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Chapter 4: Cr(VI) Uptake and Reduction in Biogenic Iron (Oxyhydr)oxides

4.4 Conclusions and Environmental Implications

El lapso comprendido entre la segunda mitad de los setenta y fines de los ochenta conforma el marco del descenso de aquel enfoque de desarrollo basado en el nacionalismo, al mismo tiempo que se acababa la crisis de las políticas redistributivas.

En particular los años ochenta, conocidos como “la década perdida” del desarrollo y marco de la expansión de las ideas y políticas neoliberales, el concepto de un desarrollo sustentable adquiere relevante importancia por los estudiosos de la teoría del crecimiento y desarrollo, al mismo tiempo

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que se empezaban a apreciar ideas cada vez más claras y solidas respecto de un desarrollo humano, el cual se decía era incluso mejor que un desarrollo sustentable.

De esta manera, durante el periodo comprendido entre la segunda mitad de la década de los setenta y fines de los ochenta se presentan drásticos cambios en los procesos de desarrollo. En una época, en la cual la crisis mundial afectaba fuertemente el crecimiento económico de todas las economías del mundo y con mucha más incidencia en aquellas que se encontraban aún en un estado de subdesarrollo, el concepto de desarrollo era intensamente cuestionado bajo un contexto de continuos cambios. Estos cambios comprendían por ejemplo la expansión de las grandes corporaciones transnacionales; le movimiento de grandes flujos de capital; una serie de cambios drásticos en los procesos productivos; y el avance tecnológico. A todo ello se agregó la crisis y el colapso del bloque de países socialistas europeos a fines de los ochenta.

Así de esta manera, América Latina presentaría un crecimiento económico estancado y que se agudizaba cada vez más ante una mayor deuda con el externo, surgiendo entonces un escenario en donde casi todos los países de la región que habían llevado una serie de ajustes económicos que únicamente favorecían al capitalista extranjero con desfavorables políticas redistributivas, reconocían la necesidad imperante de enfocar el desarrollo desde una nueva perspectiva que ahora les permitiera un crecimiento con desarrollo a su favor antes que al provecho de las grandes potencias extranjeras.

De esta manera, volvía a adquirir independencia y primacía aquella tesis del crecimiento económico, aunque ahora tras un periodo de largo aprendizaje dejaban de lado a la industria nacional y a las políticas redistributivas para privilegiar entonces a la inserción en el mercado mundial por medio del concepto de una economía abierta y del libre comercio que favorecía al aprovechamiento de las ventajas comparativas de una economía.

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Ante un nuevo escenario, se fomentaban políticas de ajuste y los esfuerzos orientados a abrir las economías nacionales a las inversiones y a los mercados internacionales, sin embargo, estas medidas tuvieron efectos contrarios a los esperados y generaron en un inicio una perdida de la calidad de vida de las poblaciones de la región, quizá ante una adecuada implementación de una política basada en la economía de mercado o quizá simplemente por proceso de transición de un sistema que se volvió nacionalista hacia uno que se esforzaba por retomar los principios de una economía de mercado.

En este contexto, las preocupaciones por el crecimiento económico, los recursos y la pobreza adquieren nuevamente una relevancia interesante y empieza a tomar fuerza la necesidad de conseguir un desarrollo bajo un enfoque sostenible, mientras que el concepto de desarrollo humano era ya estudiado y ganaba muchos adeptos y defensores.

Así, poco a poco llegaba el momento de toma de conciencia pública sobre los problemas del medio ambiente y la importancia de preservar los recursos naturales si se quería alcanzar un desarrollo no solo ahora sino que permanente y evolutivo. De esta manera, el concepto del desarrollo sostenible que aparecía hacía referencia a encontrar vías de desarrollo que permitieran garantizar cierto nivel de desarrollo también para las generaciones futuras, a lo cual se mencionaba que el progreso técnico y el avance tecnológico debiera ser de utilidad para garantizar la preservación de los recursos mediante procesos productivos más eficientes y que respetaran a la naturaleza. La idea de desarrollo sustentable podía ser examinada distinguiendo, grosso modo, por un lado, a la generación de tecnologías que hicieran más eficiente la producción y la propia actividad económica y por otro, el tener un manejo apropiado respecto del consumismo, así la preservación del medio ambiente debería operar coherentemente sobre los dos niveles.

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Sin embargo, la búsqueda de un desarrollo sustentable que conllevaba un desarrollo económico- social con una preservación de los recursos tuvo poco éxito, en alguna medida, esto era reflejo de la pérdida relativa de importancia del rol del Estado y el actuar cada vez mayor del libre mercado. Por otra parte, como ya se señaló, el desarrollo sustentable exigía también un control demográfico en aras de combatir la pobreza intergeneracional, una medida de difícil aplicación especialmente para las economías en subdesarrollo.

De esta manera, ante el poco éxito del concepto de un desarrollo sostenible se recurría a un concepto de desarrollo humano, que adquiriría carta de legitimidad muy poco después.

Entonces, hacia fines de los ochenta adquiría legitimidad una nueva forma de mirar las cosas, y tras un largo proceso de experiencias ya aprendizaje continuo ahora se era adepto del “desarrollo humano”.

Este concepto es instaurado como objetivo de política nacional en la mayoría de las economías del mundo que compartían la base de una actividad productiva sobre una economía de libre mercado y que toma vital importancia tras la publicación del primer Informe sobre el Desarrollo Humano, del Programa de las Naciones para el Desarrollo (PNUD, 1990). Una nueva manera de dirigir los esfuerzos de un crecimiento que se tendría que materializar en un desarrollo ahora humano, el cual incorporaba en su definición una magnitud social, una económica y una humana.

Así, se establecía también como medida de comparación del nivel de desarrollo alcanzado entre las diferentes economías del mundo el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que se estimaba teniendo en cuenta elementos del área de la educación, de la salud y de la dotación de capacidades al individuo mediante un mayor ingreso per cápita que le facilita la adquisición bienes y servicios necesarios para un mejor nivel de vida.

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Es así que; a pesar de la transición del entendimiento del crecimiento económico hacia el desarrollo humano y la aún existencia de economías que se encuentren en la transición del crecimiento económico al desarrollo social o incluso algunas se encuentren estancadas en la del desarrollo nacionalista, es claro que la tendencia mundial de las economías desarrolladas y de la mayoría en vías de desarrollo es sin duda alguna el pasar la transición hacia el desarrollo humano que implique a la vez un desarrollo económico-social.

2.2.3 Crecimiento Económico y Desarrollo Humano en la experiencia de América Latina

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