciones de tren y autobuses, localización de puntos de información,…-.
Por último un ejemplo relacionado con la acción de Localizar. Localizar sig- nifica saber donde está lo que se necesita o quiere, identificar, orientarse en el espacio, dirigirse hacia, reconocer, comprender el espacio y su conte- nido, planificar rutas,…
Para localizar algo en un entorno se utiliza, entre otros medios, la señaliza- ción. La complejidad que tiene el diseño de los elementos de señalización3 viene dada por sus requerimientos: deben verse y llamar la atención, deben leerse y deben comprenderse, teniendo en cuenta el lugar y sus condicio- nes específicas.
La capacidad de ver no depende únicamente del funcionamiento del ojo, sino de las dimensiones, forma, color, ubicación, contraste con el entorno, …, que tenga el objeto de que se trate. Una señal, un pictograma, un rótulo… debe diseñarse de acuerdo a todas esas circunstancias. Si no, no se verá; si no, no lo verá nadie. Además hay que considerar que la persona que lo vaya a ver puede tener alguna alteración de la visión. Igualmente las con- diciones ambientales pueden estar afectando a la visión del objeto –niebla, humo, resol, iluminación excesiva o deficiente…-. Si se consideran todas estas cuestiones y se resuelven, las señales se podrán ver por la mayoría de las personas y entonces, solamente habrá que completarlas incorporando alternativas para aquellas personas que no pueden ver; alternativas que se aplicarán dependiendo de cada situación –información en braille o en altorrelieve, avisos por megafonía o alarmas sonoras o información directa a móviles o pavimento señalizador o…-.
De la misma forma, la capacidad de comprender puede estar alterada por estarlo alguna función mental, si bien está comprobado en el caso de la señalización que con frecuencia es poco comprensible para la mayoría de las personas, para aquellas que tienen un funcionamiento mental conside- rado estándar. Conviene reflexionar sobre el número de personas que se pierde en las carreteras o se acercan a preguntar a los servicios de informa- ción de los edificios de uso público y, a la vez, sobre cuántas de ellas son personas con discapacidad. La respuesta será sencilla: una minoría serán personas con discapacidad. Por otra parte, ¿cuántos elementos utilizados para señalizar responden a la cultura de un país, de una localidad o comarca o a la genialidad de quien lo diseño o de quien lo encargó?, ¿cuántos ele- mentos contienen palabras o frases que se escriben en el idioma de un país?. En un mundo global con niveles altísimos de emigración y mayores de turismo, hay que incorporar elementos de información, de señalización que sean comprensibles para todos.
Y, ¿qué ocurre cuando se incorporan señales o avisos o información sonora sin otra alternativa?. Pues que una parte importante de las personas que utilicen ese entorno no las oirán. Como en el resto de los ejemplos pue- den no oír, por tener una discapacidad, pero en muchas ocasiones no oirán por el ruido ambiente, por estar distraído o abstraído… Se deberán bus- car alternativas de forma que las señales y avisos sonoros además lleguen simultáneamente, puedan ser percibidos por otro canal sensorial, lo que se abordará según el entorno de que se trate y sus circunstancias: mensajes audibles, por vibración,…
Aplicando los criterios del diseño para todas las personas se utilizará siem- pre un sistema de señalización multicanal que pueda ser percibido por todos los sentidos lo que llevará a una mejor, más fácil y eficaz percepción de la información.
Para finalizar, una cita a modo de resumen:
«Puesto que somos una especie que ha modificado el medio natural para
sobrevivir, tendemos a pensar que no es posible hacer que las cosas sean todavía más fáciles de usar y que, en cualquier caso, existen una serie de inconvenientes y desgracias que uno debe acostumbrarse a soportar. De hecho, repetidos fracasos en la interacción con objetos cotidianos, nos lle- van a pensar que somos unos inútiles, no que los objetos están mal dise- ñados. Sin embargo, puesto que vivimos en un entorno creado por seres humanos para seres humanos, debemos afirmar que cualquier problema de interacción con el entorno está motivado por la inadecuación de éste a nuestras necesidades y no por el desajuste de nuestras capacidades al medio»4.
2.
Diseño de sistemas de
orientación espacial:
wayfinding
Dimas García Moreno Diseñador Gráfico
El título de este texto supone una declaración de intenciones al abordar temas de señalización y señalética1, pero también de otras facetas que inter- vienen, de manera bien analítica, bien proyectual, en la actividad de diseño tendente a proporcionar claves y recursos que faciliten la movilidad orien- tada de las personas en el espacio. De esta manera, ya solo se hablará de señalización o señalética como partes de un ámbito del diseño más amplio: el diseño de sistemas de orientación en espacios arquitectónicos, urbanos y naturales. Resumidamente, estas líneas se van a desarrollar dentro del con- cepto de «Diseño de Sistemas Wayfinding».