Si alguna vez nos dicen los parafísicos que los mundos se mueven gracias al influjo psicotrónico emanado de los seres vivientes... ¡Y de los que han vivido antes que nosotros!, puede que lleguemos a creérnoslo.
Sabemos lo poco que sabemos e ignoramos lo mucho que ignoramos. Esto, obviamente, ya no sorprende a nadie. Si lo supiéramos todo, seríamos dioses; y puede que alguna vez lo hayamos sabido, y hasta que conservemos alguna especie de "recuerdo" inconsciente o subconsciente.
Sin embargo, hay cosas que se han olvidado, otras que se han ocultado y muchas que se han falseado. El tiempo, unas veces adicto y otras adverso, nos ha puesto en la alternativa de volver a caminos mal elegidos, para emprender nuevas rutas, distintas aventuras, experiencias nuevas, y con ello, el flujo y el reflujo de la historia del hombre, ¡hayamos vivido una o varias veces!, nos sitúa en lugares que nos resultan vagamente familiares, por haberlos soñado o visto en realidad, y nos hace ver cosas que creíamos olvidadas o ignoradas.
La Geometría Hermética no se escapa a esta impresión. Recordamos casi con claridad todo cuanto aprendimos en la escuela siendo niños: cuadrados, círculos, triángulos. Todo es claramente familiar. Incluso las letras que utilizamos para escribir nuestros dictados o que copiamos de los libros de estudio, están moldeadas geométricamente.
¿Cómo se hicieron las letras? ¿Quién las hizo? ¿Cómo empezó la escritura? ¿Qué fue primero, el fonema o el signo? ¿Se habló y luego se escribió? ¿Se empezó por el símbolo?
Vayamos por puntos y recurramos primero a las enseñanzas recibidas. Los libros de texto nos dicen que la primera escritura fue la ideográfica, surgida allá por el año 3.500 antes de
J.C., con lo que ya empezamos por no estar de acuerdo, debido a que le suponemos, como mínimo, algunos cientos de miles de años más.
Esta forma de expresión se realizó en tablillas de barro, secado al sol, en piedras, papiros y pergaminos. Y se nos sigue diciendo que más tarde, la escritura evolucionó, volviéndose simbólica o jeroglífico, con lo que tampoco estamos de acuerdo, porque nadie ha demostrado cuál forma fue antes. Además, ¿qué diferencia hay entre un jeroglífico egipcio, pongamos por caso, y una ideografía?
Nos damos cuenta del quebradizo terreno sobre el que nos movemos, precisamente por no olvidar los grabados preincaicos o mayas, los signos cuneiformes, tanto fenicios como sánscritos, que se han hallado por todas partes del mundo, y hasta en lugares donde, según la Historia, no debían estar; ni olvidamos los hallazgos de Glozel, ni los signos de Piedra Pintada (Brasil), o los de Karanovo (Bulgaria).
En "L'Univers de l' Art" (París, 1967), se dice: "Invención de la escritura. Si tomamos la idea de primera civilización que se asocia al estudio de Sumer, comprobamos que la herencia capital, de la que se ha beneficiado toda la humanidad, es la invención del lenguaje escrito.
"La escritura, prólogo de lo que llamamos civilización, apareció, ante todo, como un dibujo que representaba ciertos objetos; pero este sistema comporta límites en la expresión del pensamiento. Entonces la escritura se hace más abstracta y permite la representación figurada de la idea."
Naturalmente, si Dios no hizo al hombre a su imagen y semejanza, y le dio el habla en el primer instante, sino que le facultó para poner nombre a las cosas, ¡Y, al mismo tiempo, hizo otros hombres, con otros conceptos del nombre sustantivo!, todo cuanto nos digan las enciclopedias carece de valor para nosotros.
Más bien nos inclinamos a creer que hubo un origen y una escuela primaria, como nos recuerda Charles Berlitz en "The Mistery of Atlantis" (Nueva York, 1971), al decir que "padre" se pronuncia "aita" en vascuence, "taita" en quechúa, "ata" en turco, "tata" en náhuatl, "tatay" en tagalo, "tata" en maltés, "tad" en galés y "tata" en romano, fidjiano, sinalés y samoano.
Y la lógica más abyecta -¡léase así mismo!- nos hace suponer que primero se aprendió la palabra, de labios de los gruñidos de la madre que nos destetó, y, mucho más tarde, aprendimos a escribir. ¡Bueno esto es un decir, porque la verdad es que todavía no sabemos! Imaginen las complicaciones que han habido desde que Sanchoniaton, por ejemplo, estudió en las tablillas cuneiformes fenicias, Filón de Biblos escribió en cananeo y Eusebio de Cesarea lo transcribió todo en un latín que... ¡ya, ya, cójame esa interpretación por el rabo, aparte las manipulaciones mencionadas en el Antiguo Testamento, como las ruedas de fuego de Ezequiel, los "elohim" que acompañaban a Jehová o las extrañas trompetas con que se derrumbaron las murallas de Jericó.
¿Verdad que estos conceptos contraculturales y contestatarios hacen que nos preguntemos, sin prejuicios, qué fue lo que ocurrió en Babel con lo de los lenguajes?
Sabemos, por otra parte, que existen sabios tratando de codificar el lenguaje rudimentario de algunos animales; sabemos que, a su modo, hay especies que poseen su propio lenguaje: monos, delfines, perros, caballos, vacas... ¿Para qué continuar?
Al hombre hay que aceptarle un primitivo estado de andrógino, primate o "pitecántropo", donde emplease gruñidos o sonidos guturales, antes de recibir ayuda extraterrestre o bien sufriera la mutación que le llevó al estado de "erectus" u "homo sapiens". La evolución del
hombre, por tanto, debe considerarse en ambos casos como natural. "Esto es fruta, eso es pecado, aquello es bueno, lo otro, malo". Así de simple.
En cuanto al modo de expresar los conceptos más abstractos, hemos de admitir que debió utilizar fórmulas muy simples o bien hábitos ancestrales, como dibujar una flecha y un ciervo para representar la caza, una figura humana para significar a un hombre y un palo y una copa frondosa para representar a un árbol.
Todo hace suponer que el dibujo fue el primitivo medio de expresión del hombre. Un pez, un sol, la luna, un niño, el agua, etc. ¿Y así cuantos siglos?
El enorme e insalvable vacío que este período pudo representar hasta que encontramos esos signos sin sentido aparente que surgen por doquier pudo ser mucho o poco. No lo sabemos. Pero sí sabemos que los hombres se comunicaban entre sí, aunque fuese dentro de la misma tribu, y que existía un nomadismo incesante, debido a la inquietud del hombre.
Pudo florecer, por tanto, no una, sino varias civilizaciones. Pudieron establecer un lenguaje escrito o esgrafiado que luego se perdiera, al desaparecer pueblos enteros, aunque no total o bruscamente. Y esto, que no podemos probar, naturalmente, pero que está en la línea de la evolución natural, de la emigración, del gregarismo o comunidad, y de tantos otros factores, bien puede explicar por qué "tata" significa lo mismo en distintos lugares del mundo.
Dejamos, sin embargo, para más concienzudos investigadores cuál pudo ser la evolución del lenguaje de los pueblos primitivos y situémonos en el momento en que los fenicios, con un lenguaje escrito que posiblemente heredaron de sus antepasados, los hombres de piel rojiza de Centroamérica o tal vez de la Atlántida, empezaron a influir entre las tribus nómadas del Próximo Oriente, los judíos por el sur, los egipcios en África del Norte y los griegos al norte.
Recuérdese que esa región que hoy conocemos como el Líbano estaba en la zona de influencia de Egipto, Mesopotamia, Asiría, Capadocia, Macedonia, Tracia, etc. Y piénsese que esa historia común pudo haberse iniciado hace 9.000 años antes de J.C., poco después del supuesto hundimiento de la Atlántida.
Esto, naturalmente, no es más que una hipótesis. Pero, vayamos con la Geometría Hermética; remontémonos a los orígenes antediluvianos, retrocedamos a los tiempos en que se construían enormes pirámides. Más adelante nos daremos cuenta del porqué de todo esto.
Ahora, echen una ojeada a la Fig. 19, donde vemos un alfabeto fenicio y otro griego; uno de cinco o seis mil años de antigüedad y otro de algunos milenios menos. La escritura fenicia fue primero cuneiforme y luego se "suavizó", pudiéndose escribir sobre papiro, corteza de árbol o pergamino. La escritura griega, mucho más reciente, tiene un aire geométrico en casi todos sus rasgos que nos hace meditar.
Y meditamos. Los griegos empezaron a ser algo en el Mediterráneo cuando los "rojos" fenicios o caananeos les ilustraron. Tengamos presente que en el Antilíbano, cerca de Damasco, se encuentra el lugar llamado Baalbeck, que fue un antiguo templo de Baal. Allí, los griegos erigieron templos a sus dioses y Baal quedó relegado al olvido por el derecho de conquista.
Sin embargo, estudiando el alfabeto fenicio vemos rasgos que, aunque siguiendo las incisiones de los punzones -y después el de los pinceles-, se adivinan rasgos geométricos que luego vemos repetidos en la escritura griega y en la hebrea. Por si esto no fuese bastante, las letras "alfa", "beta", "gamma", "delta", etc. del fenicio, griego, árabe, hebreo, arameo, esenio, etc. (lenguas de las regiones bíblicas) todas significan lo mismo.
"Aleph" significaba buey en aquellas regiones, como "beth" significaba casa y "nun", "naha" o "naja" quería decir serpiente. Esto es en lo concerniente al sonido o fonema, lo que hizo suponer cómo evolucionó la forma de expresión.
Y, sin embargo, nosotros hemos encontrado lo que podríamos llamar la etimología de la escritura, precisamente dentro de un cuadro llamado mágico y que es un compendio de Geometría Hermética. ¿De dónde sacar, si no, la forma ideal de expresión gráfica, si salta a la vista, ciega, por así decir, al verla surgir en las formas geométricas elementales?
Antes hemos dicho que el cuadrado es una invención del hombre, bien sea éste de aquí o haya llegado del "cielo". Nosotros insistiremos siempre en que los conocimientos llegaron de "arriba", y ahora vamos a exponer un argumento racional de peso.
Háganos un cuadrado, por favor. Pero... ¡que sea perfectamente cuadrado! ¿Cómo lo haría? Le remitimos a las Figs. 7 y 10, donde se explicó todo esto. En la Fig. 16 mostramos un "amasijo" de líneas donde con la mejor buena voluntad del mundo queremos enseñarles cómo se divide un cuadro en partes iguales.
Fig. 20. ¿Extrajeron los griegos su alfabeto de las líneas resultantes de la triangulación del cuadrado? Obsérvese el exacto trazado de "tau", "my", "ny", "xi" o "pi".
Creemos haberles invitado al aperitivo con la demostración de la famosa Cuadratura del Círculo -de la que seguiremos hablando más adelante-, en la Fig. 17. Pues, bien, en la Fig. 20, basándonos en el mismo principio cuadrático, hemos señalado algunas de las letras esenciales que componen el alfabeto griego. Están remarcadas, aunque no todas, y no hace falta ser un lince para comprender que de los fenicios a los griegos se produjeron cambios importantes y la geometría quedó mucho más perfilada.
La letra "ene", que corresponde a la casilla n.º 13, o sea al centro del cuadro, la hemos perfilado puesto que allí se concentran varias letras, como son la Z (Z = N), la svástica, el teorema de Pitágoras, (Fig. 1) Y el Alfa y la Omega, o sea el principio y el fin, que todo el mundo identifica como el triángulo y el círculo con base cuadrática, como si su simbolismo quisiera expresar que el Principio está en la Tierra (el triángulo, la pirámide, etc.) y el Fin en el Cielo (el círculo, las estrellas, Dios o la célula primordial).
Aclaremos algo, aunque sea a costa de cambiar fugazmente de tema. Los piramidólogos, entre ellos André Pochan, nos han explicado que en la entrada de la Gran Pirámide de Keops (o de Toth) hay una inscripción enigmática, llamada el Tetragrama, (Fig. 21) y que nosotros interpretamos como el símbolo geométrico de Toth por superposición de figuras que podemos decir "estilizadas". El entramado que resulta de superponer un triángulo, un círculo, tres rectas horizontales y tres verticales, dentro de un ovoide, es altamente significativo y "herméticamente" geométrico (Fig. 22).
¡Y nosotros sabemos muy bien que la Geometría Hermética es la ciencia que superpone todas las líneas en el interior de un círculo!
Cuatro símbolos y tres rasgos esenciales. El siete está detrás, o dentro; no hay duda. En la Pirámide de Hermes- Toth se encuentra el símbolo mágico del siete. Magia era sabiduría
en la antigüedad. Un lenguaje popular y simple de otro esotérico, parabólico, hermético, mágico, separaba a los hombres.
Fig. 21. El Tetragrarna que se encuentra en la entrada de la Gran Pirámide de Keops,
sobre el signo del "Horizonte". La imperfección de su trazado nos remite a la Fig. 22.
¡Y la iniciación iba paralela con la sabiduría! En cierto modo, los tiempos no han cambiado y, en el fondo, los seres seguimos siendo igual, o muy parecidos.
Por estas consideraciones, nuestra interpretación del Tetragrama es de que se trata de una especie de muestra de iniciación geométrica, o símbolo de Gran Maestro, como sólo podía ser Hermes-Toth.
Fíjense bien en los cuatro "grafismos". Primero un triángulo, que parece una pata de oca; luego viene un círculo en forma de estadio o campo de deportes; a continuación, tres líneas: la superior y la inferior, iguales, mientras que la del centro es algo más corta; y cierra el Tetragrama una figura ovalada con dos líneas verticales internas.
Se trata, todo ello, de una muestra de las figuras geométricas más difíciles de realizar, puesto que se combinan rectas y curvas. Y trazar esas figuras, que no es fácil para los más avezados geómetras de la actualidad, debía ser, en la antigüedad, mucho más difícil que ahora. Hagan la prueba sobre un papel blanco, sin milimetrar, como hemos hecho nosotros en la Fig. 21. Con la mejor buena voluntad, nos ha salido algo así como un churro.
Fig. 22. Aquí tenemos las líneas esenciales que figuran en el Tetragrama. Obsérvese
la superposición de líneas que aparecen en la Fig. 22 bis sobre una cuadriculación de Geometría Hermética. ¿Verdad que ha ganado sobre la Fig. 21?
Y, sin embargo, en la Fig. 22 bis, recurriendo al "cuadriculado" de la Geometría Hermética, con las líneas bases para un trazado simétrico, la cosa ofrece un aspecto distinto, ya que contamos con numerosos puntos de referencia sobre los que apoyar una de las puntas del compás. ¿Nos comprenden? ¿Se dan cuenta del porqué, corriendo el tiempo, era necesario implantar el papel reticulado o cuadriculado, como el que utilizan ahora nuestros delineantes?
Fig. 22 bis. El Tetragrama esculpido sobre el "Signo del Horizonte", en la Gran
Pirámide, es un símbolo de gran maestría o iniciación geométrica. Tal vez sea el anagrama de Hermes-Toth y expresa una gran sabiduría.
Y otra pregunta: ¿Sabían estos profesionales que en la antigüedad se cuadriculaba el pergamino o el papiro, tal y como nos enseña la Geometría Hermética, para hallar la perfección geométrica de los trabajos arquitectónicos?
Examinemos la Fig. 23. Nos hallamos ante lo que, sin eufemismos, podemos llamar el estudio geométrico de un Gran Maestro. No esperamos que muchos lectores puedan penetrar en el amasijo de líneas que aparecen aquí, relacionadas todas con el círculo que ha servido para trazarlas. Y, sin embargo, de ese círculo han surgido cinco cuadrados distintos, cuyos valores numéricos son 16, 14, 20 y 18 (salvando, naturalmente, las mínimas diferencias de medición).
Explicamos esto para recordar una vez más que la línea recta no existe, sino que la hemos inventado nosotros imaginando una sucesión de puntos -¡que tampoco existen!-Esto ya nos lo dijo Euclides, pero nosotros nos hemos obstinado en creer que la línea trazada por el lápiz sobre el papel era lo más aproximado a una recta. Y si todo ello ha servido, hasta la fecha, para trazar los planos de nuestras construcciones arquitectónicas, podemos seguir creyéndolo. A escala cósmica, por supuesto, estas líneas no servirán de nada.
Fig. 23. Estudio de Gran Maestro Geómetra. Los cuadrados a, b, c y d, y e, f, g y h son iguales a la superficie y el perímetro de la circunferencia dada. Numéricamente, sus valores son: 16, 14, 20 y 18.
El punto que nosotros señalamos como el lugar en donde se inicia el círculo, o el lugar en donde se cruzan dos líneas, tampoco existe. Aceptamos que la afilada punta del compás es de 0,000001, cuando en realidad ese inexistente punto debería ser Cero.
Por esta causa, cuando señalamos los puntos, cometemos errores de milésimas, o millonésimas, si nos apuran, que en el desarrollo ulterior de la figura se puede convertir en milímetros, centímetros y... ¡hasta en metros, si de un edificio se trata!
No hemos de desesperar si por error óptico situamos un punto fuera de su justo centro. ¡Cuántas veces hemos perdido horas enteras desarrollando un complicado cálculo geométrico y nos hemos encontrado que, por culpa de una insignificante desviación del punto, nos ha salido algo que nada tenía que ver con lo que buscábamos!
A esto se han referido siempre los Iniciados cuando decían lo cuidadosos que hemos de ser al separar lo fino de lo grueso y lo grosero de lo sutil. Es una expresión alquímica, pero estrechamente vinculada a la geometría, a la astrología y a la astronomía, ya que en el fondo, todo pertenece a la misma esencia científica de la observación, el estudio y la sabiduría.
Hecha esta salvedad, rogamos se fijen de nuevo en la Fig. 16, donde, por medio de la triangulación cuadrática (¡Recuerden, de paso, que un triángulo es la mitad de un cuadrado!), hemos hecho la división de un cuadrado en 16 y 25 casillas respectivamente. Estos "cuadritos" son geométricamente exactos, lo que quiere decir que, aunque nos hayamos equivocado, por eso de la imperfección de los instrumentos -compás, regla, lápiz, etc.-, teóricamente son perfectos.
Hemos de insistir en que para comprender bien todo esto, lo ideal es tomar papel, lápiz, un compás y una regla, y empezar a trazar líneas rectas y curvas. La cosa, que parece complicada a primera vista, no lo es tanto cuando nos damos cuenta de que el círculo es
uno, la horizontal y la perpendicular son dos, y los triángulos que se entrelazan son cuatro, y lo que hacemos es repetir en cada lado del cuadrado las mismas líneas.
Vamos a enseñarles una división cuadrática "difícil": un cuadro dividido en 49 casillas (7 x 7 = 49). Háganlo, siguiendo nuestras indicaciones y consultando el dibujo de la Fig. 24.
En primer lugar, tracemos el círculo, los semicírculos y la línea horizontal y vertical (ordenadas). Luego, es imprescindible trazar también las diagonales ac y bd. Los puntos a, b, c y d, exactamente sobre la línea del círculo, nos señalan cuatro líneas que trazamos: ab, bc, cd y da. Esas cuatro líneas nos dejan una zona bien delimitada y clara. Se trata de un cuadrado inscrito en el interior del círculo, como ya teníamos otro exterior al círculo. Pues bien, por los cuatro lados, esa "franja" es, exactamente, la séptima parte del cuadrado exterior.
Fig. 24. División del cuadrado en 49 (7 x 7) casillas. El hermetismo es aquí tan
evidente que aparece en la intersección de las diagonales con el círculo (puntos: a, b, c y d). Los demás puntos de coincidencia se deducen fácilmente.
¿No es sorprendente esto? ¿Por qué es así? ¡Ah! ¿Quién puede explicar los axiomas? Trazando puntos sobre estas líneas, justamente donde se cruzan con los cuatro triángulos, obtenemos otra franja en cruz, en el centro del cuadro, que también es la séptima parte de la longitud total del cuadrado. Las cuatro líneas que nos falta se ven entonces fácilmente en los puntos de intersección 1, 2, 3 y 4.
Ahora, meditemos. ¿Quién hizo que esto fuera así? El hombre que trazaba líneas sobre la arena de la playa por supuesto que no. Y nosotros creemos que el concierto de la Creación