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Centrándose de este modo, en los procesos del discurso, así como en las explicaciones sociales y literarias, Gergen (1996), considera a la narración como el método que utiliza al lenguaje, producto de relaciones interdependientes; centrándose de este modo en los procesos del discurso, así como en sus explicaciones sociales y literarias.

El construccionismo puede enriquecer el discurso teórico con la esperanza de expandir el potencial de las prácticas humanas. Vinculándose con las teorías relacionales en un intento de dar cuenta de la acción humana en términos de un proceso relacional, pretende moverse más allá del individuo singular para reconocer la realidad de la relación.

García y Mendoza (2011), consideran que el autoconcepto es un discurso acerca del yo, en donde a través de los relatos en la narración el individuo recrea e indica

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esquemas, lo que considera que es, para identificarnos con otros y a nosotros mismos; nuestras relaciones con otros se viven de una forma narrativa. Estos relatos sirven como medios críticos a través de los cuales nos hacemos perceptibles en el seno del mundo social.

Las vidas son acontecimientos narrativos, se vive mediante narraciones, tanto al relatar como al realizar el yo, son formas de dar cuenta, en donde las exposiciones narrativas están incrustadas en la acción social. Los acontecimientos de la vida cotidiana están inmersos en la narración, los cuales se van cargando de sentido relatado, donde adquieren la realidad de un principio, de un punto grave, de un climax, de un final, y así sucesivamente.

Formulamos un relato en el que los acontecimientos de la vida son referidos sistemáticamente, y hechos evidentes por el lugar que ocupan en una secuencia o proceso en desarrollo.

Un relato aceptable tiene en primer lugar que establecer una meta, un acontecimiento a explicar, un estado que alcanzar o evitar, un resultado de significación o, dicho más informalmente un punto. El punto final puede ser el bienestar del protagonista, cuando el anhelado culmina con éxito se tiene un buen relato.

Tal como hemos visto, el punto final de un relato es mirarlo con el valor. Por consiguiente, una victoria, un asunto consumado, una fortuna descubierta, o un artículo ganador de un premio, todos ellos sirven de final apropiado para un relato. Un relato inteligible es aquel en el que los acontecimientos sirven para hacer que la meta sea más o menos probable, accesible, importante o vivida.

Los acontecimientos más relevantes son aquellos que hacen que la meta se haga más próxima o que se distancie aún más.

El modo en que los individuos recuentan sus historias, aquello que recalcan u omiten, su posición como protagonistas o víctimas, la relación que el relato establece entre el que cuenta y el público, todo ello moldea lo que los individuos pueden declarar de sus propias vidas.

En los relatos se encuentra la autonarrativa que es aquella explicación que presenta un individuo de la relación entre acontecimientos autorrelevantes a través

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del tiempo, funcionan más como historias orales o cuentos morales en el seno de una sociedad; en esta se establecen relaciones coherentes entre acontecimientos vitales. Cumple con propósitos sociales como son la autoidentificación, la autojustificación, la autocrítica y la solidificación social.

La autonarración satisface la capacidad de la gente para identificarse a sí mismos como unidades estables, lo que permite hablar de pautas culturales, instituciones e identidades individuales.

Las autonarraciones son un modo como nos hacemos inteligibles en el seno del mundo social: contamos relatos para hacernos comprender, la comprensión de la acción humana difícilmente puede proceder de otras cosas que no sean razones narrativas, nuestras relaciones con los otros se viven de forma narrativa. Un modo como nos identificamos con otros y como nos identificamos con nosotros mismos, pues el individuo se presenta en su relación con acontecimientos autorrelevantes a través el tiempo. Dan sentido y dirección a los acontecimientos: los relatos son recursos comunitarios que la gente utiliza en sus relaciones. Forman la base del carácter moral, funcionan como historias orales o cuentos morales en el seno de una sociedad. Hacen que los acontecimientos sean socialmente visibles.

Las narraciones son recursos conversacionales, construcciones abiertas a la modificación continuada a medida que la interacción progresa. Entre quienes las usan, algunos consideran que transmiten la verdad y que están sustentadas en hechos; otros, señalan que no reflejan la realidad sino que la construyen y que la narración es una organización del hecho, una producción del hecho.

Están situadas histórica y culturalmente, es decir son contingentes, es decir, no hay estructuras universales de lo que es una narración bien formada. Deben aproximarse a las formas convencionales para que tengan sentido. Más que estar dirigidas por los hechos, están gobernadas por preestructuras narrativas convencionales como: establecer un punto final, una meta, un acontecimiento a explicar como el bienestar del protagonista, el descubrimiento de algo precioso, la pérdida personal, etc., requiriendo de un marco evaluativo; seleccionar los acontecimientos relevantes en función de ese punto final; ordenar los acontecimientos, en donde la convención contemporánea más utilizada es la

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secuencia lineal; mantener la estabilidad de la identidad, a través del tiempo los personajes y los objetos mantienen una identidad; plantear las vinculaciones causales, las explicaciones tienen que ser urdidas en el tejido narrativo, los acontecimientos se relacionan de forma interdependiente; y determinar los signos de demarcación, los relatos llevan señales que marcan el principio y el final.

El enfoque tradicional de la autonarración supone un núcleo de identidad coherente del yo. Pero los yoes se realizan a través de encuentros sociales. La cultura nos expone a una variedad de formas narrativas. Participamos en las relaciones con la posibilidad de utilizar cualquiera de las formas narrativas que están a disposición. Podemos construir nuestras experiencias de vida en una variedad de sentidos. Y cuanto más capaces seamos de construir y reconstruir nuestra autonarración, seremos más ampliamente capaces en nuestras relaciones efectivas.

Las narraciones, son recursos conversacionales, construcciones abiertas a la modificación continuada a medida que la interacción progresa, es un dar cuenta del día; por medio de esta interacción se adquieren habilidades narrativas.

La narración ideal es aquella que proporciona una explicación del resultado, se logra la explicación cuando se seleccionan los acontecimientos que a través de criterios comunes, están vinculados causalmente.

La mayoría de relatos apropiadamente formados emplean señales para indicar el principio y el final. Cuando el individuo va a empezar la narración, empieza con frases como erase una vez, has oído hablar de, no puedes imaginar lo que me sucedió en el camino. Los finales pueden también ser indicados mediante frases como así es que., de manera que ahora sabes, etc., aunque no necesariamente. La risa al final de una broma puede indicar la salida del mundo de lo contado, y a menudo la descripción del punto del relato basta para indicar que el mundo de lo contado se ha acabado.

Los individuos pueden dar cuenta de sí mismos como portadores de una larga historia cultural, pero anidada dentro de esta narración puede haber una explicación independiente de su desarrollo desde la infancia, y dentro de ésta, a su vez, un cambio de ánimo experimentado algunos momentos.

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Gergen (1996), identifican tres tipos de narraciones, la primera es la de estabilidad puede ser considerada si vincula los acontecimientos de tal modo que la trayectoria del individuo permanece esencialmente inalterada en relación a una meta o resultado; la vida simplemente fluye, ni mejor ni peor. Progresiva si siempre es mejor en todos los sentidos. Y regresiva si representa un deslizarse continuado hacia abajo. Ahora bien, una narrativa puede que inicie de manera progresiva indicando el éxito y la fama y terminar siendo regresiva situándose en dificultades, pobreza, etc., de manera viceversa o incluir los tres momentos en diferente orden.

La sociedad valora tanto el cambio como la estabilidad, y las personas tienen que estar preparadas en la mayoría de las relaciones para dar cuenta de sí mismos, tanto como estabilidad como en la capacidad para soportar el cambio. La narración progresiva desempeña una variedad de funciones útiles en la vida social. Pero las narraciones regresivas también tienen su función y puede ser compensatoria o ayudar a la motivación de la persona por lo mal que ha hecho las cosas. Estas narraciones no buscan describir el estado mental de las personas sino comprometerse en una clase particular de relación.

De estas narraciones, se tienen algunas variantes de narrativas como lo es la narración trágica en donde se representa la caída rápida de alguien que ha alcanzado una posición de éxito, en la que hay rupturas y momentos de crisis; la narración comedia-novela, la cual es una narración progresiva, se viven momentos problemáticos, sin embargo el desenlace es feliz o heroico; y la narración epopeya heroica, existiendo momentos progresivos y regresivos, en donde el individuo tiene que librar batallas para llegar a la victoria o el retorno de algo perdido.

Las construcciones narrativas de amplio uso cultural forman un conjunto de inteligibilidades confeccionadas; en efecto, ofrecen una gama de recursos discursivos para la construcción social del yo.

Existen las macronarraciones refiriéndose a estas como exposiciones en las que los acontecimientos abarcan amplios períodos de tiempo, como puede ser de toda una vida; mientras que las micronarraciones refieren acontecimientos de breve duración, de un periodo por ejemplo.

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Cuando se habla de una validez narrativa, muchos son los que sostienen que las narraciones tienen el potencial de transmitir la verdad, mientras que hay otros que sostienen que las narraciones no reflejan sino que construyen la realidad.

Un enfoque considera a la narración como conducida por hechos, mientras que otro sostiene que la narración es una organización del hecho o incluso una producción del hecho. Por lo que las narraciones, más que reflejar, crean el sentido de lo que es verdad. El contar la verdad es ampliamente gobernado por una preestructura de convenciones narrativas.

La validez narrativa, depende fuertemente de la afirmación de los demás; el que un actor logre sostener una autonarración dada depende fundamentalmente de la voluntad de los demás de seguir interpretando determinados pasados en relación con él. La validez también se relaciona con el establecimiento de una meta, donde se han seleccionado los acontecimientos relevantes, éstos son habitualmente dispuestos según una disposición ordenada, en donde existe un tipo de orden de acuerdo la importancia, valor de interés, oportunidad, etc., que pueden cambiar con la historia. En la mayoría de los casos las acciones de los demás contribuyen de manera vital a los acontecimientos vinculados en la secuencia narrativa.

Es una parte importante para la conformación y/o reafirmación de la identidad, que lo que diga el sujeto pueda ser reforzado con la afirmación de los demás o lo contrario, ya que es un resultado sensible de un relato vital. La vida social es la red de identidades en relación de reciprocidad, dado que la identidad de uno puede mantenerse sólo durante el espacio de tiempo que los otros interpretan su propio papel de apoyo. Las historias personales no son meramente un modo de contar a alguien la propia vida, son los medios a través de los cuales las identidades pueden ser moldeadas.

La identidad es un relato vital que los individuos comienzan a construir, consciente o inconscientemente, en la adolescencia tardía. Al igual que los relatos, las identidades pueden asumir una buena forma de coherencia narrativa y consistencia o pueden estar malformadas. La identidad es un desafío interminable. La identidad del sujeto se encuentra inmersa en una socialización, esta socialización es efectiva si nos equipa para interpretar nuestras vidas como

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estables, como en proceso de mejora o como en declive. Y con un poco de entrenamiento adicional, podemos desarrollar la capacidad de ver nuestras vidas como una tragedia, como una comedia o como una epopeya heroica.

Para profundizar más sobre el discurso, a la identidad como resultado del relato, en el siguiente punto se toma en cuenta a Potter, considerando conceptos como construcción lingüística, construcción del mundo o de la realidad, retórica, acreditación y demás que son de utilidad teórica.

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