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Chapter 2: The Digital Camera and Found-Footage Transparency

2.6 Conclusion

La soberanía alimentaria nos sirve en este estudio para encuadrar en el presente y de un modo más amplio, algunas de las cuestiones centrales que ya se mencionan en el apartado de la economía campesina A través de esta idea es posible observar el conflicto amplio entre mercado y sociedad, pero aún más, como sucede con la problemática del término campesino, también se observa que esta construcción aparentemente dicotómica no lo es tanto, hay una cierta fluidez en este conflicto entre mercado y sociedad. Tampoco aquí las posiciones se pueden entender como estancas, porque una vez más las prácticas y la realidad es mucho más compleja. Por eso el conflicto que se presenta en el contexto de este estudio puede entenderse mejor a través de la economía moral, un marco que aborda de un modo más rico en este caso la realidad de las ganaderas protagonistas de este estudio.

La idea de soberanía alimentaria surge a mediados de la década de los noventa del siglo pasado. Además de ser un eslogan y un paradigma es también para muchos una aspiración utópica, pero que no deja de estar basada en políticas prácticas (Edelman 2014:967). Marc Edelman define la soberanía alimentaria de la siguiente manera: “Food

Sovereignty is the right of each nation to maintain and develop its own capacity to produce its Basic foods respecting cultural and productive Diversity. We have the right to produce our own food in our own territory…” (2014:967). Uno de los elementos

principales está por lo tanto en el campesino como eje central, impulsor del cambio. Por eso, tal y como lo presenta Ploeg (2014:1025), la idea de soberanía alimentaria tiene sus raíces históricas en las ideas de Chayanov. En éstas, se plantea que en el proyecto que

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Ploeg entiende esta repeasantization (o recampesinización) como un proceso, que junto con otros dos (industrialización y desactivación o desconexión), son los característicos de las distintas trayectorias de desarrollo de la agricultura mundial.

pretende desarrollar para la agricultura rusa, el campesinado debe ser el conductor de los cambios para esta transición.

Como se ha mencionado, el enfoque de la soberanía alimentaria se basa en la permanente tensión entre mercado y sociedad, pero ésta no siempre es tan evidente en las prácticas y la vida real de los campesinos, o es más compleja. Para Edelman la idea de esta tensión se basa en la creencia de que el mercado puede mantenerse a raya a través del control del “pueblo” (“the people”) sobre su sistema alimentario (2014:970). Pero la realidad indica que la posibilidad de este planteamiento no es tan simple. El mismo autor explica la cuestión del control de crecimiento de granjas y de redes de comercio (larga distancia), aún en unas hipotéticas condiciones de soberanía alimentaria, porque las posibilidades reguladoras son considerablemente reducidas y complicadas en un contexto de fuerte avance de la agroindustria. En la misma línea Ploeg (2014) argumenta sobre esta complejidad planteando que los diferentes modos de campesinado son también producto del capital en la actualidad, y en parte contribuyen al mismo, pero al mismo tiempo el hecho de estar subordinados e “incrustados” en el capital, no supone que todas las agriculturas tengan que ser plenamente capitalistas. Este autor habla de una dicotomía cuyos polos son los food empires 12–grandes compañías industriales de procesado y venta de alimentos que operan a escala mundial- y el campesinado. Ambos polos son opuestos para Ploeg , pero se establece entre ellos una relación que se basa en luchas multilaterales.(2014:1026)

En el contexto estudiado esta ambigüedad con respecto a la tensión mercado/sociedad y su aspecto dicotómico se observaba continuamente. Por un lado eran habituales en diferentes tipos de ganaderas, expresiones y anhelos que apuntaban a una idea de autonomía y a la importancia de una sostenibilidad social en la que prime la reproducción del grupo doméstico; mientras que en múltiples ocasiones se hacía patente la centralidad del mercado en su día a día, en su trabajo y en la proyección hacia el futuro de su explotación. Por lo tanto se hace patente que el carácter de esta tensión es también interno, es decir se produce en el marco de la propia explotación, porque es su propia “sostenibilidad social” la que depende del mercado. Uno de los elementos que

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mostraron esta cuestión con más claridad durante el trabajo de campo fue el hecho de que uno de los sindicatos agrarios que contaba con más afiliados entre los informantes pertenece al colectivo Vía Campesina y por lo tanto tiene como eje central la soberanía alimentaria. Muchas de estas ganaderas obviaban este enfoque de su sindicato y suelen comentar que incluso la defensa, a través de Vía Campesina de ganaderas “como ellas” junto con los de países del sur puede resultar paradójico en términos de competencia, y por entender que los intereses de unos y de otros pueden ser diferentes. Al fin y al cabo, su discurso y mentalidad se han ido modelando durante muchas décadas por el paradigma modernizador, que irrumpe estrepitosamente en este contexto de la mano de la especialización, amparado por la Revolución Verde y que conlleva a su vez la búsqueda de la productividad por encima de todo, para centrarse en la venta al mercado principalmente. Pero una vez más, como se mencionaba, lo estanco no tiene cabida en el contexto, y a pesar de presentar estas ideas, el discurso y las prácticas de la vida diaria de estas ganaderas, se caracteriza también por una fuerte defensa de su autonomía, y sobre todo de la posibilidad de continuar con su medio de vida y la reproducción de su grupo doméstico en el contexto rural, todo esto con un fuerte rechazo en muchos momentos de los mecanismos del mercado . Es importante aclarar también que esta defensa de la autonomía en el marco de las propias explotaciones no significa el anhelo de una producción únicamente enfocada a la subsistencia o a la producción fuera del mercado, el rechazo a los mecanismos del mercado está más bien enfocado a la financiarización, como los créditos o el endeudamiento que requiere la tecnificación, causado entre otras cuestiones por los elevados costes y los bajos precios pagados a estas productoras y productores

Para entender precisamente este rechazo a los propios mecanismos del mercado a pesar de hallarse inmersos en el mismo y adaptar a él parte de su discurso y sus prácticas, resultan esclarecedoras las ideas presentes en la economía moral.

Esta noción –que se explicará en mayor profundidad en el capítulo del precio justo- surge con los planteamientos de E.P.Thompson (1971), en el contexto de los motines de subsistencia que se producen en Inglaterra en el siglo XVIII. Hay un concepto que destaca en su obra, y es el de Legitimizing Notion. Los hombres y mujeres que protagonizaban estos motines, creían que defendían unos derechos y costumbres

tradicionales que estaban apoyados por el consenso de toda la comunidad. Este consenso, es equiparable los estándares de justicia y equidad que plantea Scott (1976): sentimientos compartidos en torno a distintas cuestiones como las mencionadas (idea de justicia, equidad) o la idea de explotación. Justamente esta idea de explotación presente en el campesinado está centrada en valores morales (relación entre individuos en la que existe una parte explotadora y una explotada), y de ella deriva otra idea clave en la economía moral presentada por Scott, la de ética de subsistencia. La posibilidad de la subsistencia es central en los principios morales del campesinado, el derecho a la misma, que en la actualidad continua siendo igualmente muy importante, pero encarnada en el derecho a continuar siendo agricultores. Poder contar con la posibilidad de desarrollar su medio de vida es central en la actualidad, porque estas productoras y productores sienten que esta posibilidad está en riesgo continuamente. El mercado al que venden sus productos, que es también el marco en el que desarrollan su medio de vida, es además una amenaza que puede arrebatarles tanto esto último como su modo de vida.

Un elemento importante en el marco de la economía moral es el valor: cómo este circula y es creado es relevante para desentrañar el propio concepto de precio justo - central en el análisis- porque el valor está también entrelazado con relaciones de poder (Jeff Pratt y Peter Luetchford, 2014); y en la producción de alimentos (igual que en el consumo) las tensiones entre el valor monetario y otro tipo de valor son constantes, a pesar de que interactúan continuamente. Como plantea Gudeman (2008), las economías son complejas, y los reinos de la mutualidad (mutuality, lo que el autor considera la base, en un sentido de esfera social) y el mercado están entremezclados en una relación dialéctica, pero en la que existe también tensión.

2.3 Los regímenes alimentarios (La importancia de la