Chapter 5 Implementation
5.6 Conclusions based on tests
Bogotá. Las conversaciones se habían mantenido con Belisario Betancur y su hombre de confianza, el Ministro de Comunicaciones Bernardo Ramírez. La firma del acuerdo de cese al fuego tenía fecha: el 14 de agosto, día marcado por tortuosos pasos anteriores como el asesinato del cofundador de la organización Carlos Toledo en Bucaramanga y el atentado que sufrió el propio Carlos Pizarro camino a las negociaciones.
Todo estaba listo para la firma, sólo faltaba Pizarro y cuando iba rumbo a Corinto, al lado de su compañera Laura, pasó al lado de un retén de policías, que asustados dispararon ocasionando el choque del auto. Pizarro llegó herido y, apenas entró al pueblo con el brazo vendando y el uniforme ensangrentado, gritó: “venimos a firmar una paz con dignidad”. En medio de la confusión entró la duda de la pertinencia de su firma. De inmediato se reunió el comando superior en El Hobo y, rápidamente, se decidió continuar con el plan inicial y en presencia de la representación del gobierno compuesta por el ministro Bernardo Ramírez y los delegados Horacio Serpa, Enrique Santos, se aceptó firmar el acuerdo, exigiendo garantías para las personas que decidieran aceptar el proceso del diálogo nacional. Corinto se llenó de espectadores ante la magnitud del evento.
“Guerrilleros y guerrilleras parecíamos estrellas de cine (…) comandante que llegaba era entrevistado (…) La comandante catalina despertaba mucha curiosidad, por mujer y única jefe guerrillera (…) a la mayoría de periodistas no les interesaba qué pensaba yo de la paz, sino qué sentía. Reivindico el corazón como guía de nuestras vidas, pero las mujeres también pensamos y los hombres también sienten. Al preguntar si me gustaba maquillarme o si era feliz, su intención era humanizar los mitos, pero me sentía ofendida porque las preguntas eran diferenciadas: para los compañeros opiniones sobre el proceso de paz, para las mujeres las llamadas entrevistas humanas. Hasta que un periodistas me averiguó una hora sobre gustos y disgustos y me preguntó si le tenía más miedo a las cucarachas o a los ratones, no me aguanté y le contesté que por qué no le preguntaba lo mismo a Álvaro Fayad. (…) Ni siquiera uniforme y charretera salvaban a una mujer de la concepción superficial existente frente a la mujer: hasta disparar podrá ¿pero pensar?”37.
El acuerdo se firmó simultáneamente en Corinto y el Hobo, al son del himno nacional y del himno del M-19. Hasta el momento todo parecía fiesta y celebración. El acuerdo ‘Tregua para un gran diálogo nacional’ no tenía un tiempo determinado y quedaba sujeto a su propio desarrollo. La comandancia nombró un grupo que viajó a Bogotá a organizar el diálogo: Antonio Navarro, jefe del grupo, Israel Santamaría, Andrés Almares, Yamel Riaño, Gerardo Ardila y Vera Grabe. Mientras tanto el resto de la fuerza volvió al campamento. Sin embargo, poco fue lo que se consiguió con la firma. Mientras Belisario viajaba al exterior, tropas del ejército cercaron los campamentos de tregua del M-19 y prohibieron las manifestaciones públicas del grupo. Según lo pactado, la guerrilla debía retirarse con sus armas y uniformes de Yarumales, por un corredor de seguridad, hacia Los Robles. Una vez situaron su nuevo campamento buscaron realizar la IX Conferencia, que finalmente les fue prohibida por orden gubernamental.
De manera que las contradicciones entre ambos mandos aumentaron de tal forma que el 15 de marzo de 1985, los voceros Vera Grabe, Navarro Wolf y Andrés Almarales hicieron una manifestación de desagravio a la paz en la Plaza de Bolívar y reafirmaron su decisión de no al desarme . Ese mismo día, El Eme informó el desplazamiento del grupo del campamento de Los Robles, dividido en tres columnas dirigidas por Carlos Pizarro, Gustavo Arias y Libardo Parra. Se fortaleció entonces la persecución contra los campamentos de paz del M-19 instaurados en distintas ciudades del país, así como también los allanamientos y desalojos para evitar el inminente paro nacional del 20 de junio. Ese mismo día, el comandante Carlos Pizarro declaró rota la tregua y el inicio de nuevas acciones ofensivas.
Con esta nueva decepción en la vida de grupo, el 6 de noviembre de 1985 el M-19 concretó uno de los episodios más polémicos, desatinados y recordados en la historia contemporánea de Colombia: la toma del Palacio de Justicia. En cumplimiento de la operación ‘Antonio Nariño por los derechos del hombre’, 35 guerrilleros de la compañía Iván Marino Ospina, quien había muerto dos meses antes en Cali enfrentando al ejército, se encargaron de la operación militar, mientras siete de los militantes se quedaron cubriendo la parte externa del Palacio. 28 más penetraron a las instalaciones por el sótano occidental. La reacción
de las Fuerzas Militares no se hizo Esperar.
La guerrilla, expidió un comunicado en el cual explicó la toma del palacio como un juicio al presidente Belisario Betancur y a su gobierno por incumplimientos en el proceso de paz. Al primero lo acusaron de asumir una actitud mal intencionada en la firma del acuerdo, en
razón a los hostigamientos que hizo al grupo durante las negociaciones. Al segundo lo acusó de impedir la libre expresión de la ciudadanía y de implementar una política social y económica en detrimento de cualquier intento de paz. En su texto de demanda sobresalían las siguientes razones del juicio: “No cuestionamos tan sólo la pérdida absoluta de legitimidad de este gobierno, sino también le disputamos el monopolio de la legalidad: para que no se siga haciendo mal uso de las instituciones con que las minorías esconden su naturaleza antisocial; y porque esas instituciones les corresponden a quienes les asiste la decisión histórica de realizar el sueño de Bolívar en el gobierno que era su ideal”38.
La respuesta de los militares fue contundente. Al poco tiempo entraron cinco tanques de guerra a la Plaza de Bolívar, mientras que varios militares y policías se ubicaron en las casas contiguas, en la Alcaldía de Bogotá e incluso en la Catedral, para recuperar el Palacio. Después del mediodía, llegaron los primeros tanques cascabel y urutú, que fueron ubicados alrededor del
Palacio, con la idea de destruir la entrada. Después de algunas horas, a las 3:45 de tarde se originó un incendio en el cuarto piso donde se encontraban guerrilleros, magistrados y civiles. Una nueva explosión se oyó en este mismo piso a las 9:30 de la noche. Pese a la llegada de los bomberos su intervención resultó inútil pues el Palacio de Justicia fue consumido por las llamas.
Antes del partir hacia el Palacio de Justicia, Clara Elvira Enciso y Elvecio Cruz se despiden.
Mucho se ha especulado sobre este trágico episodio. Los culpables del hecho, los once desaparecidos de la cafetería del Palacio de Justicia y la verdadera historia detrás de la toma aún son enigmas que 22 años después no se han logrado resolver. Lo cierto, es que este episodio no fue la última tragedia que vivió el país ese año ni el último error del M-19 antes
de entrar en su etapa final como grupo alzado en armas. La masacre de más de 100 guerrilleros en Tacueyó39 (Cauca) por la sospecha de pertenecer a un grupo de infiltrados del ejército, fue otro hecho que marcaron ese oscuro final del año 1985, definitivamente lapidario para las pretensiones políticas y militares de la organización alzada en armas.
Así que después de interminables controversias, en mayo de 1988 fue secuestrado en Bogotá Álvaro Gómez Hurtado, con una exigencia inédita para su liberación, anunciada por su comandante Otty Patiño en entrevista a Germán Castro Caicedo: generar un nuevo diálogo de paz. La aceptación de la propuesta por parte de varios sectores de la sociedad hizo que se realizaran algunas reuniones en Panamá, hasta que finalmente surgió ‘El Acta de Panamá’, un texto en donde el M-19 se comprometió a liberar a Gómez Hurtado tras negociar algunos puntos para la consolidación de un acuerdo de paz. El 20 de julio fue puesto en libertad el dirigente político conservador. Durante su cautiverio se estableció una estrecha comunicación escrita con el comandante Carlos Pizarro que evidenció puntos de vista en común, que meses después fueron definitivos para el inicio hacia la paz.
Yamel Riaño, Vera Grabe, Antonio Navarro, Israel Santamaría, Alfonso Jacquin y Gerardo Ardila. En: VILLAMIZAR, Darío. Sueños de Abril.
39 Se refiere a la masacre que cometieron Javier Delgado y Hernando Pizarro Leongomez contra casi 160 militantes del Frente Ricardo Franco por considerarlos espías dentro de la organización. “'El monstruo de los Andes', como se le conoció a Delgado, torturó a todas sus víctimas con métodos que ni siquiera se conocieron en las sangrientas épocas de la Violencia. Se encontraron cuerpos a los que les habían abierto el pecho, aún con vida, para desgarrarles el corazón. Tres cadáveres de mujeres embarazadas con los vientres vacíos. Varios de esos hombres fueron enterrados vivos. Todos estaban mutilados.” ( Semana. com Diciembre 8 de 2005)
Sin embargo, la liberación de Gómez no fue suficiente para que el gobierno del presidente Barco aceptara participar en una cumbre de paz promovida en el anexado municipio de Usaquén para comenzar la negociación. Sólo lo hizo hasta septiembre de ese año, al presentar su propia ‘Iniciativa para la Paz’, no muy bien recibida entre los grupos insurgentes del momento. Sin embargo, el entonces senador conservador Álvaro Leyva Durán emitió una nueva propuesta que complacía las inquietudes del M-19 y de otros grupos, y posteriormente, sobre todo a lo largo de 1989, previa aprobación de una ley de indulto por parte del Congreso, y obviamente después de varias reuniones de discusión política, se materializó la negociación de paz.
El 9 de marzo de 1990 la guerrilla del M- 19 dejó de existir. A pesar de la melancolía que despertó el final de esta etapa, Carlos Pizarro comenzó a planear una nueva estrategia: lanzar una lista de mujeres para las elecciones a la Cámara de Representantes. “(…) decía, éramos más estudiosas, las únicas que habíamos culminado nuestras carreras, y que haciendo cuentas había por lo menos 20 mujeres con título universitario”40. Vera Grabe, una vez desmovilizada inscribió su candidatura a la Cámara de Representantes, elección que ganó dos días después de decirle adiós a su vida como guerrillera.
Bandera del partido Alianza Democrática M- 19. En: Tiempos de paz. Acuerdos en Colombia, 1902-1994. Museo Nacional de
Colombia, 2003.
Vera Grabe desmovilizada. En: Villamizar, Darío. Sueños de Abril.